Imágenes de página
PDF
ePub

Prosigue fa real cédula describiendo la criminal conducta de D. Al va' ro sobre materias eclesiásticas, por la cual se ve como abusaba de la? *éligion , v sacrificaba a su ambicion y desenfrenada codicia la magestad de su soberano.

Nada puede justificar el abuso de nuestra santa religion, ni los lamentables estravíos de su verdadero espíritu, que por desgracia se han visto muy frecuentemente aun en las naciones mas católicas. Mas para conocer bien la historia del derecho español es necesario entender quemucbasue sus variaciones, y gran parte de la escesiva preponderancia que h» tenido en él la jurisdiccion eclesiástica, no ha dimanado solamente de la influencia de los clérigos, ni los regulares, ni de la curia romana; y que ha cooperado mucho á ella la conveniencia y la política de los reyes y de sus ministros.'

CAPÍTULO xir.

Quejas det reino contra los abnsos de la autoridad eclesiástica. Origen de los recursos de fuerza y de retencion de bulas.

No obstante la preponderancia que Ta nueva jurisprudencia ultramontana habra adquirido en esta península, la naeion y sus reyes no olvidaron enteramente sus derechos mas esenciales. Lascórtes los reclamaron muchas veces, y el gobierno tomaba de cuando en cuando sus medidas para conservarlos. En el mismo reinado de D. Fernando VI en que se remitió á Roma la exorbitante cantidad de ochenta mil duros para subsanar la ilegitimidad que pudiera notarse en el matrimonio de sus padres, en su filiacion y la de sus hermanos, refiere su crónica que habiendose intentado por un litigante llevar á Roma cierta apelaeion sobre un negocio eivil «desque todo el proceso vieron , y de como el pleito fincaba en razon de la jura, y que apefára D. Diego ante el Papa; por esta razon acordaron todos los mas que non podia hacer esta apelacion. Lo uno, porque el rey y todos los de sus reinos de Castilla y de Leon son esentos de la igle-' sia de Roma, qus non ha ni debe haber ninguna jurisdiccion, por ningun agraviamiento que el rey hiciere tambien en hecho de jurisdicccion, como en otra manera cualquiera, que non podia apelar del para el Papa, ni'n para otro ninguno. Y que esta escepcion guardaron siempre todos los reyes onde él venra (1).»

Las córtes de ValTadolid del año 1299 representaron á aquel rey el grande abuso que hacian los eclesiásticos de las escomuniones. «Otro si, se dice en ta peticion 9, á lo que me pidieron que no consintiese á los obispos, ni á los deanes, ni á los cabildos* ni á los vicarios que pusiesen sentencia de escomunion sobre vos por las cosas temporales; tengo por bien que como pasastes por ellas en tiempo de los otros reyes, que pasedes agora asi: é mando á los alcaldes é jueces de vuestro logar que íes non consientan que lo fagan en otra manera.»

No se satisfizo el reino con aquella respuesta , por lo cual en las cortes de aquella ciudad de Valladolid de 1307 repitió su súplica anterior, á la cual se respondió que procuraría el rey informarse de lo que acerca de esto se habia observado en tiempo de í). Alonso X para mandarlo observar.

[ocr errors]

Otro sí, á lo que me dijeron que los arzobispos y obispos, é los perlados de las iglesias pasaban contra ellos de cada dia , en perjuicio de mi sennorío emplazándolos é llamándolos ante sí é ponienao sentencia de descomunion sobre ellos por los pechos foreros, é por los heredamientos,

[graphic]

han ; é me pidieron merced que quisiese lo mió para mí, é no quisiese consentir que pasen contra ello daquí adelante; é en esto que guardaría el mi sennorío, é á ellos su derecho: á esto digo, que tengo por bien de saber como se usó en tiempo del rey D. Alonso , mi abuelo , é facerlo he así guardar, éesto suberlo he luego.»

Tal vez fue efecto de aquella peticion y diligencias mandadas practicar en su respuesta la resolucion tomada por el mismo D. Fernando, de que en el reino hubiese dos alcaldes para despachar los negoctos eclesiásti

cos

En las leyes del Estilo se encuentra una cédula de la reina D.a María, madre de aquel rey, dirigida á los alcaldes de Toledo, en la cual les avisaba que habia mandado al dean de aquella catedral que se abstuviese de imponerles la escomunion con que los habia amenazado, y que su hijo guardaba á la iglesia su derecho; pero por cumplir las reales órdenes no podían los eclesiásticos imponer tal pena: « ca bien saben ellos, decia la reina madre, que á cada uno debe ser guardada su jurisdiccion; conviene á saber, á la iglesia en lo espiritual, y al rev en lo temporal.»

Las citadas peticiones de las cortes de Valladolíd manifiestan bien claramente, que aunque los pueblos españoles estaban muy descontentos de los abusos de la autoridad eclesiástica , el gobierno de Fernando VI era demasiado adicto á la lejislacion de las Partidas, por lo cual no se atrevía a separarse de ella, ni emprender las reformas que demandaba el reino.

En el reinado siguiente hubo alguna mas enerjía para intentar tales reformas. «Este noble rey (D. Alonso XI), dice su crónica, era muy católico, ettemia á Dios, et amaba mucho honrar la iglesia (2).» Pero, como ni el mas puro catolicismo, ni el santo temor de Dios, ni el respeto muy justamente debido á la iglesia son incompatibles con los derechos de los reyes, ni con su firmeza y su prudencia en sostenerlos y que no se confundan ni traspasen los verdaderos límites del sacerdocio y el imperio, en su tiempo se espidieron varias leyes y órdenes muy útiles á este fin.

En el año 1312, siendo todavía muy niño, habiendo el infanteD. Alonso ganado cartas del Papa, por las que se daba comision al arzobispo de Santiago para que se le restituyeran ciertas tierras de que se decia despojado por D. Fernando VI. presentadas aquellas cartas á los tutores, respondieron al arzobispo, que no consentirían tal procedimiento, por mas cartas que adupese del Vapa.

La larga rejencia del reino en la menor edad de aquel rey, y las desavenencias de sus tutores lo habian puesto en la horrorosa anarquía que refiere la misma crónica, por la cual los legos, no encontrando justicia en el gobierno ni en los tribunales civiles , buscaban en los eclesiásticos su proteccion para la defensa de sus derechos. Hasta para la cobranza de las

(1) Sandoval. Crónica del emperador D. Alonso VII, cap. 65., •/

(2) Crónica do D. Alonso XI, cap. IT.

deudas se traían bulas del Papa, ó se gana ban cartas de Jos obispos para obligar á los deudores á su pago, por medio de la escomunion. ((Otrosí, decia el ordenamiento de Valladolid del año 132o; porque ellos me querellaron que muchos de mi señorío, así clérigos como legos , ganaron é

fanan bulas del Papa, é cartas de los perlados que los descomulgan sore las debdas que les deben ; tengo por bien , é acuerdo que cualquier que mostrase tales bulas é cartas que los mis oficiales de tas vUlas é de los lugares que los prendan , éque los no den sueltos , ni fiados , fasta que les den las dichas bulas , é cartas , é mandoles que me las envíen luego.» . V . «... .

Por esta ley se ve bien claramente, que aunque D. Alonso XI era muy católico y may virtuoso, no por eso dejaba de conocer los derechos de la potestad civil, ni carecia de la firmeza neoesaria para resistir los ataques de la eclesiástica contra la jurisdiccion real.

Las citadas córtes de Valladolid de 1325 representaron á aquel mismo rey la culpable induljencia con que los jueces eclesiásticos trataban á los reos clérigos, al mismo tiempo que eran muy severos en sus procedimientos contra los legos; y les prometió poner cobro contra tales injusticias. «A lo que me pidieron por merced que les pusiese cobro de muy grandes desaguisamientos que recibian de los prelados de mi señorío, cada uno en sus lugares, en lecho de la justicia, que cuando algun clérigo mata á algun lego, ó face otras causas desaguisadas , é la mi justicia lo prende, é lo entrega al obispo, ó á sus vicarios, porque fagan en el aquella justicia que merece, ellos suéltanle luego de la prision, é non facen en él aquella justicia que merece , é por esta razon viene muy gran mal, é muy gran daño en el mi señorio.=A esto respondo que lo tengo por bien, y lo fare ansi, Pet. 34.»

Ya se ha visto en el libro II de esta historia, como aunque D. Alonso VI y otros reyes toleraron en sus dominios la nueva jurisprudencia ultramontana, no por eso dejaban de resistir fuertemente los abusos de las autoridades eclesiásticas. Pero ninguno fué tan celoso por la defensa de sus regalías y la conservacion del justo equilibrio entre los derechos del altar y el trono como D. Alonso XÍ. Las leyes citadas son una prueba de la prudencia con que aquel buen rey, sin faltar aí respeto debido á la Sta. Sede y á los obispos, sostenía los de la potestad civil; pero hay otras muchas que manifiestan mas su gran prudencia. . , ,.., ,,„

Viendo que algunos malos cristianos hacian poco caso de las escomuniones, para darles mayor fuerza, habia mandado que el que permaneciera en alfa mas de un mes, sin solicitar su absolucion, pechara 600 maravedís, y pasando de un año y un día perdiera todos sus bienes, y quedara á merced del rey. La agravacion de aquellas nuevas penas movia á los eclesiásticos á multiplicar las censuras por la codicia de tirar sus productos; de manera que cuatro años despues el mismo rey tuvo que moderarlas, y privar á los eclesiásticos de su percepcion , aplicándolas al

fisCO. •.».•i i,'.,, , <.!..' i - jh •(,,',

Otrosí, dice el ordenamiento publicado en las córtes de Madrid de \ 329 que tenga por bien de revocar las cartas que mandé dar para todos los que estuviesen en sentencia de escomunion, de treinta dias adelante que pechen 600 maravedís, é otras penas menores; é si estuviesen en pena de escomunion un año y un dia que pierda lo que oviere, é el cuerpo esté á la mí merced; ca por esta razon, c con codicia dé levar la pena se atre

[graphic]
[graphic]
[ocr errors]
[graphic]

los clérigos á levar maliciosamente sentencia en las gentes , por mucha maneras; é que asaz cumplen las otras penas que sobre esta razon son establecidas por fuero, é por derecho , é contra los que estuvieren en sentencia de escomunion que de aqui adelante que tenga por bien de no dar cartas ningunas sobre esta razon.=A esto respondo que euanto la pena que habia 3e los treinta dias en adelante , de los sesenta que mandaba fasta aqui que por cada día, por les facer merced, que den la cuarta parte. Pero, porque los omes hayan miedo recelo é de andar escomulgados, en daño de sus almas, tengo por bien que cualquiera que estuviera treinta dias que peche cient maravedís á mi una vez, fasta el año: é si quisiere perseveraren la sentencia de escomunion, é estuviere en ella fasta un año, que al cabo de dicho año peche mil maravedis á mí, é el cuerpo á mí merced. E si el dicho año adelante estuviere en la dicha sentencia sobre la dicha escomunion , que peche cada dia sesen'.a maravedís á mí: é esto que se entienda en los descomulgados que no apelaren, ó apelaron é non siguieron la apelacion.»

Habiendo puesto el papa entredicho en Sevilla, mandó Don Alonso XI que no se observara. «Habia, dice Ortiz de Zúñiga, entredicho en el reino, y no se cual causa movió al rey que par Extremadura se encaminaba á Sevilla, y estaba en Córdoba á principios de abril, á enviar á mandar al clero de Sevilla que no se observase. Causaron confusion al clero, especialmente al inferior, las dos obediencias repugnantes , en cuyo nombre, Juan Perez, abad de la universidad de los beneficiados , se presentó ante el arzobispo D. Juan, en el palacio arzobispal á 10 de mayo, á donde se hallaba junto el cabildo eclesiástico, y requirió al prelado y cabildo que le ordenasen lo que habia de hacer, y los amparase, porque ni osaban levantar el entredicho mandado poner por el pontífice, y de observarlo temian la indignacion del rev, que á que no le guardasen habia enviado á Lope Martínez, canónigo de Córdoba. Ambigua fue la respuesta, porque no menos se hallaban confusos los superiores, sin que el instru- • mento público del requirimiento que se hallaba en el archivo de la universidad de los beneficiados, contenga mas que esta oscura noticia, de que fueron testigos Alonso Rodríguez, chante, Maestre Estevan, arcediano de Ecija, Sancho Fernandez, Miguel Perez, y Juan Rodríguez, canonigos (1].»

Con estas nuevas leyes y órdenes de D. Alonso XI la jurisdiccion real iba adquiriendo mayores tuerzas, y los jueces legos mas ánimo para sostenerla.

«A lo que me pidieron por merced , decia la pet. 55 de las cortes de Madrid de 1529 , que cualquier lego que emplazare ó citare á otro lego para ante los jueces de la iglesia sobre algunas cosas que pertenezcan á mi jurisdiccion temporal, ó ficiere obligacion que se ponga por jueces de la iglesia , á los que gelo ficieron hacer, que pechen cien maravedís por cada vegada, é esto que sea para el arca de la villa do esto acaeciere, é que prenden por la pena los oficiales del lugar, é que la obligacion non vala.=A esto respondo que lo tengo por bien, é defiendo que ninguno sea osado de otorgar carta sobre juicio de la iglesia, é cualquier que lo ficiere que cava en dicha pena, é el escribano que la hiciere que pierda el oficio por ello.»

(i) Anales eclesiásticos y seculares de Sevilla, lib, 5, ano 1 321. ¡

En el año de 1348, para evitar los empeños y competencias muy frecuentes entre las dos jurisdicciones eclesiásticas y real, pidió el remo en las cortes de Alcalá que se hiciera una declaracion de sus respectivos límites, y D. Alonso XI mandó formarla, y ofreció su publicacion.

«A lo que me pidieron merced, dice lapet. 38, que algunos prelados, é jueces de las iglesias se entremeten de librar los pleitos que á nos , é á nuestros alcaldes pertenecen, é que algunos alcaldes, ansi de la nuestra corte como de las ciudades, é villas, é lugares de nuestros reinos, é otros señoríos, se entienden de librar los pleitos que pertenecen á la jurisdiccion eclesiástica; é que mandásemos declarar en cuales pleitos han de responder de la jurisdiccion seglar, é en cuales delante del juez de la jurisdiccion eclesiástica, porque en esto non oviese duda de aquí adelante. ==A esto respondemos, que habemos mandado hacer el decíaramiento, é que lo mandaremos mostrar.»

Gon las respuestas y nuevas leyes de D. Alonso XI se fué introduciendo la práctica legal de los llamados recursos de fuerza y de retencion de bulas, por cuyo medio se ponia algun freqo a tales abusos de la autoridad eclesiástica, práctica desconocida antiguamente, pero que se fué regularizando mas desde aquel tiempo. -n.

En el año 1354, habiendo nombrado el rey D. Pedro á Toribio Fernandez para el priorato de la iglesia de Santa Maria de Guadalupe , que era del real patronato, y teniendo el nombrado noticia de que otro solicitaba en Roma la misma prebenda , ganó real provision para que los alcaldes de Talavera y de Truiillo lo ampararan en su posesion , y para que en caso de haberse obtenido algunas bulas contrarias á ella, las recojieran , procediendo contra el que las presentase. «Y si alguno, dice la provision y viniere con cartas, en que se conteiiga que otro alguno haya el dicho priorazgo tomadle cartas, e facedle cuanto enojo é mal pudieredes, en tal manera que non venga y mas con ellas , nin otro alguno se atreva á ganar tales cartas....»'

Teniendose noticia de que los recaudadores de la cámara apostólica se entremetian á cobrar las rentas del mismo priorato , se espidió otra real provision dirijida á los concejos, alcaldes, jueces, alguaciles y demás oficiales de justicia de la ciudad de Plasencia, Trujillo , Talavera y demás del reino. «Sepades , se dice en ella, que me dijeron que los que recaudaban lo que pertenece á la cámara del Papa, y de algunos cardenales en los mios regnos, que se entremeten á demandar lo que á la dicha iglesia pertenece , é proceder contra ella , y contra el prior de la dicha Iglesia , diciendo que lo han de haber, y. pertenece para la cámara del Papa, éde los dichos cardenales. E si así es, so maravillado que se entremeta ninguno á lo demandar, ni proceder contra el dicho prior , nin contra la dicha iglesia, sabiendo como es mia, y mi patronazgo, y el rey D. Alonso mio padre, que Dios perdone , la dotó de términos de los dichos lugares de Trujillo y Talavera. Porque vos mando, que vista esta mi carta , ó el traslado de ella, que si alguno é algunos clérigos , ó legos, ó otros ornes cualesquier , se entrometieren ó entrometen á tomar ó demandar lo que á la dicha iglesia pertenece y ha de haber, ó á proceder contra la dicha mi iglesia, o el pribr della, que se lo defendades, é se lo non consintades tomar , nin demandar , nin proceder en manera por que la dicha mi iglesia no reciba agravio ninguno. E si asi facerlo non quisieren , prendedle los cuerpos , é tenedlos presos y bien recaudados hasta que yo envié á

[graphic]
« AnteriorContinuar »