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padecian ciertas penas en el infierno : y assi vsauan largas y pomposas exequias à gloria d'el muerto. Aunque es verdad que vuo algunos que se reyan de tales desatinos: como Virgilio, que en persona de Anchises dixo que no era de ningun momento la perdida de la sepultura : y Lucano que dexô escrito:

Naturaleza acoge en blando seno

Al que muere qualquier: y al que no cubre

La tierra, le es el Cielo ancha cubierta.

Tambien aquellos verdaderos inuestigadores y amadores de la sabiduria, Diogenes, Theodoro, Seneca y Ciceron, y primero que ellos Socrates, à quien con razon juzgo por sabio el oraculo de Apolo, enseñauan con efficacissimos argumentos, no ser de importancia que vn cuerpo se podreciesse mas en vn lugar que en otro. Marco Emilio Lepido, varon Illustrado con muchas honrras y dignidades, mandô à sus hijos poco antes que muriesse, que pusiessen su cuerpo sobre vn lecho, y que no solamente no lo cubriessen con cubierta de carmesi, mas ni aun con otra ninguna : y que en el demas aparato d'el mortuorio no gastassen mas de tres dineros : diziendo que las exequias de los hombres señalados, por la gloria de sus hechos se ennoblezian, y no por la grandeza de los gastos que se hazian en semejantes vanidades. Valerio Publicola y Agrippa Menenio, dos claras lumbreras de la Republica Romana, y otros excelentes hombres tuuieron tan de veras por cosa vil la honrra de la sepultura, que aunque siempre biuieron gloriosamente en los sumos Magistrados de aquella Republica y fueron muy ricos, no curaron, con todo esso, de comprar en sus vidas sitio, donde los enterrassen, despues de muertos : ni menos dexaron escrita palabra d'ello en sus testamentos. A lo qual, sin ninguna duda, vuieran tenido respeto, si entendieran que para las almas auia tanto bien en las sepulturas, quanto el vulgo creya. Si boluemos la consideracion à los nuestros, hallaremos que aquellos santos Martyres, que tan de buenagana menospreciauan la vida por Iesu Christo, menospreciauan mucho mas la sepultura d'el cuerpo, sabiendo que el mesmo Christo, Redemptor nuestro, sabrà muy bien el dia que boluerà las almas à los cuerpos, recoger y juntar todas quantas menudas partes de infinitos millares de hombres estuuieren en diuersos lugares por gran distancia de tierras diuididas y apartadas. Acuerdome auer leydo en S. Augustin ', que el cuydado de los mortuorios, la sumptuosidad de las sepulturas y el aparatode las exequias, es mas consuelo de biuos que beneficio de muertos. Y no ay que dudar, de que si la honrrosa sepultura hiziesse prouecho à l'anima d'el malo, que la vil, ô el no tener ninguna, haria dano à la d'el bueno. Mas veense muy al rebes los exemplos: porque grita entre las penas de los condenados, como tenemos en la sagrada escriptura, el Rico de Azoto, por mas soberuias exequias y rica sepultura que su cuerpo tuuiesse: y gozasse en el seno de Abraham Lazaro, que pobre y menospreciado fue puesto en poca tierra. O, me podriades dezir, luego vos condenays las sepulturas : y querriades, como otro nueuo Creonte, que los cuerpos humanos quedassen por enterrar ? Respondo que seria yo muy impio, si tal voluntad tuuiesse : porque aquellos santos y antiguos padres, Abraham, Isaac, Iacob y Ioseph, dexaron muriendo alomenos alguna memoria de las sepulturas de sus cuerpos: y loô el Angel d'el Senor à Tobias, porque enterraua los muertos. Mas querria 2 que, entendiendo serles à los difuntos inutiles los marmoles, los bronzes, el oro, los relieues, los grandes epitaphios y las estatuas, de que se fabrican y adornan las sepulturas, el gasto, que en estas vanidades y sefiales de nuestra soberuia se haze, lo empleassen en obras de cari

1. Dicho de sant Augustin acerca del aparato de los mortuorios.

2. Que à los difuntos no les son de prouecho los soberuios enterramientos, y lo que en su lugar se ha de hazer.

REVUE HISPANIQUE. 36

dad : que son las limosnas, que se hazen à los necessitados, y no las haziendas, que se dexan à los que tienen harto. Verdadera limosna es socorrer à las biudas, à los mezquinos huerfanos, à los hospitales, y adonde se vee que ay mayor necessidad : y no el dexar grandes rentas à ricos conuentos, porque hagan vn sumptuoso sepulchro à nuestro cuerpo, ô vna capilla en memoria nuestra, con las armas de nuestra casa: dexando por vna parte aquel pobre desnudo, y por otra, aquella desdichada donzella y aquella afligida biuda, la vna, poner en precio y vender de hambre la virginidad, y la otra, morirse, por no tener què llegar à la boca. Tales an de ser nuestras limosnas, y tales manda Dios que sean. Estas son las sepulturas que aprouechan à las animas de nuestros difuntos. Esta es honesta vsura, y tan gananciosa, que ninguna lo es mas. Mas, qué diré de algunas biudas que, por adornar de mas soberuia sepultura el cuerpo de sus muertos maridos, dexan de satisfazer à las deudas que hizieron biuiendo ? Sin que tambien muchas vezes por la mesma causa dexan de cumplir las mandas de su testamento: que es de lo que primero se auia de echar mano. Cosa cierta es que las deudas se transfieren en la persona de aquel, à quien viene la erencia : y tan obligada està à ellas la muger por las leyes humanas y diuinas como el marido. Y qualquiera que no paga lo que deue, es, verdaderamente, ladron. Mas d'esta materia, por ventura, he dicho demasiado.

Dorothea. Antes poco, para lo que seria menester que se dixesse.

Flaminio. Pues auiendo hecho enterrar la mi biuda el cuerpo de su querido marido ", no como vsa el mundo, sino como conuiene à Christiano, y bastantemente consolada con las razones que he dicho, diga entre si mesma : « He aqui, he

1. Como ha de enterrar la biuda à su marido, y lo que despues ha de hazer.

cumplido con mi marido, que es, con las leyes carnales: hora, ya que à la diuina prouidencia ha plazido de desatar este nudo, conuieneme, pues estoy mas libre, atender, con el medio de su gracia, à satisfazer à Dios, Rey y Señor y Redemptor mio : he perdido el esposo terrenal, es menester procurar el celestial. Y diziendo en su coraçon calladamente estas palabras, comience à quitarse todos aquellos atauios que solia traer, biuiendo su marido. Y no se auerguence de cubrirse de paños negros, que estos no escurecen ni la honrra, ni la hermosura, de la muger sabia : con condicion que tenga hermosa y blanca l'alma. Mas entienda que los verdaderos atauios de la biuda, son los ayunos, las oraciones y la vida sincera y apartada de todos los deleytes d'el mundo. Y cosa justa es que queriendo agradar al esposo immortal, dexe aparte todos los plazeres mortales : y que tanto mas atenta estè en las obras d'el Señor, quanto menos causa tiene que la impida : porque siendo su marido biuo, estaua repartida entre Dios y el hombre, ahora es toda suya, y por tanto, ha de ser toda de Dios.

No se puede tomar mas claro indicio, d'el coraçon de vna muger que ver lo que haze, quedando biuda : porque assi como los paxaros, que se salen de las jaulas, buelan y se van sobre los arboles, y los leones, que se libran de las cadenas, se bueluen à las montañas y bosques, de la mesma manera las mugeres malas, que se hallan libres de marido, bueluen à su natural y descubren entonces los vicios que antes tenian encubiertos. Mas las buenas, desatadas de aquella obligacion, que à vezes las tenia mas inclinadas à la tierra que leuantadas al Cielo, muestran, como oro apartado d'el plomo y de los otros metales, mas resplandeciente y clara su bondad. A Anna, hija de Samuel, la qual biuio siete años con su marido, y ochenta y quatro biuda, la halló Christo, nuestro Redemptor, viejissima dentro d'el santo templo: de donde no se apartaua jamas, passando alli, de dia y de noche en abstinencias, y oraciones su cansada vida. Despues de la qual, no creo que desde aquel tiempo hasta este se pueda hallar mas noble exemplo que el que en la señora Marquesa de Pescara se vee : pues es tan notorio que despues de la muerte de su Illustre marido ha hecho templo de religion y de santidad aquel sabio y docto pecho, que siempre lo fue de casto amor, mostrando, quando con las obras, y quando con la pluma, de quan ricas joyas y nobles tesoros de su gracia aya Dios por todas partes guarnecido y adornado aquella bien nacida alma. Pero, dexando aparte los exemplos, entonces se puede, con verdad, juzgar bastantemente de la castidad y honestas costumbres de la muger, quando teniendo libertad de pecar, no peca : que como S. Hieronymo dize, à la que no le falta otra cosa mas de la ocasion para ser deshonesta, no se le ha de dar titulo de honesta. Por tanto, faltandole à la biuda aquella cabeça que la gouernaua, à ella y à la familia, ha de tenei tambien mayor solicitud y cuydado de no cometer cosa que pueda manzillar su honrra : porque en quanto su marido biuia, con el dominio que tenia sobre ella se podia disculpar de muchos defectos, como alguna vez hazen los criados, atribuyendo à sus amos lo que ellos hazen mal hecho. Y auiendo buelto todo su pensamiento à Dios, que como esposo immortal y puro, es zeloso de la castidad de las almas, lo tenga por cabeça, maestro y guia en todas sus cosas. Y assi como solía su voluntad pender de la d'el marido carnal, assi ahora se guie por la d'el spiritual : y tal la traya en el coraçon impressa, quai en los libros santos la halla escrita. Y de las buenas obras (que es lo que sobre todo mas importa), que en ella frutificaran cada dia nacidas de la virtud de la biua fe, dè toda la gloria à Dios, dador de todo bien : y las malas, siempre conozca que proceden de si mesma.

Dorothea. Esso es cosa tan clara, que qualquiera que lo niega, niega tambien, la omnipotencia, y bondad de Dios,

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