Romancero general: ó, Colección de romances castellanos anteriores al siglo XVIII, Volumen 16

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M. Rivadeneyra, 1882
 

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Página 497 - En los pinares de Júcar vi bailar unas serranas al son del agua en las piedras y al son del viento en las ramas. No es blanco coro de ninfas de las que aposenta el agua o las que venera el bosque, seguidoras de Diana. Serranas eran de Cuenca, honor de aquella montaña, cuyo pie besan dos ríos por besar dellas las plantas. Alegres corros tejían, dándose las manos blancas de amistad, quizá temiendo no la truequen las mudanzas ¡Qué bien bailan las serranas, qué bien bailan!
Página 600 - Pasaron ya los tiempos cuando lamiendo rosas el céfiro bullía y suspiraba aromas. Ya fieros huracanes tan arrogantes soplan, que salpicando estrellas, del sol la frente mojan. Ya los valientes rayos de la vulcana forja en vez de torres altas abrasan pobres chozas. Contenta con tus redes a la playa arenosa mojado me sacabas; pero vivo, ¿qué importa? Cuando de rojo nácar se afeitaba la aurora, más peces te llenaban que ella lloraba aljófar. Al bello sol que adoro...
Página 417 - Sin libros y sin papeles, sin tratos, cuentas ni cuentos, cuando quieren escribir piden prestado el tintero. Sin ser pobres ni ser ricos tienen chimenea y huerto; no los despiertan cuidados, ni pretensiones, ni pleitos; ni murmuraron del grande ni ofendieron al pequeño; nunca, como yo, firmaron parabién ni pascuas dieron. Con esta envidia que digo y lo que paso en silencio, a mis soledades voy, de mis soledades vengo.
Página 600 - ¿Adónde, di, te engolfas? Que no hay deseos cuerdos Con esperanzas locas. Como las altas naves Te apartas animosa De la vecina tierra, Y al fiero mar te arrojas. Igual en las fortunas, Mayor en las congojas, Pequeña en las defensas Incitas á las ondas. Advierte que te llevan A dar entre las rocas De la soberbia envidia, Naufragio de las honras.
Página 416 - ¡No sé qué tiene la aldea donde vivo y donde muero, que con venir de mí mismo no puedo venir más lejos! Ni estoy bien ni mal conmigo, mas dice mi entendimiento que un hombre que todo es alma está cautivo en su cuerpo. Entiendo lo que me basta, y solamente no entiendo cómo se sufre a sí mismo un ignorante soberbio. De cuantas cosas me cansan, fácilmente me defiendo ; pero no puedo guardarme de los peligros de un necio.
Página 443 - Ciego que apuntas y atinas. Caduco dios y rapaz Vendado, que me has vendido, Y niño mayor de edad, Por el alma de tu madre. Que murió siendo inmortal, De envidia de mi señora. Que no me persigas más. Déjame en paz, Amor tirano, Déjame en paz.
Página 523 - Si estudiara medicina, aunque es socorrida sciencia, porque no curara yo, no hubiera persona enferma. »Quise casarme estotro año, por sosegar mi conciencia, y dábanme un dote al diablo con una mujer muy fea. «Si intentara ser cornudo por comer de mi cabeza, según soy de desgraciado, diera mi mujer en buena. «Siempre fue mi vecindad mal casados que vocean, herradores que madrugan, herreros que me desvelan.
Página 526 - Tambien los sacó de España. De pastillas le sirvieron Ardiendo Troya y Numancia, Sepan, si es caro el perfume, Que con sus narices gasta.
Página 447 - Por el mes era de mayo, cuando hace la calor, cuando canta la calandria y responde el ruiseñor, cuando los enamorados van a servir al amor, sino yo, triste cuitado, que vivo en esta prisión, que ni sé cuándo es de día, ni cuándo las noches son, sino por una avecilla que me cantaba al albor. Matómela un ballestero ¡Déle Dios mal galardón!
Página 595 - Un lencero portugués recién venido á Castilla, más valiente que Roldán y más galán que Macías, en un lugar de la Mancha, que no le saldrá en su vida, se enamoró muy despacio de una bella casadilla que, vendiéndole rüán para faldas de camisa, una tarde le contó sus amorosas fatigas.

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