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Nonio Prisco en el destierro : y lo mesmo Ignacia Massimila à Glicion Galo : sin curar de la perdida de lasriquezas que dexauan en sus tierras : teniendo à sus maridos por todas las riquezas del mundo. Turia, escondiendo à su marido no sin gran peligro suyo, lo librô de la muerte que tan cercana tenia por orden de los tres ocupadores de la libertad Romana. Sulpicia, muger de Lentulo, engafiô, vistiendose los vestidos de vna criada, la guarda que su madre le tenia puesta para estoruarle su piadosa determinacion, y se fue secretamente, para el, en compania de dos criadas y de otros tant os criados: sin hazer caso de que la pusiessen en el numero de los otros rebeldes, à trueco de guardar la fe y amor que deuia à su marido. Y en nuestros tiempos la muger de Fernan Gonzalez, Conde de Castilla, viniendole nueuas que el Rey de Leon lo auia preso por engaflo, fue adonde estaua, y so color de visitarlo alcançô licencia para entrar en la prision : y entrada, le persuadio que trocasse con ella los vestidos, y haziendolo, librô con esta industria à su marido.y ella se quedô en su lugar. Dixeronlo al Rey de la manera que auia sido: el quai, loando mucho el amor que la Condessa à su marido tenia, le dio licencia que se boluiesse para el. D'esta mesma casa descendio otra que, siendo casada con Roberto, Rey de Inglaterra, acontecio que de cierto recuentro que el Rey tuuo con sus enemigos, salio muy mal herido: y porque el hierro con que le hirieron estaua emponçofiado, concluyeron los medicos que no podia biuir, si no auia alguno que le chupasse con la boca el veneno. Y entendiendo el valeroso Rey que aquello no podia ser, sino muriendo el que tal hiziesse, jamas quiso consentirlo : y encomendandose à Dios, esperaua con obstinada paciencia cada momento su muerte. La Reyna, que amaua à su marido quanto es razon, fue à la noche à su cama, y hallandolo dormido, le desatô muy paso la herida, y hizo ella mesma, piadosamente de su voluntad, aquel officio que ninguna otra persona hiziera, sino forçada.

Dorothea. Animo verdaderamente digno de Reyna: y amor propio de muger con su marido.

Flaminio. Estos son, como veys, exemplos de incomparable amor que las mugeres tuuieron à sus maridos en quanto biuieron : como se lee tambien de Alcestes, que por escapar el suyo de la muerte, fue corriendo à meterse de su voluntad en la pena y castigo, que para el estaua aparejado.

Mas tambien vuo no pocas que, despues de muertos, no quisieron biuir mas '. Laodamia, en sabiendo la muerte de su querido Prothesilao, se matô con sus propias manos. Paulina, muger de Seneca, quiso morir con el, mas auiendose hecho abrir con esse intento las venas, no consintio la crueldad de Neron que muriesse, no mas de porque ella lo desseaua.

Dorothea. El fue harto cruel, por cierto.

Flaminio. Siendo vna hija de Democion desposada con Leosthenes, supo que era muerto: y aunque nunca aun se auia juntado con ella, se matô luego en sabiendolo: afirmando que pues le auia dado à el el animo, no podia casarse con otro sin cometer adulterio. Porcia, hija de Caton y muger de Bruto, el que matô à Cesar, al mesmo punto que Uegô à sus oydos la muerte de su marido, arremetio à tomar vn cuchillo para matarse, y quitandosele de la mano, metio brasas ardiendo en la boca : y de aquella manera fue su anima à buscar la de aquel que auia perdido con el cuerpo. Iulia, hija de Iulio Cesar, viendo traer à vno de sus criados ensangrantada la vestidura blanca de Pompeyo, su marido, creyendo que lo auian herido ô muerto, se cubrio de tan estremo dolor, que malpario y murio de ay à muy poco. Cornelia, la postrera muger de Pompeyo, viendo cortar delante de sus ojos la honrrada cabeça, de aquel que tantos y tan famosos despojos auia ganado para el Imperio Romano,

i. Exemplos de algunas que se mataron en muriendo sus maridos.

dixo que seria muy grande afrenta, si auiendo ella visto matar à su marido, solo el dolor no bastasse à matarla à ella. Artemisia, Reyna de Lydia, beuio las cenizas d'el muerto Mausoleo, para ser, en vida, sepultura de su marido.

Dorothea. Mucho contento me dan, senor Flaminio, estos exemplos, y tanto mas, quanto es opinion de algunos necios (como endenantes temistes vos que os contasse en el numero d'ellos) que amen pocas à sus maridos.

Flaminio. Pues no quiero callar otro que es digno de ser escrito con letras de oro.

Vuo en Galacia », entre las principales cabeças de aquella region, dos carissimos amigos y estrechos parientes: al vno llamauan Sinato y al otro Sinorige. Tenia Sinato por muger vna hermosa moça llamada Gamma, hermosa de cuerpo, pero mucho mas de animo : porque no solamente era modesta y amaua vnicamente à su marido, mas era tambien prudentissima y de mas alto coraçon, que, por ventura, suelen tener las mugeres: por lo qual era querida y honrrada de todos sus subditos. Iuntauase con esto, que era Sacerdotissa de Diana, Diosa que aquel pueblo ténia en gran reuerencia, que le acrecentaua no poca reputacion. Acontecio que Sinorige se enamorô tan ardientemente de Gamma, que no pudiendo, ni con ruegos, ni con amenazas, atraerla à su voluntad, matô à traycion à Sinato : y muerto, la pidio de ay à poco por muger. La valerosa moça, que no auia honrrado la muerte de su querido marido con lagrimas fingidas, antes pensaua como poder vengarla con la de Sinorige, pareciendole aquella buena ocasion para su intento, rehusô ligeramente al principio, y despues dio à entender que lo queria. Y importunandola cada dia mas Sinorige, se fue con el al templo de la Diosa, diziendo que, siendo ella testigo, queria que se celebrassen aquellas bodas. Arrodillada delante d'el altar

1. Historia de Gamma que vengô la muerte de su marido.

y Sinorige junto à ella, despues de acauado el sacrificio (como era costumbre de aquella tierra) tomo vna gran taça de vino en la mano, adonde auia echado, mesclada con el, ponçoña, y beuiendo gran parte, dio la taça à Sinorige, el qual beuio lo que auia quedado. Viendo esto Gamma, alegre de que su honesto desseo yua teniendo effecto, mirando à la imagen de la Diosa, dixo, con voz alta, estas palabras : « Yo te pongo, ô santa Diosa, por testigo, de que despues que mi marido murio, no he quedado por otra causa en la vida, sino por vengar su muerte, con la d'este : y pues se ha cumplido mi desseo, ahora yrè contenta, à buscar al mi Sinato. » Despues, boluiendose à Sinorige, prosiguio, diziendo: « Y tu, hombre cruel y malo, bien puedes mandar à tus criados, que en lugar d'el aparato de las bodas, que tan mal as desseado, aparejen à tu cuerpo sepultura. » El oyr Sinorige estas palabras y el sentir que el tosigo auia ya penetrado por todas sus venas, fue à vn mesmo tiempo. Mando, que lo echassen en la cama y le hiziessen algun remedio, y auiendole hecho muchos, que no aprouecharon de nada, murio dentro de muy poco. Dixeronlo à Gamma, que aun era biua, y en sabiendolo, despidio l'alma d'el cuerpo, con grande alegria y contento.

Dorothea. Por cierto, muger fue essa de grandissimo valor: y acuerdome auer leydo muchas vezes debaxo de otros nombres este exemple

Flam1n1o. El es tan noble, que muchos autores no lo an querido callar. Pero, como dixe endenantes, no aconsejo à nuestra esposa que por su marido se mate, que esto no lo permite la ley : mas animola à estimar siempre en mas su vida d'el que todos sus propios comodos : juzgando que todas las aduersidades de su marido vengan en su cuerpo d'ella. Ningun indicio, señora mia, ay mayor ni mas cierto de castidad, que ver que la muger ama sinceramente y de todo coraçon à su marido.

Es, pues, el principal officio de la muger, amar à su marido ', y haziendolo assi, tambien el la amarà à ella : porque es impossible que, tarde ô temprano, no ame, quien entiende que es amado. Y de aqui nacio, aquel verso de Dante:

Amor que no perdona al que es amado.

Y no penseys 2 que se ha de amar el marido de la manera que vn pariente ô vn hermano : porque es menester que con el amor que se le tiene aya juntamente vna suma reuerencia y vna obediencia mas que perfeta: pues no solamente las leyes humanas, sino tambien las diuinas, mandan que la muger sea sujeta à su marido. Y no solas las leyes, pero hasta la mesma naturaleza nos muestra esta sujecion feminil : dando en todas las especies de animales menos fuerça à las hembras que à los machos, y criandolas de mas tierna carne y mas blando pelo. Demas d'esto, quitó à muchas aquellas partes que à ellos les dio para defensa, como son los dientes, los cuernos, los picos y otras assi. Y si en algunas las concedió también à las hembras, no fueron tan rezias: como lo vemos en las vacas, que tienen los cuernos mucho menos maciços que los toros. Esto, como digo, haze la naturaleza en los animales brutos, y por tanto la hembra obedece al macho, lo acompaña, lo acaricia y con mucha paciencia sufre que la maltrate. Lo qual, si se vee guardar assi entre las bestias, quanto es mas justo que lo guardeys las mugeres, que allende de la natural costumbre, allende de la razon y allende de la debilidad de vuestro genero, teneys los preceptos de la ley, que manda que obedezcays al hombre ? Y à quien os manda obedecer ? à vuestra cabeça, à vuestra mitad y à vuestra alma : porque los que dixeron que el marido y la muger son vna mesma cosa, añadieron, ser la muger el cuerpo y el marido l'alma. Por tanto, assi como conuiene que l'alma

1. Que amando la muger à su marido, tambien el la amará à ella. 2. Como ha de ser amado el marido.

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