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púsoles la gloria quo alcanzarían con vencer, y que de los primeros «uceóos nacía el miedo, ola conOanza, y que la buena ó mala reputación pendía de ellos. Mando que no se perdonase l.i vida sino a los niños porque oslo causóse mas temor en los bárbaros, y nuestros soldados puteasen sin alguna esperanza de que vencidos pudiesen ■ l ii'.; i u con vida. Dispuesto el orden con quo so había du marchar, dio lia a la plática. Oyéronlo con mucho gusto, y oquella misma noche partieron de sus alojamientos á tiempo que al amanecer pudieson acometerá lo* turcos. Uuialia Huger con Marulli la vanguardia con la caballería, y llevaba solos dos estandartes, on el uno las armas del emperador Andrónico, y en el otro las suyas. Seguía la infantería hecho un solo escuadrón de toda ella donde giirboruaba Corbaran de Alet. senescal del ejercito. Llevaba en la frente sotas dos banderas, contra el uso común de nuestros tiempos,que Mielen ponerse en medio del escuadrón como lugar mas fuerte y defendido. La una bandera llevaba las armas del rey do Aragón don Jaime, y la otra iasdul rey|de Sicilia don Fadrique; porque entre las condiciones que por parle do los catalanes se propusieron al emperador, fué dula* primeras, que siempre los fuese licito llevar por guia el numhre y blasón do sus príncipes, porque querían queailuuclo llogasen sus armas, (legase la memoria y autoridad do sus royes, y porque las armas de Aragón las tenían por Invencibles. Do donde se puede conocer el grande amor y veneración que los catalanes y aragoneses tenían a sus reyes, pues aun sirviendo á principes extraños, y en provincias tan apartadas, conservaron su memoria . y militaron debajo du ella : fidelidad notable, no solo conocida en esle caso, pero en lodos los tiempos. Porquo no se vio de nosotros principe desamparado, por malo y cruol que fuese, y quisimos mas sufrir su rigor y aspereza, que entregarnos a nuevo señor. No fué llamado el hermano bastardo, ni excluido el rey natural. No fué preferido el segundo al primogénito. Siempre seguimos el orden que el cielo y uauraleza dispuso, ni so alteró por particular ahorrecimonloó afición, con no haber apenas reino donde no s« hayan visto estos trueques y mudanzas.

I'a-arun los nuestros i media noche la muralla, o reparo quo divide el cabo de tierra firme, y al amanecer se hallaron sobro los turcos, quocomoeu parte segura, y á su parecer lejos de enemigos, estaban sin centinelas, reposando dentro do sus tiendas con descuido y sueño. Cerró Bnger y Marulli con la caballería, metiéndose por las tiendas y flacos reparos que tenían con grande animo. Siguiéronlo los almugavaros con el mismo , dando un sangriento y dichoso principio á la nueva guerra. Los turcos á quien la furia y rigor de nuestras espadas no pudo oprimir en ol sueño, al ruido do las armas y voces despertaron, y con la turbación y miedo quo semejantes asaltos suelen causar en los acometidos, tomaron las armas para su defensa, pero fueron |>ocos, divididos y desarmados, con que su resistencia fué Inútil ysiu provecho contra el esfuerzo y gallardía do nuestra gente, que ya lo ocupaba todo. Pelearon los turcos con desesperación, viendo á sus ojos despedazar y degollar á sus mas caras prendas, de gente que ni aun por el nombre conocían Alcanzóse cumplidísima victoria, dejando en el campo muertos do los turcos tres mil caballos y diez mil infantes. Los quo quedaron vivos fueron los quo reconociendo con tiempo el desorden y pérdida, y que los catalanes eran impenetrables a los golpes de sus dardos, se pusieron en seguro con la huida, y el querer muchos hacer lo mismo después les causó mas presto la muerId, porque ocupados en retirar sus hijos y mujeres, dejaban la batalla, y luego perecían. La presa fué grande, y los niños cautivos muchos. Iteflcre Nicéforo, griego de nación, y enemigo declarado de la nuestra, el espauto y terror que causó en los turcos eso primer acometimiento con estas mismas palabras: «taimo los turcos vieron el »íinpeiu feroz de los latinos (que así llama á los calala»nes), su valor, tu disciplina militar, y sus lucidas y fuerates armas, atónitos y espantados huyeron, no solo lejos •de la ciudad de Constanlinopla. pero mas adentro de los • antiguos limites de su imperio.» Nuestra gente siguió el alcance poco lato, pur no tener la tierra conocida, y volvieron aquella misma noche al cabo, por tener el alojamiento reconocido y seguro.

Cap. XI.— telfaitnl ej*rctlo para invernar en el cabo dt Arlada ii m.'"/";e;iloiIa

Dieron aviso al emperador del buen sucoso do su victoria, enviando cuatro galeras ron riquísimos présenles I' o i entrambos príncipes Audiónico y Miguel, y en nombro de los soldados se envió a Maria. mujer del niegaduque llnger. lo mas precioso y rico de la prosa. Causo notable admiración enlie los griegos la brevedad con que se alcanzo ian señalada victoria; y el puéblela celebró con alabanzas, libre del temor de los turcos, que insolentes con las victorias alcanzadas do los griegos, de la otra parle del estrecho amenazaban la ciudad con los alfanjes desnudos, pero casi toda la nobleza, quo como fuera justo de lima mostrarse mas agradecida á tan grande bene

ficio, manifesté el veneno de sus ánimos, quo la envidia do la ajena felicidad uo dio lugar a que se pudiese mas encubrir. Los privados de Andrónico, y las personas de mayor estimación do su nación, comenzaron á temer nuestras fuerzas, juzgándolas por superiores á las que ellos tenían, y que dentro de casa tanto poder en manos do extranjeros era cosa peligrosa. Estas platicas y discursos las alentaba el emperador Miguel, incitado de un oculto sentimiento que causó en su ánimo la victoria, porquoalgunos meses antes había pasado el estrecho con un ejército poderosísimo, y por miedo de los turcos, ó poca seguridad de los suyos, se retiró con gran pérdida de su reputad jn. sin trabar ni aun una pequeña escaramuza con el enemigo ; y como los catalanes siendo tan pocos vencieron á los que él no se atrevió acometer con tan excesivo número de gente, de esto nació su corrimiento, y do él un grande aborrecimiento y deseo do nuestra perdición. Los príncipes sienten mucho que haya quien so les iguale en valor, y aun en la dicha aboirecen á quien seles aventaja, porque el poder no sufre virtud y parles aventajadas en ajeno sugelo,y mas cuando on su competencia sucedo el aventajarse. Si una baja y vil eniulaciun de un principe en hacer versos causó la mueite a Lucaiiu. ¿cuánto mayor fuera si do valor y fortuna se compitiera? Y asi uo so debe tener por capitán cuerdo o) que intenta una empresa errada por su principe, si ya uo quiere competir con él del imperio.

Con el buen suceso que tuvieron no trataron do pasar adelante, ni seguir la victoria : cosa que les hizo perder reputación, y fue ocasión de hacer muchos excosos en aquella comarca, que irritaron gravemente ol ánimo de los naturales y griegos. Cuando quisieron entrar la tierra adentro, comenzó el primer dia de noviembre á entrar con tanto rigor el invierno, con vientos fríos yagua, quo les detuvo. Los ríos por sus crecientes sin poderse vadoar. la campaña estéril llena do enemigos, (os caminos difíciles por donde se había de marchar para socorrer á Philadolphla, eran causas bastantes para diferir cualquier empresa. Rnger con el parecer y consojo de sus capitanes se resolvio.de invernar ent.izico, lugar acomodado por la fortaleza de sitio y abundancia de las vituallas, y porque el año siguiente fueso ménosembarazosa la salida que si hubieran de partir de Grecia, y embarcar y dosembarcar la caballería tantas veces, cosa de suyo tan molesta. Dieron luego aviso al emperador de esta resolución, y aprobóla con mucho gustu, porque era lo que mas le convenís, por tener el ejército alojado en la frente del enemigo, y apartado de Constanlinopla y de los demás pueblos griegos, donde no fallaran quejas y pesadumbres, aunque cerca de tres meses anduvieron alojados por Asia sin efeclo, trabajándola tierra con insoportables contribuciones. Mandó Andrónico quo con mucha diligencia se llevasen por mar las vituallas que n.r-e hallaban en el cabo, con que pasaron los nuestros un invierno muy apaciblo. El megaduque llnger envió con cuatro galeras por su mujer María. Kl orden que se tuvo en los cuarteles para excusar pendencias entre los soldados y sus huéspedes, fué ol siguiente : los soldados nombraron seis de su parle, y los de la tierra otros tantos, para que do común parecer y acuerdo so pusiese precio a las vituallas; porquo encareciéndose mas de lo justo fuera gran descomodidad para los soldados, y dándose á precio muy bajo no resultase en notable daño do los huespedes, á mas do que faltara ol comercio y provisión ordinaria que acudía de todas parles con abundancia. Oí donóse á Fernando Ahones. almirante, que con la armada fuese íi invernar á la isla de Xio, puerto seguro y vecino de las costas enemigas. Es el Xio isla de las mas señaladas del mar Kgeo, por nacer en ella sola el almaste cosa que negó naturaleza á las tiernas, parles déla tierral

C.r>. XII —r'erran Jtm'ntt de Arenas ti aparta Iv «uyoj.

Concertadas en la forma dicha las cosas do mor y tierra, so pasaba el invierno con sosiego y mucha conformidad, pero luego nuestras fuerzas se fueron cnflaqneciendo con algunas divisiones y discordias civiles. Ferraa Jiménez de Arenes, caballero de gran linaje, y buen soldado, so desavino con llnger sobre el gobierno de sus gentes, y pareciéadole desigual la competencia, se aparté del ejército con los suyos, y volviéndose á Sicilia, pasando por Atenas se quedó á servir á se duque, que le recibió agradecido, y honró con cargos militares, en cuyo servicio se detuvo basta que la necesidad de sus amigos en Galípoli le llamó, y volvió á juntarse con ellos aventurando como buen caballero la libertad y la vida, l'achimeiiodice, que la ocasión do apartarse Ferran Jiménez de llogcr fué, ponpie muchas veces lo advirtió que reprimiese y castizase los soldados, y como vio que en esto no andaba como debía, se apai tó de su compañía con los que le quisieron seguir. ;Notable fuerza de .inclinación, que apenas se apartaba el peligro de las armas extranjeras, cuando ya las competencias y guerras civiles so encendían entro ellos I

En abriendo el tiempo, el megaduquo Roger y su mujer María se fueron á Constanlinopla con cuatro galeras A lr¡ilar con el emperador de la jornada, y A pedirlo dinero para hacer pagamento general ¡mies quo el ejército saliese en campana Miguel estaba en Constantinopla, y queriendo Roger visitarle, y darle razón de lo que so pensaba hacer aquel año, no le di.i lugar, porque se lenia por ofendido del mal tratamiento que había hecho & los de Cizico sus vasallos, lisio dice Pachinierio. Lo cierto es, que lloger alcanzó de Andrdnico el dinero con tanta largueza, que pudo dar dobladas pagas, liberalidad grande, si la falta do hacienda y dinero con que se hallaba permitiera que se le pudiera dar este nombre. Tlénese por virtud heroica en un príncipe la liberalidad sien ella concurren dos calidades, tener que dar, y que lo merezca á quien se da, y cualquiera de estas dos que falte no es liberalidad sino injusticia; y así aunque Andrónico repartió las mercedes en personas de grandes merecimientos, como lo fallóla primera calidad, que es tener que dar, túvose por muy excesivo este donativo, y por yerro muy grave, porque estaba el Oseo y cámara imperial tan destruida, que no podia acudir A las pagas ordinarias, ni á oíros gastos forzosos del imperio. No hay cosa mas perniciosa que el dinero recogido para la defensa común, desperdiciarle en gastos voluntarlos; y cuando la necesidad aprieta, acudir A nuevas imposiciones y pechos, dando por razón y causa justa el aprieto y la falla que nace de sus exce.-os y demasías. Las imposiciones son justas, cuando es forzosa la necesidad que obliga A ponerlas, pero cuando el principe consume la hacienda con dadivas ó gastos impertinentes y excesivos, ninguna justificación pueden tener, pues solo proceden de sus desórdenes ó desruidos.

Trataron Roger y el emperador de cómo se habia de hacer la guerra aquel año, y Andrónico solo le encargo el socorro di' Piiiladelphia , lo demás dejó al arbitrio de los demás capitanes y suyo; porque desde lejos y antes de las ocasiones mal se puede ordenar lo que conviene, ni tomar parecer cierto en cosas tan inciertas y varias como so ofrecen en una guerra. Dejó Roger á su mujer Haría en Constantinopla, y navegó con sus cuatro galeras la vuelta dolcaboel primer día de marzo del año mil tres-, cíenlos y tres. Luego que llegó se pasaron las cuentas con los huéspedes, lomóse muestra general, y se halló que los soldados en poco mas de cuatro meses, que fué el llampo que invernaron, habían gastado las pagas de ocho, y algunos de uu año. Sintió Roger el exceso y desorden de los soldados, que como capitán prudente y platico conoció el mal, aunque como dependía su autoridad del tarbitrio de los soldado», no so atrevió A poner el remedio que ronvenla, porque no so disminuyese ó perdiese. Mal puede un capitán conservar un ejercito con puntual y estrecha obediencia, si el poder y fuerzas con que los na de castigar le dan ellos mismos; de que nace la insolencia y libertad.

Iloger, conociendo el llempo, satisfizo los huéspedes, pagando todo loque habian gastado en mantener los soldados, y no quiso se les descontase de su sueldo; y asi les quedó libre el dinero de las cuatro pagas, que luego les dio, y lomando Roger sus libros de las raciones y cuentas, dondo constaba de los gastos excesivos que los soldados bebían hecho, los quemó en la plaza publica deCi71V0. con que quedaron lodos obligados y agradecidos A su liberalidad. Los autores griegos dicen, que Clzico y toda su comarca quedódeslruida por las crueldades y robos de los catalanes, y que temiendo el emperador Andrónico que Roger no alargase el salir en campaña, por la mala disciplina y poca obediencia de los soldados, envió su hermana a los últimos de marzo á Cizico, para que exhortase A Roger su yerno saliese con el ejército, pues el i lempo y la ocasión convidaban A la guerra, y los saldados recién pagados saliesen con mas gusto.

Cap. XJM.—Parte el ejército á socorrer á Philadrlphia, y venen ú Caramano, turco, general de loa que tateman titiada. Kl deseo que lenla Roger de salir en campaña, ayudado de la persuasión de su suegra, hizo que luego se pusiese eit ejecución la salida, y asi se señaló para los nueve do ¡ibril. Rilando apercibiéndose ya todos para el viaje, dos masagelas óslanos esperando en un molino que les moliesen un trigo, llegaron algunos almugavares á tratar con descompostura una mujer que estaba dentro A tomar la harina, salieron á la defensa los alanos, y entre oirás razones que dieron contra Roger su capitán fué decir: que si les daban mies ocasiones , harían del megaduque Roger lo que hicieron del gran doméstico. Este fué Alexos Raúl, que en una fiesta militar le mataron estos A traición de un flechazo. Refirieron estas palabras A Roger, y por su mando ó consentimiento aquella misma noche los almugavares dieron sobre los alanos, y si la oscuridad do la noche y el cuidado de los vecinos no les defendiera, los degollaran todos. Murieron muchos, y enlre ellos un mozo vállenlo hijo de George, cabeza de los alanos. A la mañana volvieron A toparse, y quediron los catalanes superiores habiendo muerto mas de trescientos alanos; y si no se temiera A los vecinos de Clzico, A quien por los malos tratamientos tenían Irritados, que no tomasen las np!o á Mi libertad, que los turcos tenían Un oprimida. Llegó esta opresión a tanto extremo, quo los quitaban las mujeres y los hijos para instruirles en su secta. Profanaban los templos y monasterios tan antiguos, dondo liab.a depositados tantos cuerpos de santos, y grande memoria de nuestra primitiva Iglesia que tanto floreció en aquellas provincias, trocando el verdadero culto en falsa v abominable adoración de su profeta. Poro cuino por lus justos juicios de Dios estaba ya determinada la destrucción y servidumbre de lodo aquel imperio y nación, fué de poco provocho para alcanzar entera libertad lodo lo que los nuestros hicieron, antes parece que so confirmó non esto su perdición; pues cuando los grandes remedios no curan la dolencia por que se dan. es casi cierta la muerte. Nuestros capitanes se detuvieron antes do entrar en Philadelpbia, reconociendo algunos lugares vecinos adonde se pudieron haber retirado y rehecho; pero lodo lo hallaron libre de los turcos, a quien el miedo hizo alargar muchas leguas.

armas, y so pusiesen de parle de los alanos, los hubiera n sin duda degollado todos. Por este caso se apartó 1* mayor parte de los alanos del ejército de Roger; solo quedaron con él basta mil, que con promesas y ruegus los detuvieron. Roger quiso con dinero aplacar al padre por la muerte del hijo, peroGregorio menospreció el dinero, y al agravio del hijo muerto se añadió la afrenta del ofrecimiento: con que el bárbaro quedó irritado, aunque encubrió la ofensa para mayor venganza.

Este suceso alargó la partida hasta primeros de mayo, que salieron de Cizico seis mil con nombre de catalanes, mil alanos, y las compañías de romeos debajo del gobierno de Marulll; pero lodos sujetos, y A orden de Roger. iba también Naslago, gran primicerio. Llegaron con eslas fuerzas á Anchirao, y de allí con gran valor y confianza, que a?í lo dice Pachimerio, fueron á sitiará Gerro»: lugar fuerte donde los turcos estaban, y entendida por ellos la resolución, con sola la fama de su venida dejaron el lugar, y se retiraron. Pero no pudoser esto tan á tiempo, que su retaguardia no fuese gravemente ofemdida de los catalanes. De allí pasaron á olro lugar que la historia de Pachimerio no le nombra, solo dice que estaña dentro para su defensa Sausi Crísanislao, famoso soldado y capitán de búlgaros. A quien mandó ahorcar con doce de sus soldados los mas principales, sin decir con certeza ocasión de esle castigo; solo se presume, que habian defendido mal algún lugar que estaba a su cargo, ó entregado alguna fortaleza, y queriendo Sausi disculparse atravesó razones con Roger, que le movieron A meter mono A la espada, y herirle, y después fué entregado a los que le hablan de ahorcar. Los capitanes griegos detuvieron la ejecución, y alcanzaron de Roger el peroon; porque le advirtieron el disgusto que tendría el emperador Andrónico si castigase un hombre de lanía calidad, y tan buen soldado, sin haberle dado razón. Era Crísanislao uno de los capitanes búlgaros quo prendió Miguel padre de Andrónico en la guerra de la Chana, y detenido gran llempo en prisión fué puesto en libertad por Andrónico, y honrado en cargos militares, y en gobierno» de provincias, y entonces se hallaba en esta parte de Fiigu ocupado en servicio del emperador. Luego de allí ps» el ejército A Geliana, camino de Phlladelphia, donde le llegó aviso A Roger de algunos lugares fuertes que ocupaban los turcos, significándole la violencia que padecían, y por carta le suplicaban les ayudase, pues eraa romeos que se dieron A la fuerza del tiempo, y que sa

auerian levantar contra los enemigos. Roger les respooló que estuviesen de buen Animo, que él les socorrerla. Con esto pn»3 adelante á meler el socorro en Phil»delphia, que era el principal intento que llevaban. Iji.mano Alisurio, que la lenia sitiada, cuyo gobierno se extendía por esta provincia, con el aviso que tuvo de la venida del ejército do los catalanes, levantó el sitio coa la mayor parte de su ejército, y caminó la vuelta de ellos, con deseo de vengar la rota del año antes que los catalanes dieron A sus compañeros. Esto pareció que le convenía, y no aguardarlos sobre PhiladcIphia ;ciudad grande, y con gente armada, que animada del ejército amisa saldría A pelear. Dejó algunos fuertes guarnecido», coa

ñue le pareció que los de la ciudad no imputarían el sar, pero dos millas lejos al amanecer se reconocieron de una y otra parle, y se pusieron en orden para pelear. El ejército de los turcos llegaba A ocho mil caballos y doce mil infantes, caramullos lodos, los mas valientes y temidos de toda la nación, superiores en número á los nuestros, pero muy inferiores en el valor, en la disciplina, en la ordenanza militar, y en las armas ofensivas y defensivas; solo habla igualdad en el ánimo y deseo de pelear. Roger dividió en tres tropas su caballería, alanos, romeos y catalanes; y Corbaran de Alet, á cuyo carga estaba la infantería, la dividió en oíros tantos escuadrones, y hecha señal de acometer se embistieron con gallardo animo y bizarría. Trabóse la batalla muy sangrlfita para los turcos, porque los catalanes, mas prácticos en herir, y mas seguros por las armas de ser ofendidos, haclan grande datio en ellos con muy poco suyo. Junto A M conductos de la ciudad fué donde mas reclámenle se embistieron . Pero los turcos, valientes y atrevido», no dejaban por todo» los caminos que podian de ofender A los nuestros, y poner en duda la victoria, que hasta el mediodía anduvo varia; pero el valor acostumbrado de los catalanes la hizo declarar por su parle con notable dato de los turcos. Escapáronse huyendo hasta mil caballo-, de ocho mil que entraron en la batalla, y solos quíntenlos Infantes, y t'.aramann Alisurio se retiró herido. De los nuestros perecieron ochenta caballos y cien infantes. Rehechos sus escuadrones, pasaron la vuelta de Phiiadeiphia. siguiendo lentamente al enemigo, y temiendo alguna gran emboscada de sus copiosos ejércitos. Los turcos de los fuertes, sabida la rota, los desampararon, y fueron siguiendo su capitán vencido Fué la presa y loqus se ganó en esta batalla, según Monlaner, de mucha consideración.

Con esta victoria comenzaron A levantar cabeza las ciudades de Asia, viendo que los nuestro» hablan dado pnn

Cap. XIV.—Entrj en Philnd'lphia el ejército victorioso.—name alguno! fuertesque el enemigo tenia cerca de la ciudad, 1/ dan segunda rota ú los turcos junto i Tirio. Libres los de Pbiladelphla del sitio, que tan apretados les tuvo, por el valor de las armas de los catalanes, salieron á recibir el ejército los magistrados y el pueblo, con Teoleplo su obispo, varón de rara santidad, y por cuyas oraciones se defendió Philadalphia mas que por las armas del ejército que la guardaba. Entraron las tropas de nuestra caballería primero, con los estandartes vencidos y ganados de los turcos. Seguian después el carruaje lleno de los despojos enemigos, y gran número de mujeres y niños cautivos, y algunos mozos reservados para el triunfo de esta entrada. Las compañías de infantería eran las últimas, y en medio de ellas las banderas y los capitanes mas señalados, con lucidísimas armas y caballos, que como cosa nunca vista de los do Asía, les causó grande admiración. No hubo en aquella entrada soldado, por particular quo fueso, que no vistiese seda ó grana , aunque en aquel tiempo los turcos no usaban trajes coslosos.lporo entre los despojos do los griegos liahian alcanzado gran cantidad de ropa y vestidos de mucho precio, que en esta victoria se cobraron. Detuviéronse quince dias en la ciudad, entretenidos con las liestas y regocijos que se les hicieron; porquo fué cosa notable el amor y el respeto con que les trataron los naturales, como quien reconocía do ellos la libertad y la vida, que tan aventuradas las tuvieron. La necesidad siempre es agradecida, pero como con el beneficio quo recibe, se acaba.

Roger salió de Philadolphla á poner en libertad á algunos pueblos de que estaban apoderados los turcos, y entre otros á Culta, algunas leguas mas adelante hílela el lavante de la ciudad; pero sabida la retirada y huida do su ejército, se retiraron los turcos. Los naturales los recibieron abiertas las puertas, como quien escapaban do tan dura servidumbre, pareciéndoles que con esto alcanzarían perdón do haberso entregado antes fácilmente a los turcos. Roger perdonóla multitud del pueblo, pero castigo gravemente á muchos. Cortó la cabeza al gobernador, y al mas principal viejo del regimiento condonó á la horca. Estuvo un ralo pendiente de ella sin morir, y atribuyéndolo á milagro cortaron la soga los que estaban presentes, y lo libraron.

Volvió el ejército á Pbiladelphla , y según Pachimorio dice, Koger recogió muchos ducados, y se hizo contribuir mas de lo que debiera; por sonlirse ya en la ciudad la falta do bastimentos, por ser muy populosa do suyo, y tener dentro el ejército, después de haber padecido un l»rgo sílío quo fué tan apretado que una cabeza de jumento so vendió por un precio increíble. Naslogn, duquo y primicerio, del imperio quo militaba en eslo ejército con Roger, se apartó de él. y so fué á Conslanünopla, Porque no podía ver como griego maltratar a los natura'cs, y las demasías que Roger hacia con ellos; y así I lo— gado a üonslantinopla quiso quo el emperador le oyese, y como esloso le negó |.or los deudos y amigos de la mujer del meg.icluque, a lo quo yo puedo entender, se fué «I patriarca, y por su medio el emperador dio oídos á las quejas quo traía contra Koger, do quo se encendió en el Palacio una gran discordia entro los amigos y émulos del •negad uqun.

Pareció a los capitanes del ejército que convenía echar primero al enemigo do las provincias marítimas, porque no quedase p.idoroso á las espaldas, y porque la vecindad de su armada les die»e mas fuerzas y seguridad. Con «Wla determinación partieron luego do Phlladelphiapara "iza, ciudad de Licia, y de allí a Magnesia, la quo está en la ribera del rio Meandro, donde apenas llegó Koger cuando dos ciudadanos do Tíria vinieron a pedirle socorro, diciendo: quo la ciudad no estaba bastantemente lortiflcada quo pudiese defenderse do los terribles asal:os del eniMnigo, y quo sí ol socorro so tardaba, ora cior'" «I porderso ; quo los turcos con poco cuidado se powau coger á tiempo que estuviesen don amados por

TOMO IV.

aquellas vegas, y bacer alguna buena suerte, con grande honra dol ejército y provecho suyo; qua en llegando la noche so retiraban á los bosques, y salido ol sol volvían a talar y destruir la campaña. Koger con la mayor presteza y diligencia que pudo, tomó la gente mas desembarazada y suelta, y fué la vuelta de liria para molerse dentro de ella antes dol día. Llegó ¡1 tan buen tiempo, que los turcos ni lo'pudieron descubrir, ni sentir, habiendo caminado trcíulu y siete millas en diez y slels horas.

Vino la mañana, y los turcos comenzaron á bajar á la llanura, y llegarse á la ciudad, y ya estaban cerca de las puerlas para hacer sus acostumbrados acometimientos, cuando Corbarín de Alel, senescal, salió á rebatirlos con doscientos caballos y mil infantes. Cargó sobre ellos con tanta gallardía, quo los rompió y degolló la mayor parle, pero la que quedaba entera en reconociendo á los nuestros se fué retirando hacia la aspereza de la montaña. 1'.< o liaran les siguió con parte de la caballeiia ; pero como los caballos de los turcos estaban desembarazados, y los nuestros cargados con el poso de las armas, llegaron á la falda dol monte ¡i tiempo que los turcos, temerosos y cuidadosos solo do sus vidas, habían dejado los caballos, y mejorádose de puesto , porque lomaron los allos de dondo mejor se podían guardar y ofender, impidiendo la subida .1 sus enemigos. El senescal, con mejor ánimo que consejo, mandó que se apeasen los suyos, y él hizo lo mismo, y acometió segunda vez á los turcos, pero como ellos estaban en lo alto, y tenían algunos reparos, con piedras y flechazos defendían la subida, y tiraban golpes mas seguros, y ciertos á los que mas se ,-eñalaban. Corbaran, como valiente yosfoizado caballero, era de los quo mas les apretaban por su persona, y pata subir con mas lijereza, y andar mas suelto, sequiló las armas, después ol morrión, ocasión do su muerte; porque le dieronunflechazoonlacabeza.de que luego murió, con cuya pérdida los demás so retiraron.

Con la muerte do tal capitán trocóse la vlcloria de este dia en tristeza y sentimiento: porque p;rdor una buena caheza suele causar algunas veces inconvenientes v daños do mayor consideración, que no lo es ol provecho que resulta de la victoria que so adquiere con su muerte. Sintiólo Koger mucho, quo lo tenia concertado de casar con una hija suya, y puesta en su persona su mayor esperanza. Perdió la vida Corbaran con mas honroso fin que los demás capitanes, porquo cayó con la espada en la mano, y en la misma victoria, y no por manos de traidores como otros compañeros suyos. Es cono el discurso de los bumbres, que se tiene por gran desdicha lo que so pudiera contar outro los prósperos sucesos do la vida. Prevínole á Corbaran una muerte honrada a otra cruel y afrentosa, pues corriera . como os de creer, el mismo riesgo que los domas capitanes. Enterráronle en un templo dos leguas de liria, adonde dice Montaner que estaba ol cuerpo do San Jorge, luciéronlo compañía diez cristianos, que solos murieron en aquel encucnlro. Levantáronle un sepulcro de mármol , y homáronle con grandes obsequias, pues solo para cumplir con su memoria se detuvieron ocho días. De liria despacharon orden á su armada, que estaba en la isla dol Xío, para quo lo mas presto quo pudiese pasase á tierra lirnie do la Asia, y quo se detuviese en Ania aguardando segunda orden.

Cap. XV.—Llega Berenguer de fíocnforl con su gente á Cnns— tantinapla, y por orden del emperador se junta con Hmjtr en Epheso.

Llegó de Sicilia Rerenguer do Rocafort por este tiempo á Constanlinopla con algunos bajeles y dos gnloras, y coit doscientos hombrea da a caballo, y mil almugavares, habiendo cobrado ya del rey Canos el dinero que lo debía, y restituido los castillos do Calabria quo estuhan en su poder. Mandóle luego Andrónico quo navegando la vuelta de la Asia, procurase juntar sus fuerzas con tas do Koger; y asi con mucha brevevad llegó al Xio, odondo halló á Fernando Anones do partida, y juntos llegaron á Ania, de dondo avisaron á Roger con dos caballos bjeros do la venida de Rocafort con Tos suyos. Llegó esta nueva antes de salir de Tiria. y causó generalmente on lodool campo grandísimo contento, asi por la ponte que Roe?-fort traía, que era mucha y escogida, como por la opinión que tenia de muy valíante y esforzado capitán. Envió luego Roger á visitarle con Romon Montaner, V con orden de que se partióse luego de Aqia, y vinieso áEpheso, dicha por 01ro nombre Allobosc.o. Panió Montaner coa una tropa de hasta veinte cabaUos, y con alguna genio plática, para que lo guiasen por caminos desviados, por no encontrarse con los turcos, quo ordinariamenio corrían la tierra, y salteaban los «baminosmas pasajeros. Valiólo á Montaner poco esta diligencia y cuidado, porque muchas veces hubo de abrir, camino con la espada : llegó al (ln á la ciudad de Ania libre de eslos peligros. Dio & Rocafort la bienvenida dflj"p"aru) de los suyos, y lo dijo lo que Roger ordenaba acerca do su partida. Rocafort obedoció, y dejando para,f|u guarnición do la armada qui

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nienlos almogávares, con lo!restante de la gente tomó el camino de Entieso, adonde lingo acompañado de Montaner dontro de dos días. Esta ciudad es una de las mas senaladas do toda el Asia por su famoso templo dedicado á l.i diosa Diana. Fué no solamente reverenciada de los romanos, poro da bis persas y macedones, que tuvieron antes ol imperio, y todos conservaron sus inmunidades y ilerechos, sin que se mudasen jamás mudandn.se lo. imperios : tanto era el respeto con que veneraban los antiguos las cosas quo se persuadían que tenían algo de divinidad y religión. Pero el mayor Ululo que esta ciudad tiene para ser famosa y celebrada, es haber puesto en olla el apóstol y evangelista san Juan los primeros fundamentos de la fe. De esto santo referiré lo que Montaner escribe, quo por referirlo en esla misma historia, no parece ajeno de la nuestra.

Dicen que. en esta ciudad de Epheso está el sepulcro ilondo san Juan se encerró cuando desapareció de los mortales, y que poco después vieron levantar una nubo en semejanza de fuego, y que creyeron quo en ella fué arrebatado su cuerpo, porque después no pareció. La verdad de esto no tiene otro fundamento mayor quo la tradición do aquella gome, leferída por Mpnlaner. El día antes do san Juan, cuando se dicen las vísperas del sanio, salo un maná por nueve agujeros de un mármol que i'ílá sobre el sepulcro, y dura hasta poner del sol del "Iro dia, y es en tanta cantidad, que sube un palmo sobro la piedra, quo tiene doce de largo y cinco de ancho. Cu raba este maná de muchas y graves dolencias, quo con particularidad las refiere Montaner.

Después de cunlro dias que Itocafort y Monlnner llegaron a Epheso, entró también Roger con lodo el ejército. Alegráronse lodos de ver a Rocafort. amigo y compañero en lodas las guerras de Sicilia, por el socorro que les i rala ; que hallándose lejos y en tierras enemigas fué de grande importancia, y aumentó mucho las fuerzas do los aragoneses. Diósole luego el olicio de senescal que vacó por muerte de Corbaran, y para quo en lodo le sucedióse, le dio Roger su hija por mujer, habiendo sido primero concertada con Corbaran ; porque con este nuevo parentesco aseguraba Roger la condición y aspereza de llo'■aforl, aparejada para intentar cosas nuevas. Dióle cien caballos para la gente que traía, con armas de á caballo, v cuatro pagas. En Epheso, dice Pachlmerio que Roger V los catalanes hicieron notables crueldades para sacar dinero, cortando.miombros, atormentando, degollando los desdichados griegos, y que en Meteilin un hombre rico y principal llamado Macrami fué degollado, porque pron lamente no quiso dar cinco mil escudos que le pidieron; licencia militar y atrevimiento ordinario en gente de guerra mal disciplinada.

Roger lodo el dinero, caballos y armas que recogió de las conlrlbuclones de las ciudades vecinas, envió á .Magnesia con una buena escolla ; porque en esta ciudad, como la mas fuerte de aquellas provincias, dolerininó poner su asiento para Invernar. De Epheso se fueron lodos juntos á la ciudad de Aula, adonde eslaba Fernando Abones con la armada. Hicieron les un grande recibimiento ¿ Itoger y a Hocafort los soldados que se hallaban en Ania, saltándoles á recibir con grande alegría y regocijo ; porque ya les parecía que junios eran bastantes á recuperar el Asia, echando de ella i los turcos. Roger agradeció y satisfizo este buen recibimiento, dando una paga A todos los soldados de la armada; y porque Tiria quedaba desarmada y sin defensa, determinaron que se enviase alguna gente para su seguridad. Fué Diego do Oros, hidalgo aragonés, buen soldado, con treinta caballos y cien infantes; porque con esto jes parecía que quedaría en defensa la ciudad y su comarca, fiando masen la reputicionde aus armas, que en el número de la gente: que muachas veces alcanza la reputación loque no pueden las fuerzas.

Cap. XV \.—Ilrprimrnlng nuestrosel atrevimiento de Sarcano turco.Llegan nuestras banderas á los confines de la Natolla y trino d' Armenia.

Tuvieron nuestros capitanes consejo del camino quo tomarla n, y concordaron lodos en que volviesen otra vez liacia las provincias orientales, y pasados los montes, eniiuseii en Pamphita, adonde les pareció que estarían las mayores fuerzas de los lurcos. y habría ocasión de venir con ellos a bala.la,que este fué siempre ol hílenlo principal quo so llevaba ; porque siendo nuestro ejército tan poqueíln, no se podía hacer la guerra a lo largo, y ocupar ciudades y lugares, habiendo de dejar en ellas guarnición, porquo era dividir y deshacer sus fuerzas , y así pareció siempre acertado caminar la vuelta de los turcos, y pelear con ellos. Pe/o en lanío que se trataba do' poner en ejecución la saliua, Sarcano, turco, con saber <¡ le el ejército de los calalai.es estaba dentro de la ciudad, se atrevió á correr su \ega llevando a sanare y fuogo cuanto se le puso delante, pagó presto su atrevimiento y locura; porque salieron luj nuestros sin aguardar ór.len, ni esperarlos capitanes: t&nio les ofendía la osadía da este bárbaro, y dieron con tama presteza sobre él'

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parles montones do hombres y caballos muertos, que afir111,1 Moutanur. que llegaron a número de seis mil caballo!) y doce mil luíanles, y que aquel dia se hicieron tantos y tan señalados hechos en armas, que apenas se purtioran ver mayores; y con encareceresto no reitere alguno on particular, con grande injuria y agiavio do nuestros tiempos, pues tales hazañas merecieran perpetua memoria.

Quedó con tanto brío nuestra genio después de esta victoria, y tan perdido el miedo á las mayores dideulla•les. que pedían a voces que pasasen los montes, y entrasen en la Armenia, porque querían llegar hasta los últimos Unes doi imperio romano, y recuperar en poco tiempo lo quo en muchos siglos perdieron sus emperadores ; peio los capitanes templaron esta determinación tan temeraria, midiendo, como era justo, sus fuerzas con la dificultad de la empresa.

Cap. XVIII.—Con laentrada del invierno vuelren los nuestros á tai provincia* marítima*.Rtbélans* los de Magnesia , pónri's sitio Roger , pero llamad» de Andrónico, le levanta, ¡j llega á la ¿boca del estrecho con todo el ejercito.

Detuviéronse ocho dias en el lugar do la victoria, y fueron pocos para recoger la prosa. Prosiguieron su camino hasta un lugar que Monlaner llama Puerta del Hierro ; término y roya de la Natolia y Armenia. Delúvoso tres dias Roger dudoso del camino que lomarían, pero al Un viendo cerca el otoño, y hallándose tan adentro de las provincias quo aun no estallan bien aseguradas a su devoción, se resolvió, con el parecer de sus .capitanes, do volver B la ciudad de Aula, y pisar en olla el invierno, hasta que fuese tiempo do salir en campaña; pues aquel nño se habia rolo cuatro veces al enemigo, y recuperado tantas provincias. Nicéforo dice, que por fallai lus espial y gente plática en la lierra dejaron de pasar adelante ; porque sin ella fuera cosa muy peligrosa, y Iloger era tan diestro capitán que no se aventurara temerariamente. Hacíanse las jomados muy corlas, porque no pareciese quo la retirada era por algun temor, caminando por los puestos que tenian ya reconocidos á la ida. Kn esla retirada cargan los historiadores griegos á los nuesl ros de insolentes y cruoles, que hicieron mas daño en lis ciudades de Asia, que los turcos enemigos del nombre cristiano; y aunque creo que fueron algunos los daños, pero no laníos como ellos lo encarecen. Porque ol tiempo quo los nuestros estuvieron en Asia fuó muy poco, y esto lo ocuparon slempro en vencer y alcanzar señaladas victorias de Mis enemigos, de domíe les resultaba inlinila ganancia de las presos quo hacían, quo eran tantos, que algunas veces las dejaban, ó por no poderlas llevar, ó por estimarlas en poco; pero yo doy por verdadero lo quo dicen los griegos, mas no por eso so los Euedoquitar In gloria do sus victorias. ¿Qué ejercito so a visto que diese ejemplo de moderación y templanza, y mas el quo alcanza muy á tarde sus pagas? Xo hay duda quo un ejército amigo mal disciplinado es lan dañoso en una provincia como el del enemigo; y asi los griegos la mayor parle do sus historias entretienen en las quejas de estos daños, encareciéndolos mas dolo quedobe un historiador.

Voniaso ol ejército retirando hasta Magnesia, dondo nogertonia la mayor parle do sus riquezas y tesoro, cuando lo llegó aviso de los do Magnesia, como Alaliote su capitán so habia rebelado, y degollado la guarnición de los catalanes que Iloger habla dejado, y alzadose con sus tesoros que halda recogido dentro de la ciudad. El caso paso de esta manera.

Magnesia era una ciudad fuerte y grande, y por entrambas cosas difícil de ganar si los ánimos de los naturales eslabón unidos. Sucedió quo Roger mal advertido los enlró .1 pedir, que para cuando él volviese le tuviesen á punto caballos y dinero pira socorrer su genio. Kilos valiéndose del aborrecimiento qua Insólanos, quo •■sinlian dentro, tenian A los catalanes, y movidos do la codiciado hacerse dueños do los tesoros quo Iloger había recogido.se resolvieron do lomarlas anuas iy rebelarse Comunicado su consejo con Atollóte, y aprobado por úl. les pareció ponerlo en ejecución; porque como «liles Viví,ni á modo de ciudad lilire, lemian venir en sujeción. Los ciudadanos eran muchos y armados, los alanos también, y lus graneros con abundancia de trigo,armas, rtinen»-, y otros pertrechos militares; llnalmenlo recibiendo fó y juramento ontre si do valerse unos á otros, pasaron á cuchillo parle de los catalanes quo estaban dentro, paile prendieron, y los pusieron en careoIos muy seguras. Con esto so confirmaron en su rebelión: porque no hay cosa quo mas la aseguro que un hecho -emejanto, cuando la atrocidad quila la esperanza del perdón. Esto hecho no le parece al griego Pachlmerio quo lo redero, digno do vituperio, antes lo aprueba y alaba; con que claramente so dobo tener por apología mas que por bl>loria la suya.

Sabida la rebelión de los ile Magnesia por Iloger. quiso castigarla luejjo ; y así con parlo de los alanos que le

I seguían, de loa romeos, y con todos los catalanes fué poner sillo á la ciudad para castigarla, como merecía tan fea maldad. Hizo venir con notable diligencia máquinas y anuidos para batalla, y á pocos dias dio un asalto general, en que fueron rebalidoslos nuestros con grande mofa y escarnio do los cercados, y a Roger con palabras injuriosas le afrentaban. Quiso Roger romperles los conductos, pero ellos advenidos lucieron una salida con que Impidieron el efeclo. El cerco se continuaba, y en eso mismo tiempo les vino un despacho de Andrónico en que les mandaba, quo dejado el sitio de Magnesia, viniese á juntarse con Miguel su hijo, para socorrer al príncipe de Bulgaria, cuñado de Roger, porque un lio suyo se la había levantado con parle del estado, y estaba en punto do perderse si no se le acudía presto con socorro. Tengo por muy cierto, que este levanlamienlo fué fingido por Andrónico, por dar alguna razón aparento para sacar los nuestros (lela Asia, de quien temió siempre, que acreditados con tañías victorias se alzarían con ello, negándole la obediencia ; y paro obligar mas á Roger, lo puso delante el peligro de su cuñado. A eslos daños vive sujeto el capitán que sirve á principes tiranos, ó pequeños, en quien siempre la sospecha y recelos tienen el primer lugar en sus consejos. Dichoso el que obedece y sirve n grande y poderoso monarca, en cuya grandeza no puedo caber ofensa nacida del aumento de su vasallo. Para tener por ciertos estos movtmienlos, me hace gran dificultad el ver quo no trata Nicéforo do ellos, antes bien do diferento causa, porque los nuestros no pasaron adelanto con sus victorias, que, fué el miedo grande de Andrónico. y sin duda este fue el que detuvo la buena dicha de los nuestros, y el que impidió que no so restaurasen (odas las ciudades y provincias del antiguo imperio de lus romanos. Estas son las ipismas palabras do Nicéforo : «Ro»ger, después de haberse juntado en consejo, resolvió »de replicar al emperador, y en lanío ver si podía ganar »á .Magnesia, pero la resistencia do los de dentro fué do «manera, que Iloger so hubo de retirar con pérdida de

• reputación y gente, y aunque llegó a trotar de concierto •con ellos, con solo que le volviesen el dinero, no lo pu»do alcanzar. Por oslo, y porque los alanos so despidieron, trató Roger do levantarse del sitio, dando por dls

• culpa quo el emperador solo mandaba; pero muchos no dejaron de tener un oculto sentimiento de salir do

• aquellas provincias sin castigar los magnesiotas, y dejar »lo que hahian ganado 6 la furia y rigor de los barbaros, •que luego las habian do ocupar viéndolas sin defensa.

• No faltaban entre los soldados ordinarios algunos, quo •con secretas pláticas alteraban los ánimos pora nue»vos movimientos, diciendo:'¿Qué nos Importa haber

• vencido tantas veces, si so nos quita el premio de las

• manos? ¿Para esto salimos do nuestra tierra, y del roígalo do la patria, para tenor por recompensa del pell»gro de la vida tantas voces aventurada una pequeña

• paga ? ¿ Después de ganada una provincia sacarnos do •ella, y darnos por galardón de laníos servicios una nuo»va y peligrosa guerra ? Los capitanes y la demás genio •do lustro, aunque disimulaban, y en lo exterior so deajaban engañar, sentían mal de esla partida, y creyeron

• quo mas habla nacido do los recelos do Andrónico, quo •do los movimientos de Bulgaria. Llegaron los nuestros •ala ciudad de Ania, y de allí tomaron el comino hasta

• la boca del estrecho por todas aquellas provincias ma•rílimas, navegando siempre la armada al paso que ellos

• marchaban por lierra. Con esta orden llegaron al cabo •que está en el estrecho, en frente de Golfpoli.qneMon

• lancr llama Roca de Anor. Avisaron do allí al empera

• dor como estaban á punto para embarcarse, aguardando «nueva orden para partirse. Quedó contentísimo Andni

• nico do quo los catalanes le hubiesen obedecido, y alachándoles por cartas su puntualidad en cumplir sus ór

• denes. les hizo saber como los movimientos de Bulgaria •con solo la fama de que venia el ejército de los cátala »nes so sosegaron. • lisio es lo quo dice Monlaner; pero Pachimerio parece que refiere con mas verdad la ocasión que tuvo Andrónico en esle segundo despacho do decir quo ya estaba todo sosegado; porque Miguel Paleólogo su hijo, á persuasión de los griego» ofendidos, y do los soldados do otras naciones que lenio on su servicio, quo como inferiores en número y volor lemian a los catalanes, escribió á su padre Andrónico quo no quería quo Iloger se juntase con su ejército: porque temía guerras civiles, y que la insolencia de los catalanes no la pudiera sufrir, si con la misma libertad que en Asia hablan de proceder y vivir, y quo Gregorio, cabeza de los alanos estaba con él ofendido por la muerte de su hijo, y que viendo á Roger y á los alanos suyos, serla ocasión de algun gran rompimiento. Con esto A Andrónico le pareció quo seria conveniente buscar algun medio para que esto so compusiese : y asi mandó A su hermana Irene, y A su sobrina Mario, quo so fuesen luego AGalipoli, y tratasen con Roger, quo dejando la mayor parle de su ejérciio en Asia, con solos mil hombres escogido» pasase A juntarse con Miguel. Consultó ol caso Roger con los mas principales capitanes, y a todos les pareció cosa peligrosa el di

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