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Flaminio. Y voluiendo à la sospecha, que tantas vezes he aconsejado, que se huya : aueys de saber que se puede caer en ella, no menos dentro en casa que fuera, y no menos por causa de los familiares, que de los estraños. Por tanto, serà bien, que veamos, lo que acerca d'ello, escriue el bienauenturado sant Hieronymo' à Saluina: « La fama de la castidad (dize el glorioso santo) es en las mugeres cosa tan delicada, que, como flor, con qualquier liuiano viento se marchita, y con qualquier pequeñito soplo se daña : especialmente, quando la edad es para inclinarse al vicio y le falta la autoridad d'el marido : cuya sombra es el amparo y arrimo de la muger. Hay, que haze ella, entre la multitud de los familiares y entre el ruydo de los criados ? à los quales, no quiero, que los menosprecie como sieruos, mas que se auerguence d'ellos, como de hombres. Por cierto, si la casa ambiciosa requiere muchos criados, que se les deue poner por mayor y cabeça algun viejo de honestas costumbres, cuya autoridad sea reputacion de la señora. Yo sè bien que muchas, aunque cerrassen la puerta de su casa para todos, no escusaron por esso la infamia causada de los familiares d'ella: de los quales nacia sospecha: ô por andar demasiado de bien vestidos, ô por muy buen parecer, ô por la mocedad, ô por la altibez, que suele muchas vezes descubrir el amor encubierto y ser causa de que el criado quiera ser superior à su compañero.

Mas porque assi como el azero ô el christal es espejo de nuestras figuras, assi tambien los buenos exemplos son espejo de la virtud, pues que no me quedan otros particulares preceptos que dar à la biuda pareceme que os serà prouechoso que vays considerando comigo algun tanto la vida de Iudith 2 : la qual sola puede con razon ser exemplo

1. Lo que sant Hieronymo escriue à Saluina acerca del conseruar la buena fama.

2. Exemplo de Iudith, en que se contiene la vida que ha de hazer la biuda.

vniuersal de todas las biudas. Pues digo que à todos es notorio, como esta biuda à quien no falta quien llama sabia y casta y fuerte) matando al vencedor Holofernes, librô su ciudad d'el yugo de seruidumbre, que tan cercano ténia.

Dorothea. Mucho me holgarè de que discurrays algo por estos exemplos ; y con el dibuxo d'este que començays entiendo que pondreys en mayor perfection el retrato, que à mi me pertenece : que hasta aqui està muy galanamente coloreado.

Flaminio. Era la casa de Iudith escuela santissima de virtud, adonde de contino ensefiaua à su familia. No conuersauan en ella mancebos atauiados de sedas, ni galas, perfumados, ni rociados con diuersas aguas y olores, mirando atreuidamente, ni hablando palabras deshonestas. No tenia entrada ninguna moça, que con el trage, con el preciarse de hermosa y con las desembolturas encendiesse de danados desseos los animos de los que la mirauan. No auia estruendo de musicas, ni de cantos : no se oian ruydos de danças ni se vian aparatos de sumptuosos combites. No tenia por Ventura hijos, porque la escriptura no habla palabra d'ello: y por esso merecia tanto mayor loor el cuydado de su castidad, condenando, como condenauan, los ludios, el estado de la biuda, y mas la esterilidad. Mas tenia algunas mochachas por criadas y discipulas de castidad : cuyo officio no era de ponerle delante el espejo, componerle los cabellos, traerle los afeytes, rociarle, ni perfumarle las carnes, ni los vestidos, y semejantes soberuias y vanidades. Mas todo el tiempo se gastaua, vnas vezes en oraciones, otras, leyendo los libros sagrados, quando en conuersaciones santas, quando en las labores, y quando en hazer piadosas limosnas à los pobres. Traia el habito de biuda, el qual jamas en ningun tiempo quitô, sino vna sola vez y por muy breue espacio. Y entonces se atauiô de muy ricas y luzidas vestiduras, no por parecer hermosa, ô agradar à los ojos de los hombres, sino por quitar de la vida al enemigo de la ciudad santa y de la religion diuina. Grande fue el amor que à su patria tuuo, y grande la autoridad acerca de los Principes y sabios de aquella ciudad: à los quales quitô con la virtud de sus palabras la ygnorancia y les dio esperança y consejo. Grande, finalmente, fue el esfuerço, con que siendo muger, sola y desarmada, alcançô vitoria de aquel à quien tantos hombres armados desesperauan de poder vencer. Hermosissimo fue el trofeo que trajo de los despojos que ganù al enemigo que dexaua muerto: y con todo esso attribuyô à solo Dios todo aquel triunfo. Y al momento que acabo la gloriosa empressa, boluio à vestir sus grosseros vestidos. Veys aqui suma fortaleza de animo, juntacon suma modestia, y suma prudencia, con suma piedad.Gran fuerça, por cierto, tiene la virtud: que adonde està, pone reuerencia y autoridad. Era Iudith muger, era biuda, à ningun trato, ni gouierno publico se estendia su mano: y con todo esso, no se desdenauan los mas ancianos de aquel pueblo y el mesmo principe Ozias de yr à tomar d'ella consejo. A los quales hablô d'esta manera, con voz llena de grauedad y con palabras dignas de aquel alto animo : « Mucho me marauillo que ayais determinado de entregar la ciudad à vuestros enemigos, si de aqui à cinco dias el socorro no viene, y que Ozias consienta en ello. Hay, por Dios immortal, quien soys vosotros, que quereys tentar al Senor? Essas no son palabras para mouerlo à misericordia, sino à yra y indignacion, Vosotros hombrezillos senalays tiempo à Dios para vsar de su piedad ? vosotros le senalays, à vuestro aluedrio, el dia en que os venga à socorrer con su ayuda? » Marauillosa cosa es que, viendose aquellos hombres, graues de afios y grandes en el mando de la ciudad, reprehender de vna simple biuda, enmudeciessen y, mirandosse el vno al otro à la cara, de berguença no sabian que dezir. Pero ella los animô, benignamente, à mudar su mal consejo y à poner toda su esperança en Dios, cuya piedad jamas desampara à

ninguno que en el confia : mostrandoles que las passadas y presentes calamidades las auian de atribuyr à sus pecados, y que no auian de prouocar la vengança d'el señor, sino pedirle humilmente misericordia. Respondiole Ozias que todo quanto dezia era verdad, y que ninguna cosa se le podia negar : pero que ella, que era muger santa y temia à Dios, rogasse por ellos. « Pecadora soy, dixo Iudith, y si alguna cosa buena en mi hallays, dad los loores à la bondad d'el señor : y rogad todos comigo à su piedad que sea fauorable à mi disigno. Y vosotros, poned la esperança de la vitoria, no en vuestros braços, sino en su mano diestra. » Assi se aparto de todos, y assi, acompañada la animosa moça de la mano de Dios, entro en la tienda de su enemigo : adonde, con la prudencia, lo vencio, y con la fortaleza, lo mato. Y tornando vencedora à la ciudad con la horrible cabeça en la mano, persuadio al pueblo que tomasse las armas y arremetiesse à los enemigos, que sin su capitan, temorosos y derramados, huian. Al fin, alcançada tan famosa vitoria, no puso su cuydado en que la fabricassen estatuas, ni aparejassen triunfos: mas juntamente con sus virgenes y criadas cantaua à Dios, como à otorgador de la vitoria, triunfales loores. Los vasos de oro y de plata, que se hallaron en la tienda de Holofernes, los presento el pueblo à Iudith, por honrrar la vencedora : pero ella, que no menospreciaua menos las riquezas que las honrras d'el mundo, los consagró (al vso Aleman) al oluido, y se boluio à su casa, ni mas rica, ni mas soberuia.

Dorothea. O muger digna de biuir siempre.

Flam1n1o. Ya vemos, con quan cortadas y bien compuestas razones suelen algunos eloquentes hombres celebrar la virtud de ciertos capitanes valerosos, que ninguna otra cosa à sus casas traian de los vencidos exercitos y de las ganadas ciudades sino la gloria : de la quaí eran tan ambiciosos, que no solamente se adornauan de grandes renombres, sino aun tambien algunos de la Deidad. Mas la nuestra biuda, que

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« le puede anteponer : y lo mesmo hizo,

l.i hija mayor. Y assi permitió la benignidad

aquellas aduersidades, se recompensassen con

tilinto : porque la otra hija, que estaua casada

v^loutissimo Federico, Marques de Mantua, tuuo

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