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parte del poseedor antiguo, ó algun hecho'semejante que arguya su consentimiento.

- ¿Y quien sino algun necio, esclamaba aquel publicista , exijiria tales diligencias de nuestros españoles? ¿O quien, sino un loco, podrá sostener la firmeza del imperio de los árabes, alegando la escepcion del consentimiento de la nacion española , y de sus invictos reyes, en los que todo el orbe admira su constante esmero y continuo trabajo en perseguir á los africanos, sin auxilios estranjeros, por mas de setecientos años....?

Conforme á estos principios, aunque tenia por justas las recuperaciones de algunos dominios hechas por los reyes de Aragon y Navarra, afirmaba que solo debian reputarse por tales", en cuanto para ellas habian tenido un tácito permiso de los de Castilla y Leon , que eran los que representaban el imperio godo ; porque de otro modo deberían reputarse por usurpaciones.

Ni hacia fuerza al señor Valiente. para desistir de su opinion , el que los citados reinos se gobernaron por leyes , fueros, usos y costumbres muy diversas de los de Castilla. Ni que hasta nuestros tiempos se hayan intitulado los monarcas de España reyes de aquellas, y otras provincias, que en algunos siglos fueron estados independientes. ,'

Todo lo componía aquel autor á fuerza de sutilezas, de citas impertinentes, suposiciones arbitrarías, y aun hechos notoriamente falsos, cual es señaladamente el de que todas las conquistas de los moros las hicieron los españoles sin auxilios extrangeros, cuando no hay cosa mas cierta en nuestra historia, que desde el mismo reinado de D. Pelavo hubo ligas con los franceses, las cuales se repitieron despues otras muchas veces con estos, con alemanes, italianos, ingleses, y aun con los mismos moros para pelear contra los cristianos, no obstante la diversidad de relijion y de costumbres. . . i .,:.'.

Despreciemos tales cavilaciones y sofisterías con que la jurisprudencia bartolista ha pervertido la razon, y ofuscado la historia y el derecho público español.

Que en los nuevos gobiernos establecidos en varias«provincias de esta Península despues de la irrupcion de los sarracenos era el Fuero Juzgo el código fundamental de su lejislacion, es indudable. Pero si en los tiem

{ios mas prósperos de la monarquía gótica sufrió aquel código varias reormas , y á pesar de todas ellas sus leyes no eran bastante firmes para protejer y asegurar la tranquilidad pública y los derechos de los ciudadanos; si las sediciones eran casi continuas, las degradaciones v envilecimiento .de las familias mas distinguidas , frecuentísimas , y fa justicia mal administrada; ¿qué sucedería cuando los reyes carecian de rentas y facultades competentes para sostener con decoro la dignidad de la corona y de fuerzas para hacerse respetar y obedecer?

Hablando propiamente, la lejislacion de aquellos tiempos era como una casa vieja; incapaz de proporcionar á su dueño, ni defensa ni comodidad.

La mayor parte de los pueblos no sabian siquiera que existiese un Fuero Juzgo, ni tenían mas reglas para su gobierno que la imitacion de loque veian practicarse en otras partes; ni mas leyes para administrar justicia que el buen sentido de algunos hombres algo prácticos en negocios , los ejemplos y aplicaciones de sentencias pronunciadas arbitrariamente en casos semejantes ; ó cuando mas algunos fueros ó cartas pueblas cortísimas, y contraidas á la localidad de cada uno; como lo advirtió D-.

Alonso X en el prólogo del Fuero Real. >'...,., ,

«Entendiendo, decia, que la mayor partida de nuestros reinos non hubieron fuero fasta el nuestro tiempo, y juzgábase por fazañas é por alvedríos departidos délos omes; é por usos desaguisados, sin derecho , de que nascien muchos males a los pueblos y á los omes ; é ellos pidieron nos merced que les enmendasemos los usos que fallásemos que eran sin derecho , é que les diesemos fuero porque viviesen derechamente de aqui adelante.»

En el Fuero viejo de Castilla se leen algunas de aquellas fazañas, ó sentencias arbitrarias que servían de norma para otros juicios de semejante naturaleza.

Véase una muestra de aquellos juicios ó fazañas. « Rui Diaz de Rojas ovo ferido al sobrino de Garci Fernandes , fijo de Ferran Tuerto , é ovol' á dar enmienda , como judgáron en casa del rey D. Alonso. E vol' á facer enmienda por Rui Diaz de Rojas Lope de Velasques , ermano de Pero Velazquez. E firiol' Garci Fernandes , filo de Ferran Tuerto, á Lope Velasques, tres palos, que facia la enmienda por Rui Diaz de Rojas. E cegó Lope Velasques de los ojos, de los tres palos quel dió Garci Fernandes; é non vió Lope Velasques, mas siempre anduvo ciego (\j.

i Podiahaberunaley,ó sentencia mas bárbara, ni mas injusta? El Fuero Juzgo permitía la pena del talion , pero eon una racional excepcion en ciertos casos. « La cruel temeridad de algunos decia (2) , debe vengarse legalmente con penas mas crueles , para que temiendo cada uno sufrir el daño que haga, se abstenga de los delitos. Por lo cual, si un ingénuo decalvase á otro, ó lo apalease , ó hiriese . ó atare. y encarcelare por sí, ó de su órden, de todo el daño que hecho , ó mandado hacer debe sufrir en sí el talion , por decreto del juez; á no ser que el agraviado se convenga á componerse, recibiendo del agresor por la enmienda la cantidad en que tasare la lesion. Mas, por bofetón , puñada , puntapie, ó herida en la cabeza , prohibimos el talion , por el riesgo de que la venganza sea mayor que la ofensa. .-••i

O los jueces que pronunciaron la citada fazaña ignoraban esta ley , ó prefirieron á ella la costumbre , ó el capricho y la libertad ilimitada de vengar los agravios, que solo puede gozar el hombre en el estado natural , mas no en un estado gobernado por reglas y leyes racionales.

Vaya otra muestra de la diferencia entre la lejislacion gótica y la castellana de la edad media.

«Esta es fazaña de Castilla , que judgó D. Lope Diaz de Faro: que todo ome, que oviere nogales , ó otros árboles en viella, ó en misera, e subier él, ó alguno de suos fijos ó de suos paniaguados á coger truta de cualquier árbol, ó cortare otra cosa ; é cayerdel moral , ó deoiro arbol cualquier , é fuer liborado; el dueño del árbol debe pechar las caloñas. E si morier el ome, ó fuer apreciado, é testiguado , como es fuero, debe pechar el omecillo el dueño del árbol, é non el consejo. E si pechar non quisierel omecillo el dueño del, debe el merino mandar subir un ome ensomo del árbol;

(\) Fuero viejo de Castilla, tit. 5, lib. 1, ley 4 4.

(2) Pro alapa verá, pugno, vel calce , aut pereussione in capite , prohibemus reddere talionem: nedum taho rependitw, aut loessio mijor aut periculum ingeratur. Leg. 3, tit. i, lib. 6.

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é aquel que subier en el árbol debe tomar una soga, é tome otro ome, que esté en tierra, el cabo de la soga. E debe andar en rededor del árbol en guisa que la soga non tanga á las cimas. E por do andovier el ome con la soga arrededor del árbol en tierra, debe tincar moiones, é cuanto fuer de los moiones adentro debe ser del señorío; é si ganado entrare delos moiones adentro la eredat sobredicha, puede!' prendar el señor del credamiento ó el suo merino , ó el quel mandare ; é peche otro tanto de eredat, cuanto es aquello queso del árbol en que entró el ganado á pacer (1).»

Esta ley tan absurda no se encuentra en el Fuero Juzgo. ¿ ¥ que se dirá de la bárbara inmoral , y la mas anticristiana costumbre de los desafios? No bastaron las supersticiosas prácticas de las llamadas purgaciones vulgares para querer obligará Dios a que manifestára la verdad milagrosamente, suspendiendo las fuerzas y virtudes naturales del agua y el fuego. Todovía pasó mas adelante la insensatez de los lejisladores y magistrados de la edad inedia , pues quisieron obligarlo á manifestar la justicia por el medio mas horrible , y que mas detesta nuestra s igrada reli jion , cual es la efusion de sangre , el rencor y la ferocidad, inseparables de tales actos.

No fueron los españoles los inventores de aquella costumbre atroz y sanguinaria, cuya introduccion se atribuye á Gunebaido , rey de los horgoñones (2). Mas no por eso dejó de ser tan jeneral en esta península, como en otras naciones europeas. Sus leyes la aprobaban ; daban reglas sobre el modo de desafiar y combatir los lidiadores (3); y aun tenían por muy racionales las frivolas razones con que se apoyaban tan desatinadas practicas.

«Lid, dice una ley de las Partidas (4) , es una manera de prueba que usaron á facer antiguamente los omes , cuando se queiren defender por armas de mal sobre que los rieptan... E la razon porque fué fallada la lid es esta: que tuvieron los fijosdalgo de España , que mejor Ies era defender su derecho , ésu lealtad por armas, que meterlo á peligro de pesquisa ó de falsos testigos. E tiene pro la lid, porque los fijosdalgo, temiendose de los peligros , é de las afruontas que acaescen en ella , recelánse á las vegadas de facer cosas porque hayan á lidiar.»

Si eran falibles las pruebas de testigos, indicios y demás que tiene adoptada la lejislacion de las naciones cultas , ¿lo era menos un combate , en cuyas resultas debian necesariamente influir, no tanto la verdad y la justicia , cuanto la mayor ó menor fuerza y destreza de los combatientes?

El temor á los desafíos podría imponer algun respeto en los hidalgos débiles ó cobardes ; mas no en los guapos y valientes , que confiados ea sus fuerzas y pericia en el manejo de las armas , les infundía tanto mas orgullo, arrogancia y procacidad , cuanto se creian mas superiores á los demás en estas cualidades.

¿Y como puede disculparse , y aun aplaudirse un gobierno, en el que el temor á la venganza privada infundía mas respeto y moderacion que las leyes y las autoridades para refrenar las pasiones y castigar los delitos?

1) Ley 4, tít. 1,Ub.2.

2) Muratori, Disser. ft.edu cevi. Dis 29. Canciani, in legem burgundionum , Monüum. (3) Tit. 5, lib. 4,del Fuero viejo de Castilla, tit. 3 y 4, de la Part. 7

(4) Ley 1. tit. 4, Part 7. •

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Castilla v las raruaas.

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CAPILULO IV

Innovaciones en el derecho godo. Principios de la aristocracia. Leyes militares.

En los estados cristianos se conservó siempre pura la religion católica: mas la potestad eclesiástica no dejó de sufrir tambien alguna diminucion. Entre las armas callan las leyes ; se trastorna el órden , falta la justicia, y gana y goza mas el que mas puede. La aristocracia levítica tuvo que ceder algun tanto á la aristocracia militar.

. E| fundamento mas sólido del poder es la riqueza.

Quisquís habet numnos, secura natiget aura,
Fortunamque suo temperet arbitrio.

Los grandes bienes y riquezas de aquellos tiempos no podían adquirirse ni conservarse por los medios usados ahora muy comunmente. No habia grandes fábricas, industria ni comercio. Aun la agricultura ejercitada jeneralmente por esclavos ó colonos miserables , y falta de consumos de sus frutos, carecia de los fuertes estímulos que ahora encuentra facilmente en el refinado de la gula y el regalo, en el lujo y la civilizacion.

Tampoco las ciencias presentaban un campo tan dilatado como ahora, para enriquecer á los literatos con el foro y la aplicacion de sus talentos á otros estudios honoríficos y provechosos. La mina mas copiosa y la carrera, mas segura para enriquecerse y ennoblecer á las familias era la milicia.

Como la milicia de aquellos tiempos fué una parte muy esencial del derecho público español, es necesario para la historia de este en aquella época tener alguna idea por lo menos de la política y las reglas que se observaban para su fomento en los repartimientos de las ganancias de la guerra y en los premios militares.

Los españoles de la edad medía solían hacer la guerra no asalariados por un soberano, y para cederle todas las ganancias , sino de mancomun y á costa propia, y por consiguiente tenían un derecho para repartírselas á proporcion de las fuerzas y gastos de cada uno. « E por ende, dice una ley de la Partidas, antiguamente fué puesto entre aquellos que usaban las guerras, é eran sabidores de ellas , en cual manera se partiesen todas las cosas que hi ganasen, segun los omes fuesen, é losechos queficiesen (1).»

En las mismas partidas se esplican las reglas que se observaban en aquellos repartimientos. La primera dilijencia, despues de una expedicion militar, era pagar y subsanar á los soldados los daños recibidos ea sus cuerpos y en sus fornituras.

Por cada herida habia señalado cierto premio , que llamaban encha ,

[*} Ley i, tit. 2«, Part. 2.

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enmienda o coiupeusacLou , segun su gravedad , y Iuucüu mayor por la muerte de cualquier peon ó caballero , para bien de su alma y sus herederos. La enmienda ó compensacion por los caballeros muertos era de ciento cincuenta.marayedis y la mitad por los peones. (1).

Véase la escrupulosidad con que se calificaban el valor y las hazañas militares. «Ome, dice otra ley de las Partidas, es la mas honrada cosa que Dios fizo en este mundo; é'bien así como los sus fechos son adelantados entre todos los otros, otrosí tovieron por bien los antiguos de fablar primeramente de lo que á ellos pertenece. E por ende pusieron que las enchas

que pertenecen á sus cuerpos fuesen primero satisfechas que las otras

E por estas razones tovieron por derecho que si alguno dellos , en cabalgada ó en otra manera de guerra de los que suso dijimos cativasen , que diesen otro por el de los quellos toviesen presos, segun que el ome fuese , caballero ó peon , é si non lo oviesen , que diesen tanto de la cabalgada de que pudiese otro comprar que diese por sí para salir de cativo. E si fuese ferido de manera que non perdiese miembro; si la ferida fuese en la cabeza de guisa que non pudiese encobrir con lds cabellos que le diesen doce maravedís ; é por ferida de la cabeza de que le sacasen hueso diez maravedís Por quebrantamiento de pierna ó de brazo, de que non fuese lisiado para toda la vida, doce maravedís. Mas si acaeciese que alguno fuese ferido. de guisa que fincase lisiado, así como si perdiese ojo, ó nariz, ó mano, ó pie, porcada uno destos debe haber cien maravedís (2) »

Para evitar los engaños en las enchas ó enmiendas por los equipajes, dando tiempo la expedicion, se nombraban fieles que los rejistráran y apreciáran. Y no pudiendo proceder este rejistro por urjencia de la salida, se debia estar á la declaracion jurada de les interesados acompañada de las de otros dos caballeros (3).

«E destas enchas, dice la ley 1 .* del citado título, vienen muchos bienes , ca facen á los omes aber mayor sabor de cobdiciar los fechos de la guerra, non entendiendo que caerán en pobreza por los daños que en ella rescibieren, éotrosi de cometerlos de grado, é facerlos mas esforzadamente. E tiran los pesares , é las tristezas , que son cosas que tienen grand pro á los corazones de los omes que andan en guerra....»

Satisfechas las enchas, se procedía luego á la particion de todo lo conquistado en la forma referida por las leyes del tít. 26, Partida 2.

El quinto de todas las ganancias era precisamente para el rey (4) ; de tal suerte que no podia enajenarlo por heredamiento , y sí solo durante su vida ; porque «es cosa, dice la ley 4, que tañe al señorío del reino señaladamente. »

Tambien pertenecian al rey enteramente los jefes ó caudillos mayores de los enemigos con sus mujeres, hijos, familiay mueblesde su servidumbre.

Pertenecian igualmente á la corona las villas, castillos y fortalezas, y los palacios de los reyes ó casas principales de los pueblos conquistados (5).

«E aun tovieron por bien , dice la ley 5, que si el rey diese talegas, ó alguno otro que estoviese en su lugar, a los que fuesen en las cabalgadas, de todo lo que ganasen, diesen á su Rey la meytad. E si algun rico ome, que toviese tierra del, enviase sus caballeros en cabalgada , dándoles el

i- -.

H) Ley 2, tit. 2S, Part. 2.

(2) Ley 2, til. 2S, Part. 2. (3) Lev 4 y S, ibid.

(4) Ley 8, tit. 26, Part. 2. (5) Ibid.

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