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poco discurso y mas necios que discretos. Con el que fuere semejante, vse la muger buena de arte y de destreza, proponiendo en su animo de hazer siempre lo que el le mandare y entendiere que le da contento. Y vsando de prudencia, con poco trabajo, lo atraerà à lo honesto. Finalmente, tal se muestre para con el, qual se suelen mostrar las buenas madres con semejantes hijos : porque primero las mueuen à compassion sus desuenturas, y despues, la compassion à caridad, de manera que muchas vezes quieren mas à los simples, enfermos, feos y mancos que à los ingeniosos, sanos y bien dispuestos. Pero, al fin, qualquiera que sea, es marido, cabeça y señor de la muger : el qual le fue dado de Dios, de la Iglesia y de sus parientes. Y pues esta es la suerte y la parte que le cupo de tanto numero de hombres, es menester que se contente y que sufra con buen animo al que ya no puede trocar. Es menester que lo ame, que lo honrre y que lo obedezca : si no por el (aunque por el, por ser marido, lo ha de amar, honrrar, y obedecer) por los que se lo dieron y por la fe à que se obligó casándose : de la mesma manera que solemos, muchas vezes, hazer bien à alguno que no lo merece, no mas de por hazer plazer à nuestros amigos. Y quantos se mueuen à hazer alguna cosa por auerla prometido, que de otra arte no se mouieran? Mas sobre todos los auisos, se tenga este por principal, que lo que ha de ser de fuerça, sea de grado. Y assi, vendrà la muger à hazerse suaue y liuiana la carga que, de otra arte, le fuera muy pesada y enojosa. La fuerça, teniendo consideracion à ella, le enseñará à sustentar la obligacion con fortaleza, y el vso hará fácil la dificultad : porque la costumbre haze liuianas la pesadumbres de los trabajos, haziendonoslos familiares.

Preguntastesme endenantes, señora Dorothea, hasta donde era obligada la muger à obedecer à su marido *, y quiero

1. El dominio que tiene el marido en su muger.

deziros mas claramente, quanto es el dominio, que sobre ella tiene.

Dorothea. Esso mesmo desseaua.

Flamin1o. Ninguna duda ay de que en las cosas honestas, y aun tambien en las que de suyo no son malas, ni buenas, ha de tener la muger los mandamientos de su marido en lugar de vna ley diuina : porque la obediencia que le deue es, como emos dicho, ordenada de Dios : y despues de Dios, el marido es vnico señor suyo. Què se puede dezir mas de la muger que el cuerpo y el animo ? y que estos no sean suyos, testifícanoslo la sagrada escriptura. Por lo qual, concluyo que quantas vezes el marido tiene necessidad de la ayuda de su muger, tantas es ella obligada à dexar de yr, no solamente à holgarse, mas aun à la Iglesia : pues à Dios, à quien le son aceptas las oraciones, le es aceptissima la obediencia, y no quiere que ninguno vaya al altar, sino con el animo quieto: el qual no puede tener la muger, si primero no vee que lo està el de su marido. Si ella busca à Dios, sepa que està en todas partes, y principalmente à donde està la paz, la concordia y la caridad. Pero no le quito por esto el yr à la Iglesia: mas digo que no ha de yr, sino con consentimiento de su cabeça : y que ha de anteponer siempre à las deuociones esteriores (las quales todavia son buenas y exemplares) el gouierno de su casa. Porque ay algunas que, mouidas mas de costumbre que de christiandad, suelen frequentar de manera las Iglesias, que no saben salir d'ellas : ni curan de que, boluiendo despues à su casa, lo hallen todo sin orden, ni de que sus maridos (parte principal de si mesmas) padezcan, por donde la que auia de ser casa de paz y de amor se haze morada de odio y de discordia.

Dorothea. Por cierto, que quien tiene marido y familia, puede muy bien exercitar en su casa todas las obras de caridad, virtud mas preciada y amada de Dios que otra ninguna.

Flaminio. Ya que toquè el nombre de la concordia ', dire algo d'ella : porque d'esta mariera, se os dexaràn mejor conocer los terminos del dominio, que le pertenece al marido. Y digo que la mayor parte del sossiego y felicidad del matrimonio, està en ella, y la mayor de las molestias y trabajos procede de la discordia. Entre los documentos que los discipulos de Pythagoras aprendian, eran estos los principales: que d'el cuerpo se alejasse la enfermedad, d'el animo, la ignorancia, d'el vientre, la demasia, de la ciudad, el alboroto, de la casa, la discordia, y en general, de todas las cosas, la destemplança. Y por esto desseaua Vlisses, à Nausicaa, hija de Alcinoo, marido, casa y concordia: juzgando, que no se podia dessear mayor bien à los biuientes. Quan dichoso es de creer que fue el matrimonio de Albucio, el quai biuio veynteycinco afios con su Terenciana sin prouar poco ni mucho, que cosa fuesse renzilla, ni contienda. Y quanto mas, el de Publio Rubro Celere, que con su Ennia llegô à los quarenta y quatro, sin pesadumbre, ni enojo. Por el contrario de la discordia nacen luego las renzillas, de las renzillas, las amenazas, y de las amenazas, las guerras.

Ningun defecto, que en la muger aya, haze à su marido aborrecerla mas que las contiendas y la mala lengua: la quai compara Salomon, à tejado descubierto, por donde baxa la lluuia : porque estas dos cosas fuerçan al hombre à dexar su casa. Suelese vulgarmente dezir que las armas de la muger es la lengua : mas es arma de tal qualidad, que haze mas mal que bien. Y la muger prudente refrenarala en todo tiempo, y no pretenderà imitar à la muger de Herculano Senes 2: la qual hizo assar ciertos zorzales, que su marido auia comprado: y estandolos cenando juntos, dixo Herculano : « Muger

1. De quanta importancia sea la concordia, y los daflos que de la discordia nacen.

2. Quento gracioso à proposito de la discordia.

mia, si quereys dezir verdad, no aueys comido jamas mejores zorzales, ni mas sabrozos que estos. » «Como zorzales ? respondio ella, no deueys de querer dezir sino mierlas. » « Bueno, dixo su marido, no deuo de saber yo lo que me digo. » « No lo sabeys, replicô la muger, que yo las conoci en el pico y en la cola. » Las palabras fueron muchas, y no queriendo ella dexar de porfiar que era verdad lo que dezia, vuo de tomar Herculano vn palo y molerle las costillas à palos. De ay à vn afio, estando el mesmo dia los dos cenando, dixo ella : « Marido, oy puntualmente haze vn afio que tal noche como esta me pusistes qual la malauentura, sobre aquellas negras mierlas, que deziades que eran zorzales. » Por abreuiar, boluieron de nueuo à la pendeaeiâ y fuele forçado à Herculano sacudir brauametfte à su muger, no solamente aquella vez, sino muchos anos^siempre que venia aquella noche, solo porque callasse.

Dorothea. Es grande el mundo, y por fuerça ha de auer de todo.

Flaminio. Es, pues, menester que, queriendo en el matrimonio, paz, aya concordia ' : de la quai esta buena parte en mano de la muger : porque el hombre, segun los medicos quieren, naturalmente es menos colerico que ella. Y no solamente el hombre, mas hasta en las bestias se vee tambien lo mesmo. Para esta concordia, no ay mas efficaz instrumento que el amor : el qual atrae à si la bienquerencia, de la mesma manera, que la piedra Iman el hierro. Y ninguna diga que ama à su marido, mas que no por esso es amada: porque esta tal da à entender, ô piensa que ama, pero no ama con verdad : que quien verdaderamente ama, no busca su propio interes, sino el de aquel à quien ama, y biue sujeto à su voluntad, haziendo para si ley d'ella. Pues si la muger ama, necessariamente vendrà à ser trocado al amor entre los dos: y siempre aurà entre ellos vn mesmo querer y vn mesmo no

I. Que esta mucha parte de la concordia en mano de la muger.

querer, y se hallarà vn mesmo cuerpo, vn mesmo coraçon, y vna mesma alma. Como me afirman algunos amigos mios que acontece entre ellos y las suyas : de manera que me suelen muchas vezes dezir que, despues de Dios, no hallan contento de animo mayor, que el que reciben en conocer la bondad, la castidad, la virtud, la fe y el amor de sus carissimas mugeres.

Escriue Oracio à Lolio » que si quiere que la amistad dure, se acomode à las condiciones de su amigo. D'estas condiciones y d'el natural ya arriba tratè, y ahora añado que à la muger ninguna cosa que su marido haga le dè pesadumbre: sino que todo lo que hiziere y dixere y fuere su contento, le parezca bien. A el crea y à el se reporte : y qual viere su semblante, tal muestre ella el suyo. Si estuuiere triste, muestrese ella triste, y si alegre, alegre. Pero, no tampoco quiero que muestre semejantes affectos con el rostro, si primero no los siente en el coraçon, guardando siempre entereza y virtud, conuiniente à muger de valor, y buena : porque yo no pinto aqui lisonja, sino amor.

No se le quiera anteponer en ninguna cosa, mas tenga siempre (como muchas vezes he dicho) à su marido por padre, por señor, por mayor y mas digno que ella. Las riquezas, la pobreza, los plazeres, los pesares, los bienes y los males, tengalos por comunes ygualmente 2. No querian los Romanos que entre marido y muger vuiesse cosa partida, ni pudiesse ninguno d'ellos llamar algo propio suyo. Y Platon enseña que en la Republica bien ordenada no ha de auer estos dos vocablos Tuyo y Mio. Pues quanta mas razon es que no los aya en vna casa bien gouernada, adonde marido y muger an de biuir toda su vida, no solamente recogiendose debaxo

i. Auisos para que el amor dure y la concordia, entre marido y muger. 2. Que entre marido y muger ha de ser todo comun.

REVUE HISPANIQUE. 34

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