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viéraslos ya luchar enardecidos , con la pereza , y ya de la ignorancia parar los rudos golpes repetidos; hollar la envidia , y desde aquella estancia abriendo rocas , puentes y caminos, llamar á todas parles la abundancia. Los vi, los admiré , loé sus dignos esfuerzos , y con voz quizá atrevida predije de su patria los destinos. «Llevad , les dije , la onda fugitiva del Ebro en torno hasta tocar la sierra. A Baco luego declarad la guerra, y haced que reducido á sus collados Minerva y Ceres cubran vuestra tierra. Divididla , cercadla , y los no arados campos llenad de activos moradores , y verlos heis felices y poblados. Mas propietarios , mas cultivadores , menos ociosos , menos jornaleros , menos pobres en fin , menos señores, menos leyes y plumas , y mauleros de rapiña y de error , y hasta Sofía mas seguros y francos los senderos. Así...» Mas basta ya de profecía , que á besar voy de Aguirre los despojos en la Cogolla antes que fine el dia. Su corazon y púrpura entre abrojos vi venerados, y en prolija historia los triunfos de Millan vieron mis ojos, mejor culto despues di á la memoria del eremita í32) que grangearse supo Cod su puente y calzada nombre y gloria. Tanta ni tal, á qué otro santo cupo? Mas á otra parte vuelvo rienda y boca , que por demas con fábulas te ocupo. Por fin doblé los altos montes de Oca , y fui por Burgos y Palencia al valle do el Carrion en l'isuerga desemboca.

Vi allí á Batilo (33); el gozo de abrazalle

tú lo concebirás sin que lo cuente ,

como tambien la pena de dejalle.

Despues de senda en senda , y puente en puente,

sufriendo soles , lluvias y pedriscos,

malas posadas y bendita gente ,

•volví á Leon y á los paternos riscos,

y cai de sus altos vericuetos

á este emporio de peces y mariscos ,

donde en tanto que duermen mis folletos,

me harto de sueño , frutas y pescados ,

y auu, ¿lo oyes, alma mía ? de tercetos.

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Réjame , Arnesto , déjame que llore j¿| los fieros males de mi patria, deja que su ruina y perdicion lamente; y si no quieres que en el centro obscuro de esta prision la pena me consuma, déjame al menos que levante el grito contra el desórden; deja que á la tinta mezclando hiel y acíbar , siga indócil mi pluma el vuelo del Bufon de Aquino. Oh! cuánto rostro veo á mi censura de palidez y de rubor cubierto! Animo, amigos, nadie tema, nadie su punzante aguijon, que yo persigo en mi sátira al vicio , no al vicioso. Y qué querrá decir , que en algun verso encrespada la bilis tire un rasgo, que el vulgo crea que señala á Alcinda; laque olvidando su orgullos» suerte, baja vestida al Prado , cual pudiera una maja con trueno y rascamoño , alta la ropa , erguida la caramba , cubierta de un cendal mas transparente que su intencion, á ojeadas y meneos la turba de los tontos concitando? Podrá sentir que un dedo malicioso , apuntando este verso , la señale? Ya la notoriedad es el mas noble

atribulo del vicio, y nuestras Julias

mas que ser malas, quieren parecerlo.

Hubo un tiempo en que andaba la modestia

dorando los delitos; hubo un tiempo

en que el recato tímido cubría

la fealdad del vicio: pero huyóse

el pudor á vivir en las cabañas.

Con él huyeron los dichosos días

que ya no volverán ; huyó aquel siglo

en que aun las necias burlas de un marido

las bascuSanas crédulas tragaban;

mas hoy Alcinda desayuna al suyo

con ruedas de molino. Triunfa, gasta ,

pasa saltando las eternas noches

del crudo enero, y cuando el sol tardío

rompe el oriente, admírala golpeando,

cual si fuese una estraña, al propio quicio;

entra barriendo con la undosa falda

la alfombra, aquí y allí cintas y plumas

del enorme tocado siembra , j sigue

con débil paso soñolienta y mustia,

yendo aun Fabio de su mano asido

hasta la alcoba, donde á pierna suelta

ronca el cornudo, y sueña que es dichoso.

Ni el sudor frio, ni el hedor , ni el rancio

eructo le perturban. A su hora

despierta el necio : silencioso deja

la profanada holanda , y guarda atento

á su asesina el sueño mal seguro.

Cuántas , ó Alcinda, á la coyunda uncidas ,

tu suerte envidian! cuántas de himeneo

buscan el yugo por lograr tu suerte!

Y sin que invoquen la razon , ni pese

su corazon los méritos del novio ,

el .., pronuncian, y la mano alargan

al primero que llega! Qué de males

esta maldita ceguedad no abortai

Veo apagadas las nupciales leas

por la discordia con infame soplo

al pie del mismo altar; y en el tumulto ,

brindis y vivas de la tornaboda

una indiscreta lágrima predice

guerras y oprobios á los mal unidos.

Veo por mano temeraria roto

el velo conyugal, y que corriendo

con la impudente frente levantada,

va el adulterio de una casa en otra:

zumba , festeja , rie , y descarado

canta sus triunfos, que tal vez celebra

un necio esposo, y tal del hombre honrado

hieren con dardo penetrante el pecho,

su vida abrevian , y en la negra tumba

su error, su afrenta y su despecho esconden.

Oh viles almas ! oh virtud! oh leyes I Oh pundonor mortífero ! qué causa te hizo fiar á guardas tan infieles

tan preciado tesoro? Quién, oh Themis ,

tu b'razo sobornó? Le mueves cruda

contra las tristes víctimas , que arrastra

la desnudez ó el desamparo al vicio;

contra la débil huérfana , del hambre

y del oro acosada , ó al halago ,

la seduccion y el tierno amor rendida;

la espías, la deshonras , la condenas

á incierta y dura reclusion ; y en tanto

ves, indolente, en los dorados techos

cobijado el desórden , ó le sufres

salir en trinnfo por las anchas plazas,

la virtud y el honor escarneciendo!

Oh infamia ! oh siglo ! oh corrupcion! Matronas

castellanas , quién pudo vuestro claro

pundonor eclipsar ? quién de Lucrecias

en Lais os volvió? ni el proceloso

Océano, ni lleno de peligros

«1 Lylibeo, ni las arduas cumbres

De Pyrene pudieron guareceros

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