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Moneada habían sido muertos por los moros, y que los cristianos habían recibido mucho daño. Con esta nueva el rey se reparó hasta recoger su escuadrón; y caminaron con buen orden hasta llegar a la sierra de Portopf, 6 vista de la ciudad, y junto a un arroyo que mostró al rey don Pelegrin de Atrosillo, mandó asentar su real, y reparar la gento aquella noche, teniendo el arroyo en medio , los aragoneses y catalanes , tan cerrados y unidos , que parecía ser muy poca gente. Cuenta también Bernardo Aclotel suceso desta batalla, y dice, que el rey estaudo en Santa Ponzi, el lunes por la mañana, mandó apercibir las gentes que con él estaban para salir á pelear con los enemigos , y que dio la a vanguarda al vizconde de Bearne, y movieron sus batallas ordenadas camino de la ciudad,'y que iba el vizconde con sus compañías, y con la caballería del Temple. A otra parte dice, que quedaba el rey en la retaguarda con don Ñuño y con todos los barones, y descubriendo los primeros el ejército del rey de Mallorca, que estaba moy cerca , y que era gran número de gente de caballo, dieron aviso al vizconde, y comenzaron á pelear bravamente: pero reconociendo el vizconde , que eran los enemigos muy superiores en el número, y que si podían los suyos ganar un cerro que allí cerca había, podrían hacer gran daño-en los enemigos , con parte de su caballería arremetió por entre los moros, y subiéronse á lo alto de la sierra. Escribe, que entonces hasta doce mil moros de caballo y de pié los siguieron por el recuesto arriba, y comenzaron á pelear firmemente, y los nueslos los desbarataron. Pero que era tanta la multitud de los moros, que no pudieron tornar á cobrar el cerro, á donde había quedado el vizconde solo con un caballero, y queriendo pasar por ellos la cuesta abajo, no pudo por ser muy enhiesta: y retirándose el vizconde atrás para tomar otra vereda, loé cercado de los moros, y le hirieron en la pierna de tal golpe, que le cortaron el pié. Entonces le mataron el caballo, y cayó á tierra, y fué al 11 muerto: y el caballero que estaba con él, que Aclotno nombra, y debe ser el que en la historia del rey don Jaime se llama Guillen de Mediona, mientras pelearon se defendió lo mejor que pudo, y viendo que su señor era muerto, se escapó huyendo. En esle medio, según el mismo Aclot escribe, siguió con los suyos don Ramón de Moneada, y pasó adelante peleando con los moros valerosamente: pero tropezó su caballo, y dio con él en tierra, y fué allí muerto. Dice, que entonces el rey , que estaba en la retaguarda, pasó con su escuadrón y arremetió contra los enemigos con toda su caballería, y á pesar de los suyos embrazando •a escudo arremetió por el cerro arriba, y todos le siguieron y ganaron lo alto, y fueron los moros desbaratados y vencidos: y de allí arremetieron otra vez cootre ellos, y siguieron el alcance hasta que se recogieron por la sierra adentro; y quedó el rey con los suyos señor del campo. Llegóse el rey á la sierra de Portopi por reconocer la ciudad de Mallorca, y parecióle el asiento y lugar de los buenos que en España hubiese visto: y de allí, porque no había comido en todo aquel día, se fué á la tienda de Oliver de Termens.y comió en ella, y por esto se llamó aquel lugar la alquería de Bondinat. De allí siendo ya muy de noche, fué con don Ñuño, y con otros ricos nombres á ver los cuerpos del vizconde y de don Ramón de Moneada, á donde estuvieron con antorchas llorando y plañendo sobre ellos: y porque el llanto que

se movió en el ejército délos caballeros, y vasallos destos ricos hombres era muy grande, fué necesario que el rey los consolase, encareciendo cuanta parle le cabía de aquella pérdida y la obligación que le quedaba de remunerar á sus deudos y vasallos, y fueron muy animados para ponerse al mayor peligro. Otro día después de haber asentado el real ayuntáronse los obispos y ricos hombres en la tienda del rey: y poniendo paños y lienzos, entre las tiendas y lu ciudad, porque no se descubriese lo que en el ejército se .hacia, los llevaron por todo el real con gran pompa en sus alaudes para enterrarlos.

Cap. V. — Del cerco que se puso contra la ciudad de Mallorca, y de los combates que se le dieron.

Dióse orden el dia siguiente, como sacasen dos máquinas que llevaban para combatir la ciudad , que eran un trabuco y otra pieza que llamaban almajanec y sacaron la madera para armar otros ingenios: y los comitres y nocheres, que fueron en cinco naos de Marsella que envió el conde de la Proenza á esta jornada , armaron otro trabuco de las entenas y madera que llevaban. Los moros también pararon dos trabucos, y otras máquinas, que en la historia del rey y en la de Marsilio se llaman algarradas: pero los nuestros pudieron primero armar un trabuco y otra máquina que se llamaba fonebol, que losmorosarmasen las suyas: y es bien de considerar que las piezas principales que habia en el ejército del rey, eran dos trabucos y el fonebol, y una otra pieza , que llamaban manganel turquesco: y esta era la artillería , con que se batían y arrasaban los muros y torres en aquellos tiempos: yaunque eran de gran embarazo y pesadumbre, pero de tanta arte y sutileza, que hacían á su modo el mismo efecto que los tiros gruesos de artillería de nuestros tiempos, pues ninguna fortaleza por terrible que fuese, que las habia fortfsimas, se les defendía: y algunos dellos tiraban pelotas de tan estraño peso y grandeza, que ninguna fuerza bastaba á resistir la furia con que se batían las torres y muros, siendo fortlsitnos: y eran las algarradas tan útiles, que una de las que tenían los moros, lanzaba con tanta furia las pelotas que pasaban declaro cinco y seis tiendas. Comenzándose á batir los muros, por el daño que hacia en las máquinas del campo la artillería de la ciudad, mandó Gisbert de Barbera labrar una manta, que en la historia del rey se llama mantel, y también se decía gata , para reparar de los tiros de la ciudad y de su ballestería, y es la que en la milicia romana se llamó testudo, según lo interpreta Marsilio: y estaba trabada con tablazón de tres dobles y bien embarbotada , é iba cubierta como una casa á dos aguas, y maciza con rama y tierra, porque pudiese ser reparo de los tiros délas algarradas , y estaba armada sobre ruedas: y comenzóse ¿ tirar (para acercarla á la cava. También el conde de Ampurias mandó labrar otra manta, y acercóse á la cava: y los azadonen» que llevaba, hicieron una trinchen , para que su gente entrase en la cava: y el rey mandó, que se labrase otra manta, y asi se comenzaron á hacer las trincheas. Trabajaban los del ejército grandes y menores á una mano, con grande solicitud y cuidado; en cualquiera obra y oficio que convenia, asi para la fortificación del real, como en los reparos de los pertrechos y máquinas que se labraban para la batería: y para esto fueron muy animados de las exhortaciones de un religioso, que fué el primer lector que hubo en la orden de los frailes predicadores, al cual dio el hábito eoTolosa santo Domingo, y era un muy notable varon, y se dijo fray Miguel, cuya memoria es muy celebrada en su orden: y fué el que instituyó el convento de su religión en la ciudad de Valencia, á donde quedó su nombre en grande veneración: y según fray Marsilio escribe, era natural de Castilla: y fué depositado su cuerpo en la capilla de San Pedro Mártir de aquel monasterio, á donde fué nuestro Señor servido que su memoria quedase consagrada con grandes señales y milagros. Este religioso ordinariamente predicaba al ejército, y con poder de los prelados publicaba los perdones é indulgencias: y á su mandamiento obedecían los ricos hombres y caballeros , de suerte que no aguardaban a la gente baja, y en todo ponían las manos. Fué esto tan necesario, que se afirma en la historia del rey, que todo el afán y fatiga cargó sobre los caballeros y escuderos que los servían, y que ningún peón ni marinero no osó quedar por tres semanas de noche en el real, y se iban á recojer á la tarde á las naos, y volvían á la mañana. Por esta causa se hizo en torno del real su fuerte con una cava muy honda, y alzaron el valladar con palenque, y quedó cerrado y fortificado, de manera que la gente estaba comoen una ciudad murada, y no podían recibir daño de los enemigos. Salían cada noche ciento de caballo, y estaban ciertas horasen guarda de los trabucos y máquinas, y en su lugar sucedían otros por su orden, por estorbar que no les pegasen fuego. Eo este medio un moro de la isla que se decía Infantilla , ayuntó todos los que habitaban por las alquerías de la montaña , que serian hasta número de cinco mil de pié, y ciento de caballo: y con esta gente se vino á poner sobre el cerro, de donde sale la fuente que va á la ciudad: y asentaron en aquel lugar sus tiendas y tomaron el agua, y di vertiéronla de donde primero discurría , y guiáronla por un otro arroyo abajo: de suerte que la quitaron al ejército del rey, de que se vieron los nuestros en gran peligro. Entonces mandó el rey á don Ñuño que saliese contra ellos: y con trescientos de caballo movió hacia aquel monte, y trabóse allí una muy recia batalla por defender el agua; y & la postre no pudiendo resistir á la gente de caballo, fueron los moros vencidos y echados del monte: y siguiendo el alcance murieron mas de quinientos y su caudillo, y ganaron el lugar donde se habían fortalecido, y robaron y quemaron las tiendas. Mandó el rey lanzar con la honda del almajanech la cabeza de aquel moro dentro de la ciudad: y asf en un día perdieron los nuestros el agua con grande peligro del ejército, y en el mismo se tornó á cobrar con grande daño y pérdida de los enemigos.

Cap. VI. — Délos lugares de la isla que se pusieron tnla

obediencia del rey.

Visto el buen suceso y victoria que los nuestros alcanzaron délos moros de la montaña, y la gran ventaja que hacían á los infieles, osando acometer muy pocos á grande número dellos, algunos de los principales moros de la isla, que tenían señorío en una parte della , enviaron sus mensajeros al rey, para que los recibiese en su servicio, ofreciendo de le servir con las vituallas y provisiones necesarias. El principal déstos fué un Benahabet, el cual proveyó siempre el campo de bastimentos, y fué todo el tiempo de la guerra leal servidor, y grande socorro y ayuda para la conquista. Tras éste vinieron al servicio del rey otros, de manera que dentro de quince dias todas las poblaciones que

llamaban partidas, que habla en la Isla desde la ciudad hacia la costa de Menorca, se pusieron en la obediencia del rey: y el rey les dio dos bailes para que se gobernasen por ellos, que fueron Berenguer Durfort de Barcelona , y un caballero de su casa , que se decía Jaques Sanz. Esto fué de gran utilidad para esta empresa, porque destos lugares se llevaba cada dia al campo gran provisión. Estaba repartida la isla según en la historia del rey se refiere, en quince poblaciones; y las que había en las montañas hacia la costa de Cataluña eran Andraix , Santa Ponza , Bufíola , Soller, Almaruich y Pollenza, que fué la antigua Pollentia, colonia déla ciudad de Boma: y los lugares que están en la tierra llana , Montuerrí, Camarrosa, Inca , Petra , Muro, Felanix, el castillo de Santuerí, Manacor y Arta: puesto que Marsilio pone algunos nombres diferentes. Adelantaban los nuestros cada dia sus minas y trincheas, acercándose al muro, y una trinchea iba por alto: y había entreellosalgunasescaramuzas, y eran lanzados los moros por todas partes varonilmente , tanto, que llegaron por las trincheas á la muralla á picar los cimientos de una torre, hasta ponerla en cuentos , y pegándoles fuego, quedóla torre partida por un grao pedazo: y de la misma suerte derrocaron en un instante otras tres torres.

Cap. VII.—Que el rey de Mallorca siendo muy combatida la ciudad, comensó a tratar de partido con el rey.

Fué acordado en el consejo del rey, que la cava que estaba en torno de la ciudad se cegase: porque impedia que la gente de caballo no pudiese arremeter si se rompiese el muro, y esto se emprendió por industria de dos hombres de Lérida, que al uno decían Prohet, y al otro Juan Chico: y comenzaron con gran diligencia á entender en ello: y dentro de quince dias se acabó de allanar con rama, tierra, y mucha madera. Los moros porque aquel trabajo fuese de poco efecto, por una mina que hicieron , pegaron fuego en la madera, y comenzaba ya á encenderse, y salieran con su intención si no se proveyera repentinamente, echando el agua del arroyo hacia aquella parte de la cava que se había arrasado , y desta manera se atajó el fuego. Como no sucedió bien ó los moros este ardid , comenzaron á hacer algunas trincheas para contraminar las que habían hecho los del campo, y en ellas peleaban algunas veces: y los cristianos fueron un dia vencidos, pero después las tornaron á cobrar: y fueron algunos muertos con una ballesta de torno, con la cual so les hacia mucho daño. Visto que de tantas partes eran muy combatidos y se batía la ciudad continuamente, y que durando el cerco no se podrían defender, enviaron con un moro 4 pedir al rey que les enviase algunas personas de confianza , porque querían tratar de partido. Mandó el rey que fuese don Ñuño con diez caballeros de los suyos: y llevó un judto por intérprete que sabia algaravla, y era de Zaragoza, y se decía Bachiel. Vióse don Ñuño con el rey de Mallorca , por saber qué ora lo que quería, y no se quiso declarar: y después don Pedro Cornel por medio de un renegado que se decía Gil de AlaRon, supo que á lo que el rey de Mallorca se ofrecía era, que pagaría el gasto que se habia hecho en el armada y pasaje á la isla , así por el rey, como por los ricos hombres. Á eso mandó el rey que le respondiesen, que se dejase de aquellos tratos, y pensase en defenderse: porque él no entendía de pasar á Barcelona, sino por dentro de la ciudad de Mallorca, y habiendo primero conquistado aquel reino.

Otro día el rey de Mallorca salió por la puerta de Portopt á verse Cod don Ñuño en una tienda que había mandadoarmar: y desengañóle don Ñuño, diciendo, que el rey era mancebo y no tenia sino veinte y un años, y era de gran corazón , y que siendo aquella su primera empresa, no desistiría della basta haber ganado la isla. El inoro entre otros partidos movió, que daría al rey cinco besantes por cada cabeza de los moros, hombres y mujeres y niños: y era moneda de plata que valia tres sueldos, y cuatro dineros barceloneses, y qoe desampararía la ciudad , dándole navios , y dejándole ir á Berbería con su casa y hacienda libremente, y quequedasen en la isla los que quisiesen. Comunicándolo en el consejo del rey ante los prelados y ricos hombres, solo don Ñuño fué do parecer, que se aceptase aquel partido: y el conde de Ampurías, y don Ramón Maman , y don Gueíao de Cervellon, hijo dedon Guillen de Cervellon, y sobrino de don Ramón Alatnan.y don Guillen de Claramonle, que eran deudas de la casa de Moneada, tenían tan gran sentimiento de la muerte del vizconde, y de don Ramón, que no podían oir que se tratase de ningún partido, sino que se hiciese cruel venganza en los enemigos: y así lo pidió en nombre de todos los caballeros catalanes don Ramón Alaman , diciendo al rey, que le suplicaban, se acordase lo que había perdido en aquella jornada, y que murieron en su servicio tales vasallos, que ningún príncipe los tenia mejores; y que estaban los moros en tanto estrecho, que podía vengar su muerte, y ganar la tierra con toda la riqueza que en ella habia; y si dejase al rey de Mallorca, que pasase en Berbería con las personas que él escogiese, que serian los mejores y mas pláticos de la tierra, quedaba en condición la isla , que con mediana ayuda de los moros de allende se podía cobrar por los mismos: y fácilmente condescendió el rey á seguir aquel parecer, y no aceptar ningún partido. Sabida esta determinación, cobraron Unto ánimo los mallorquines para defenderse, que como desconfiados de todo remedio, conjuraron entre si de morir antes que dar la ciudad, y en ios combates que se les dieron se conoció tanta ventaja en su esfuerzo y denuedo, que parecía haberse doblado las fuerzas, tanto que los que fueron deste parecer de buena voluntad mudaran de consejo, visto el daño queá la gente del ejército se seguia. Pero aunque ellos embravecieron con la desesperación , no se disminuyó el ánimo de los nuestros. antes fué creciendo cada día con esperanza del despojo, teniéndolos por vencidos: y dieron gran priesa en llevar adelante una trinchea , y púsose en orden todo lo necesario para el combate. Los prelados y ricos hombres fueron de parecer, que mandase ei rey juntar el ejército, y que jurasen todos, que el día que se diese el combate, ninguno moviese para atrás del lugar donde estuviese, y que no se retirase, ti no fuese herido de muerte: y que el que de otra manera lo hiciese, fuese habido portraidor, como el que mata á su señor : y fué cosa notable , que queriendo el rey hacer el mismo juramento, no lo consintieron los neos hombres. Esto era por la fiesta de Navidad, y aquel día de Pascua armó el rey caballero a un penlil hombre extranjero que le vino á servir á aquella guerra, que decían Carroz , que según escribe Bernardo Aclot, autor catalán de aquellos tiempos, y parece en los registros del rey don Jaime, era hijo de un conde alemán: y el rey le hizo mucha merced, y le heredó después en el reino de Valencia , y fué señor de Ro— bol ledo.

Cap. VIII.—Que la ciudad de Mallorca fué mirada por combate y fué preso ti rey moro y su hijo. Los moros de la ciudad se pusieron en defensa con grande obstinación: y los de la isla que estaban en la obediencia del rey, se comenzaron á juntar sobre lo fragoso de la sierra , y se rebelaron , de que se recrecían grandes inconvenientes y peligros, y el mayor era, que si parte de aquella gente pudiera entrar en la ciudad para la defender, como sobraban dentro las vituallas , no se tomara sin notable pérdida y daño de los nuestros. Púsoso dealli adelante mayor recaudo en las guardas del real, ordenando que tres compañías de cada ciento de caballo hiciesen la guarda, la una á las máquinas y defensas , y otra contra una puerta de la ciudad que se decia Barbolet, que estaba junto al castillo; y la tercera contra la puerta de Portopl. Pero los fríos eran grandes, y los que hacían esta guarda á cabo de una hora tornábanse á sus tiendas, dejando algunos pocos envela , para que diesen aviso, si salía gente de la ciudad: y teniendo desto noticia el rey, provela, que hiciesen la guarda gente de caballo de las compañías de los caballeros de su casa: y en esto entendía tan solícitamente, que de cinco dias que duró esto, los tres nunca durmió, ni de noche ni de día, proveyendo á todo lo que ocurría con grande providencia: y porque habia gran falta de dinero, tomó el rey prestados sesenta mil besantes de algunos mercaderes que allí estaban con sus mercancías, para cuando la ciudad fuese entrada. La noche antes del postrero de diciembre se dio orden por el ejército, que otro dia al alba celebradas las misas, comulgasen , y se armasen todos para el combate: y siendo á la primera guarda, llegó al rey Lope Jiménez de Luesia, que estaba en las trincheas, á decirle, que tenia aviso de dos escuderos , que entraron á reconocer la ciudad, que habia tan pocas velas, que déla quinta torre & la sexta no hacían ninguna guarda, y que habia dentro grande número de muertos tendidos por las plazas : y era de parecer, que mandase luego armar la gente, y combatir la ciudad, porque seria luego entrada sin ninguna resistencia. Pero el rey como lo pudiera ordenar un muy prudente y experto general, no quiso aventurar tan grande hecho, siendo noche oscura, cuando sin empacho ni respeto alguno, no tienen cuenta los soldados con lo que deben á su honra, ni la tuvieran en guardar el juramento que al rey poco ánteshabian hecho, sino en huir el peligro posponiendo la reputación y vergüenza, por la cual muchas veces los soldados se arriscan á la muerte: y quiso , que se difiriese el combate hasta que fuesc.de día. Estuvo toda la gente armada en un llano que hiíbia entre la ciudad y el fuerte, al punto que amanecía: y habló el rey A los soldados que estaban en lugar donde le podían oir, y animándolos con el nombre de Jesucristo, dijo que arremetiesen , pero ninguno se quiso mover y tornó á voces á repetir por dos veces diciendo: Ea varones, deque dudáis? Entonces comenzaron lascompañfas depiéá mover á su paso de ordenanza y siguió tras ellos toda la gente de caballo, y fuéronse acercando á la cava, á donde estaba hecho paso para poder acometer, y llegaron con grandes alaridos al portillo, a donde se hizo paso para que la gente de caballo pudiese arremeter. Entraron de aquella arremetida dentro de la ciudad hasta quinientos peones, y comenzaron é pelear con la gente del rey moro que salió contra ellos con todos loa mejores que tenia : y resistiéronles con tanto esfuerzo, que no daban lugar que pasasen adelante y mataban muchos : pero entonces los de caballo movieron por aquel mismo paso y con gran tropel entraron dentro. Fué público en aquellos tiempos y muy confirmado por los mismos moros, que se vio al entrar de la ciudad) que iba el primero un caballero anciano armado en blanco, con caballo y sobreseñales blancas : y se creyó, según se escribe en la historia del rey, que fué el glorioso san Jorge , patrón de la caballería destos reinos, cuyo favor se manifestó diversas veces en otras batallas que hubo entre cristianos y moros. Entró de los caballeros el primero Juan Martínez de Eslava , y tras él siguieron Bernardo de Gurb y Sirot, que estaba en la compañía del hijo del rey de Navarra y don Fernán Pérez de Pina. El rey de Mallorca estaba ante los suyos á caballo en un caballo blanco, animándolos , para que estuviesen firmes en la batalla : y entre la gente de pié del ejército habia hasta treinta soldados , que tenian embrazados sus escudos, y los moros que salieron con sus adargas á defender la entrada les hacian rostro, y no osaban acometer ni á los unos ni á los otros, y al tiempo que entró la gente de caballo , arremetieron para ellos: pero era grande la muchedumbre de los moros, y estaban tan cerrados, que con las lanzas defendían la entrada: y los dea pié se juntaron tanto con ellos, que se podían herir de las espadas : y hubo de dar la vuelta la gente de caballo , y retiráronse para tras para esperar que entrase toda la caballería. En esto habían entrado hasta cincuenta caballeros y arremetieron en un tropel, y rompieron por ellos de suerte que los desbarataron y hicieron volver las espaldas. Luego comenzaron á salir huyendo los moros por las puertas de Barbolet y Portopl en tanto número, que se escribe en esta historia que huyeron para la montaña entre hombres y mujeres treinta mil personas : porque la gente de caballo atendía mas á robar y entrar en las casas que seguir el alcance á los enemigos : y el postrero que desamparó aquel lugar, fué el rey de Mallorca : y según Ramón Montaner escribe , el rey se halló de los primeros, y con su espada en la mano fué hasta la puerta de la Almudena, que era el alcázar de la ciudad á donde se habian recogido algunos moros : y pidieron les diese gente de guarda que los librase de la muerte y que se rendirían : y dejando allí un rico hombre para que estorbase que no fuesen combatidos, siguió tras unos soldados, que le ofrecieron de entregar al rey moro que se habia encerrado en una casa : y subió con don Ñuño, y ludiólo que estaban con él tres de su guarda con sus azagayas, y él armado con su loriga y con sus sobreseñales de seda blanca, y asióle el rey por la barba , porque así lo habia jurado, según Bernardo Aclot y Ramón Montaner escriben : y le dijo, que no temiese la muerte, pues era su prisionero : y dejándole el rey en poder de dos caballeros y de alguna gente que lo guardase, volvióse á la Almudena y luego se entregó aquella fuerza: y cobró allí el rey un hijo del rey de Mallorca , que era de hasta trece años, que después se hizo cristiano y se llamó don Jaime, y casólo con una doncella principal que se decía doña Eva, que era hija de don Martin Roldan y nieta de don Roldan del linaje de Alagon , y fueron señores de Gotor; y confirmóles el rey la baronía delllueca y Gotor : y hubieron á don Blasco de Gotor , que fué padre de Miguel Pérez de Gotor. Fué tan cruel la matanza que se hizo en los moros quo quedaron en la ciudad , que se afirma haber muerto veinte mil hombres. Entróse la ciudad de Mallorca el

postrero de diciembre del año de la Navidad de nuestro señor de rail doscientos treinta.

Cap. IX.—De la mortandad que hubo en eí campo del rey, y de la guerra que se hizo á los moros de la isla que se subieron a la montaña.

Grande fué la riqueza y el despojo que los cristianos hallaron en la ciudad : y luego se entendió en hacer almoneda de la ropa y esclavos, para hacer repartición, conforme á lo que el rey tenia acordado : y para eslo fueron nombrados don Berenguer obispo de Barcelona, don Lope obispo de Lérida, don Ñuño Sánchez, Ponce Ugo conde de Ampurias, y Ramón Alaman y Ramón Berenguer de Ager, curadores de Gastón deBearne. hijo del vizconde de Bearne. Con estos entendieron en hacer la división don Pedro Cornel, y don Jimenode Urrea : y comenzóse á amotinar la gente y robaron algunas cosas de prelados y ricos hombres : y propuso el rey de castigar algunos : y con este temor se abstuvieron de allí adelante de robar ni saquear ninguna casa. Tuvo el rey muy principal cuenta de gratificar a fray Bernardo de Champans comendador de Miravete. que era lugarteniente del Temple y á los caballeros templarios , por lo que habian servido en la toma de aquella ciudad, en la cual se señalaron y servían con gran número de caballeros y gente de guerra, y habian padecido grandes trabajos y fatigas, y hacian mucho gasto á su orden. Luego que se entró la ciudad , don Ñuño mandó armar una nao y dos galeras, para ir en corso la vuelta de Berbería : pero entretanto que eslo se ponía en orden , se encendió gran mortandad, no solo en la gentecomuu, pero en las personas principales : y dentro de un mes murieron Guillen de Claramonte, Ramón Alaman , don García Pérez deMeital, que era un caballero aragonés de buen linaje, y de la mesnada del rey, don Guerao de Cervellon, sobrino de don Ramón Alaman , que fué hijo de don Guillen de Cervellon, hermano mayor de don Ramón Alaman, y el conde de Ampurias, y eran muy principales varones, y muy deudos de la casa de Moneada: y la mortandad fué grande en las compañías de caballo de los de Moneada : y el rey por dejar la isla del todo sojuzgada , mandó dar á don Pedro Cornel cien mil sueldos, para que llevase de Aragón ciento y cincuenta caballeros, con los cuales le sirviese por el sueldo que le daba , y por los lugares que tenia en honor : y mandó que dos ricos hombres de Aragón le fuesen también á servir por razón de sus honores, que eran don Atho de Foces y don Rodrigo deUzana. Esto se ejecutó con gran diligencia , y habiéndose reforzado el ejército de alguna gente, aunque la mayor parte de la caballería y de la gente de pié se embarcaron después de la toma de la ciudad , y se volvieron á Cataluña, determinó el rey de hacer una salida contra los moros que se habian subido A las montañas de Soller, Almaruich , y de Bayalbahar, á donde se habian hecho fuertes: y dellas hacian correrías contra los cristianos , y estorbaban ,que no podían salir hasta Pollenza: y con la gente que se pudo ayuntar, siguió el rey el camino del valle de Buñola, dejando á la mano derecha el castillo de Oloron , que era el mas fuerte que en la isla habia: y cuando llegaron 6 lo alto de la montaña, la gente no quizo detenerse en el lugar que el capitán les habia señalado, y tomaron el camino de la alquería de Inca: y partió para allá el rey por detenerlos, dejando en la retaguarda á don Guillen <le Moneada , hijo de don Ramón , pero cuando el rey He

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