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no buscan, de la mesma manera la castidad d'el hombre, <jue la de la muger: cuyo propio y vnico bien ella es. Despues » aparté de sus oydos las parlerias con que le vinieren, y no quiera escuchar ninguna : ni afrente à su marido, aprendiendo de algunas necias, sino sufra el dolor d'el animo, tomando exemplo de muchas sabias. Como de la casta Emilia, muger de Scipion Africano el mayor, la qual, aduertiendose de que su marido queria bien à vna de sus criadas, fingiendo no lo entender, lo tuuo siempre secreto : por no dezir cosa que à tan excelente Capitan y hombre de tanta virtud notasse de incontinencia, y à ella mesma de tan poca paciencia, que no pudiesse sufrir vna offensa de su querido, y honrrado marido. Sufra, pues, como digo, la muger las agudas punzadas d'estas saetas, y defiendalas de penetrar adentro con los reparos de la consideracion que le enseno: ô, por mejor dezir, cure, con la virtuosa medicina d'el sufrimiento, la peligrosa llaga, en quanto es fresca. Lo quai sera causa de que su marido, poco à poco, dexarà los amores trasordinarios y la amarà mucho mas. Y trabajando de desterrar de casa las pendencias, las destierre mucho mas de la cama, dulcissimo retraymiento de sus cuerpos, suauissimo testigo de sus honestos y sanctos ajuntâmientos, y quietissimo lugar de paz y de amor. Acuerdome auer oydo contar que vuo [en] vn cierto pueblo vn cauallero, el qual, aunque tenia la muger moça y hermosissima, ardia fuera de terminos en el amor de otra, à cuya casa no podia yr sino con gran peligro de la vida. Entendiendolo su muger, porque à el no le viniesse algun mal, le rogô que, sin darsele nada d'ella, traxesse à la otra, que queria bien, à su casa: porque ella la querria y la honrraria de la mesma manera que si fuera su hermana. Holgose el marido con la oferta, y hizolo, como su muger -se lo aconsejaua, no hallando en ella diferentes las obras

1. Que no ha de afrentar la muger à su marido.

de las palabras. Mas dentro de pocos dias, ô mouido d'el hastio, que naturalmente parece que nace de las cosas de que tenemos mucha abundancia, ô quiça considerando la qualidad de tan mal hecho, se aparto d'ella : y de ay adelante biuio siempre con la su buena muger amorosa y pacificamente. Qual fuesse el secreto de su coraçon d'ella, solo Dios lo sabe : mas atreuome à creer que no la mouio otra cosa à lo que tan difícil es de poder sufrir, sino estremo amor, que tenia à la vida de su marido.

Dorothea. Señor Flaminio, yo para mi, antes animada à mi hija à sufrir en su propia persona hambre, sed, horcas y cuchillos que tan grande injuria delante de los ojos. Y no me parece que fue muy discreta essa muger en procurar ella mesma traer à su propia casa mal, que ninguna que quiera bien à su marido, querria tener, lexos, ni cerca.

Flaminio. Si tal se ha de tener en ella por pecado, fue pecado de piedad : porque la pobre, por escapar à su marido de la muerte, escogio officio no muy honesto. Mas son harto dignos de reprehension y de afrenta los maridos que, dado que su muger lo consintiesse, se dexan caer en offensa tan graue y de tanto vituperio. Pero, si todavia aconteciere, ha de sufrirlo la muger buena con paciencia.

Acerca del vestir, puede bastar lo que ayer dixe, en general, y el auer endenantes, en particular, dicho, que sea tal, qual agrada à su marido. Faltanos ahora de tratar algo distintamente del gouierno de la casa y del cuydado de la familia.

Pues digo ' que ha de tener la muger gran diligencia en guardar todo lo que entra en casa. Pero huyendo de la prodigalidad, no dè tampoco en la auaricia : mas tenga vna cierta templança, que ni se allegue à lo poco, ni à lo demasiado. Huelguese de ver que su marido haze gastos honrrosos y obras de caridad. Prouea que no falte nada, en casa : porque

i. Del gouierno de la casa y cuydado de la familia.

esta es parte, que toca mas à la muger que al marido. Pero, haziendolo siempre por orden y consentimiento suyo, ô alómenos de la manera, que entiende darle contento: teniendo siempre el ojo de la consideracion firme y atento en su voluntad, como el marinero en el Norte. No sea aspera ni dura con los criados, sino benigna y humana : porque su obediencia y respeto mas nace de la mansedumbre de los señores que de la seueridad. Y mas autoridad tiene acerca d'ellos la destreza, la razon, la grauedad de las condiciones y de las palabras, que el rostro ayrado, ni las vozes, ni los golpes: mejor se rigen con prudencia que con ira, y mas tuerca tiene el dominio templado que el muy graue. No digo tampoco que no se acuerde de que en el gouierno de su casa representa persona de señora y de reyna : mas querria que fuesse seuera sin aspereza, y diligente sin violencia : considerando que aquellos mesmos, à quien la injuria de la fortuna quiso traer à seruidumbre, son también hombres racionales, y que los crio Dios con anima immortal de la mesma manera que à los Reyes y à los Emperadores. Tenga la familia bien acostumbrada, casta, religiosa, continente y tal, que no menos tomen los hijos buen exemplo de los criados que de los padres. Y piense que las mas vezes se suelen juzgar los señores por las familias : porque, quien ay que, viendo la corte de algun Principe virtuosa, noble, honesta, llena de christiandad, llena de justicia, llena de caridad y llena de todas buenas costumbres, no juzgue por mucho mas noble, mucho mas christiano, mucho mas justo, cortes y bien acostumbrado al Principe, cuya es? Aduierta tambien que ninguna parte de su casa, ningun lugar, ninguna alhaja, le sea oculta, sino que todo lo mire, todo lo considere y por todo ande : assi por el prouecho que de aqui se sigue, como porque quando fuere menester algo, le ocurra à las manos, y à los ojos presto y sin trabajo: como haze el Capitan que mira y considera muchas vezes el numero de sus soldados. Buelua los ojos à la qualidad de la hazienda familiar, à lo que es necessario para el biuir, y à lo que es menester para el vestir. Y entre tanto que està sentada, ô labrando, ô haziendo otro exercicio en su aposento, discurra con el animo por toda la casa: y considere, si falta ô sobra alguna cosa, lo que es menester adereçar, lo que comprar y lo que vender. Creedme, señora Dorotbea, que esta diligencia es muy prouechosa para congen1ar y aumentar la hazienda y mueble de casa: pero, la orden es la principal (aunque todavia nace de la diligencia) porque ella es la que da vitoria à los exercitos, la que conserua las ciudades, y mantiene las casas particulares: y sin ella, los elementos y el mundo perecerian. Hallese tambien en diuersos tiempos presente à todas las labores y officios de su casa : porque siempre delante de los señores se hazen mas presto y mejor y mas à prouecho. Y assi es refran antiguo que ninguna cosa engorda mas el cauallo, ni haze mas fertil la tierra, que el ojo de su señor.

Esta parte ' de gouernar la casa, le es tan necessaria à la muger que, assi como faltandole castidad y amor para con su marido, no puede ser el matrimonio bueno, ni quieto, assi, tampoco, faltandole ella, no puede durar mucho la hazienda familiar. Por lo qual, el Apostol S. Pablo, que ninguna amonestacion dexa de las que pueden aprouechar para apartar al hombre de las tempestades de los negocios mundanos, añade à la castidad y à la prudencia de la muger el cuydado de las cosas de la familia. Iuzgaua, por ventura, aquel santissimo vaso de election que, en la casa bien regida y moderada conforme à las leyes de Dios, halla la diuina gracia mas espacioso y seguro lugar para habitar: y que aquella, donde ay confusion, la tiraniza continamente el Principe de las tinieblas. El buen gouierno es señal de buen animo, y quien tiene el entendimiento bien compuesto, no

1. Que le es muy necessario à la muger saber gouernar su casa.

puede ver ninguna cosa desordenada. Tambien la muger que está ocupada en la administracion de su casa, no puede facilmente dar lugar à los passatiempos, à las fiestas, y à las vanidades d'el mundo : de lo qual le vendrà, el ser siempre mas continente y mas casta. De aqui salio aquella excelente respuesta de vna moça Lacena que, cautiuandola en la guerra y preguntandole el que la cautiuô, què sabia hazer, respondio, que gouernar vna casa. Por tanto, no será fuera de proposito traer lo que en este particular escriuio d'esta materia Aristóteles en el segundo libro de su Economica: lo quai será como conclusion de lo que he dicho hasta aqui.

Dorothea. Bien veys, señor Flaminio, que la largueza d'el dia combida à no apressuraros, pues aun ay tanto que teneys espacio de quatro horas.

Flaminio. El venir oy aqui fue algo mas temprano que ayer: mas querria que no os diesse desgusto que, assi como ayer acabè en la dotrina de la donzella, acabasse oy en la de la casada.

Dorothea. Sea como vos lo quereys. Y tanto me huelgo mas d'ello, quanto, siendo assi, aureys de alargaros mas.

Flaminio. Antes me falta poco, porque lo que Aristóteles ■ -escriue es cosa de pocas palabras, y à mi, fuera d'ello, quedame poco mas por dezir.

Escriue, pues, este Filosofo que le conuiene à la muger buena entender en el gouierno de todas las cosas que ay •dentro de su casa : y trae para ello la autoridad de las leyes: las quales (como el en el primer libro pone) quieren que sea officio tocante al marido, el ganar, y à la muger, el guardar. Escriue que no ha de permitir que ninguno entre en casa, sino con voluntad de su marido : parte, por escusar la infamia que le puede venir, y parte, porque los secretos de casa no se manifiesten, nisean publicos, y que d'el mal, que de alli

1. Lo que escriue Aristoteles que ha de hazer la muger casada.

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