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puede tener resultas bien infaustas ,
me adelanto á deciros...

MUNUZA.

Entretanto

que voy á socorrerlos con mi espada,
corre, amigo , apresúrate y ordena
cuantasHropas hallares entregadas
al sueño y al descanso, que te_sigan;
infúudeles aliento , y haz que caiga
su terrible furor sobre.los viles.
Amor , haz tú sangrienta mi venganza!

Munuza se retira por el fondo del teatro , y Kerin entra al fondo del castillo ¡í or la puerta que sale á la escena, dejando en ella algunos Soldados , el cual le dará aviso luego que Suero^ los demas aparecen en el teatro.

ESCENA VIII.

DOSINDA, INGUNDA, SUERO Y Algdhos Españoles:

SUERO.

Señora, huid, buscad algun asilo,
perdonad si no puede nuestra espada
daros otro socorro: nuestro gefe
peligra , y en su vida soberana
tiene la patria su mayor apoyo.
Retiraos.

DOSINDA.

Oh Suero, qué? Me encargas que me retire? Quieres que Dosinda sobreviva á la ruina de su patria?

SUERO.

Y os quereis quedar sola? Estais espuesta
á la furia...

ESCENA IX.

KERIN , ,,0s CENTINeLAS, Y IOS DICHOS.
KERIN.

Ah , traidores.

SUERO.

Qué desgracia,
Señora , huid!

KERIN.

Dejad á la Princesa , aleves.

Suero.

Primero, vil canalla, perderemos la vida en su defensa.

«tero y los suyos entran por el fondo de la escena acuchillando d los Moros.

.ESCENA X.

DOSINDA, IN'GIJNDA.

INGUMDA.

Venid, señora, huvamos,': mis'pisadas

os guiarán á algun asilo oculto;

no espongais vuestra vidajdesdichada

al furor de unas tropas que nos buscan.

El hondo mar , las cóncavas.mon tañas

resuenan con los gritos de los nuestros;

lejos de este terreno do las armas

van sembrando la muerte y los horrores ,

la paz y algun consuelo nos aguardan:

corramos á buscarlos.

DOSUTDA.

• Dónde, oh cielos!

se esconderán dos vidas desdichadas,
que todos abandonan ? Vuestra ira
descarga ya sobre la triste España

L ¡«

los últimos y mas violentos golpes. Munuza triunfa. Oh Dios! y c(ué destino será el tuyo, muger desventurada! Tú vas á estar en el sangriento trono de enemigos y angustias rodeada , y de un impuro amor hecha el objeto: allí cuando las muertes, las desgracias de tu familia, el odio insaciable, ofrecerá á tus ojos sepultadas en humo, polvo y sangre, las ruinas, las tristes ruinas de la augusta España: el esposo, el hermano , tus apoyos, víctimas de la furia sanguinaria del opresor... sobre sus tristes cuellos levantada la corva cimitarra. Llevadme á su presencia, tierna Ingunda, que nos junte el tirano en la desgracia. Y vos , gran Dios, que desde el alto trono mirais tranquilo la afliccion de España y la desolacion de vuestro pueblo: Vos, cuya voz enciende las batallas , forma, ensalza, arruina los imperios, podréis sufrir que sobre vuestras aras venga á erigir sus templos la impostura? Víctima del error y las violencias, vaya á incensar al impostor de Arabia , y adorar su sepulcro á otras regiones, Oh , buen Dios! alejad de nuestras almas el temor de un destino tan funesto! Enviad sobre esta bárbara canalla un ángel destructor que la estermine, que redima , y que vengue vuestras aras, que arranque la victoria á los infieles, que los confunda , y triunfe la ley santa.

FIN DEL ACTO CUARTO.

ACTO V.

ESCENA PRIMERA.

SUERO Y Algosos CIUDADANOS De Gijon Salen Por La Parte De La MaRina, Y BE ENCAMINAN AL CASTILLO*

f«É horror! oh santo Dios! De vuestra ira
_ |los efectos se ven en todas partes •'
La sangre corre, y sobre nuestros muros
la muerte ha desplegado su estandarte.
Pelayo , nuestro apoyo , está en peligro,
oprimidos los nuestros, todo el aire
pueblan ya de alaridos y lamentos,
cuyo eco pavoroso por los mares
va esparciendo el clamor de la venganza.
La victoria que estuvo vacilante'
hasta ahora, se inclina a los infieles,
y ya el leon de nuestros estandartes
se humilla ante las lunas africanas;
pero permite el cielo favorable
que aun nos quede un recurso : este castillo,
que es al presente pavorosa cárcel,
donde el valor de Asturias desfallece,
y donde arrastra una cadena infame
la nobleza española , se ha quedado
desierto de las guardias , que al combate
fueron en seguimiento de Munuza.
Corrramos pues á socorrer leales
á nuestros compañeros , y franqueando
nna salida al mar por la otra parte

que corresponde al muelle... Mas qué veo? (1)
Los nuestros se retiran, y en su alcance
corren encarnizados los infieles.
Amigos, al castillo , antes que acabe
de hacernos infelices la 'victoria.

sr ERO y los suyos entran en el castillo , y mientras se dicen los últimos versos acabarán de pasar los moros , despues de los cuales se presentará Pelayo pri' sionero y Achmet.

ESCENA II.

PELAYO Frisiohero, ACHMET, Y S.OLDADOS.

ACHMET.

Sosegaos , señor, y perdonadme
si serví de instrumento á vuestra ruina:
yo venero á mi Rey en su estandarte ,
Munuza es quien le rige y le obedezco;
sin embargo no mirojvuestros males
con ánimo tranquilo': vuestro brio
siempre á pesar del riesgo incontrastable
os ha hecho acreedor á nuestra envidia',
y á nuestra compasion.

PELAYO.

El inconstante
capricho de la suerte eleva un dia
lo que al siguiente sin razon abate.
Un corazon virtuoso nunca debe
ceder á estas mudanzas. Los cobardes
se humillan al destino; pero el héroe
sufre inmóvil su halago, y sus combates.

ACHMET (2)

Ve aquí de la virtud el santo idioma,
Oh altivos Españoles! oh almas grandes!

(1) Kerin y algunos soldados atravesarán el fondo de la escena persiguiendo i los cristianos. ( a ) Hacia sí.

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