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desavenMosy malcontentos; v también porque moslrániltiae enemigo declarado do liarlos provocaba contra si 1.15 armas de Francia y las do la Iglesia, formidables por loque llenen de divinas : los reinos de Sicilia yNapdes lejos de los suyos, sus armas ocupadas en defenderse de los enemigos mas vecinos. Todos eslas dilleultadesdelenian el ofendido animo del rey . pero nó de manera que borráronla memoria del agravio. En unas vistas que tuvo con el rey do Francia Pólipo su cuñado , enlrovino Carlos,hijo del rey de Ñapóles, y deseando el rey de Francia que fue.-en amigos y se hablasen , siompro don Pedro so oxcusó, y mostró en el semblante el pesar y disgusto que tenia en el corazón , do que todos quedaron mal satisfechos y desabridos, y sin duda entonces f.arlos so previniera y armara, si creyera que las fuerzas del rey de Aragón fueran iguales a su animo y pensamiento. Pero el cielo so las dio bastantes para lomar onlera y justa satisfacción do la sangro inocente de Coradino por medios tan ocultos, que no se supieron hasta que la misma ejecución los publicó.

Los míseros sicilianos, incitados de la insolencia francesa, desenfrenada en su afrenta y deshonor, tomaron las armas, y con aquel famoso hecho quo comunmente llaman vísperas sicilianas, sacudleron'de la cerviz pública el insufrible yugo de los franceses y de Carlos, que injustamente los oprimía, dejándolo* al arbitrio y sujeción de ministros injustos : causa que las mas vecos produce mudanzaseu los estallos, y casos miserables en sus principes. Acudió luego Carlos con^ poderoso ejército a casligar el atrevimiento y rebeldía de los subditos. Ellos viendo cerrada la puerta a toda piodad y clemencia, pusieron la esperanza de su remedio y amparo en don Pedro, rey de Aragón, que en esta sazón se hallaba en África ; como verdadero principo cristiano . con ejercito victorioso y muñíante de muchos jeques y reyes do Fíerbei í.i, asistido ile la mayor parto de la nobleza y soldados de sus reinos. I.légamo ante su presencia los embajadoies de Sicilia, llenos de lágrimas, do luto y sentimiento: bastantes con esta triste demostración .1 mover un solo el ánimo de un rey ofendido por pailicular igravio, pero el de cualquier otro que como hombro sintiera. Acordáronle la muerto desdichada de Manfredo y la afrentosa deCniadino, facilitáronle la venganza con ayuda de los pueblos de Sicilia, tan aficionados á su nombro y enemigos del de Francia. Últimamente le propusieron el estado peligroso de su libertad, vidas y haciendas, si no les amparaoa su valor: poiquo ya C-ír los estaba sobre Mesina, y amenazaba el rigor de su castigo un lastimoso Un á todo el reino. Movido de eslas razones y de lasque su venganza le ofrecía, acudió antes que su fama á Trápana con lodo su poder, y fué con tanta presteza sobro su enemigo, que apenas supo ('.Arlos que venia. Cuando vio sus armas, y se halló forzado á levantar el sitio y retirarse afrentosamenteá Calabria.

Con esto hecho el puntillee como amigo, y el rey de Francia como deudo, descubiertamente so mostraron favorecedores de Carlos, y enemigos do don Pedro, y tomaron coima él las anuas Kl rey de Castilla . que por el deudo y amistad debiera ayudarle, se salió afuera y se inclinó i seguir el mayor poder. Don Jaime rey de Ma Horca, su hermano, también le desamparó dando ayuda y paso por sus estados a sus contrarios, aunque se excusó con las débiles fuerzas de su reino, desiguales a la defensa y oposición dotan poderoso enemigo: disculpa con quo muchas veces los príncipes pequeños encubren lo mal hecho, atribuyendo á la nocesidad lo que es ambición. Don Pedro con esto se halló sin amigos, solo acompañado de su valor, fortuna y razín de satisfacer el ultraje y afrentarle su casa. Al tiempo que le juzgaron todos por perdido, venció á sus enemigos varias veces, reforzados de nuevas ligas y socorros; todo lo deshizo y humilló en mar. en tierra. Mantuvo el nombre de Aragón en gran reputación y fama , y fue el primer rey do España <4ue puso sus banderas vencedoras en los reinos de Italia, sohrccuyo fundamento hoy se mira levantada su nionaiquía. Echado Carlos do Sicilia, míenlo con 111a>or poder reducirla á su obediencia, y en esta hubo grandes y notables acontecimientos: pero siempre la casa de Aragón so aseguró en el reino con victorias, no solo contra el poilrr de Carlos, pero de todos los mayores principes de Europa que le ayudaban.

Murieron ambos royos competidores en la mayor furia y rigor de la guerra, y por derecho de sucesión heredó a Carlos, rey de Ñipóles, su hijo primogénito del mismo nombro , que cu este tiempo so hallaba preso en Cataluña. A don Pedro rey do Aragón sucedieron sus dos hijos, Alfonso mayor, en los roinos do España, Jaime en el de Sicilia. Prosiguióse la guerra hasta la muerto de AlIfonso, que por morir sin hitos fué don Jaime llamado á la sucesión, v hubo do venir á estos reinos , dejando (Mi Sicilia a don Fadriquo su hermano . para que la gobernase y defendiese en su nombre. Después de su vuelta á España don Jaime, recuperadas algunas fuerzas de sus reinos, renunció el do Sicilia a la Iglesia, temiendo quo las armas castellanas, francesas y oclesiáslicas a un mis

mo tiempo no lo acometiesen, y persuadido de su madro Goslanza, que como mujer de singular santidad.quiso mas quo su hijo perdiese ol reino, quo alargar mas tiempo ol reconciliarse con la Iglesia. Enviironso a Sicilia para poner en efecto la renunciación embajadores de parle de don laimo y do Goslanza. y entregar el reino 1 los logados del pontífice romano. Pero la gente de guerra y los naturales indignados do la facilidad con que m rey renunciaba loque con tanto trabajo y sangre sehai'ia adquirido y sustentado, y les entregaba tan sin piedad a sus enemigos, de quien forzosamente hablan de temer servidumbre y muerle; pareciéndotes a los sicilianos cierto el peligro , y á los catalanes y aragoneses mengua de reputación, que lo que no pudieron las armas sus contrarios alcanzar en laníos años, se alcanzase por una resolución de un rey mal aconsejado, volvieron a tomar las armas, y oponiéndose á los legados, persuadieron á don Fadrique, como verdadero sucesor del padre y del hermano, quo se llamase rey, y lomase i su cargo la defensa couitin.

Fué fácil de persuadir un principo de Animo levantado, en lo mas florido de su juventud, y que por otro medio no podia dejar do ser vasallo y sujolo a las leyes del hermano : ocasión basíanle, cuando no fuera ayudada de tanta razón, á precipitar los pocos años de don Fadrique. Llamóse rey, y com > a tal lo admitieron y coronaron. Provínose para la guerra cruel que le amenazaba,asistido de buenos soldados, y del pueblo tlel y pronto á su conservación, teniéndole p r segundo libertador de la patria. Opúsose luego á Carlos, su mayor y mas vecino enomigo, al papa que amparaba y defendía su causa, y al rey don Jaime, que de hermano so le declaró enemigo, cuyas fuerzas juntas lo acometieron y vencieron en Batalla naval, con que la guerra se tuvo por acabada, y don Fadrique por perdido. Pero por la oculta disposición déla Providencia divina, que algunas vecos fuera do Ui comunes esperanzas muda los sucesos para quo conozcamos que sola ella gobierna y rige, don Fadrique se mantuvo en su reino, con universal contento de los buenos, asombro y tenor do sus enemigos, y gloria de au riombre.

Deshízose poco después la liga, por «parlarse de ella don Jaime rey de Aragón, con gran sentimiento y quejas de susaliados, porque sin las fuerzas de Aragot parecía cosa fatal y casi imposible vencer un reydesu misma casa, y la experiencia lo mostró, pues apartado don Jaime de la liga, siempre los enemigos de doa Fadrique fueron perdiendo, y él acreditándose con H* toilas, hasta forzarlos a tratar do paces quedándose coa el reino: cosa que de solo pensarla se ofendían. Concluyéronse después de algunas contradicciones, yseeslablecieron con mayor firmeza con ol casamiento, quo luego so hizo de Leonor, hija de Carlos, con don Fadrique, con que el reino quedó libre ysie recelo de volver á servidumbre antigua, y el rey pacífico señor del estado que defendió con lanío valor. Kl rey don Jaime/u hermano sustentaba sus reinos de Aragón, Cataluña y Valencia cun suma paz y reputación, amado de los subdito», [emulo de los ínfleles, poderoso en la mar, servido de famosos capitanes, aguardando ocasión de engrandecer su corona á imitación desús pasados. £1 rey de .Mallorca, príncipe el menor de la casa de Aragón, gozaba pacíflcimenle el señorío de Mompeller, condados de Kosellr.a. Cerdaña y Conilent. difíciles de conservar, por estar dindidos, y tener vecinos mas poderosos, entre quien siempre fueron fluctuando sus pequeños reyes; pero por asta tiempo vivía con reputación, y con igual foriuna que ka otros reyes de su casa.

Cap. II.—Elección de general.

Tenían los reinos de Aragón, Mallorca y Sicilia el estado que habernos referido, cuando los soldados viejos y capitanes de opinión, que sirvieron al gran rey don Pedro, a don Jaime su hijo, y últimamente a don Fadrique en esta guerra de Sicilia, juzgándola ya por acabada,hechas las paces mas seguras por el nuevo casamiento de Leonor con Fadrique, vínculo de mayor amistad entre los poderosos, en lanío quo el interés y la ambición 00 le disuelven y deshacen, y deshecho causa de la mas vita enemistad y odios implacables; pareciéndoles que no se podia esperar por entonces ocasión do rompimiento y guerra, trataron do emprenderotra nueva contra ínflales y enemigos del nombre cristiano en pro*incias remotas y apartadas. Porque era tanto el esfuerzo y valor de aquella milicia, y lauto el deseo de alcanzar nuevas glorias y triunfos, que tenían á Sicilia por un estrecho campo para dilatar y engrandecer su faina, y así determinaron de buscar ocasiones arduas, trances peligro** para que este fuese mayor y mas ilustre.

Ayo.laban h pnner eu ejecución tan grandes pensamientos dnsmouvos. fundados en razón do su conservación. El primero fué la poca seguridad que habia de volver á Españasu patria, y vivir con reputación ene"* por haber seguido las partos de don Fadrique con lam» I obstinación coulia don Jaime su rey y señor natural. queaunqne ti in Jalma n > ora principa da ánimo vengativo, y se tenía por ciarlo, que puei on la furia da la guerra conlra su harmiiiino consintió que se diesen I' >i ¡r i..| iros lot quo le slguloro.i, raSnn quisiera castigará sangre fria lo qnn pudo y no quiso on el tiempo quo actualmente le estaban ofendiendo, siguiendo las luí I T i.ilü su herinan i contra las suyas. Pero la magestad ofendida del principe natural aunque remita el castigo, queda siempre viva en o! ánimo la memoria de la ofensa; y aunque no fuera bastante para hacerles agravios, por lo manos impidiera el no servirse de olios en los cargos supremos: cosa indigna do lo que morecian sus servicios, nobleza y cargos administrados on pul y guerra. El segundo motivo, y el que mas los obligo á salir de Sicilia, fué ver al rey imposiüililado do poderles sustentar c m la largueza que Entes, por estar la hacienda real y reino destruidos por una guerra do veinte años, y ellos acostumbrados á gastar con exceso la hacienda ajena como la propia cuando los fallaban despojos de pueblos y ciudades vencidas Como entrambas Cosas cesaron hechas las paces, y fenecida la guorra, juzgaron por cosa imposibl J reducirse á vivir con moderación.

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El rey don Fadrlque, y su padre y hermano, con su asistencia en la guerra, y como testigos do las hazañas, Industria y valor de los subditos, pocas vecos so engañaron en repartir las mercedes; porque dieron mas Crédito á sus ojos que ¡i sus oídos, y siempre el promio á los sorviclos. y lid al favor.Con esto fallaban en sus reinos quejosos y malcontentos, pero no pudieron dar á todos los que les sirvieron estados y haciendas, conque algunos quedaron con menos comodidad quo sus servicios merecían. Pero como vieron quo los rayes dioron con suma liberalidad y grandeza loque lícitamente pudieron á los mas señalados capitanes, atribuyeron solo á au desdicha, y á la virtud, y valor incomparable de los qua fueron preferidos, el hallarse Inferiores.

Estas fueron lascausaa que movían los ánimos en común para tratar de engrandecerse en nuevas empresas y conquistas.Los mas principales capitanes que animaban y alentaban i los demás fueron cuatro, debajo de cayas banderas sirvieron: Roger do Flor, vicealmirante de Sicilia, Berengtrer de Kuicn/.a, Forran Jiménez de Árenos, ambos ricos hombres, y Berenguer do Hocafort: lodos conocidos y estimados por sold idos de grando opinión. Comunicaron sus pensamientos entre sus valedores y amigos, y hallándoles con buena disposición y Animo de seguirles en cualquier jornada, se resolvieron de emprender la que pareciese mas útil y honrosa. Para la conclusión de este tralo se ¡untaron en secreto, y antes de discurrir sobre su expedición, quisieron darle cabeza ; porque sin ella fuera inútil cualquier consejo y determinación, faltando quien puede y debe mandar. C >n acuerdo comuo de los que para esto se juntaron, fué nombrado por general Hogar do Flor, vicealmirante, poderoso en la mar, valiente y estimado soldado, práctico y bien afortunado marinero, persona que en riquezas y dinero excedía á todos los demás capitanes: causa principal de ser preferido.

Cía». III.—'Jmtnfué fíogerdt Flor.

Roger il« Flor, á quien los nuestros eligieron por general y suprema cabeza, nació en Brindiz de padres nobles; su padre fué aloman, llamado Ricardo de Flor, cazador defemperador Federlco.su madre italiana, y natural del mismo lugar. Murió Ricardo en la batalla que Carlos do Anjou tuvo con Coradino, cuyas parles seguía, por ser nieto de Felerico, su principe y señor. Cirios, insolente con la victoria, después de haber corlado la cabeza á Coradino. confiscó las haciendas do todas los qua tomaron las armas en su ayuda. Con osla pérdida quedó Roger y su madre con suma pobreza y ron la misma se crió basta edad de quince años, que ii n caballero francés, religioso del Temple, llamado Vassaill, se le aficionó con ocasión de asistir en Brindiz, con el Alcon. nave del Templo, cuyo capitán era. Navegó juntamente con él Roger algunos años, y g-in i tan buena opinión en el ejercicio quo profesaba, que la religión le recibió por suyo, dándolo el híbitodefray aargento. en aquel tiempo casi igual al de cahalloro Con él Roger cjmenzn á ser conocido y temido on todo el mar de Levanto, y al tiempo que Ptolemaido, dicha por otro nombre Acre, se rindió á las armas do Meloch Taseiaf. sultán do Egipto, llover, como refiere Pachlmerio, ora uno de los que asistían en un convento del Templo; y viendo que la ciudad no se podía defender, recogió muchos cristianos en un navio, con la hacienda que pudieron escapar do la crueldad y furia do los turbaros.

No le faltaron á Roger enemigos de su misma religión que envidiosos de sus buenos sucesos, le descompusieron con su maestro, haciéndole caigo quo se había aprovechado por caminos no debidos á su profesión, y defraudado los derechos comunes, y alzádose con lodos lus deupojos qua sajó da Acre : qua como ya esta co e

bre y famosa religión sa hallaba en su última vejez, y cerca de su fin, sus parlas so hablan enflaquecido con los vicios do la mochi e.la I y tiempo La envidia, la avaricia y ambición habían ocupado sus ánimos en lugar del antiguo valor, y do la mucha conformidad y piedad cris • liana, que los hizo tan estimados y veneradas en todas las provincias.

Quiso el maestre con esta primera ocasión prendarle, poroRogsr tuvo algún i natlcla da estos Intentos y conociendo la codicia de su cabeza, y ruindad do sus normanos no le pareció aguardar en Marsella, dunda a la sazón se hallaba, sino rotirarso á lugar mas seguro, y dar tiempo á que la falsa y siniestra acusación so desvaneciese. Retiróse á Genova, dondo ayudado de sus amigos, y particularmente do Tícin do Oiia, armó una galera, y con ella fué ¿ Ñipólos, y ofrecióte al servicio do Roberto, duque de Calabria, á tiempo que so proveída y armaba para la guerra contra don Fadrlque. Hizo Robarlo poco caso de su ofrecimiento, y del ánimo con queso le ofrecía, juzgándola por tan corto como al socorro. O illgó á Roger este desprecio á que se fuese á servir á don Fadrique su enemigo, de qulon fui a Imitido con muchas uajostras de amor y agradecimiento: efectos no solo do su ánimo generoso, y condición apacible para con los soldados, poro de la fuerza do Ij necesidad do la guerra; par pie no fuera cordura desechar al que voluntariamente ofrece su servicio en tiempos tan apretados, como en los quo corren riisgo la vida y libertad, y cuando se apartan los mayores amigos y obligados, el que llegí á ser amigo en loi piligros, y cuando el principe es acometido de armas mas po "Urosas, sin obligación do naturaleza, y fidelidad de subdito, deba ser admitido y honrado, aunque le traiga su propio interés, ó algún desprecio, ó agravio del Contrario, quo cuanto mas ofendido, mas útil y seguro será su sorvicio.

Fuesoluego encendiendo laguarra entre Robortoy Fadrique, y Roger acreditóse en alia Con importantes servicios, socorriendo diversas vecos plazas apretadas dol ene nigo, y con la pequeña ármala que llevaba á su cargo, impldiondo la libro navegación de los maros y costas do Ñapóles.con quollegó á sor vicealmirante, y en m^nos de tres años hizo cosas tan señaladas, quo fue una do las mas principales causas do coaservar á su principo en Sicilia, alcanzando juntamente para sí nombre Iiimonlal. y riquezas mas quo de vasallo. En oslo eslido so hallaba Roger cuando lo tomaron los catátanos y aragoneses por general on la empresa quo Intenta .un. Ctp IV.—!ltVrmíni» ¡a ciiu'Mii'i m juma.la, y lufiiem al r»\f Irt famureti a.

Trataron con el nuevo general los capllanos cuál soría la mas conveniente y provechosa empresa, y resolvieron do común parecer do ofrecerse al umpora lor tío los griegos Andrónico Paleólogo casi oprimido do las armas de los turcos; porque á mas de qua Andrónico su tenia por cierto que buscaba socorros tle naciones extranjeras, dudosode la fidelidad de los suyos, eni prln clpoque tenia poca eorrespmdencia con el papa,áquien Roger lemia por haber maltratado en tiempo de «tierra Ia3 provincias de la Iglesia, y siempre vivía con re elos de que el papa pidiese á don Fadrique su persona como de religioso templarlo, para vengarse do ól entregándolo ásu maestre y religión. Y aunque no so podía esperar do la grandeza do don Fadrlque hoclio tan feo, perú como los reyos algunas veces no miden sus intereses con lo quo deben á su estimación y fam t. olvidan con facilidad los servicios p >r otras mayores conveniencias. T Rudiera ser que reh isando d >n Fadrique el entrojar á ogor, fuera ocasión de rompimiento y guerra; y asi no quiso Roger ponor á don Fadrique es nuevos cuidados, ni su libertad en peligro si se quedara en Sicilia. Pachlmerio dice (I) que el papa se le pidió á don Fadrique, y que juzgando no ser justo entregar á quien uan bien lo había servido, ofreció entonces do escribir y rogar al otnporador Andrónico le trajeso á su servicio, porquedo osla manera saldría honrado do sos tierras, y nt papa no podría quejarse de que ól amparaba los fugitivos de las religiones. Pero en este caso me parece dar nías erudito O Monlaner; porque al principio d.t esto capítulo oseribti Pachimorío, quo si en esta relación se apartare déla verdad, no tendrá la culpa el escritor, sino la fama de quien ól lo supo, y como la quo corría entre los griegos de nuestras cosas era siempre falsa, no se lo debe dudar cródlloon loque difiero do Moni mor, y fácilmente en esto caso los podemos conciliar: pirque sol i dilieren, on que Pachinierio da por constante que el papa pidió la persona de Roger á don Fadriquo. y Montaner dice que se lemló el caso, pero no que «ucediti; y así no fué mucho que la fama tío tan lejos añidiese lo demás. Daspues dehaber resuello todos la Jornada, y platica

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do por algunos días los medios mas con veníanlos para su ejecución, dieron cargo á Koger que hablase & don Fabrique, y le descubriese sus iniuntoa, y le suplicase de fiarle de lodos que los favoreciese, porque no fuera usloque se Iratara públicamente, sin haber precodirto su consentimiento y gusto. Roger vinoá Mesina, donde el rey eslaba, poco después de concluido su casamiento con Leonor, hija de Carlos, y acabadas las fiestas y regocijos de las bodas, hablando en secreto con el rey, le dijo como los catalanes y aragoneses se querian salir de Sicilia, y pasar á Levante; n" tanto por ol beneficio común de lodos ellos, como por la quietud y provecho que le resultaría si le dejaban un reino tan trabajado por las guerras pasadas libre de carga tan molesta y posada, como eran ello* en tiempo de paz: que sus personas las tendría siempre á su dovocion. y que cuando importase, le vendrían á servir de los último»Unes déla tierra; pero que por entonces le suplicaban facilitase su jornada, y les ayudase con su autoridad y fuerzas: paga bien merecida a sus servicios.

Respondió el rey ; que advirtiesen que la resolución que habían tomado de salir de Sicilia, aunque le estaba bien para su conservación, ní> para su fama, porque muchos podrían entender que su salida era trazada por su orden, para quedar libre de sus obligaciones; y que eran ele tal calidad las que él reconocía, que por eslB medio no se podia librar de ellas sin conocida nota de ingrato. Pero si la esperanza de mayores acrecentamientos les llamaba á nuevas empresas, y estaban resuellos, que él les asistiría y ayudaría con sus fuerzas, con que olios fuesen testigos y publicasen la vuedad del hecho, y que primero aventurara el reino y la vida, que faltara a la obligación de tan señalados servicios; pero que la estréchela del tiempo por los excesivos gastos de la guerra, no daba lugar .1 que el premio Igualase ásu deseo. Digna respuesta de principe tan esclarecido, tanto mas de eslimar, cuanta es mas rara en los principes la virtud del agradecimiento, y satisfacer grandes servicios cuando son tales que nosa pueden pagar con ordinarias mercedes. Roger estimó en nombre de lodos tan señalado favor, y la honra que les hacia, y fuese luego á dar razón a los capitanes de lo que el rey habia respondido, y entendido por ellos, lo celebraron y agradecieron coa alahanzas.

Fué don Fadrique uno de los roas señalados principes deaquella edad, por la grandeza de su ánimo y gloria de sus hechos, cuyo valor deshizo v quebrantó fas fuerzas unidas para su ruina de Italia, Francia y España, y el queá pesar de todos sus competidores quedó con el reino de Sicilia para si y su posteridad, en quien hoy felizmente se conserva. No pudo suceder á don Fadrique cosa que mas le importase para la seguridad y quietud de su nuevo reinado, que librar á su pueblo de las contribuciones y alojamientos de huespedes tan molestos, como suelen ser los soldados mal pagados. Después que las paces y paronlesco desterraron la guerra, por mantenerla daban los pueblos de Sicilia con mucha liberalidad sus haciendas á los soldados, que los defendían y ampaiaban contra Carlos á quien lamían ; pero después que con la paz se les quito este miedo, comenzaron á sentir la mala vecindad de los roldados, y a desavenirse con ellos: disgustos que forzosamente hablan de causar daúos gravísimos, si la nueva expedición no los atajara,

CiPp. V.—Embajada Je los nuestros al emperador Anirónico, y tu reipuesta.

Roger y las demás cabezas principales del ejército resolvieron, que luego se enviasen dos embajadores al emperador Andrónico á proponerle su servicio. Ilicióronse las instrucciones,asistiendo aellas con otros capitanes Ramón Monlaner, uno de los escritores de mayor crédito, que intervino siempre en los consejos y ejecuciones mas graves de esta expedición. Entregáronse á dos caballeros, cuyos nombres el tiempo y el descuido dejaron envueltos en tinieblas, para que luego partiesen á Constanlinopla, y diesen su embajada de parte de toda la nación. Llegaron en breves días con una galera reforzada de Roger. Sabida su venida, y con alguna noticia de la embajada que traían, fueron recibidos de Andrónico con agradecido semblante y muestras de mucho amor. Propuso uno de los dos embajadores, el mas antiguo en años, su embajada: que los catalanes y aragoneses, después de hechas las paces entre Carlos, rey de Ñapóles, y don Fadrique, rey de Sicilia, á quien «llosservian, determinaron nó buscar reposo en su patria, sino acrecentar con nuevos hechos la gloria militar y fama adquirida en las pasadas guerras: que tenian para esto fuerzas bastantes en número y valor, soldados ejercitados por una larga y peligrosa guerra, capitanes conocidos por sus victorias y nobleza do sangre : que en nombre de todos ellos ofrecían su ayuda contra los turcos con doblado gusto y afición, por ocupar sus armas en favor de la casa de los Paleólogos, amigos únicos de la de Aragón, cuando sus partes estaban muy caldas, y dilatar au imperio, destruyendo juntamente «I de los

enemigos del nombre cristiano, que con tanta audacia * orgullo lequerian establecer en las provincias usurpadas al Imperio Griego.

Quedaron los emperadores contentísimos con la Do esperada embajada y ofrecimiento de los catalanes, a su parecer tan impórtame para sus intereses, porquo entendieron que aquellos mismos, que se les venían á ofrecer, eran los que con tanto espanto y temor de toda Italia ganaron y sustentaron el reino de Sicilia. Agradeció con palabras magnificas el gusto con que toda la nación le ofrecía servir, y con el mismo le» recibió Quiso que luego se platicasen las condiciones con que habían de inililar; y así los embajadores pidieron, conforme sus instrucciones, el sueldo para la gente de guerra, y que á Roger se le diese el lilulo de megaduque, y por mujer una do sus nietas, porque quería con tales prendas a»egurarse mas en su servicio. Andrónico sin alterar ni mudar cosa de las que le pidieron, las concedió, Mo raparar en la calillad y estado de Roger desigual al de su nieta; pero toda esta desigualdad pudo igualar la reputación da la gnule, que como general gobernaba, y verse el griego tan oprimido de las armas de los turcos, y poco seguro de la fidelidad de los suyos.

Vivía ciego y desterrado en una aldea de Ritinia Juan Lascar, legitimo sucesor del imperio, y aunque inúlil para ocuparle, viviendo él, era la posesión de Andrónico tiránica, y causa muy justificada para tomar las armas los malcontentos del gobierno presente ; y asi lleno de temores y recelos, le fué forzoso valerse de naciones extranjeras para la guerra y defensa de su persona. Recibió en su servicio diez mil masagetas, á quien el vulgo llama alanos, genio bárbara de costumbres, cristianos en la fé mas quo en las obras. Tenían su morada de la otra parte del Danubio, y reconocían por señores a loa seilas ile Europa. Enviaron primero al emperador su embajada ofreciendo servirle. Nicéforo Gredoras, autor griego de aquellos tiempos, refiere lo mucho quo Andrónico la eslimó con eslas mismas palabras: Fuele lan agradable al emperador como ti tintara del cielo. Decía quo todos los griegos le eran sospechosos y enemigos, y así continuamente procuraba amistades y ligas con los extraños, que ojalá nunca lo hiciera. También recibió en su ejército muchas compañías de luicoples que dejaron al sultán A/.an, y se bautizaron. Todas eslas ayudas las deseaba Andrónico, y las estimaba como grandes: y así la que los nuestros le ofrecían no se puede con palabras encarecer la estimación que hizo de ella, por ser de gente lan aventajada á la demás que le servían, y tan temida en aquellos tiempos. Remitió Andrónico los dos embajadores á Roger concertado el casamiento, y le llevaron las insignias de megaduque. que es lo misino que entre nosotros general de la mar; dignidad grande de aquel imperio, pero nó de las mayores.

Cap. VI—Señala swldo el ernperattrd la gente de guerra, y hace muchas honras y mercedes d sus capitanes.

Señaló Andrónico las pagas según la diferencia de las armas y ocupación : cuatro onzas de piala cada rúes a los hombres de armas, á los caballos lijeros doa, y le mismo á los pilólos y gentes de mando de la armada, * los infantes y marineros una onza, y que siempre que llegasen á la costa de alguna provincia del imperio, se les diesen cuatro pagas, y cuando quisiesen volver á sus casas juntos ó divididos, se les librasen dos para el viaje. George Pachimerio, ¡nitor griego, cuyos fragmentos ilustran mucho esta relación, aunque enemigo grande de los catalanes, dice que las pagas de los catalanes eran doblado mayores que las de los turcoples y masagetas: con que claramente se muestra la estimación que se hizo de la milicia catalana y aragonesa, pues con lan excesiva diferencia la aventajaron á todos los que servias en su imperio. De las pagas, entretenimientos y ventajas que ofreció a la nobleza y capitanes, no señalan los historiadores cosa con particularidad, solo el oficio y dignidad de megaduque en Roger, y el de senescal en Goibaran de Aiet. De donde sospecho que su gusto era el que limitaba sus pagas y sueldo; porque, según adelante veremos, los generales podían á su voluntad el dinero, con solo señalar la cantidad, sin que paráoslo hubiesen de dar cuenta á los contadores y ministros de la hacienda de Andrónico.

Los embajadores volvieron á Sicilia, y hallaron á Roger en Licala donde aguardaba su vuelta, y sabido el buen despacho que traían se fué luego á ver con el rey, á darle razón del honroso acogimiento que Andrónico hizo ¡¡ sus embajadores, y cuan largo andaba en ofrecerles mercedes. Publicóse la jornada, y los capitanes recogieron su gente en Mesina, donde la armada se aprestaba, que en pocos dias estuvo en orden para navegar. Era la armada de treinta y seis velas, y entre ellas había diez y ocho galeras, y cuatro naves gruesas, la mayor parle armadas con dinoro del rey y de Roger, que para la ejecución de esta jornada gastóla hacienda que adquirió en las guerras pasadas, y lomó veinte mil ducados de los geuoveses en nombre del emperador .Andrónico

Fué mucho menas el número de la Rente de lo que se vreyó. porque los dos Berengueres deEnlenza y lio \ifon no pudieron juntarse con Roger. ni seguirle, porque difirieron su partida para el siguiente ano. Berenguer do Jimenza esperada nuevas compamas de Rente de Cataluña para arrecentar Bus Tuerzas, y pasar con mayor reputación. Berenguer de (locaron se detenia en unos castillos de Calabria, y rehusaba el entregarlos al rey C.'ii los de Ñauóles, hasta quedar «Meramente satisfecho de lo que se le debia por razón de su sueldo. Roger, aunque la falta de estos dos capitanes le pudiera con justa causa detener, por ser una de las mas principales partes de su ejercito, determino partirse, y embarco su líenle el dia que tenia aplazado. El rey, á mas do los navios y galeras que les dio para su viaje, les mandó pro* veer de vituallas y bastimentos, y el dinero que pudo; un principe que del reinar solo conoció las fatigas y peligros.

Este fuó el premio que se dio á la milicia mas invencible y victoriosa de aquella edad, y que sirvió por largos veinte años á tres reyes, Pedro, Jaime y Fadrique, alcanzando de sus enemigos cinco victorias navales, tres en tierra, sin otros encuentros notables, y sin las ex

Íiugnaciones de fuertes y grandes pueblos, y otros deendidoscon loable obstinación y valor increíble.Tal era la moderación de aquellos tiempos, bien diferente de los que hoy tenemos, pues vemos soldados que apenas han visto al enemigo, cuando ya juzgan por corta* las mayores mercedes.

Cap. VII.—Parí» Siclia la armada, y qué gente y milicia fué la de los almugavares.

Embarcóse toda la gente en el puerto de Menina, y antes de salir del Faro se lomó muestra general, y se hallaron, según Montador, efectivos mil quinientos hombres do cabo para el servicio de la armada, sin losoliciales, y cuatro mil infantes almugavares. Nicéforo Gregor as, autor poco del en algunos de estos sucesos, dice que Roger pasó solo mil hombres á Grecia, pero George Pacbimerio ya concuerda con Monlaner, y afirma que fueron ocho mil los que pasaron. Este á mi patecer. es el verdadero número ; porque sois mil quinientos soldados de paga, es cierto que llegaron hasta el número de ocho mil con los criados y familia de los capitanes y ricos hombres. Y aunque estos dos autores no concordaran, la fó de Nicéforo fuera siempro dudosa; porque á Roger, siendo capitán de solos mil hombres, no me puedo persuadir que Andrónico le hiciera megaduque. y le casara con so nieta, sin haber precedido servicios. No, pareceré ajeno del intento, pues toda nuestra infantería fuó de almugavares, decir algo de su origen.

La anlizúedad, madre del olvido, por quien han perecido claros hechos y memorias ilustres, entre otras que nos dejó confusas, ha sido el origen de los almugavares; pero según jp que yo he podido averiguar, fué de aquellas naciones barbaras que destruyeron el imperio y nombre de los romanos en España , y fundaron el suyo, que largo tiempo conservaron con esplendor y gloria de grande majestad, hasta, que los sarracenos en menos de dos años le oprimieron y forzarou á las reliquias de este universal incendio, que entro lo mas áspero de los montes buscase su defensa, dondo las fieras muertas por su mano les dieron comida y vestido. Pero luego su antiguo valor y esfuerzo, quo el regalo y delicias tenían sepultado, con el trabajo y fatiga se restauró, y les hizo dejar las selvas y bosques, y convenir sus armas contra moros, ocupadas antes en dar muerte i floras.

Con la larga costumbre de ir divagando, nunca edificaron casas, ni fundaron posesiones en la campaña, y en las fronteras de enemigos tenían su habitación, y el sustento de sus personas y familias: despojos de sarracenos, en cuyo daño perpetuamente sacrificaban las vidaa, ain otra arte ni oficio mas que servir pagados en la guerra, y cuando faltaban las que sus reyes hacían, con cabezas y caudillos particulares corrían las fronteras, de donde vinieron a llamar los antiguos el ir á las correrías, ir en almugaveria. Llevaban consigo hijos y mujeres, testigos de su gloria ó afrenta, y como los alemanes en todos tiempos lo han usado, el vestido de pieles de fieras, abarcas, y antiparas rio lo mismo. Las armas una red de hierro en la cabeza á modo de casco, una espada, y un chuzo algo menor do lo que se usa hoy en las compañías de arcabuceros, pero la mayor parte I le vahan tres ó cuatro dardos arrojadizos. Era tanta la presteza y violencia con que los despedían de sus manos, qua atravesaban hombres y caballos armados, cosa al parecer dudosa si Desclot y Monlaner no lo refirieran, autores graves de nuestras historias, adonde largamente se I rata de sus hechos, que pueden igualar con los muy ca lebrados de romanos y griegos.

Carlos, rey de Ñapóles, puestos ante su presencia algunos prisioneros almugavares, admirado de la vileza del traje, y do las armas, al parocer inútiles contra los cuerpos de hombres y caballos armados, dijo coa algún

desprecio, que si eran aquellos los soldados con que n| rey de Aragón piensa hacer la guerra. Replicóle uno dn ellos, libre siempre el ánimo para la defensa de su reputación : Señor, sitan viles te parecemos, y estimas en tan poco nuestro poder, escoge un caballero de los mas señalados de tu ejército, con las armas ofensivas y defensivas que quisiere, que yo le ofrezco con sola mi espada y dardo de pelear en campo con él. Cirios, con deseo de castigar la insolencia del alniugavar. aplazó «I desafio, y quiso asistir y ver la batalla. Salió un francos con tu caballo armado de todas piezas, lanza, espada y maza para combatir, y ei alniugavar ton sola su espada y dardo. Apenas entraron en la estacada cuando le mato el caballo, y q leriendo hacer lo mismo de su dueño, la voz del rey le detuvo, y le dio por vencedor y por libre.

Otro almugavar en esta misma guerra, á la lengua del agua, ai'ometido do veinle hombros de armas, mató cinco antes de perder la vida. Otros muchos hechos se pudieran referir, si no fuera ajeno de nuestra historia el tratar de otra largamente. La duda que se ofrece solo es del nombre, si fué de nación, ó de milicia en sus principios. Tungo por cosa cierta que fué de nación, y para asegurarme masen esta opinión, tengo á George Pachimerlo, autor griego, cuyos fragmentos dan mucha luz a toda esta historia,que llama A los almugavares descendiente* de los avaros, compañeros de los hunos y godos; v aunque no se hallara autor quo. opuestamente lo contradiga, por muchas leyes de las Partidas se colige claramente, que el nombre de almugavar era nombre de milicia, y el ser eslo verdad no contradice lo primero, porque entrambas cosas pueden haber sido.

En su principio, como Pachimerlo dice, fuó de nación, poro después , como no ejcrcilaban loa almugavares olra arle ni oficio, vinieron olios a dar nombre a trato* los que servían en aquel modo do milicia, asi como muehas artes y ciencias tomaron el nombre de sus inventores. Pero dudo mucho qun hubiese quien se agregase A los almugavares, milicia de tanta fatiga y peligro, sin ser do su nación, porque la inclinación natural les hacia seguir la profesión de los padres: ni hay hombre qun podiendo escoger siguiese milicia, que desde la primera edad se ocupase con tanto riesgo de la vida, descomodidad y continuo trabajo. Nicéforo Gregoras dico, que almugavar es nombre quo dan A toda suinfanteiía los latinos, asi llaman los griegos A todas las naciones quo tienen A suponiente, pero,no hay para quó contralle cir con razones falsedad tan maniriesta, y mas contra un autor tan poco advertido en nuestras cosas como Nicéforo.

Salió la armada de Mesina, y con próspera navegación llagó á Malvasia, puerto de l.i Morca, donde fueron bien recibidos y ayudados con algún refresco por orden del omperador. Antes de salir llegaron cartas suyas en que mandaba 4 Roger que apre-uraso la navegación. Partió alegre la gente con el refresco, y en pocos días la armada arribó á Conslantinopla, por el mes de enero indicción segunda, según Pachimerio (ti, con universal regocijo de la ciudad viendo las armas que les habian do amparar ,y defender. Andrónico y Miguel, emperadores, y toda la nobleza griega, con mucho amor y muestras de sumo agradecimiento les recibieron y honraron. Mandó luego Andrónico desembarcar toda la gente, y que alojase dentro de la ciudad en el turno que llamaban de Dianquernas; y el siguiente dia se repartieron cuatro pagas como estaba concertado.

Cap. VIII.— Roger st can.— Pelean catalana y yenome* dentro de Constantinopla.

Parecióle al emperador Andrónico que convenia á su seguridad y crédito, dar A entender que los ofrecimientos hechos A los nuestros se hablan de cumplir con mucha puntualidad, y para que esto se mostrase luego con las obras, dló principio A lo que parecía mas difícil, que fué el casamiento de Roger ron su sobrina María, con que todos quedaron satisfechos, juzgando por ciertas las demás mercedes como inferiores y mas fáciles de cumplir. luciéronse las bodas con la solemnidad da personas reales; porque el valor de Roger pudo igualar la nobleza de la mujer. Era María bija de Azan. principo de los búlgaros, y do Irene, hermana do Andronico.de quince años de edad, hermosa, y por extremo entendida. Entre el mayor placer y gusto do la boda, sucedió un alboroto y pendencia entre catalanes y genovesas. qun casi fué batalla muy sangrienta, nacida como muchas veces acontece de pequeña causa, aunque Pachimerio dice, quo fué sobre la cobranza de las veinte mil ducados que prestaron A Roger en Sicilia, y que por sosegarlos ofreoió ei emperador de pagarlos, pero la mas cierta ocasión de la pendencia fuó, que un almugavar discurriendo por la ciudad «lio ocasionados genovesos, viéndole solo, que burlasen con mucha risa de su traje y fi

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gura ; pero oí 6nlmo militar del atmugavar mal sufrido «n los donaires y moles cortesanos, mas osado de manos que de lengua, les acometió ouii la espada, y trabó la pendencia. Acudieron de una y olra parte valedores y amigos, estando ya los ánimos prevenidos y alterados como sospechosos, y con esto las fuerzas do entrambas naciones se encontraron para su total ruina y perdición. tos gonoveses sacar m su bandera ó guión, y acometieron -los cuarteles* de los almugavares repartidos en el barrio de Blanquernas. Nuestra caballería, reconociendo el peligro de sus almugavares, dividida en tropas, cerró con la gente genovesa mal ordenada Con esto se dio tugará que los almugavares saliesen de sus alojamientos, y se juntasen para tomar satisfacción de quien tan injustamente los maltrataba. Peleóse de una y otra parte con obstinación, hasta que los genoveses, muerto su capitán Roseo del Final, se fueron retirando cotí notable pérdida y dafio.

Andrónicode las ventanas de su palacio atonto y con gustó miraba la pendencia, cuando los genoveses levemente fueron maltratados, y algunos muertos, y con palabras mostró su ánimo mal afecto contra ellos; pero cuando vio que los almugavares con su acostumbrado rigor iban degollando cuanto se les uonia delante, lemid que todos los gonoveses do Constanlinopta no muriesen aquel dia : cosa peligrosa para su conservación, porque dependía de ellos la paz de su imperio. Tiénese por cierto que Antlrónico quisiera sacudirse el yuso de genoveses si pudiera con seguridad, pero era difícil por tener ellos el poder dividido para que se pudiera oprimir á un tiempo, y si consintiera que los de Constantinopla perecieran, fuera Irritar las otras fuerzas que quedaban enteras; y así con ruegos y promesas pidió a los capitanes que recogiesen y retirasen los suyos, y George Pachimerio refiere, que mandó Andrónicoá Esteban Marzal», gran drugario y almirante, que fuese á quietar el tumulto, y apaciguar las partes, y que fué muerto y despedazado. Finalmente la presencia y autoridad de Roger y do los oíros capitanes pudo tanto, que obedecieron todos, y con mucho peligro les retiraron, porque habian sacado sus banderas con ánimo de acometer a Pera, y saquearla, juntando a au venganza su codicia.

Era esta población de genoveses dividida por un eitreclin cerco del mar do la ciudad de Constantinopla, llamado do los amigóos Cuerno de Bisando, y hoy de los turcos y griegos Galala. Retirados y sosegados los nuestros, les mandó el emperador en agradecimiento de su puniu Ji obediencia librar una paga. Quedaron muertos de los genoveses en la ciudad cerca de tres mil. y aunque lo peor llevaron ellos enionces, fué causa de mayores daños en lo venidero para los nuestros, porque con esto quedó initada una nación émula y poderosa, que Importaba su amistad para conservar nuestras armas en aquel imperio ; porque en estos tiempos era grande y temido su poder en todo el Oriente, arbitros de la paz y de la guerra. Tenían ilustres colonias y presidios en Grecia, en Ponto, en Palestina, armadas poderosa», poseían muchas riquezas adquiridas con su industria y valor, y absolutamente eran dueños del trato universal de Europa, con que mantenian fuerzas iguales á las do los mayores reyes y repúblicas. Con esto llegaron ó ser casi dueños del imperio griego. En este tiempo cuando los catalanes llegaron .-i Constantinopla, y reconociendo las fuerzas que traían, les pareció á los genoveses peligrosa la vecindad de sus armas; y así siempre se mantuvo entre estas dos naciones aborrecimiento y enemistad implacable que duró muchas edades, hasta que el valor de entrambas se fuó perdiendo, juntamente con el imperio del mar, y cesó la emulación por cuya causa muchas veces con varia fortuna se combatió.

Cap. IX.—Pasa la arma-ia a la Natalia, ¡/ echa la gen'.t en el cabo de A rtacio.

Con el peligro de la pendencia entre catalanes y genoveses, advirtió Andrónico los que pudieran suceder, por tener dentro do la ciudad diferentes y varias naciones armadas y ofendidas, que con menos ocasión que la voz pasada vinieran sin duda á rompimiento. Llamó a nuestros capitanes, y les explicó brevemento el gusto que tendría do vor sus armas en el Asís, amparando sus miserables y cristianos pueblos, oprimidos de los turcos, y quitada la ocasión de nuevas pendencias y desórdenes. Hoger con sus capitanes ofreció que embarcaría su gente luego. Pero para que su partida fuese con mas gusto, y el ejército quedase satisfecho, y seguro de tener en la armada ciertos los socorros y retiradas, lo suplicaron nom tirase por general de ella algún caballero, ó capitán que fuese de su nación, para que dependiese de ellos, temiendo que Andrónico diese osle cargo a griegos ó genoveses: y fuera cosa peligrosa para su seguridad tener el socorro en poder de gente extraña, con quien siempre hay emulación y competencias: ocasión de graves pendencias y daños, y mas on los socorros de mar, tan sujetos á las mud anras del Hampo, que puede la ruindad y malicia do on general retardar el socorro, y hallar ri

zón que disculpe y apruebe lo mal hecho, atribuyendo al tiempo y á peligros imaginados su tardanza. Andrónico cumplidamente salisQzo á la demanda, dando el cargo de general de la armada con titulo de almirante a Femando de Aliones,cuba Mero do conocida sangre, y gallardo por su pjrsona, y juntamente quiso que se cnase con una parienta suya, para que el nuevo párenles-o diese mas autoridad á su cargo. El título de almirante en aquel Imperio no era tan supremo como lo fue mim nosotros , porque estaba sujeto al megaduque. y de él recibía las órdenes. Mandó el emperador, que un insigne capitán de romeos que se llamaba Maruiti, ho:nbre de sangre y esliido, fuese siguiendo las banderas de Roger con su gente, y Gregorio con la mayor parte de tu alanos hiciese lo mismo. Embarcóse el ejército en te* navios y galeras de su armada, y atravesando el mar da Propon ttde, dicho hoy de Mármora, lomaron tierra en el cabo de Anació, poco mas de cien millas lejos de Oaalantinopla, lugar acomodado para la desembarcaron de la caballería. A esto cabo llama Monlaner Arlaqui, y lis antiguos Artacio, no lejos de las ruinas de la famosa chipad de f.izico.

L'egó Roger con la armada, y supo que los turcos aquel mismo dia hablan querido ganar una muralla, ó defensa de media milla de largo, puesta en la parle que el cabo se continúa con la tierra firmo, y que dejaron el combale, mas por la fortaleza del sitio, que por el valor de los que la defendían. Extiéndese este cabo, desde esta defensa ó muralla, algunas leguas dentro del mar, y en él hay muchas poblaciones, y abundante! valles, y fértiles colinas. Era en los tiempos antiguos isla, pero después vino á cerrar con las armas.

Cinel aviso erarlo que Roger tuvo, deque los turcos hablan acometido el reparo y defensa del cabo, y que no podian estar muy lejos, dioso prisa á desembarcar a It gente, y envió luego á reconocer el campo de los enemigos, y dentro de pocas horas se supo orno estaban alojados seis millas lejos entre dos arroyos, con sus mujeres, hijos y haciendas. En aquel tiempo los turcos, olvidados aun de las costumbres de los aellas, de quina so precian suceder, vivían la mayor pirte, y la mas belicosa en la campaña, debajo de tiendas y barracas.mud Ib dose según la variedad del tiempo y comodidades de la tierra. Tenían puesta su mayor fuerza en la caballería, gobernada por capitanes y principes de valor, no de sangro, á quien obedecían mas por gustoque por obliga -too. Tenían perpetua guerra con ios vecinos, sin orden militar, A imitación de los .'I trabes, que hoy poseen el Aírio. Esta forma de vivir tuvieron, desde que dejaron la« riberas del rio Volga. y entraron en el Asia menor. \n ■< que la vileza de las monarquías y naciones del Asia y Grecia les dio crédito y reputación. A las naciones suce de lo mismo que á los hombres, que nacen , crecen y mueren. Nació Grecia cuando se defendió de Jerjes. y cuando su valor deshizo el poder de tan numerosos ejércitos, y forzó al bárbaro monarca, que so retirase vencido, y pasase el estrecho del mar del Melesp nato en una Kequefla barca, que poco antes soberbio y desvaneció » umilló con puente. Tuvo su aumento ¡cuando liurmii de Alejandro pasaron mas allá delGanges, y los límites y fines inmensos de la misma naturaleza no lo fueron Je su ambición. Fué su muerte, cuando las armas do los bárbaros, por flojedad de sus principes , y poca fidelidad dn sus capitanes, la pusieron endura servidumbre.

En este tiempo que Andrónico ocupaba el imperiodo Oriente, los turcos se dividieron, y hubo entre ellos algunas guerras civiles, pero por el consejo y autoridad de Orihogules se sosegaron, remitiendo á la suerte Shs pretensiones, que como redero Gregoras y Chalchondlilas. se dividieron por suerte las provincias entre siete capiíanes y protensores lodos del gobierno universal. Otóla suerte á Caramano la parte medilerránea de la provincia de Frigia hasta Cilicio y Philadelphia, aunque algún autor quiere, que este no fuese de los siete capitanes, y que solo reinó en Caria: á Cercano la parte de Frlsia, quo se extiendo hasta Ksmirna : áCalami y ásu hijo Carasl la Lidia hasta Missia Ritióla , y las demás provincias junto al monte Olimpo cayeron en la suerte de Oimnsno. que en aquella edad comenzó ¿ ser temido, y * levantar poco después su monarquía, venciendo y sujetando! s demás tiranos de las provincias que vamos nombrando, con que quedó absoluto señor y principe delodas ellas. La Paphlagonta. y las demás tierras que caen á la parle dei Ponto Entino, las ocuparon los hijos de Amurat. En esta forma hallaron los nuestros repartija el Asia y á hn lurcosseñores de olla: que fué grande ayuda para nuestras victorias el oslar sus fuerzas divididas.

Cap. X.—Vencen loe catalana y aragvutes á lo* furcia

Con el aviso que Roger tuvo de como los turcos estaban cerca, temiendo perder tan buena ocasión sí advertidos de la llegada do los nuestros se provinieran ó retiraran, juntó el campo, y en una breve plática les dijo, con»»! siguiente dia quería dar sobre los alojamientos de los enemigos, fáciles de romper por estar descuidado*. Pro

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