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haciéndome merced dello de juro y de heredad para mi y mis herederos, con que yo no vaya á esos reinos á pedir por Dios que me dén de comer, que con esto recebiré muy señalada merced, V. M. me mande enviar licencia para que yo me vaya á cumplir este mi tan crecido deseo; que bien sé y confio en mis serviciosy en la católica conciencia de V. S. M., que siéndole manifiestos y tambien la limpieza de la intencion con que los he hecho, no permitirá que viva pobre. Harta causa se me habia ofrescido con la venida deste juez de residencia para cumplir este mi deseo, y aun comencélo á poner por obra, sino que dos cosas me lo estorbaron; la una hallarme sin dinero para poder gastar en mi camino, á causa de haberme robado y saqueado mi casa, como V. S. M. ya creo dello está informado; y lo otro, temiendo con mi ausencia entre los naturales desta tierra no hobiese algun levantamiento ó bullicio, y aun entre los españoles; porque por el ejemplo de lo pasado se podrá muy bien juzgar lo porvenir.

Estando, muy católico Señor, haciendo este despacho para V. S. M., me llegó un mensajero de la mar del Sur con una carta en que me hacian saber que en aquella costa, cerca de un pueblo que se dice Tecoantepeque, habia llegado un navio, que, segun paresció por otra que se me trajo del capitan del dicho navio, la cual envio á V. M., es la armada que V. S. M. mandó ir á las islas del Maluco con el capitan Loaisa; y porque en la carta que escribió el capitan deste navio verá V. M. el suceso de su viaje, no daré dello á V. Cels.- cuenta, mas de hacer saber á V. E. lo que sobre ello provei, y es que á la hora despaché con mucha priesa una persona de recaudo para que fuese adonde el dicho navio llegó, y si el capitan dél luego se quisiese tornar, le diese todas las cosas necesarias á su camino, sin le faltar nada, y se informase dél de su camino y viaje muy cumplidamente, por manera que de todo trajese muy larga y particular relacion, para que yo la enviase á V. M., porque por esta via V. A. fuese mas brevemente informado; y por si el navio trajese alguna necesidad de reparo, envié tambien un piloto para'que lo trajese al puerto de Zacatula, donde yo tengo tres navios muy á punto para se partir á descubrir por aquellas partes y costas, para que alli se remedie y se haga lo que mas conviniere al servicio de V. M. y bien del dicho viaje. En habiendo la informacion deste navio, la enviaré luego á V. M., para que de todo sea informado, y envie á mandar lo que fuere s* real servicio.

Mis navios de la mar del Sur están, como á V. M. he dicho, muy á punto para hacer su camino, porque luego como llegué á esta ciudad, comencé á dar priesa en su despacho; ya fueran partidos, sino por esperar á ciertas armas y artilleria y municion que me trujeron desos reinos, para lo poner en los dichos navios, porque vayan á mejor recaudo; é yo espero en Nuestro Señor que en ventura de V. M. tengo de hacer este viaje en muy gran servicio; porque ya que no se descubra estrecho, yo pienso dar por aqui camino para la Especeria, que en cada un año V. M. sepa lo que en toda aquella tierra se hiciere; y si V. M. fuere servido de me mandar conceder las mercedes que en cierta capitulacion envié á suplicar se me hiciesen cerca deste descubrimiento, yo me ofrezco á descubrir por aqui toda la Especeria y otras islas, si hobiere arca de Maluco y Malaca y la China, y aun de dar tal orden, que V. M. no haya la especeria por via de rescate, como la ha el rey de Portugal, sino que la tenga por cosa propia, y los naturales de aquellas islas le reconozcan y sirvan como á su rey y señor natural; porque yo me ofrezco, con el dicho aditamento, de enviar á ellas tal armada, ó ir yo con mi persona, por manera que las sojuzgue y pueble y haga en ellas fortalezas, y las bastezca de pertrechos y artilleria de tal manera, que á todos los principes de aquellas partes, y aun á otros, se puedan defender; y si V. M. fuere servido que yo entienda en esta negociacion, concediéndome lo pedido, creo será dello muy servido, y ofrezco que si como, he dicho no fuere, V. M. me mande castigar como á quien á su reyno dice verdad. Tambien después que vine he proveido enviar por tierra y por la mar á poblar el rio de Tabasco, que es el que dicen de Grijalba, y conquistar muchas provincias que están en sus comarcas, de que Dios Nuestro Señor y V. M. serán muy servidos, y los navios que van y vienen á estas partes reciben mucho provecho en poblarse aquel puerto y apaciguarse aquella costa, porque alli han dado muchos navios al través, y por estar la gente indómita, han muerto todos los españoles que iban en los navios.

Tambien envio á la provincia de los Zapotecas, de que ya V. M. está informado, tres capitanias de gente que entren en ella por tres partes, para que con mas brevedad dén fin á aquella demaijda, que cierto será muy provechosa, por el daño que los naturales de aquella provincia hacen en los otros naturales que están pacificos, y por tener, como tienen, ocupada la mas rica tierra de minas que hay en esta Nueva-España, de donde, conquistándose, V. M. recebirá mucho servicio.

Tambien tengo enhilado, y ya harta parte de gente allegada, para ir á poblar el rio de Palmas, que es en la costa del norte abajo del de Pánuco, hácia la Florida, porque tengo informacion que es muy buena tierra y es puerto; no creo que menos alli Dios Nuestro Señor y V. M. serán servidos que en todas las otras partes, porque yo tengo muy gran nueva de aquella tierra.

Entre la costa del norte y la provincia de Mechuacan hay cierta gente y poblacion que llaman Ghichimecas; son gentes muy bárbaras y no de tanta razon como estas otras provincias; tambien envio agora sesenta de caballo y docientos peones, con muchos de los naturales nuestros amigos, á saber el secreto de aquella provincia y gentes. Llevan mandado por instruccion que si hallaren en ellos alguna aptitud ó habilidad para vivir como estotros viven, y venir en conoscimiento de nuestra fe, y reconoscer el servicio que á V. M. deben, se esfuerzen por los apaciguar y traer al yugo de V. M., y pueblen entre ellos en la parte que mejor les paresciere; y si no los hallaren como arriba digo, y no quisieren ser obedientes, les hagan guerra y los tomen por esclavos, porque no haya cosa supérflua en toda la tierra, ni que deje de servir ni reconoscer á V. M. y trayendo estos bárbaros por esclavos, que cási son gente salvaje, será V. M. servido, y los españoles aprovechados, porque sacarán oro en las minas, y aun en nuestra conversacion podrá ser que algunos se salvasen.

Entre estas gentes he sabido que hay cierta parte muy poblada de muchos y muy grandes pueblos, y que la gente dellos viven á la manera de los de acá, y aun algunos destos pueblos se han visto por españoles; tengo por muy cierto que poblarán aquella tierra, porque hay grandes nuevas de la riqueza de plata.

Guando yo, muy poderoso Señor, parti desta ciudad para el golfo de las Higueras, dos meses antes que partiese despaché un capitan á'la villa de Coliman, que está en la mar del Sur ciento y cuatro leguas desta ciudad; al cual mandé que siguiese desde aquella villa la costa del sur abajo, hasta ciento y cincuenta ó docientos leguas, no á mas efecto de saber el secreto de aquella costo, y si en ella habia puertos; el cual dicho capitan fué cómo yo le mandé hasta ciento y treinta leguas la tierra adentro, y me trajo relacion de muchos puertos que halló en la costa; que no fué poco bien para la falta que dellos hay en todo lo descubierto hasta alli, y de muchos pueblos y muy grandes, y de mucha gente y muy diestra en la guerra, con los cuales hobo ciertos recuentros, y apaciguó muchos dellos, y no pasó mas adelante porque llevaba poca gente y porque no halló yerba; y entre la relacion que trajo me dió noticia de un muy gran rio, que los naturales le dijeron que habia diez jornadas de donde él llegó, del cual y de los pobladores dél le dijeron muchos cosas extrañas. Le torno ahora á enviar con mas copia de gente y aparejo de guerra para que vaya á saber el secreto de aquel rio, y segun el anchura y grandeza que del señalan, no ternia en mucho ser estrecho : en viniendo haré relacion á V. M. de lo que dél supiere.

Todos estos capitones destos entradas están agora para partir casi á una. Plega á Nuestro Señor de los guiar como él se sirva, que yo, aunque V. M. mas me mande desfavorecer, no tengo de dejar de servir; que no es posible que por tiempo V. M. no conozca mis servicios; y ya que esto no sea, yo me satisfago con hacer lo que debo, y con saber que á todo el mundo tengo satisfecho y le son notorios mis servicios y lealtad con que los hago; y no quiero otro mayorazgo para mis hijos sino este.

Invictisimo César1, Dios Nuestro Señor la vida y muy poderoso estado de V. S. M. conserve y aumente por largos tiempos, como V. M. desea. — De la ciudad de Tenuxtitan, á 3 de setiembre de 1526 años.

1 La copia de Viena concluye de diferente manera con el siguiente párrafo : Potentísimo Señor, de V. Ces. Maj. muy humilde siervo y vasallo que los muy reales pies y manos de V. M. besa. — Hernando Cortés.

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Carta de Hernan Cortés al obispo de Osma. De Coadnavacb i 12 de enero de 1527.

Reverendisimo y muy magnifico Señor 1 : aunque ha poco escribi á S. M. y á Vuestra Señoria de las cosas de acá, la distancia debe causar que en poco tiempo haya siempre que escribir, y asi agora escribo á S. M. lo que de nuevo hay que hacerle saber; y pues Vuestra Señoria lo ha de ver, no quiero en esta repetillo, mas de le suplicar que la mire toda con benevolencia, habiendo respecto á lo que yo he servido, y á los trabajos en que en estas partes me he puesto por hacer en servicio de S. M. todo lo que tuviere posibilidad de hacer, y certifico á Vuestra Señoria que son tantos quo yo no osara á emprender á los escribir de principio fasta el cabo, aunque pensase haber gran galardon; y pues ya cuando esta llegare habrá Vuestra Señoria visto lo que acá nos ha sucedido, suplico á Vuestra Señoria que conosciendo que mis servicios lo merecen, me sea favorable con S. M. en todo lo que antes y agora le envio á suplicar, porque de otra manera no osaria serle importuno.

1 Este obispo de Osma, que i la sazon era presidente del Real Consejo de las Indias, se llamaba don Krey Garcia de Loaysa. En la Descripcion histórica del obispado de Osma, que escribió Loperraez Corvalan, se halla su vida muy por extenso. Vease el tomo i, pag. 404.

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