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habla quedado postrero con la galera capitana, alcanzó la nave de don Guillen de Moneada vizconde de Bearne, que era la primera , y prosiguió viaje á todas Telas, como había salido del puerto de Salou: y toda aquella noche navegaron contra el mismo viento á orza, y la galera del rey sin mudar ni calar velas pasaba adelante todo lo que podía caminar. Con esta contrariedad de tiempo navegó toda la armada el dia siguiente, y siendo entre hora de nona y vísperas, por la gran furia del viento, se engrosó la mar de tal suerte, que por la tercera parte de la galera del rey hacia proa, pasaban las olas de la una banda á la otra. A la tarde antes que el sol se pusiese, comenzó á cesar el viento, y entonces se descubrió la isla, y pudieron descubrir los lugares de Polienza , Soller , Almaruich. Navegando con esta bonanza, calaron velas en la galera del rey , porque no se descubriese la armada de tierra , y iban ya juntas hasta cuarenta velas entre naos y galeras y láridas: y porque tuvieron de refresco viento de tierra por la parte del viento que se dice en la historia del rey, garbin , que es viento de mediodía: y fray Marsilio que tradujo esta historia en latín, dice serel, que llamaron los griegos leuconoto , mandó el rey hacer vela para que tomasen el puerto de Polienza , porque estaba acordado que allí fuese á surgir la armada. Mas á esta bonanza sobrevino un tan terrible torbellino de viento proenzal, que aunque reconoció el piloto de la galera del rey el temporal, fué muy dificultoso prevenir el peligro, y pasó la armada muy gran tormenta por ser aquel viento muy contrario. Entendiendo que toda la contrariedad era por porfiar de tomar el puerto de Polienza, lo que no podía ser con aquel viento, determinaron que diese vuelta la armada la via déla Palomera , que está á treinta millas de la ciudad de Mallorca, por ser cómodo puerto para poder en él reparar sin ningún embarco délos enemigos, y así la galera capitana hizo vela con aquel viento contra el puerto de la Palomera; y siguieron por aquella derrota los navios que no podian navegar á orza, y entróel rey en aquel puerto , el primer viernes del mes de setiembre. El dia siguiente é la noche arribó todo el resto de la armada; sin que se perdiese ningún navio, y mandó el rey á don Ñuño Sánchez, y á don Ramón de Moneada, que fuesen con sendas galeras, costeando la vuelta de la ciudad de Mallorca, y reconociesen , á dónde se pudiese echar la gente en tierra con mayor seguridad, y determinaron que la armada se pasase al puerto de Santa Ponza , por ser lugar seguro y buen desembarcadero, porque no podían tomar tierra en la Palomera, porque la mayor parte de las moros acudió hacia aquella parte. Había mandado el rey que la gente reposase el domingo siguiente en el monte de Pantaleu, que está junto á la isla que llaman la Dragonera, en aquel puerto de la Palomera, porque iban fatigados de la mar, y allí tuvo aviso de lo que en la ciudad estaba proveído para en su defensa , por un moro de la Palomera que se echó á nado: y según Aclot escribe, se habían juntado diez mil moros para impedir la desembarcacion a la parte de la Palomera , á donde pensaban que el rey saliera á tierra. Este moro, según aquel autor dice, dio buenas nueves al rey, y lo dijo, que aquella tierra era suya, y que su madre, que era muy enseñada en hechicería , y era gran maga , hallaba en su arte que se había de conquistar por el, y juntamente con esto avisó al rey que había en la isla cuarenta y dos mil

moros, que era buena gente de guerra, y los cinco mil eran de á caballo, y que se apresurase cuanto pudiese para tomar tierra en la isla. porque en esto consistía la victoria. A la media noche con gran silencio zarparon áncoras, y las doce galeras remolcando cada una su navio,-se acostaron á la marina, para que desembarcase la gente, y siendo sentidos de tierra, acudieron á la marina cinco mil moros , y doscientos de caballo, que estaban á la vista en sus tiendas, aguardando para impedir la salida de lo< nuestros , pero apre-urárons* con tanta furia las galeras, que llegaron antes á tierra que ellos acudiesen ni les pudiesen defender la entrada. Fué el primero que saltó en tierra, según en antiguas memorias parece, un soldado que se decía Bernardo de Ruidemeya, y llevaba un pendón, y con él hizo señal á los de la armada para que le siguiesen. Éste se llamó después Bernardo de Argentona, y fué muy valeroso capitán , á quien hizo el rey merced del término de Santa Ponza, para él y sus descendientes, y siguiéronle hasta setecientos soldados, y ganaron el monte de Pantaleu, y allí se hicieron fuertes. .De los ricos hombres, los primeros que salieron á tierra fueron don Ñuño, don Ramón de Moneada, el maestre del Temple, Bernardo de Santa Eugenia y don Gilabert de Cruillas, y hasta ciento y cincuenta de caballo; y los moros se afirmaron, ordenando sus escuadrones, sin ofender A los que desembarcaban. Entonces don Ramón pasó solo adelante para reconocer á los enemigos; y cuando estuvo cerca dellos, hizo señal que le siguiesen, diciendo, que eran pocos; y estando juntos, fué don Ramón el primero que con gran ánimo arremetió para herir en ellos: pero los moros no los esperaron, y volvieron las espaldas; y siguiendo el alcance, murieron hasta mil y quinientos moros, y volvieron con esta victoria á la ribera de la mar. Cuando salió el rey á tierra, halló que habían desembarcado algunos caballeros de Aragón; y siendo hasta veinte y cinco de caballo en una cuadrilla, dijo, que entrasen la tierra adentro, con gran pesar de no haberse hallado en el primer hecho do armas, y al galope entraron hacia aquella parte á donde fueron los moros vencidos. Descubrieron do aquel lugar, que por lo alto do una sierra andaban hasta cuatrocientos moros de pié, y cuando fueron descubiertos, bajaron de aquella sierra para pasarse á otra ; y entonces dijo él á un caballero aragonés do los de Alie , que era deTauste, que se apresurase, s¡ quería atajarlos; y arremetieron para «líos, y mataron hasta ochenta moros, y peleando desta manera, iban llegando los nuestros. En este reencuentro hallándose el rey con solos tres caballeros, que le acompañaban , se encontraron con un moro que estaba á pié, con su lanza y escudo, y armado de yelmo zaragozano y perpunte, y diciéndole el rey, que se rindiese, volvió contra él blandeando su lanza , y peleó con todos cuatro muy valientemente y arremetiendo para el moro uno de aquellos caballeros, que se decía Pedro Lobera , recogióle de manera el moro, que le puso pollos pechos del caballo media braza do lanza, y cayendo á tierra, se levantó con su espada en la mano, y entonces cargaron sobre el moro, y fué muerto sin que se quisiese rendir, y volvióse el rey á su real á puesta de sol, y saliéronle á recibir el vizconde do Bearne y don Ramón de Moneada, que estaban con gran cuidado, no se recibiese algún daño por haberse el rey desmandado con tan poca gente , que se señaló aquel dia de muy buen caballero. Estaban algunas naos de las que postreramente surgieron, al cabo que llaman d»

la Porraza, en que habla hasta trescientos de caballo, de donde descubrieron la gente del rey de Mallorca, que siendo ya á puesta de sol , salió sobre la sierra de Portopl, y un rico hombre aragonés, que se decia don Ladrón , envió a dar desto aviso al rey, y mandó al vizconde de Bearne y a don Ñuño, y á todos los ricos hombres, que estuviesen apercibidos, y la gente á punto, y bien en orden, para cualquiera caso y afrenta que se pudiese ofrecer. Otrodia miércoles al alba celebradas las misas, tratando de la orden que llevarían los escuadrones, hubo gran diferencia entre el vizconde y don Ramón de Moneada de una parte y don Ñuño de la otra , por quién iria aquel dia en la retaguarda pensando que no tendrían batalla con los moros hasta el dia siguiente, que se hablan de alojar en la Porraza, y quería cada uno para aquella jornada hallarse en los primeros encueutros. En este medio comenzaron a desmandarse hasta cinco mil peones, sin aguardar capitán, ni quién los acaudillase, y hubo de salir el rey con un solo caballero que se decia Rocafort é detenerlos , y pasó adelante en una yegua para detener aquella gente que eran hasta cinco mil soldados, de los que llamaban sirvientes. En este medio llegaron el vizconde y don Ramón de Moneada , y el conde de Ampurias, con los de su linaje, que era muy lucida caballería , y pasaron con aquella gente adelante, sinesperar a don Ñuño , que llevaba la retaguarda. Pero los moros estaban tan cerca , que fueron de sobresalto acometidos los nuestros, y trabóse muy brava batalla entre aquellos caballeros y-JflS moros, que tenían sus tiendas en la sierra. El cotíde<ip Ajnpurias y los caballeros templarios.fuercui a acometer contra las tiendasi y el vizconde y cfdtii Ramón , acometieron con otra parte del escuadrón, por el lado izquierdo ; y la batalla se mezcló tari .bsa.vamflfrte , que por tres veces llevaron de vencida los nuestros á los moros, y otras tantas los hicieron retirar , porque los nuestros se esparcieron y no se podían socorrer los unos á los otros. A la postre, siendo Ciisi cierta la victoria por los moros, el vizconde y don Ramón de Moneada, arremetieron contra aquella parte donde la batalla estaba mas encendida, con algunos caballeros que cabe sf tenían , y lanzándose por los moros luciéronlos detener algún tanto, hiriendo en ellos muy animosamente. Pero Dopudicndo sobrar el grande tropel y número de los enemigos que de refresco iban acudiendo á socorrer en aquella necesidad , y persistiendo como vencedores contra estos ricos hombres, fueron muertos el vizconde y don Ramón de Moneada , y coa ellos otro rico hombre muy principal de Cataluña, que se decia Ugo deMataplana, y un caballero que era Ugo Dezfar, y hasta ocho caballeros de los del linaje de Moneada; pero la muerte del vizconde y de don Ramón de Moneada, hizo el daño y pérdida sin comparación mayor. En este medio llegó adonde el rey estaba, don Ñuño, y iban con él, Deltran de Naya, Lope Jiménez de Luesia, y don Pedro de Pomar, con sus compañías , y Dalmao y Gisbert de Barbera , y dio Beltran de Naya al rey su loriga, y armado de capellina y perpunte, se fué a poner en aquel escuadrón , y envió a mandar á don Pedro Cornel, y á don Jimeno de Urrea, y á Oliver de Termens, que era un caballero francés muy valeroso que estaba desterrado de Francia, á quien hizo merced de los castillos de San Lorenzo, Estagel y Argilers , que apresurasen con sus compañías, porque los de la avaDguarda peleaban contra todo el poder del rey de Mallorca. Llegó el rey de los primeros al lugar donde

se habia comenzado la batalla , y encontróse con un caballero catalán , que se decia Guillen de Mediona, que salía herido de una herida que le cortó el labio, y era buen caballero, y según en la historia del rey se cuenta, el mayor justador de toda Cataluña; y como reconoció que no era herida mortal , le dijo que se volviese , y le asió por la rienda , diciendo: que cualquiera buen caballero , por tal golpe como aquel, antes debia tomar coraje que salir de la batalla , pero dende á poco que miró por él, no le vio mas. Subia el rey por la sierra arriba sin saber el suceso de la batalla ; y no iban con él sino doce caballeros, y siguióle Roldan Lain con el pendón de don Ñuño, y Sire Guillermo, hijo bastardo del rey de Navarra con hasta setenta de ¿ caballo que pasaron adelante. En lo mas alto de la sierra habia grande muchedumbre de moros, y tenían una bandera de colorado y blanco diferenciada por lo largo; y aunque tenian lugar á su'Tentaja,' como andaban desordenados y esparcidos,quisiera el rey acometerlos, si no le detuvieran hasta asirle por las riendas del caballo donNuño y don Pedro de Pomar y Lope Jiménez de Luesia, que le dijeron que su sobrado ánimo había de ser causa que todos se perdiesen; y con grao pena se detuvo, sospechando, que por no socorrer a los de la avanguarda , se recibiría algún gran siniestro. Entretanto llegó a donde estaba el rey Gisbert de Barbera, á quien después dio el rey para durante su vida, los lugares y castillos que tuvo Oliver de Termens, y fué uno de los señalados caballeros de sus tiempos. A éste mandó don Ñuño, que pasase adelante ; y antes que alcanzase á los caballeros que iban con el pendón de don Ñuño, los moros dieron gran grita, coinoes su costumbre , cuando quieren arremeter , y comenzaron á lanzar piedras, y luciéronse mas adelante contra los nuestros; y los que estaban con el pendón de donNuño, les volvieron las espaldas; y íos moros con buen semblante y denuedo bajaron, cuando un tiro de piedra, acometiendo hacia la parto á donde el rey estaba; pero algunos que iban con el pendón de don Ñuño, les dijeron: Vergüenza caballeros que os vee el rey huir ,y los detuvieron , y los moros no pasaron adelante. En este medio llegó el estandarte real, y con él hasta cien caballeros de la casa del rey, que decían de su mesnada, que iban en guarda del estandarte; y el rey juntamente con ellos en un escuadrón, movieron contra los moros, tomando por un recuesto lo alto de la sierra, y los echaron del , y fueron huyendo , desamparando el lugar que tenian, y no pudo el rey seguir el alcance, ni los caballeros, por tener sus caballos muy fatigados. Pasó todo esto sin que el rey supiese que eran los de la avanguarda rotos y vencidos, y comenzó á seguir el camino de la ciudad pensando atajar al rey de Mallorca, que estaba en la sierra , y que por todas partes podían ser los moros acometidos de su gente y de la del vizconde, y de don Ramón de Moneada ; y comenzando á bajar por el recuesto, llegó don Ramón Alaman , y procuró detenerte , diciendo: que hacia lo que nunca antes rey ninguno, si no esperase en el lugar que habia vencido ; y cuan mal parecería , que hubiese vencido á los enemigos , y que no reparase siquiera una noche en el lugar de la batalla para reconocer el campo, y supiese lo que habia perdido ó lo que se habia ganado: pero no embargante esto, caminaba el rey a su paso por el camino que iba a la ciudad ; y habiendo caminado cuanto una milla, se encontró con ol obispo de Barcelona que le detuvo, y le dijo, que el vizconde de Bearne y don Ramón do

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