Poesias escogidas de Fray Luis de Leon, Francisco de la Torre, Bernardo de Balbuena, y otros varios

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Página 7 - Por ver y acrecentar su hermosura, Desde la cumbre airosa Una fontana pura Hasta llegar corriendo se apresura. Y luego sosegada, El paso entre los árboles torciendo, El suelo de pasada De verdura vistiendo, Y con diversas flores va esparciendo El aire el huerto orea, Y ofrece mil olores al sentido, Los árboles menea • Con un manso ruido, Que del oro y del cetro pone olvido.
Página 5 - ¡Qué descansada vida la del que huye el mundanal ruido, y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido!
Página 11 - Cubre la gente el suelo, Debajo de las velas desparece La mar, la voz al cielo Confusa y varia crece, El polvo roba el día y le escurece. »|Ay, que ya presurosos Suben las largas naves! ¡ay que tienden Los brazos vigorosos A los remos, y encienden Las mares espumosas por do hienden!
Página 11 - ¡Ay triste! ¿y aun te tiene el mal dulce regazo? ¿ni llamado al mal que sobreviene no acorres? ¿ocupado, no ves ya el puerto a Hércules sagrado? Acude, corre, vuela, traspasa el alta sierra, ocupa el llano, no perdones la espuela, no des paz a la mano, menea fulminando el hierro insano.
Página 6 - Un no rompido sueño, Un día puro, alegre, libre quiero; No quiero ver el ceño, Vanamente severo, De á quien la sangre ensalza ó el dinero.
Página 14 - ¿Es más que un breve punto el bajo y torpe suelo, comparado a aqueste gran trasunto do vive mejorado lo que es, lo que será, lo que ha pasado?
Página 7 - Y como codiciosa por ver y acrecentar su hermosura, desde la cumbre airosa una fontana pura hasta llegar corriendo se apresura. Y luego sosegada, el paso entre los árboles torciendo, el suelo de pasada, de verdura vistiendo, y con diversas flores va esparciendo. El aire el huerto orea y ofrece mil olores al sentido; los árboles menea con un manso ruido, que del oro y del cetro pone olvido.
Página 6 - No cura si la fama canta con voz su nombre pregonera, ni cura si encarama la lengua lisonjera lo que condena la verdad sincera. Qué presta a mi contento si soy del vano dedo señalado; si en busca de este viento ando desalentado con ansias vivas, con mortal cuidado ¡ Oh campo, oh monte, oh río!
Página 13 - ¿Qué mortal desatino de la verdad aleja así el sentido, que de tu bien divino olvidado, perdido, sigue la vana sombra, el bien fingido? El hombre está entregado al sueño, de su suerte no cuidando, y con paso callado el cielo vueltas dando las horas del vivir le va hurtando.
Página 196 - Licio daña, iba alegre y bulliciosa por la ribera arenosa que el mar con sus ondas baña, entre la arena cogiendo conchas y piedras pintadas, muchos cantares diciendo con el son del ronco estruendo de las ondas alteradas; junto el agua se ponía y las ondas aguardaba, y en verlas llegar huía : pero a veces no podía y el blanco pie se mojaba.

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