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seras y vestidos de poco precio? y que escoja antes ser aborrecida y mal tratada en los ricos palacios y soberuios aposentos que querida y acariciada en las moradas vmildes y entre los dulcissimos abraços de su querido marido ? Iuntase tambien con esto que muchos, mouidos no de otra causa sino de locura ô falsa sospecha, son muchas vezes homicidas de sus inocentes mugeres. Como aconteciô à Iustina, nobilissima Romana, que auiendose casado poco auia con vn cauallero rico, mas loco y de bestiales costumbres, por solo ser moça muy hermosa, cayô en tan gran zelo que temiendose de que le auia de hazer adulterio, estandose vna noche la desuenturada desnudando para yrse à acostar, tan libre de culpa, como descuydada de su muerte, le apartô con vna espada la desdichada cabeça del inocente cuello. Este cruel sucesso pareciô tan mal à toda la ciudad que pusieron sobre su sepultura vn Epitafio, en que dauan consejo à todos los padres que tuuiessen grandissima consideracion en el casar à sus hijas : buscando, no riquezas, sino hombres prudentes y de sano entendimiento. Y de exemplos semejantes mas ha acontecido de vno en nuestros tiempos.

Aduierte muy bien Platon ', Principe de los Filosofos, que todos los hombres, que tienen determinado de casarse, miren, como buenos y diligentes labradores, en què tierra siembran: porque por su falta d'ella no venga à enruynarse y degenerar de su virtud lo sembrado. Y esta aduertencia, es razon que la guarde la muger con mucho mas cuydado, siendo ella, como lo es, la tierra que ha de produzir el fruto. Dessease comunmente que los hijos sean semejantes à sus padres: mas ni la muger buena que tiene el marido malo querria que sus hijos se pareciessen à semejante padre, ni el suegro sus nietos à semejante yerno. Por tanto, el que quisiere no caer en semejantes errores vse de los auisos que emos dado. Excelente

i. Consejo de Platon acerca del casarse.

respuesta y digna de alto coraçon fue la que dio Aristides, amigo familiar de Platon, à Diogenes (sic) el menor, quando, pidiendole vna de sus hijas por muger, respondio que mucho mas contento le daria ver à su hija muerta, que muger de vn Tirano.

La preciosa compafiia de la muger con su marido * no consiste solamente en la presencia de la persona : mas parte tambien, en la conuersacion ordinaria, y parte, en la comunicacion de las voluntades y de todos los bienes ô males de ambos. Pues considerad que platicas tan apazibles y buenas podrà tener la muger con el marido soberuio, ignorante, cruel y furioso, como Pentheo: siendo ella vmilde, sabia, piadosa y discreta, y qual la emos pintado. De quien aprenderà lo que no supiere ? Quien ensenarà los hijos ? y quien pondra orden en la familia ? Y pues no ay duda de que en las felicidades ay necessidad de modestia, y en las aduersidades, de consuelo, y en lo vno y en lo otro, de muy bueno y sano consejo: como podrà acudir para ello à su marido, siendo hombre no menos falto y pobre de juyzio, que de razon? harase mala,si se llegare à sus costumbres: y si le contradixere, aborrecerala. Mirad pues, qual podrà ser la comunicacion de voluntades entre estos dos: ninguna por cierto, sino pendencias y perpetuos odios, ni menos de las otras cosas : que aborreciendo el marido à la muger, aborrece tambien sus comodidades y sossiego. Por el contrario, pensad què conuersaciones se goza de contino la muger buena con el marido bueno. Ellas son por cierto taies, que ninguna musica ay mas suaue, ninguna miel mas dulce, y ninguna conserua mas sabrosa : y tanto mas, si es dotado de algun poco de eloquencia, de donde, de quando en quando, nazcan aquellas palabras robadoras del'alma. Pensad, como las suertes y voluntades son vna mesma : pues que d'el vno dépende la vida del otro,

i. En que consiste la compafiia del marido y de la muger.

y no quiere ella mas de lo que entiende que el quiere. Pensad, qual sea la virtuosa criança de los hijos, y qual el excelente gouierno de la familia. Si la muger dessea aprender, tiene cerca el maestro. Si tiene necessidad de consejo para sufrir mejor los casos aduersos, ô por no ensoberuecerse en los prosperos, tiene à la mano la fuente, adonde poder matar abundantemente, la sed. Tiene los preceptos, tiene los auisos, tiene los consuelos y todas aquellas defensas, de que à cada passo es menester vsar en este alborotado y tempestoso mar de la vida. Quanta modestia, quanta paz, quanto sossiego, quanta religion nace y se conserua y aumenta entre ellos dos cada dia : siendo para ello el marido dulce ayuda de la muger, no solamente con las palabras, sino tambien con los exemplos, de manera que le parece, no que hallo vn marido, qual auia desseado, sino que le vino vn Angel del Cielo para ayuda y guia de sus passos. Podeysme, señora, creer, que de los estados que entre los mortales pueden dar en la tierra mas cierta fe de la verdadera felicidad que gozan las almas bienauenturadas en el reyno de Dios, es vno este. Ya me parece que emos formado tal la nuestra donzella, que poco se le puede dessear mas. Y auiendo tambien apuntado al padre el mas derecho y seguro camino de casarla, si falta alguna cosa, confiesso que no la sè : y assi serà ya tiempo de passar à la dotrina de la casada. Pero porque el dia va ya declinando, y he sido algo largo, diria que, con vuestra licencia, se quedasse para mañana esta materia.

Dorothea. Señor Flaminio, dos contrarios me combaten ygualmente : desseo de oyrla, y lastima, que de vuestro cansancio tengo. Mas queriendo que por esta vez pueda mas la lastima, os doy la licencia que pedis con condicion que mañana, satisfagays mi desseo : porque de otra manera, os digo que os quedarè en menos obligacion de la que por ventura pensays.

Flaminio. D'essa arte quereys que vna obligacion obligue à otra : pero sea como fuere, que bien conozco ser yo el obligado : mas si vuestra cortesia quiere quedar en obligacion à alguno, sea à este libro.

Dorothea. Yo creo, que el libro deue ser hechura vuestra, pues tan bien lo recitays.

Flaminio. Tampoco éssa es seflal de poca voluntad : mas aguardadme manana, que no me falta esperança de satisfazeros mejor.

LIBRO SEGVNDO

EN QUE SE TRATA DE LA DOTRINA
DE LA CASADA

Flaminio. Dorothea.

Ninguna vez, Sefiora Dorothea vengo à este jardin, que no me parezca que entro en alguno de aquellos huertos con tantos loores celebrados de los antiguos Poetas. Porque los arboles, parece que Pomona, los plantô por su mano. Las frutas que à sus sazones se cogen, compiten en bondad con las que se seruian à las mesas de Alcinoo. Las parras no tienen embidia à aquellas, de que Creta es tan nombrada. Las açucenas vencen la blancura de la nieue. La bermejura de las rosas quita su color à los rubies : y la yerua, con su verde, haze ventaja à las esmeraldas. Las quales cosas todas, refrescan en mi memoria aquel contento, de que solia aqui algunas vezes gozar con las honestas conuersaciones de mi Camila. Y assi aueys escogid discretamente este lugar para la materia de oy, que ninguno podiades buscar mas gracioso, ni mas comodo, ni donde yo hablasse de mejor gana : ni sitio que por ventura mas conforme fuesse à la qualidad de lo que tan desseosa estays de oyr. Porque el matrimonio, quando es hecho con aquella orden y conseruado con aquellàs condiciones que à cosa de tanta importancia conuienen, es puntualmente semejante à vn jardin lleno de todos los contentos y felicidades humanas.

Dorothea. Mirad como he estado auisada, assi para vuestro gusto, como para lo que toca al matrimonio, auiendo escogido lugar conuiniente para el vno y para el otro. Sentemonos, pues, à la sombra d'este laurel, sobre el fresco suelo, pintado de tan diuersos colores, que aqui serà mas agradable el reposo, y el sol no podrà venir à ofendernos con sus rayos : saluo, si quereys, seflor Flaminio, mas que haga traer assientos.

Flaminio. Por mi, pareceme que para la qualidad del tiempo, no se puede hallar mejor assiento, ni mas agradable tapete que la yerua : assi que sentemonos, como dezis, en su regaço. Mas rogad primero à estos paxarillos que callen, hasta que yo acabe de hablar, porque aunque hinchen el ayre de tan alegre armonia, es, como oys, muy alto y rezio su canto.

Dorothea. No ayays miedo que me impidan el oyr vuestras palabras, ni disminuyan punto del contento que me dan. Y en quanto à vos, creo que, al punto que començardes à hablar, atraydos de la gracia d'estas razones, tambien os escucharàn: porque tambien las fuerças de amor traspassan sus pequefïitos cuerpos como los nuestros, y ay entre ellos quien guarda inuiolablemente las leyes del matrimonio.

Flaminio. Pues d'essa arte, yo quiero, sefiora mia, començar : mas primero podria mouer vna duda, que séria, quai de los tres estados sea mas perfeto, el de la virgen, de quien ayer hablè, ô el de la casada, de quien oy he de tratar, ô el de la biuda : porque todos tienen sus virtudes y sus ala

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