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XVI.

Provision de la reyna doña Juana, fecha en Tordelaguna á 22 de marzo de 1530, man

dando á Hernan Cortés, y á su esposa la marquesa que no entren en Méjico hasta tanto que el presidente y oidores de la Audiencia hayan tomado posesion de sus respectivos cargos.

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La Reyna: Don Hernando Cortés, marques del Valle, pariente : Porque por causas complideras á nuestro servicio, y á la ejecucion de la nuestra justicia, habemos acordado de mandar proveer de nuevo presidente é oidores para la audiencia real desa NuevaEspaña, y en tanto que llegan podria traer algun inconveniente vuestra entrada, y de la marquesa', vuestra muger, en Méjico; por ende, yo vos mando que entre tanto, y á sazon que, como dicho es, el dicho nuestro presidente, y algunos oidores que de nuevo habemos mandado proveer lleguen á esa tierra, vos ni la marquesa, vuestra muger, no entreis en la cibdad de Méjico, ni os llegueis á ella con diez leguas al derredor, so pena de la nuestra merced é de diez mil castellanos para la nuestra Cámara , é fisco; é de cómo esta mi cédula os fuere notificada, é la cumplierédes, mando á cualquier escribano que para esto fuere llamado, que dé ende al que vos la mostrare testimonio signado con su signo, porque yo

1 Por real cédula de 6 de julio de 1529, y estando el Emperador en Barcelona, se concedió á Hernan Cortés el título de marques del Valle de Oajaca ; con igual fecha se le hizo merced de ciertas tierras en territorio de Méjico y de Oajaca, así como de gran número de vasallos.

sepa como se cumple mi mandado. Fecha en Tordelaguna á 22 dias de Marzo de 1530 años 4. Yo, la Reyna – Por mandado de S. M. – Joan de Samano.

De esta provision hay copia auténtica y legalizada en el real archivo de Indias, de Sevilla, juntamente con la notificacion que se hizo á Cortés en la ciudad de Tascaltece (Tascala?) á pedimento del comendador Diego Hernandez de Proaño, alguacil mayor de Tenuxtitan ó sea Méjico, el martes 9 de agosto. Cortés la beso, puso sobre su cabeza segun la usanza del tiempo, y obedeció. Fueron testigos del acto Pedro de los Rios, y Luis de Luna.

XVII.

Carta de Hernan Cortés al Emperador, de Tezcuco á 10 de octubre de 1530.

S. C. Ces. M. Después que besé las manos á V. M. en Barcelona, y le di cuenta de las cosas que hasta aquella sazon habian sucedido en esta Nueva-España, estuve algunos dias en Madrid para que los del Consejo de Indias cumpliesen lo que V. M. les. envió á mandar cerca del remedio destas partes, porque, como quien mas que a nadie le dolia, tenia dello mas cuidado. Estando entendiendo en esto, llegó una cédula de V. M. en que mandaba al arzobispo de Santiago, presidente del Consejo Real', que entendiese en proveer las cosas de acá, y fué provision divina, y como de tan católico y cristianísimo príncipe se espera; y no en balde tiene Dios el cuidado de las cosas de V. M. que hasta aquí ha tenido, pues tanto V. M. tiene de su honra, y de dilatar su fé católica y conservar estas gentes que nuevamente á ella se convierten : y tenga V. M. este por el mayor premio que ante Dios merece, porque en todo el universo no hay cosa donde su santa iglesia mas engrandezca.

El arzobispo de Santiago se comenzó á informar de las cosas de acá para mejor acertar en su provision, y á esta causa hobo alguna dilacion; y en este tiempo llegaron muchas informaciones de religiosos y de otras personas celosas del servicio de Dios y de V. M. por donde al arzobispo y á los del Consejo de las Indias

1 Don Alonso de Fonseca y Azevedo, que lo fue desde 1526 á 1534.

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les constó los insultos y robos y otros dapños que V. M. sabrá por otra parte, que el presidente é oidores que acá estaban hacian, y la necesidad que habia de breve remedio, y así comenzaron á dar mucha prisa en buscarle, y hablaron á algunas personas para encomendarles la presidencia de la nueva audiencia que proveian y con ninguna se concertaron. Las causas ellos las habrán dado á V. M.

Visito que en esto habia alguna dilacion, y cómo V. M. me mandó diese mucha priesa en mi venida, determiné de me partir antes de ver la conclusion desto, aunque deseando que todos vinieramos juntos por excusar algun escándalo que se me representaba que habia de haber con mi venida. Me detuve en Sevilla y en San Lucar muchos dias, y aun'en Santo Domingo de la isla Española dos meses y medio, creyendo que cada dia me alcanzarian, y cómo yo traía mucha costa con la mucha gente que traje, no pude detenerme, y así me vine : verdad es que primero supe como la Emperatriz, mi Señora, y los del Consejo habian ya dado fin á este remedio, y señalado todos los oidores, y por presidente al obispo Santo Domingo de la Concepcion, y presidente de la isla Española', que tambien me paresció cosa proveida de Dios, segund lo que yo allí conoci de su persona y ví en las obras que hacia en su oficio; y tengo por cierto que Dios no tiene olvidados á estos que con tan buena voluntad desean su salvacion, y tan á rienda suelta se convierten y tan milagrosamente conocen su Criador.

Yo llegué al puerto de esta Nueva-España á 15 de julio deste año, y en la cibdad de Veracruz, que es el primer pueblo de españoles, presenté antel cabildo della la provision de V. M. en que me manda sea su capitan general en estas partes, y allí fué obedecida con todo acatamiento y pregonada publicamente. Antes desto habia scripto, luego que llegué al Puerto, á los oidores desta abdiencia, haciéndoles saber mi llegada y diciéndoles que saltando en tierra les haria mas larga relacion de lo que V. M. me mandó. Allí junto, cinco leguas de la cibdad de la Veracruz, está un poblezuelo pequeño que se dice la Rinconada, y antes le llamaban

Llamabase Sebastian Ramirez, y era natural de Villaescusa de Haro. Fue primeramente inquisidor de Sevilla, oidor de Granada, y presidente de la audiencia de SantoDomingo. Pasó después, como aqui se refiere, á presidir la de Méjico, y volvió a España, donde murió siendo obispo de Cuenca, en 1547.

los indios Yzcalpan, y es uno de los que V. M. me hizo merced, y por virtud della tomé la posesion con los abtos y diligencias necesarias ante escribano público. Y cómo los oidores supieron que la provision de V. M. habia sido obedecida y cumplida por los del cabildo de aquella cibdad de la Veracruz y supieron que habia tomado aquella posesion, sintieron mal dello, porque quisieran hacer con estas provisiones lo que con todas las otras que V. M. y la Emperatriz, mi Señora, han enviado, que es no haber cumplido ninguna; en especial lo quisieran mucho efectuar en estas, porque demás de la enemistad que á mis cosas han mostrado, sigueseles mucho interese por tener ellos, como tienen, todos los mas destos pueblos mios, y se sirven y aprovechan dellos, unos puestos en cabeza de V. M., otros en si mesmos, otros en debdos y criados suyos, y de todos estos depósitos no tienen mas del nombre, y los intereses llevan ellos, como parescerá por los libros de los oficiales de V. M., que se verán cuánto son los intereses ó ventas que de los pueblos que para V. M. tienen señalados, se le han seguido, como ya otra vez hablando á S. M. en esta materia le dije. Y aun quisieron hacer alguna alteracion y bullicio, y enviar á prender los que obedecieron la provision de S. M., y hicieron muestra de juntar gente, y aderezar artillería, y hacer capitan della, y otros bullicios de esta calidad muy en deservicio de V. M. y desasosiego de la tierra. Cómo yo lo supe, hablé al obispo de Tlascala, y al prior de la orden de Santo Domingo, é al guardian de los franciscos, y les rogué y dije de parte de V. M. que fuesen á los oidores y les dijesen cómo yo habia sabido aquella novedad, y que ya sabian cuanto desasosiego era para la tierra y cuanto V. M. se deserviria; y que si hacian aquel apercibimiento de artillería é junta de gente para alguna cosa que conviniese al bien é pacificacion de la tierra, que ya sabian como yo era capitan general, y que ellos habian visto la provision que V. M. me dió y tenidola muchos dias; que me lo hiciesen saber, porque luego iria con mi persona, y con toda la gente que traía y con la que mas fuese menester á entender en ello; y que sino era para este efeto, que les rogaba y aun requeria de parte de V. M. que no hiciesen aquel bullicio ni alboroto, porque seria muy dapñoso, antes les pedia que nos conformásemos en todo para el servicio de V. M., y bien y sosiego de la tierra, y otras muchas cosas que me paresció que

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