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Pero , triste de mí! quizá el afecto
de Rogundo... Quién sabe si pretende
abandonar cobarde un himeneo ,
que ha de costarle riesgos y disgustos?
Ño lo dudes, Ingunda ; este silencio
que reinaren el palacio de Munuza
prueba bien mi desdicha. Los estremos
y furias de Rogundo deberían
ser una prueba de sus ansias; pero
ya no me ama Rogundo, me abandona.

INGUNDA.

Y creeréis capaz de un sentimiento
tan vil al corazon que por vos arde?
Tan bajo proceder cabrá en su pecho?

Y así haceis á su amor constante y puro tan cruel agravio? Y cuando va á perderos, cuando os va á ver robada y ofendida,

le añadiréis tan bárbaro tormento?

Quizá Rogundo ignora esta desdicha;

pero cuando penetre los proyectos

de Munuza, tal vez demasiado

ardiente... ay de mí! permita el cielo

que su amor no acelere vuestra ruina!

En fin , si él olvidase sus derechos ,

creeis que los valientes Asturianos

no armarán su valor por defenderos?

A pesar de las artes de Munuza

vos sabeis cuánto anhelan el momento

de sacudir un yugo intolerable:

el cielo está propicio á sus deseos ,

y el arribo de Suero os asegura

que vuestro hermano volverájnuy luego.

Entonces su presencia...

D05INDA.

Ah! cuán en vano pretendes adular mi'sentimiento! Ño da treguas el riesgo en que me hallo, ni en el presente mal, ó Ingunda, tengo

quien me pueda librar de un brazo injusto!

El vil perseguidor, astuto y diestro

supo ocupar en Córdoba á Pelayo;

y quién sabe si acaso con su acuerdo,

cómplice en mi desdicha el Gefe moro,

detiene allá con frivolos pretestos

la vuelta de mi hermano ¡? De qué tramas

no son capaces los aleves pechos!

Pero entretanto pierdo vacilante

un tiempo muy precioso. Amante tierno,

tú me abandonarás? No , corre, Ingunda ,

busca á Rogundo , dile... Pero, cielos!

Munuza viene aquí. Qué horror! Amiga,

corre, díle que \enga, ó que yo muero.

ESCENA n.

MUNUZA, DOSINDA, ACHMET , KERIN. Munuza en el Jondo de la escena.

Kerin , haz que la guardia esté dispuesta para el primer aviso. Tú (1) del pueblo observa los semblantes, y á Rogundo nunca pierdas de vista.

DOSINDA.

Justo cielo I
Habrá dolor que iguale al dolor mio!

ESCENA III.

MUNUZA, DOSINDA.

MUNu7.A.

Señora , ya mi amor y mis deseos,
contentos con la dicha de miraros
en esta habitacion , se han satisfecho.
Sin embargo, no logro esta ventura

(i) A Achmet.

sin mezcla de dolor. El blando ruego

de Achmet, que fué á llamaros de mi órden,

hubiera sido inútil, si los cielos,

privándoos de sentido, no se hubiesen

declarado por mí en aquel momento.

Saben ellos las finas inquietudes

que este accidente conmovió en mi pecho.

Pero en fin ya, Dosinda;, vuestros ojos

honran estas paredes, y ya os veo

donde debeis mandar como señora.

Ah! si por suerte mi amoroso intento

no os halla mas piadosa , si ahora mismo

mi tierno amor irrita vuestro ceño,

mucho dolor se mezclará á mis glorias!

DOSINDA.

Tan afligida estoy! que apenas puedo dar el preciso aliento á mis palabras. Vos habéis ultrajado mi respeto, y á pesar del honor y la decencia , por medio de un insulto el mas horrendo, me hicisteis conducir á este palacio: venís aquí á buscarme, y cuando espero que me deis la razon de esta violencia , solo me hablais de amor? Pues qué , mi pecho , despues de una desgracia tan sensible, temerá otra mayor? Pero dejemos! de recordar una pasion odiosa; mal podrá el corazon oir sus ecos lleno de tan funestas inquietudes. Decidme, pues, Munuza , por qué esceso vengo á ser hoy objeto miserable de vuestra tiranía ? Cuando os veo pronto á olvidar mi estado, y mis mayores, no sé si miro en vos un juez severo que trata de juzgarme', ó un tirano entregado al furor de sus deseos. Porque nunca , señor, las santas leyes oprimen la inocencia, y yo sospecho

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que vuestro proceder...

JAUNUZA.

Señora : en vano baldonais un delito, que mi afecto debiera disculpar. El amor solo ha podido inspirarle , os lo confieso; pero cuando el ardor con que os adoro no sirva de disculpa , el desden vuestro hará menor la ofensa. Apenas puse^ las plantas en Gijon , y apenas vieron de vuestro rostro el resplandor mis ojos, os rendí el corazon : un cruel silencio retiró esta pasion de vuestro oido: yo resistí su triunfo, y conociendo que el triunfo de agradaros se perdiera, negado á mi pasion y á mis ruegos, solicité olvidaros. Por lograrlo . se esforzó el corazon. Pero ah! cuán cierto es que el amor arrastra al albedrío I La misma resistencia y el silencio atizaron el fuego de mi llama: su ardor me alucinó, rompí el secreto, os declaré mi amor, y empleé en vano ternezas y suspiros por venceros; pero todo sin fruto, pues no pude ablandar el rigor de vuestro pecho. Siempre un frio desden fué triste paga de mis ardientes ansias, y á mis ruegos , aunque envueltos en mi humilde llanto, siempre opusisteis un cruel desprecio. Entre tantas angustias D. Pelayo, ingrato á mi amistad , sordo á mis ruegos, y cómplice tal vez en vuestro odio , pretendió destinaros á otro dueño: tal vez el corazon mas reverente sus límites señala al sufrimiento; así cansado el mio de un desaire , injurioso á su ardor y á mi respeto,

meditó al fin un medio que salvase

mi gloria, y mi pasion á un mismo tiempo.

DOSINDA.

Pero debió aquietarse vuestra gloria
á costa de mi fama1, por un medio
injurioso al decoro de mi estado,
al honor de mi hermano?

MUSTUZA.

Ah! á mis ruegos estuvo sordo'siempre vuestro hermano. su ingratitud da causa á estos estremos.

DOSINDA.

Y os parece bastante esta disculpa?
Por qué debió Pelayo en menosprecio
de una promesa santa esperanzaros
del logro de mi mano, cuando el fuero
de los Godos , la ley de las naciones ,
el cielo, y la razon dan un derecho
firme y sagrado al prometido esposo?
Vos sabeis que Rogundo fué el primero
que mereció la oferta de mi mano.
Por eso mi desden en ningun tiempo
podrá justificar vuestra conducta:

él era un solo natural efecto
del recato que siempre me inspiraron
la virtud, el honor y el nacimiento.
Vos lo hubierais notado si miraseis
mis ruegos con ojos mas serenos.

Y por qué presumís que yo insensata
tratase solamente de ofenderos,

á vos , de cuya mano están pendientes el bien y el mal de este infelice pueblo? E1 honor ha reglado mi conducta; yo respeto sus leyes, y os protesto que ellas solas me dictan estas voces. Pero , señor, vos mismo que en el centro estais de las grandezas y las dichas , podréis desatenderlas ? No, no creo

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