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(que si pueden cierto, y mucho) buelua los ojos y la considération, despues de tal perdida, à donde quiera que quisiere, y verà quanto mirare, lleno todo, por su causa, de tristeza, todo afligido, todo lloroso, todo ayrado y todo enemigo suyo. Quai pensays que serà el dolor de los parientes, que por sola su mancha d'ella, se veen todos disfamados, y afrentados? Quales, las quexas y llanto de su padre y de su madre, y de los que la criaron ? Tales son las gracias y contentos que se dan por tantos trabajos y fatigas? Tal es el pago de la criança ? O, quanta deshonrra se le sigue à toda la casa! O, como todos los vezinos, los amigos y los conocidos dizen mal d'ella! Como la sefialan con el dedo y la escarnecen las otras donzellas ! Como murmuran todas las mugeres d'ella, sin que ninguna, que honesta sea, la admita en su compania! antes, huyen todas d'ella como de cosa espantosa, y no solamente las mugeres, mas aun hasta los hombres, que antes la amauan, la aborrecen, y ponen su amor en otra. Marauillome harto de que la desuenturada, viendo esto, no dessee morir al dia mil vezes, ô que el dolor de si mesma no la acabe. Que dirè, de que no solamente cae en odio de las gentes y del mundo, sino aun en ira tambien ? por la qual se ha visto muchas vezes matar los padres sus propias hijas, los hermanos à sus hermanas, los tutores à sus menores, y los deudos à sus parientas. Sabiendo Hipomenes, principe de los Athenienses, que su hija auia entregado à un amante suyo su virginidad, la hizo encerrar juntamente con vn ferocissimo cauallo, sin mantenimiento ninguno : el qual, auiendo sufrido algun tiempo la hambre, mouido d'ella y de su natural ferocidad à rabia, despedaçô la desuenturada moça, y se hartô con sus carnes. Y en Roma, Poncio Aufediano, auiendo entendido que à su hija la auia entregado su ayo en las manos de Saturnino, degollô al ayo y à ella. Y lo mesmo hizo Attilio Fusco, de la suya, auiendo incurrido en semejante maldad. Tambien, en la mesma ciudad, quiso mas Lucio Virginio perder à su hija virgen, que tenerla biua, corrompida y contaminada de la fuerça del furioso Tirano. Y por esso, como dize el nuestro Poeta,

A su hija y a Roma trocô estado,
Poniendo en libertad la vna y la otra.

Laqual no pudiendo darsela por otro camino, se la dio con la muerte.

Oido he contar que no ha mucho que vuo en Padua dos hermanos, que sabiendo que vna hermana suya por casar, estaua prenada, dissimularon su enojo y safia hasta que llegô el tiempo de parir: y andandole con mucho cuydado à los alcances, al mesmo punto que la desdichada se acabô de librar de su parto, estando aun delante la comadre, arremetieron à ella con los pufiales desnudos, y abriendole con muchas heridas todo el cuerpo, le quitaron miserablemente la vida. Y de semejantes exemplos estan llenas las historias, y cada dia se veen de nueuo. Y por cierto, no es de marauillar que los padres ô los hermanos cometan tales y tan espantosos homicidios y que assi tan presto apaguen todas las centellas del paternal y hermanable amor : pues tantas vezes se vee que algunas mugeres, por conseguir sus suzios y deshonestos apetitos, echando de todo punto fuera de su pecho toda piedad, aborrecen à sus padres, à sus madres, y à sus hermanos y hermanas; quanto mas à los parientes, à los amigos, y à los familiares y criados. Mas quando aun ninguna d'ellas vuiesse de pagar con la muerte, quanto pensays que roe de contino à muchas el coraçon el remordimiento de su propia conciencia? sin duda, podeys creer que infinito: porque ninguna ay tan maluada, que, tornando sobre si, no considere la grandeza de la maldad en que ha caydo, y que no se auerguence de parecer entre mugeres. No se habla cosa que no piense que tratan de su vituperable pecado : ni vee hombre, ni muger, que no tema que lo sabe. Estas son las furias, que

REVUE HISPANIQUE. 3l

ios Poetas fingieron : y estos, los estimulos que à las malas atormentan. Los quales, aunque es verdad, que en ambos generos son agudissimos, con todo esso, son en el vuestro mayores sin comparacion sus acostumbradas heridas. Y no ay duda de que qualquiera que, sin dexarse lleuar de la aficion, querrà dezir la verdad, confessarà que semejantes mugeres son dignas de mas asperos castigos y de mas seueras penas que los hombres, por muy malos que sean : porque d hombre tiene necessidad de muchas cosas juntas, como de prudencia, eloquencia, sciencia de gouernar la Republica, ingenio, memoria, arte y industria para regir la vida, justicia, magnanimidad, liberalidad y otras muchas, que serian largas de contar. Y no deue ser culpado, aunque no las tenga todas, como se hallen en el algunas. Mas en la muger no se busca profunda eloquencia, ô subtil ingenio, ô esquisita prudencia, ô arte de biuir, à administration de republica, ni otra cosa sino sola castidad ': y faltandole, es como si al hombre le faltassen todas las virtudes que dixe: porque en la muger vale esta por todas las demas excelencias.

Por cierto 2, harto vil y de poco es el que no sabe defender y guardar vna fortaleza que le encargan: auiendosele de seguir d'ello honrra y prouecho y perpetuo contento : y de la contrario, dano y verguença y contina desuentura. Principalmente, no auiendo nadie que se la pueda quitar, ni senorearsele d'ella sin consentimiento suyo. Si la cauta donzella buelue à solo esto su pensamiento, serà mucho mas cuydadosa y solicita guardiana de su honestidad: y guardandola, guarda todo su tesoro, y perdiendola, pierde todo su bien. Hay, dixo Lucrecia, què cosa puede quedar salua, quando la castidad es perdida ? y con todo esso, tenia en el cuerpo corrompido el animo casto. Pero no dexô de abrir

1. Que en la muger no se requiere otra excelencia sino castidad. 2. Como tendra la donzella cuydado de guardar su castidad.

su limpio y desdeñoso pecho, para que el animo honesto se apartasse de la contaminada morada. No quento yo este exemplo para que la mi discipula lo imite: que como he dicho, la castidad y honestidad que se conseruan en el animo, no pueden recibir macula en el cuerpo.

Dorothea. O quantas mugeres, señor Flaminio, parten d'esta vida, con la guirnalda de la virginidad, que el justo juez, conocedor de nuestros coraçones, las pone en el numero de las Rameras ! y quantas por el contrario, tenemos nosotros por deshonestas, que d'el mesmo seran juzgadas por castissimas!

Flaminio. Assi es, sin duda alguna. Quitad, pues, à la muger, la nobleza de la sangre, las riquezas, la gracia, la discreción, la agudeza d'el ingenio, y en fin, todo quanto mas dessea, y dalde en trueco, ô la virginidad, ô la castidad, y todo quanto ay, le aueys muy cumplidamente dado. Por el contrario, dalde à manos llenas todas aquellas cosas, y quitalde la vna d'estas, todo se lo aueys quitado. Y por tanto, se lee que

La que de su honor dexa priuarse,
Ni es ya muger, ni biua.

Quien diria que vn tan pequeñito animal, como es el Armiño1, quiera mas dexarse tomar y morir, que ensuziar en el lodo la blancura de su piel ? Por cierto, generosa naturaleza es, y digna de que la muger tome en ella exemplo de conseruar su castidad : y tanto mas, siendo cosa que, vna vez perdida, jamas se puede cobrar. Mas quanto à la virginidad y castidad, baste lo que emos dicho hasta aqui. Pero, si hablando d'el primer estado, que es el de la donzella, mezclo a bueltas alguna parte de lo que toca al segundo, que es el de la casada, hagolo por no salir de la orden d'este libro ; y tambien, porque hablando con vos, que aueys subido los dos grados y estays

i. Propiedad del Armiño, la qual ha de imitar la muger.

en el tercero, se toque por todo este discurso alguna cosa que os conuenga.

Dorothea. Todo es, senor Flaminio, muy bien dicho : y hasta aqui, conozco tener mucha obligacion à vuestra cortesia, y la mesma à vuestra memoria : porque va gozando mi animo de tanto contento con vuestras razones, que no dudo de que haran en el tal fruto, que podrà caberle juntamente harta parte à mi Laureta. Y por ventura, mereceremos nosotras tambien parte de los loores que merece el que guarda y defiende bien la fortaleza que dixistes.

Flaminio. Es consejo de Aristoteles1, que aunque el padre y la madre deuen ser en todo tiempo diligentissimos guardianes de sus hijas, esta guarda se ponga en execucion con mas cuydado, quando ellas se van acercando à edad algo mas madura. Pues sea la primera y principal regla no consentir (como emos dicho) à nuestra donzella ocasion de ver, ni oyr, ni aun de pensar cosa que pueda, no digo corromper, mas ni desuiar su sano entendimiento, y encaminado à aquellos buenos estudios que ya arriba dexo dichos: à lo qual ayuda harto la templança del biuir.

Serà, pues, su mantenimiento poco3 y de todas las viandas que ordinariamente se vsan: apartando y alexando d'ella todas las que pueden agrauar el entendimiento, y despertar el apetito sensual. Tampoco alabo la demasiada abstinencia: mas busco vna orden de biuir que, no debilitando el cuerpo, solamente enflaqueça las fuerças y resfrie el calor de la heruiente juuentud.

El vso del vino no puedo condenarlo, siendo, como es el dia de oy, comun à hombres y à mugeres : mas no dexarè de dezir que les era prohibido à las antiguas Romanas : sabiendo aquellos sabios y jamas bastantemente loados varones, ser

1. Que los padres an de ser diligentissimos guardianes de sus hijas.

2. La templança que ha de tener la donzella en el comer y beuer.

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