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«D Atilano del Valle Alvarez, Presbitero, Capellan del Cuerpo Eclesiastico del Ejercito, Jefe del Archivo, Negociado cuarto del Vicariato general Castrense = Certifico: Que en el libro de Bautizados, volumen número mil doscientos cuarenta y dos, al folio catorce vuelto se halla inscrita la siguiente partida, que copiada literalmente dice: «= José Ignacio Xabier de Espronceda y Lara = En la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Purificacion de la Villa de Almendralejo en veinte y cinco de Marzo de mil ochocientos ocho, el abajo firmado capellan por Su Rl. Mag. y cura Párroco Castrense del Regimto Cavallería de Borbon, Baptizé solemnemente un niño nacido á las seis y media del propio dia, á quien puse los nombres de José Ignacio Xabier, Oriol, Encarnacion, hijo legitimo del Tte Coronel Dn Juan Espronceda Sargto Mayor del expresado Regimto, natural de los Barrios en el Campo de Gibraltar y de Do Maria del Carmen Delgado y Lara, natural de Pinos del Balle, Arzobispado de Granada: Abuelos P.P. el coronel Dn Diego de Espronceda, natural de Tafalla en Navarra, y Da Agustina Fernandez Pimentel, natural de Zeuta : Maternos Dn José Delgado y Do Tadea de Lara, naturales de Pinos del Valle: fué su Padrino el Excmo Sor el Vizconde de Zolina, Brigadier de los Rls Extos y Coronel del propio Cuerpo, quedando adbertido del Parentesco y obligacion que habia contraido; Se hallaron ptes como testigos Dn Carlos Franco y Dn Juan Quadrado, Capitos del mismo Rego = Juan Antonio Jordan — Rubricado » = Es copia exacta del original á que me remito y en la qual se ha respetado la ortografia antigua = Madrid á trece de Marzo de mil novecientos ocho = Milano del Valle Alvarez. »

Si acerca del día y el año no había fijeza alguna, acerca del lugar del nacimiento había ignorancia ó error, suponiéndole nacido en el mismo pueblo en que fué bautizado. Según los vecinos de Villafranca de los Barros, Espronceda nació en las cercanías y dentro del término de este pueblo, en un campo llamado los Pajares de la Vega, sito en el mismo camino de Almendralejo, lugar cubierto de escombros y ruinas de suntuosos edificios romanos. D. Juan de Espronceda y Do María del Carmen Delgado residían en dicha población, habitando la casa señalada con el número 8, de la Plaza Vieja (hoy de Fernando Ceballos), cuando los sucesos de Aranjuez fueron causa de que tuvieran que partir precipitadamente para Badajoz. A poco de salir de Villafranca y de sufrir Do Carmen las molesREyUE HISPANIQUE. xxIII. 2.

tias del coche que la conducía, experimentó esta señora los dolores del parto, y hubo que bajarla en seguida, conduciéndola á la choza de unos pastores, cercana á la carretera, donde vino al mundo el gran cantor del Dos de Mayo.

En vez de regresar al punto de partida, continuaron sus padres el viaje en la dirección que llevaban, hasta llegar á la ciudad inmediata, Almendralejo, donde tenía su residencia oficial el capellán del regimiento y donde, en casa de la noble familia de D. Francisco Vélez, según unos, ó en la del Marqués de Monsalud según otros, recibió la enferma todas las atenciones que requería su estado y el recién nacido el agua del bautismo; y aunque había nacido en el campo, el sacerdote se abstuvo de consignar esta circunstancia.

Algo de esto debió averiguar el Sr. Rodríguez Solís, quien lo supone nacido dentro del coche y, desde luego, antes de llegar sus padres á Almendralejo.

Dice dicho escritor :

Por uno de los caminos más frecuentados de Extremadura cruzaba un coche de colleras escoltado por una sección de ginetes del regimiento de caballería de Borbón — uno de los cuerpos que más se distinguieron en la memorable batalla de Talavera — al mando de su bizarro coronel. ¿ Albergaría el coche algun prisionero de Estado? Todo menos eso. Los ojos del coronel, que cabalgaba siempre á la portezuela, se fijaban, unas veces con amor y otras con pena, en el interior del carruaje. Ah Es que dentro, languidamente reclinada sobre los almohadones, con la luciente y negra cabellera cayendo en desorden sobre su hermoso cuello, con los ojos brillantes y los labios temblorosos, dejando escapar algunos suspiros, se hallaba una hermosa joven que podría contar hasta veinte años; de tiempo en tiempo clavaba sus hermosos ojos en el gallardo coronel, buscando en los suyos consuelo y amor, hasta que, agotadas las fuerzas, cayó en los brazos de la doncella que la acompañaba. El coronel no pudo resistir más, y, sin reparar en el peligro á que se exponía, cuando el país estaba inundado de franceses y sus fuerzas eran tan escasas, ordenó á la reducida

1. Espronceda, Su tiempo, su vida y sus obras. Tip. de Fernando Cao y Domingo de Val. Madrid 1883, pág. 18.

escolta detenerse en Almendralejo á tiempo que la Providencia, velando por él y por su enferma, acababa de hacerle padre. La viajera era doña María del Carmen Delgado, y el militar su marido, el valiente coronel D. Juan de Espronceda. Cuando los esposos entraron en la villa, habían cubierto de mil besos la frente de aquel niño que, nacido entre los azares de la gloriosa guerra de la Independencia, debía ser más tarde el gran poeta D. José de Espronceda su ilustre CantOr.

El mismo interesado debió saber, por las referencias de sus padres, dónde y cómo vió la luz, á legua y media ó á siete kilómetros del pueblo en que fué bautizado, según lo demuestra él mismo en la siguiente poesía :

A CARoLINA CoRoNADo
DEsPUÉs DE LEER sU coMPosicióN A la palma.

Dicen que tienes trece primaveras
y eres portento de hermosura ya,
y que en tus grandes ojos reverberas
la lumbre de los astros inmortal.

Juro á tus plantas que insensato he sido de placer en placer corriendo en pos, cuando en el mismo valle hemos nacido, niña gentil, para adorarnos, dos.

Torrentes brota de armonia el alma;
huyamos á los bosques á cantar;
dénos la sombra tu inocente palma
y reposo tu Virgen Soledad.

Mas ay!, perdona virginal capullo;
cierra tu cáliz á mi loco amor:
que nacimos de un aura al mismo arrullo,
para ser yo el insecto, tu la flor.

Espronceda no dice cuando en el mismo pueblo hemos nacido, lo que podría decir sin alterar la armonía del verso, sino cuando en el mismo valle; y así fué en efecto. Villafranca y Almendralejo distan sólo dos leguas, y ambas poblaciones están situadas en el mismo valle y regadas por el mismo río.

1. A la que no conocía personalmente Espronceda.

La misma duda que existía sobre el lugar del nacimiento existe aún, como habrá notado el lector, sobre la casa en que fué asistida la madre del poeta (ó en que éste vino al mundo, según los vecinos de Almendralejo).

D. Enrique Rodríguez Solís dice acerca de este punto :

Sabedor de que existían duda acerca de la casa en que se albergaron los esposos Espronceda, en Almendralejo, y en la que fué bautizado el ilustre vate, nos dirigimos al Sr. D. Fernando González, Alcalde primero de dicha villa, quien, con una bondad que nunca agradeceremos bastante, se apresuró á contestarnos que según la tradición fué en una casa de D. Francisco Véler, noy

propiedad de D. Manuel Montero y Monsalve sita en la plaza Mayor.

Pero la ilustre poetisa Do Carolina Coronado (la que, á pesar de sus 89 años, conserva en su cerebro las lozanías de la juventud, y aun sigue rindiendo inspiradísimo culto á las musas) me ha honrado con una carta o en la que sostiene lo contrario que el Sr. Rodríguez Solís.

Tratando de los versos que le dedicó Espronceda cuando se publicó su oda A la Palma, me dice lo siguiente :

«Yo no conoci a Espronceda porque no vino á Extremadura y cuando me trasladé a Madrid con mi familia ya hacia ocho o diez años que Espronceda habia muerto.

Entonces me leyeron los poetas del Liceo los versos que me habia dedicado cuando se publicó mi oda A la Palma. En esta ocasión escribi unas octavas a la Marquesa de Monsalud aludiendo al nacimiento de Espronceda en su palacio.

Parece que un biógrafo ha dicho que d 1 5 metros de la casa donde habia nacido Espronceda nació Carolina Coronado. Es una equivocación. Confundió la casa solariega de mis abuelos, que está a esa distancia del palacio de Monsalud. Yo naci en casa de mis padres, propiedad hoy de mi sobrino el Marqués de Gallegos. Suponiendo algunos vecinos de Almendralejo que Espronceda había nacido en la casa de los Marqueses de Vélez, en la plaza del Altosano, hicieron alli un casino y lo bautizaron con el nombre de Espronceda. Si este resusitara, esclamaria al ver mistificada su cuna : Ya ni en la paz de los sepulcros creo.

I. Obra citada, pág. 19.

2 Da Carolina, como la mayoría de sus paisanos, no transige con que Espronceda haya dejado de nacer dentro de supueblo.

Para poner en claro el hecho de la residencia de los padres del poeta en la ciudad de Villafranca de los Barros, en 18o8, y la exactitud de la tradición que conservan los villafranqueses, he procurado averiguar, por el libro de las partidas bautismales, los puntos en que estuvo el regimiento de Borbón desde el primer año del siglo XIX, y he podido saber que á principios de 18o8 paraba en Villafranca. Antes había estado: en 18oo, en Algesiras; el 25 de Mayo de 18o 1, en Córdoba, de paso para Extremadura; el 29 de Agosto, en Villafranca de los Barros, donde sigue hasta Octubre, y en Diciembre, en Olivenza; desde Junio de 18o2 hasta Diciembre de 18o4, en Zaragoza; desde Abril hasta Septiembre de 18o 5, en Reus; desde Julio hasta Septiembre de 18o7, en Barcelona; en 18o8 en Villafranca y Almendralejo, y el 8 de Octubre de 18o9, en el campo de batalla de Tamames.

La brillante Hoja de Servicios de D. Juan también confirma su estancia á Extremadura durante el año 18o8, figurando en el ejército de Andalucía.

No fué sólo Espronceda el que nació, por entonces, en tan anormales circunstancias. Al año y un día precisamente, y en la misma forma que él, también al salir sus padres de Villafranca, vino al mundo otro escritor, el licenciado D. José Muñoz Rodríguez (autor de Los buhomeros en « Los Españoles pintados por si mismos »), quién ha dejado descrito, en sus Memorias de un estudiante o, como acaeció su nacimiento. Dice así:

1. Apendice no 3.

2. Trabajos literaricos y científicos (postumos é inéditos) del Licenciado D. José Muñoz Rodriguez, coleccionados y anotados por Mathefilo. — Lugo, Biblioteca de La Idea Moderna. Imp. de Menendez, 1896, pag. 9 y 1o.

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