Trozos escogidos de literatura castellana: desde el siglo XII hasta nuestros días (España y América)

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A. Estrada, 1885
 

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Página 107 - Mi Amado, las montañas, los valles solitarios nemorosos, las ínsulas extrañas, los ríos sonorosos, el silbo de los aires amorosos. La noche sosegada en par de los levantes de la aurora, la música callada, la soledad sonora, la cena, que recrea y enamora.
Página 410 - Pobre de aquel que corre y se dilata, por cuantos son los climas y los mares, perseguidor del oro y de la plata ! Un ángulo me basta entre mis lares, un libro y un amigo, un sueño breve, que no perturben deudas ni pesares.
Página 87 - ¡Qué descansada vida la del que huye el mundanal ruido, y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido!
Página 69 - Tengo una parte aquí de tus cabellos, Elisa, envueltos en un blanco paño, que nunca de mi seno se me apartan: descójolos, y de un dolor tamaño enternecerme siento, que sobre ellos nunca mis ojos de llorar se hartan. Sin que de allí se partan, con suspiros calientes, más que la llama ardientes, los enjugo del llanto, y de consuno...
Página 111 - Y luego a las subidas cavernas de la piedra nos iremos, que están bien escondidas, y allí nos entraremos, y el mosto de granadas gustaremos. Allí me mostrarías aquello que mi alma pretendía, y luego me darías allí tú, vida mía, aquello que me diste el otro día...
Página 93 - EL aire se serena y viste de hermosura y luz no -usada. Salinas, cuando suena la música extremada por vuestra sabia mano gobernada.
Página 108 - Mi alma se ha empleado, y todo mi caudal, en su servicio, ya no guardo ganado ni ya tengo otro oficio, que ya sólo en amar es mi ejercicio.
Página 405 - FABIO, las esperanzas cortesanas Prisiones son do el ambicioso muere Y donde al más astuto nacen canas. El que no las limare o las rompiere, Ni el nombre de varón ha merecido, Ni subir al honor que pretendiere.
Página 66 - Hiedra que por los árboles caminas, Torciendo el paso por su verde seno; Yo me vi tan ajeno Del grave mal que siento, Que de puro contento Con vuestra soledad me recreaba, Donde con dulce sueño reposaba, O con el pensamiento discurría Por donde no hallaba Sino memorias llenas de alegría...
Página 59 - El dulce lamentar de dos pastores, Salicio juntamente y Nemoroso, he de cantar, sus quejas imitando; cuyas ovejas al cantar sabroso estaban muy atentas, los amores, de pacer olvidadas, escuchando. Tú...

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