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de la saña y furor del Africano; traidor á España , á la virtud y al cielo , quiere erigir un trono soberano sobre las tristes ruinas de la patria. De este intento murmuran ya los cabos moriscos sin rebozo, mientras diestro los sabe él deslumbrar. Ah ! si entre tanto no abrigase en su pecho otras ideas! Fuera menos temible ; pero osado su corazon aspira á la fortuna de enlazarse á la sangre de Pelayo.

SUERO.

Qué me dices!

ROGUNDO. •.^

Sí, amigo: de su hermana á qualquier precio logrará la mano. Apenas de Gijon se ausentó el Duque empezó con obsequios disfrazados á tentar la constancia de Dosinda: político y amante le observamos fingir para obligarla mil finezas; pero viendo despues que sus cuidados le hacian importuno , cauteloso los suspendió del todo , y entretanto nos da tal cual indicio de un proyecto que me llena de horror y sobresalto. Oh, justo Dios! La sangre de los Godos que nuestros nobles pechos conservaron , y el premio á mis lealtades ofrecido serán la recompensa de un tirano?

SUERO.

Pero , señor , podrá olvidar Munuza que esta Princesa desde tiernos años está ofrecida á vos ? Que solo faltan las santas ceremonias para que arabos os unais con un lazo indisoluble? Pues qué, vuestro valor , el de Pelayo , la promesa , el honor, la amistad santa , y la fé esponsalicia...

ROGUNDO.

Tan sagrados vínculos no detienen á un impío: y quién podrá hacer frente á sus conatos? Siguiendo una política perversa, este fiero opresor ha procurado separar los estorbos que pudieran oponerse á su furia. Soberano absoluto del fuerte y de las tropas; socolor de inquietud aprisionados los mas de nuestros nobles; detenido en Córdoba Pelayo, el gran Pelayo, nuestro último apoyo y esperanza: quién nos dará socorro ? Quién librarnos podrá de tanto riesgo ? El mismo cielo contra nuestros delitos irritado nos entrega al furor de los infieles, y abandonando su piadoso brazo la nacion otras veces protegida , aun esta esclavitud que toleramos es por ventura el miserable fruto de los escesos nuestros.

SUERO.

Y entre tanto será de nuestro aliento único empleo la inútil queja ? Humilde nuestro labio aprobará el desprecio de las leyes? Podréis sufrir vos mismo, que violando los vínculos mas sanios , un perjuro os venga á arrebatar de entre los brazos con mano infiel la prometida esposa? Que el vil Munuza mezcle temerario á su sangre la sangre de los Godos? Y este ilustre depósito fiado al valor asturiano, esta reliquia de la estirpe Real, será un temprano fruto de sus traiciones , mientras quietos

y derramando ignominioso llanto ,

sufrimos el mayor¡de nuestros males?

Miserable de aquel que en el naufragio

de nuestra gloria cede á la tormenta!

No, Rogundo'; aun nos queda el medio hidalgo

de ofrecer nuestras vidas por las leyes ,

los templos y el honor; sepa Pelayo

que el suyo, aunque'está.'ausente, en todo trance

merece nuestro'apoyo.

EOGUNDO.

Honor^sagrado , podrá ser nuestra sangre precio digno de su conservacion,? Ay , Suero, aplaudo tus consejos , y en ellos reconozco cuál es mi obligacion! Pero has pensado que yo soy tan cobarde , que prefiera la ignominia á la muerte ? No ; corramos, entremos en palacio ; verás como la furia del tirano despreciando , le culpo su perfidia....

•DÚO.

Todavía es temprano , Rogundo; mas despacio las heróicas empresas se meditan. El ardor juvenil de vuestros años os puede ser fatal, si la prudencia no les sirve de guia: disfrazando Munuza sus ideas bajo el velo de una falsa amistad , ha procurado ocultarlas á todos ; y¡no es justo que intempestivamente le arguyamos de un delito que oculta cauteloso allá en su corazon. Arque es malvado sus mismos artificios le descubren. Huid, pues, de su vista , y entretanto reprimid el dolor y los'recelos, que si imprudente los fiais á el labio , peligrará sin duda nuestra empresa:

sabrá Munuza precaverse , y cuando corramos á echar mano del remedio, ya no podrá el remedio aprovecharnos. Ahora solo conviene el disimulo: vivan nuestros temores sepultados en el fondo del pecho : en adelante Dios abrirá camino.

KOOOWDO.

Los cuidados que llenaban mi alma de amargura se templan con tu voz, y hallo descanso en tu noble lealtad y tus consejos. Observemos , amigo , del malvado Munuza las obscuras intenciones , leamos sus ideas ; y entretanto yo voy á consolar á la Princesa , y á contarle tu arribo. De palacio debe salir Munuza , y no quisiera que viese en mi semblante mis cuidados.

SUERO.

Id sin temor, en tanto que yo espero
para hablarle de parte de Pelayo;
y porque mi venida no le sea
sospechosa. ... Ya llega. .. . Retiraos.!

ESCENA II.

(MUNUZA, ACHMET, SUERO, GUARDIAS.

MUHU1A.

Qué me dices , Achmet?

ACHMET.

Señor, yo mismo le v( llegar ; pero si no me engaño , vedle allí, aquel es Suero.

MIWUEA.

Te aseguro que su arribo me cuesta algun cuidado.

SUERO.

El Duque de Cantabria , deseoso
de que sepais el favorable estado
de sus ajustes con Tarif , me envia
á vos.

MUNCZA.

Pues cómo ? Dónde está Pelayo?

. SUERO.

En Cordoba , señor ; y su embajada se vá ya á fenecer.

MUNUEA.

Pero ba pensado sin mi órden.. . .

SUERO.

Cuando haya concluido, todas las comisiones de su cargo , no deberá esperar órden alguna para volver á Asturias. Los cuidados de su casa y el ruego de Dosinda claman por su regreso ; sin embargo , no sé qué diferencias suscitadas por el gefe agareno le obligaron á detenerse en Cordoba.

MUNUZA.

Sí: aun debe permanecer allí por tiempo largo; los intereses suyos y los mios , y el bien de este pais, todo está en mano de Tarif : él le hará volver á Asturias premiado y satisfecho. Y qué, Pelayo se halla en Cordoba bien? Decidme , cómo los moros andaluces le han tratado?

SUERO.

Bien conocen , señor, todos los moros el mérito del Duque ; pero cuando á pesar de su sangre , sus virtudes , y la opinion que le adquirió su brazo , quisieran rehusarle un justo obsequio , solo en vuestra amistad funda el mas alto

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