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Era el año de 18o9, época de la gloriosa Guerra de la Independencia espa-
ñola contra los ejércitos invasores del emperador Napoleon I. Los habitantes
de los pueblos indefensos, al aproximarse las tropas del vencedor de Austerlitz,
abandonaban sus casas, dejándolas completamente á merced de los soldados
extranjeros.

Imitando esta conducta, mi familia abandonó tambien la suya, en el pue-
blo de Villafranca de los Barros, con el objeto de refugiarse en la villa de Horna-
chos, á la distancia de tres leguas, donde residía una familia íntima amiga de
la mia, y cuya villa, por hallarse situada en medio de la sierra de su nombre,
se consideraba menos accesible y más segura de las correrias de aquellos vándalos
modernos; mas la Providencia lo dispuso de otro modo.

Mi madre, Maria Rodriguez Luque, muy adelantada en su embarazo, se
sintió indispuesta al llegar al pueblecito llamado Puebla del Señor Prior, á dos
leguas de distancia de Villafranca. Allí tuvo necesidad de detenerse toda la
familia, y allí naci yo el 26 de Marzo de 18o9.

Todos los biógrafos presentan á Espronceda como hijo único
del teniente coronel D. Juan y de Do Carmen Delgado; mas,
según aparece en los libros del Archivo general Castrense, el
eximio vate tuvo por lo menos dos hermanos, mayores que él :
Francisco Xavier Diego que nació en Reus el 13 de Mayo de
18o 5 (siendo su padre Capitán) y fué bautizado al día siguiente
por el presbítero D. Nicolás de Villalba y Figueroa, apadrinándolo
el Vizconde de Zolina; y María del Carmen, Agustina, Tadea,
Teresa, Javiera, Eulalia, que nació en Barcelona á los tres y cuarto
de la madrugada del 12 de Febrero de 18o7 (cuando ya su padre
era Sargento mayor), y fué bautizada aquel mismo día por
D. Carlos de Horts y Brú, Barón de Horts, Arcediano de Bada-
lona, apadrinándola el Vizconde de Zolina. Una nota marginal
de esta partida dice obii, como queriendo indicar que falleció
poco después. En efecto, su partida de defunción aparece firmada
el 24 de Marzo, y consta que se la enterró en la iglesia de Padres
Carmelitas Descalzos del mismo Barcelona. Quizás su hermano
Francisco muriese también de corta edad, y por esta razón se ha
supuesto que José era unigénito.

Lo mismo que la existencia de estos dos hermanos, se descono-
cía la circunstancia de ser Espronceda hijo de dos viudos, casados
en segundas nupcias, y de padre de avanzada edad . Este, en cuya Hoja de Servicios de 18o2, se lee de estado viudo, tenía 53 años cuando, en 18o4, pidió permiso para casarse con Do Carmen Delgado, viuda, á su vez, del primer teniente del mismo Regimiento D. Ignacio Alvarez.

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En 182o ya residía Pepe Espronceda, con su familia, en Madrid, en una casa de la calle del Lobo. Su padre, que había ascendido á brigadier y se encontraba en expectación de destino (que le fué concedido de cuartel en Guadalajara) o solicitó para el joven vástago, en Julio de dicho año, una plaza de cadete en el colegio de Artillería de Segovia, plaza que se le concedió en Junio de 1821, pero que no debió de ocupar mucho tiempo, cuando ingresó, en aquel mismo curso académico, en el colegio de San Mateo, que se acababa de fundar, dirigido por D. Juan M. Calleja, y del cual eran profesores D. José Gómez Hermosilla y D. Alberto Lista, cuyas sabias lecciones recibió allí el pequeño vate hasta el aciago año 23 en que fué cerrado el colegio, de Real orden, porque hasta Hermosilla era considerado como revolucionario por los gobernantes de la segunda reacción absolutista.

Mientras Espronceda estuvo en este colegio, y desde el grito de Cabezas de San Juan, se multiplicaron en España las sociedades políticas, públicas y secretas, y á las muchas que ya existían se sumaron en poco tiempo la de los Comuneros, formada por los más exaltados patriotas, y la de los Anilleros, que dirigía Martínez de la Rosa.

Espronceda y otros amigos, todos niños de doce á diez y seis años (que poco después fundaron la Academia Poética del Mirto). influidos por el medio y deseando imitar á los hombres, resolvieron crear una sociedad revolucionaria, titulada Los Numantinos, compuesta sólo de doce afiliados.

1. Apendice no 3. 2. Apéndice, no 3. — C.

Miguel Ortiz y Escosura concibieron la idea. Espronceda y Ventura de la Vega con Bernardino Núñez Arenas, Barrera, Tijero, Cortés y otros, fueron los fundadores.

Las primeras reuniones se celebraron á campo abierto, en los cerros del Observatorio astronómico y en la Pradera del actual Canal, y los sucesivos en un sótano que proporcionó uno de los afiliados llamado Indalecio, que era mancebo de una botica de la calle de Hortaleza.

El brigadier debió de tener noticias de los peligros que corría su hijo, y para vigilarle más de cerca solicitó su traslado á Madrid en esta curiosa instancia:

Señor. El Brigadier de los Ejércitos Nacionales D. Juan de Espronceda y Pimentel, Teniente de Rey, cesante de la plaza de la Coruña, hace presente á V. M., con el debido respeto, que tiene un hijo de 12 años en el Colegio ó Casa de educacion de la calle de San Mateo de esta corte, estudiando matemáticas, el griego, dibujo y lengua inglesa, con aprovechamiento, dando esperanza de ser un mozo brillante y útil á la patria; y hallándose el exponente de cuartel en Guadalajara, donde no puede cuidarle, espera de la innata piedad de V. M. le conceda la gracia (en atencion á sus dilatados servicios) de agregarlo al Estado Mayor de esta plaza, por depender del de la Coruña; y en caso necesario desempeñar las obligaciones del Teniente de Rey propietario en ausencia y enfermedad. Madrid 3o de Enero de 1822. Señor. A. L. P. de V. M. Juan de Espronceda y Pimentel ».

Esta solicitud (en la que su mismo padre atribuye al poeta dos años menos de los que tenía, como hace también el interesado en su artículo Un Recuerdo — de Inglaterra —) no obtuvo el resultado apetecido y el ilustre o militar continuó en Guadalajara.

1. Archivo general de Segovia. Expediente personal de D. Juan de Espronceda. Sala Capilla, letra E, legajo, no 198. 2. Apéndice no 3. — D.

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Si durante la reacción que precedió á la libertad del año 2o habían sido los liberales los autores de los alzamientos, para restablecer la Constitución de 1812, desde que ésta volvió á estar en vigor fueron los reaccionarios los que fomentaron las conjuraciones, para restablecer el absolutismo, fundando á su vez las sociedades tituladas El Angel Exterminador, La Concepción y otras. Mientras las Cortes se entregaban á un liberalismo exagerado, los absolutistas levantaban partidas en armas, y Fernando VII sostenía, desde el Escorial, correspondencia secreta con el soberano francés. Pronto empezaron á darse vivas al rey absoluto, y en Valencia se insurreccionó á este grito un piquete de Artillería. Los excesos de la demagogia llegaron á tales extremos, que merecieron las censuras de Martínez de la Rosa y de Toreno, en la sesión parlamentaria del 4 de Febrero de 1822. Mas, al salir á la calle aquellos dos ilustres patriotas, fueron soezmente insultados por las turbas, que pasaron después á la casa del segundo, la tomaron por asalto, destrozaron sus muebles, maltrataron á sus criados, injuriaron á su hermana, la viuda del general Porlier (el ahorcado en la Coruña por la causa de la libertad), y se dirigieron á la casa de Martínez de la Rosa con ánimo de repetir las mismas escenas, lo que habrían conseguido á no impedirlo las fuerzas del general Morillo. Estos excesos liberticidas alientan á los absolutistas, y el 2 de Junio se sublevan cuatro compañías de la Guardia real, dirigiéndose al Pardo, dando vivas al rey absoluto. A eso de la media noche del día 6 caen sobre la capital : entran, con el mayor sigilo, por el portillo del Conde-Duque y, marchando por la calle Ancha de San Bernardo y la de la Luna, llegan á la de Silva, donde les da el alto una patrulla mandada por el ex-guardia D. Agustín Miró, que rompe el fuego contra los sediciosos; pero éstos siguen avanzando, y mientras una de sus columnas se dirige á la Puerta del Sol, la otra marcha hacia la Plaza Mayor, acometiendo su recinto por tres puntos, con tan violento empuje, que parecía imposible pudieran resistirlo los inexpertos nacionales, entre los que estaba el joven revolucionario D. José de Espronceda con otros héroes de su edad. Mandaba toda la fuerza miliciana el brigadier Palarea, y bajo su dirección se condujo aquélla con tal brio, que acribilló con sus fuegos á los temerarios agresores. La artillería diezmó las filas de éstos con sus primeros disparos, y los que quedaron con vida fueron rechazados á la bayoneta, hasta obligarles á retroceder, para ampararse en la columna que marchó hacia la Puerta del Sol, donde acabó de ametrallarlos Ballesteros. Entonces emprendieron el camino de palacio llegando hasta sus puertas, acosados por el general Morillo. La victoria fué completa para las armas constitucionales. «La luz del nuevo día disipó las ilusiones de los reaccionarios, que

pocas horas antes, en las tinieblas de la noche, se regocijaban con la

caída del régimen constitucional y el seguro entronizamiento del

despotismo que soñaban. » Aquella lucha, en la cual intervino Espronceda, cuando empe

zaba á versificar, le impresionó tan profundamente, que le

sirvió de motivo para el primer ensayo poético que dió á la

estampa, dedicado Al 7 de Julio. Discípulo por entonces de Lista, sometió á su examen aquel trabajo. El maestro lo leyó entusiasmado, y « alentó con su aplauso al genio que nacía ». A los abusos de los liberales victoriosos contestaron los absolutistas levantando partidas en toda Cataluña, dirigidas por fray Antonio Marañon, El Trapense, que contribuyó á que se constituyera, en la Seo de Urgel, una regencia provisional, presidida por el marqués de Mataflorida. Mina fué contra estas facciones, y las venció en Febrero de 1823. Mas, en este mismo año penetró en España el duque de Angulema, al frente de Ioo.ooo franceses, decidido á reponer á Fernando en su antiguo poder absoluto, y el 9 de Abril reconoció una regencia que se estableció en Oyarzun.

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