Obras de Garcilaso de la Vega: Ilustradas con notas

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Por Don Antonio de Sancha, 1788 - 212 páginas
 

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Página 4 - El sol tiende los rayos de su lumbre por montes y por valles, despertando las aves y animales y la gente...
Página 11 - Corrientes aguas, puras, cristalinas; Árboles que os estáis mirando en ellas, Verde prado de fresca sombra lleno, Aves que aquí sembráis vuestras querellas, Hiedra que por los árboles caminas, Torciendo el paso por su verde seno; Yo me vi tan ajeno Del grave mal que siento, Que de puro contento Con vuestra soledad me recreaba, Donde con dulce sueño reposaba, O con el pensamiento discurría Por donde no hallaba Sino memorias llenas de alegría...
Página 101 - Tras esto el puerco allí se vía herido de aquel mancebo por su mal valiente, y el mozo en tierra estaba ya tendido, abierto el pecho del rabioso diente ; con el cabello de oro desparcido barriendo el suelo miserablemente, las rosas blancas por allí sembradas tornaba con su sangre coloradas. Adonis éste se mostraba que era, según se muestra Venus dolorida, que viendo la herida abierta y fiera, estaba sobre él casi amortecida.
Página 7 - Materia diste al mundo de esperanza De alcanzar lo imposible y no pensado, Y de hacer juntar lo diferente ; Dando á quien diste el corazón malvado, Quitándolo de mí con tal mudanza, Que siempre sonará de gente en gente.
Página 143 - Los ojos, cuya lumbre bien pudiera Tornar clara la noche tenebrosa Y escurecer el sol a mediodía, Me convirtieron luego en otra cosa...
Página 4 - ¡Oh Dios! ¿Por qué siquiera, pues ves desde tu altura esta falsa perjura causar la muerte de un estrecho amigo, no recibe del cielo algún castigo?
Página 9 - Quizá aquí hallarás , pues yo me alejo, Al que todo mi bien quitarme puede; Que pues el bien le dexo, No es mucho que el tugar tambien le quede.
Página 5 - ¡Ay, cuánto me engañaba! ¡Ay, cuán diferente era y cuán de otra manera lo que en tu falso pecho se escondía! Bien claro con su voz me lo decía la siniestra corneja repitiendo la desventura mía.
Página 12 - ... de do viene el temor que nos espanta, y la medrosa forma en que se ofrece aquello que la noche nos encubre, hasta que el sol descubre su luz pura y hermosa, tal es la tenebrosa noche de tu partir...
Página 102 - Estaba puesta en la sublime cumbre del monte, y desde allí por él sembrada aquella ilustre y clara pesadumbre de antiguos edificios adornada. De allí con agradable mansedumbre el Tajo va siguiendo su jornada, y regando los campos y arboledas con artificio de las altas ruedas.

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