Biblioteca selecta de literatura española: o Modelos de elocuencia y poesia, tomados de los escritores mas célebres desde el siglo XIV hasta nuestros dias, y que pueden servir de lecciones prácticas á los que se dedican al conocimiento y estudio de esta langua, Volumen 4

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Lawalle joven y sobrino, 1819
 

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Página 347 - ¿Qué? ¿Podencos dices? Sí, como mi abuelo. Galgos y muy galgos, bien vistos los tengo. » — Son podencos: vaya, que no entiendes de eso. —Son galgos te digo. —Digo que podencos.
Página 392 - Un ángulo me basta entre mis lares, un libro y un amigo, un sueño breve, que no perturben deudas ni pesares, Esto tan solamente es cuanto debe naturaleza al parco y al discreto, y algún manjar común, honesto y leve.
Página 160 - Sin libros y sin papeles, sin tratos, cuentas ni cuentos, cuando quieren escribir piden prestado el tintero. Sin ser pobres ni ser ricos tienen chimenea y huerto; no los despiertan cuidados, ni pretensiones, ni pleitos; ni murmuraron del grande ni ofendieron al pequeño; nunca, como yo, firmaron parabién ni pascuas dieron. Con esta envidia que digo y lo que paso en silencio, a mis soledades voy, de mis soledades vengo. ¡Pobre barquilla mía entre peñascos rota, sin velas desvelada y entre las...
Página 316 - Llevaba en la cabeza una lechera el cántaro al mercado con aquella presteza, aquel aire sencillo, aquel agrado, que va diciendo a todo el que lo advierte: "¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!
Página 9 - Un soneto me manda hacer Violante, que en mi vida me he visto en tal [aprieto : catorce versos dicen que es soneto ; burla burlando van los tres delante. Yo pensé que no hallara consonante, y estoy a la mitad de otro cuarteto; mas si me veo en el primer terceto, no hay cosa en los cuartetos que me es[pante. Por el primer terceto voy entrando, y aun parece que entré con pie derecho, pues fin con este verso le voy dando.
Página 127 - Ciego que apuntas y atinas. Caduco dios y rapaz Vendado, que me has vendido, Y niño mayor de edad, Por el alma de tu madre. Que murió siendo inmortal, De envidia de mi señora. Que no me persigas más. Déjame en paz, Amor tirano, Déjame en paz.
Página 389 - El ánimo plebeyo y abatido elija, en sus intentos temeroso, primero estar suspenso que caído; que el corazón entero y generoso al caso adverso inclinará la frente antes que la rodilla al poderoso.
Página 391 - ¿Será que pueda ver que me desvío De la vida viviendo, y que está unida La cauta muerte al simple vivir mío? Como los ríos, que en veloz corrida Se llevan a la mar, tal soy llevado Al último suspiro de mi vida.
Página 317 - Con este pensamiento enajenada, brinca de manera que a su salto violento el cántaro cayó. ¡Pobre Lechera! ¡Qué compasión! Adiós leche, dinero, huevos, pollos, lechón, vaca y ternero. ¡Oh loca fantasía, qué palacios fabricas en el viento!
Página 341 - Echó el Oso, al oir esto, Sus cuentas allá entre sí, Y con ademan modesto Hubo de esclamar así: Cuando me desaprobaba La Mona, llegué á dudar: Mas ya que el Cerdo me alaba, Muy mal debo de bailar.

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