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deja yermo el Tugurio, al pueblo arrasa,
y el sacro Be'tis la cabeza inclina
sobre su barba cana ,
viendo el estrago de la peste insana.

Nuestras naos preñadas de riqueza
de las minas indianas
surcan el golfo , navegando ufanas
al puerto hercúleo: ay ! qué de tristeza,
de males y de estrago
las de AJbion preparan sobre el lago!

Al mismo tiempo de su templo Jano va las puertas abriendo, y el aldabon los clavos sacudiendo , forma un ruido que aterra el pecho humano: da el bronce el estampido , salta la sangre, escúchase el quejido.

En tanto España, flaca y amarilla , el ropage rugado , destrenzado el cabello , y á su ladó postrados los leones de Castilla , alza las manos bellas á los cielos , de bronce á sus querellas.

Hasta cuándo , prorumpe, Dios eterno, ha de estar levantada la veneranda, la terrible espada de tu justicia inmensa? Tu amor tierno, tu piedad sacrosanta á mis hijos no acorre en pena tanta?

Los talleres desiertos , del arado arrumbado el oficio, el saber sin estima , en trono el vicio , la belleza á la puja , Marte airado ,

sin caudillo las tropas

tornan, señor , los tiempos de D. Opas?

En esto habia de parar mi gloria? Mi fin ha de ser este? y falsías , y guerra , y hambre , y peste, los postrimeros fastos de mi historia?

mi llanto continuado

no podrá contener tu brazo airado?

Vuelve, señor, el rostro á mis pesares , vuelve al arco la guerra, pureza al éter , brazos á la tierra , el debido respeto á tus altares , prez y valía al bueno , á Temis libertad , paz á Miseno.

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A ,V SUPERSTICIOSO (66).

consultas, dime, Icon las estrellas, Fabio, y vas en sus mansiones tu horóscopo buscando? Son ellas por ventura á quienes fué encargado dar principio áitus días, ó término á tus años? Las vidas de los hombres no penden de los astros; que en el olimpo tienen moderador mas alto.

Aquel gran Sér que supo con poderosa mano los orbes cristalinos sacar del hondo caos; que enciende el sol y guia su luminoso carro; que mueve entre las nubes, de estruendo y furia armado, su coche y forma el trueno; que vibra el fuerte rayo; • refrena el viento indócil y aplaca el mar turbado: aquel es de tu vida el dueño soberano, y él solo en sí contiene la suma de tus años. Implórale, y no fies

tu dicha á los arcanos
del tiempo, ni al incierto
compás del astrolabio.
Implórale, y no alces
tus ojos al zodiáco,
que á sus constelaciones
del hombre no ligaron
las dichas, ni el contento
con ciega ley, los hados.
Implórale, y ahora
escrito esté el amargo
momento de tu muerte
sobre el fogoso tauro;
ora, por las pleyadas
no visto, de acuario
guardado esté en la urna:
respeta de su brazo
la fuerza omnipotente,
y adórala postrado;
que no de los planetas
ni los volubles astros
pendiente está tu vida,
mas solo de su brazo.

. A los días de Almena (67).

Pasan en raudo vuelo los dias y los años, y van de los vivientes la sucesion notando. A la niñez florida sigue con breves pasos la juventud lozana del bullicioso bando, de dichas y placeres cercada; pero cuando duerme desprevenida, del dulce amor en brazos , i

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le sale al paso, llena

de males y cuidados,

la triste edad rugosa,

la edad de afán y llanto.

Solos en esta varia

vicisitud triunfamos

tú, Almena, y yo, del tiempo,

y el invariable estado

de las venturas nuestras

sin mengua conservamos;

pues sobre mi firmeza,

ni sobre tus encantos,

jamás darles pudieron

jurisdiccion los hados,

ni la implacable muerte,

ni los veloces años.

Al Sol (67).

Padre del universo, autor del claro dia, brillante sol, á cuyo influjo la infinita turba de los vivientes el ser debe y la vida:

Tú, que rompiendo el seno del alba cristalina, te asomas en oriente á derramar el dia por los profundos valles y por las altas cimas, De cuyo reluciente carro las diamantinas y voladoras ruedas con rapidez no vista hienden el aire vago de la region vacía:

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