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y los fieros cuydados le anublaban:

empero heróico aliento y concentrada

soberbia á la venganza siempre pronta

anunciaba su ceño. Aunque feroces

todavía en sus ojos parecían

gran lástima y cruel remordimiento ,

al ver de su traicion los compañeros,

ó mas bien los secuaces (cuán distintos

de lo que un tiempo fueran !) condenados

tambien con él á pena perdurable:

mil millones de espírtus por su culpa ,

arrojados del cielo, de la eterna

lumbre inmortal por su traicion privados,

y fieles á su alianza, aunque perdido

su nativo esplendor: asi de fuego

del cielo heridos los montanos robles,

ó los pinos de un bosque , annque desnudos

de su frondosa pompa , y chamuscados

sobre el marchito suelo, todavía

duran erguidos los eternos troncos.

Dispuesto á razonar , hace que al punto

plieguen las dobles filas de ala á ala;

luego enmedio sus grandes le tomaron.

Tres veces quiso hablar , y tres las lágrimas

cual verter puede un ángel , á sus ojos

á pesar de su orgullo se asomaron.

Por fin rompió y mezcladas con suspiros

hallaron su camino estas palabras.

«Oh , ejército de espírtus inmortales ,

héroes sin par! Oh , al Todopoderoso

sol mente comparables! Nuestra empresa

no tuvo infame fin , aunque esta horrible

prision , y tan acerba y espantosa

mudanza el triste caso testifiquen.

Mas qué penetracion , qué agudo ingenio,

por mas que diestro combinar supiese

lo presente y pasado , adivinara

que un tal poder , tan grande y tan unido ,

como el que aquí miramos , cedería

vencido y rechazado? Y quién no obstante aun despues de tal rota, habrá que dude que estas fuertes legiones, cuya ruina tiene vacio el cielo, reanimadas podrán con nuevo ardor subir de un vuelo á recobrar sus tronos primitivos? En cuanto á mí, testigos sean los altos moradores del cielo, si dudoso en la resolucion ó en los peligros cobarde, malogré vuestra esperanza: pero el supremo Rey , que hasta aquel dia ocupara su trono muy seguro , solo en su antigua posesion fundado, ó en la opinion y tolerancia nuestra, descubriendo la gloria majestuosa de su Real dignidad, mantuvo oculto el lleno de sus fuerzas , y este engaño nos deslumbró y atrajo nuestra ruina. En fin , ya desde hoy son conocidos nuestro poder y el suyo; y si seria locura provocarle á nueva guerra , fuera infamia evitarla provocados; porque de nuestro sér la mejor parte no está vencida aun , y el alto ingenio nos queda para obrar por escondidos fraudes aquello do el poder no alcanza. Esto á lo menos hallará en nosotros, que no vence del todo á su contrario quien solo en fuerza le aventaja y vence. Ya sabeis que criarse nuevos mundos pueden en el vacío , y que el muy Alto , segun la tradicion que desde antiguo corría por el cielo, proyectaba Formar para estos tiempos uno , donde plantase cierta gente venturosa , caro objeto de todas sus delicias , é igual en dicha á sus celestes hijos. Probemos , pues, y á él, ó á oleo hagamos nuestra primer salida , que no siempre

han de vivir en esta sima hundidos los hijos de la luz , ni por mas tiempo cubiertos de las sombras baratrales. Pero esto debe consultarse agora con maduro consejo; pues perdida la esperanza de paz , quién hay que opine por la vil sumision ? Guerra, pues , guerra abierta ú oculta resolver debemos. » Dijo : y luego aprobando su discurso millones de querubes, las espadas , por el aire vibradas, relumbraron, iluminando en torno el ancho infierno, y todos ensañados contra el trono del muy Alto, con armas resonantes dieron en los broqueles reciamente , tanto que el fiero son de insulto y guerra llegó al alta techumbre del Empíreo. Estaba cerca un monte, cuya horrible cima lanzaba fuego y denso humo , cubierto en lo demas de una lustrosa costra, señal de oro , que encubrían impregnadas de azufre sus entrañas. Allá voló prontísima una inmensa brigada de guerreros, como suelen ante un real campamento, bien armados de picos y de sobles correr listos los piquetes de bravos gastadores á alzar una trinchera ó parapeto. Guiábalos Mammon , Mammon, de cuantos espíritus cayeron del Empíreo, espíritu el mas vil, pues en el mismo cielo siempre sus ojos y deseos fijos del rico pavimento al oro, pisado allí de todos, le admiraba sobre la clara y refulgente gloria que inundaba de Dios el trono santo. De él primero aprendieron los mortales á robar de la tierra el centro oscuro:

de la tierra, su madre, y con impías manos dilacerando sus entrañas, á sacar los tesoros que piadosas escondían. Al punto sus soldados abren en medio el monte una ancha boca, y grandes peñas del metal brillante sacan. Nadie se admire, si el infierno engendra tal riqueza , que es muy digno tan precioso metal de aquel terreno. Vosotros que ensalzais los mundanales bienes, y con asombro andais loando las obras que erigieron los monarcas de Babilonia y Menfi á tanta costa , ved aquí sus famosos monumentos , milagros de arte y fuerza, traspasados por espirtus precitos, que en un hora acaban lo que apenas en un siglo logró el continuo afan de tantas manos! En el próximo llano, en muchas fraguas que el lago ardiente por ocultas venas del derretido fuego bastecía, el macizo metal con arte estraño fundía otra cuadrilla, y le afinaba; y otra que ya en la tierra varios moldes habia formado, por ocultas vias llena sus huecos de metal herviente: bien cual suele en los órganos un soplo henchir toda la máquina , infundido el aire á un tiempo por diversos tubos. Al punto sale de la tierra pronto como una exhalacion un ancho templo, al son de melodiosas sinfonías de instrumentos y voces: todo en torno cercado de pilastras, y en robustas columnas de órden dórico apoyado, que el dorado alquitrabe sostenían. Ni friso, ni cornisa allí faltaban de esquisitos relieves, y era de oro

ricamente labrado el alto techo. Las grandezas de Menfi y Babilonia en su mas alta gloria no igualaron á estas, ni los templos de sus dioses, Belo y Serapis, ni el dorado asiento de sus reyes, entonces cuando Asiría y Egypto en fausto y pompa compitieran. Subió la escelsa mole, y se mantuvo sobre su mismo peso. De repente se abren bronceadas puertas, y descubren de lo interior el ámbito espacioso, y el liso y bien labrado pavimento. Sendas filas de lámparas pendían, y de ardientes faroles de la arqueada bóveda, que alumbraban por encanto de asfalto y pingüe nafta bastecidos , y daban clara luz cual la del cielo. Entre la muchedumbre presurosa y admirada, la obra alaban unos, y otros del diestro artífice el ingenio, cuya mano de antiguo conocida fuera en el cielo por las altas torres que allá labrara, asiento y residencia de los excelsos tronos; á quien tanto ensalzó el Rey supremo, que le diera el cargo de reglar en varias clases las brillantes etéreas gerarquías. Ni de la antigua Grecia fué ignorado su nombre, ni del Lacio, do le dieron só el de Mulc/ber culto los Ausonios; y como dende el cielo habia caido, fingiéronle arrojado de las altas almenas cristalinas por la furia de Júpiter airado, y que rodando rápido por el aire, desde el alba al medio dia, y desde el medio dia hasta la húmeda tarde, todo el curso de uu dia de verano, ai esconderse

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