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aquélla, han remesado fondos á China embarcándose los principales y dejando algunos dependientes irresponsables é insolventes, vacíos los almacenes y con desfalcos que alguna vez han pasado de medio millon de pesos. El comercio no es á propósito para alcanzar que el chino se establezca de hecho en las islas. Se puede decir que juzga como breve y transitoria su estancia, y creyéndose siempre con un pié en el Celeste Imperio, todo el dinero que vá amontonando lo destina á gozar de una vida tranquila á su regreso al país natal, no contribuyendo en nada á la mejora de la ciudad que habita en Filipinas.

Las cantidades de plata que se remesan anualmente á China son de mucha consideracion, procedentes, casi en su totalidad, de lo que deja el comercio al menudeo de telas y quincalla en todas las islas. Este mal, que cito sólo muy de paso, no debe descuidarse, porque si bien es cierto que en cambio del dinero, que se llevan, nos dejan el fruto material de su trabajo, es verdad tambien que si se quedaran en Filipinas, contentos con su vida y familia, no perderíamos tales caudales, aumentándose la poblacion y moralizándose mucho las costumbres. En Singapore, donde los chinos se ocupan en tareas análogas á las que se dedican en el Archipiélago, se nota ya gran diferencia en su manera de vivir. Sus casas son más aseadas y las hay en que se vé lujo y esplendidez. Tienen jardines y parques, que son dignos de ser visitados, teatros regulares y suntuosas pagodas. En sus trajes se observa extremada pulcritud y hasta elegancia, todo lo cual creo depende de dos causas principales : tener esposas de su país con quienes poder fundar familia verdaderamente china, lo que les dá en el hogar doméstico la vida exclusiva de su tierra, a la que son tan apegados, y no ser molestados por propaganga religiosa alguna, dejándoles tranquilos en la observancia de las prácticas de sus creencias. El exclusivismo en religion es siempre fatal á la prosperidad de una colonia, como lo ha de ser forzosamente al bienestar de las diferentes razas que en ella viven. Si los holandeses intentaran cristianizar á los malayos de Java y Sumatra, convertirian en campos de devastacion regados por raudales de sangre aquellas ricas comarcas.

Estas consideraciones, empero, me alejan un tanto del estudio de las causas que impiden al chino ocuparse en las faenas agrícolas y forestales al par que se dedica a las mercantiles y de las cuales he apuntado las más importantes á mi juicio. Son bastantes los que viven del comercio de maderas. Los que negocian en grande han cumplido siempre bien con lo estipulado en el pliego de condiciones de sus respectivas licencias de cortas, haciéndolo hasta con minuciosidad. No así los pequeños tratantes en este artículo, inclinados á todo fraude, y que suelen figurar entre los aprehendidos y multados. No juzgo prudente ni casi factible lo que dicen, particularmente las personas que llevan una larga estancia en el país, de ser conveniente la expulsion de todos los chinos del Archipiélago por ser sólo un obstáculo para que los europeos se fijen en él. Dado el estado actual de las Islas, creo que sería imprudente é impolítico en alto grado, si no se tiene con que reemplazarlo, perder este elemento, que al fin y al cabo lo es siempre de trabajo, pues entre los defectos del chino no puede, en general, decirse que se cuente la holgazanería. Quizás sea sí conveniente hacerle observar algunas prescripciones más conducentes á obtener mayor seguridad para el comercio. Por ejemplo, llevar los libros y toda la contabilidad en español ó en un idioma europeo extendido, sujetándoles á visitas de inspeccion por delegados de una Junta de Comercio, y tendiendo otras á la mejor policía en su vida para bien de la higiene y de la moral pública. Y sobre todo, estudiar detenidamente el modo de mejorar su condicion social, impedir, moralmente se entiende, su regreso á China haciéndoles hallar en Filipinas una nueva patria, lo que nunca podrá conseguirse si no se facilita la inmigracion de mujeres. Con esto quizás se alcanzaria que se dedicasen los chinos á las faenas del campo y del monte. Muchos pequeños comerciantes no podrian sostener un dependiente europeo ó mestizo que llevára al corriente sus libros y tendrian que pensar en otro modo de vivir, dejando así libre el campo á jóvenes peninsulares, quienes con un modesto capital empezarian el comercio de tienda, base de uno en mayor escala. Separadas más las razas indígenas y la china, como consecuencia de la entrada de mujeres de esta última, sería más factible el trabajo agrícola dejando á la primera las comarcas, que hoy cultiva principalmente, y atrayendo la segunda á las poco pobladas, en donde pudieran establecerse los chinos con sus mujeres. Algun ensayo en este sentido sería tal vez conveniente, y la isla de Mindoro, adonde deberian ir directamente para evitar les contaminase la manera de vivir de sus paisanos de Manila, brinda extensos terrenos muy á propósito para ello, subordinando a los colonos, como medida política, al europeo, que, si se le proporcionaban fértiles tierras y brazos útiles en el centro del Archipiélago, no dejaria de acudir con su inteligente actividad y capitales á ponerse al frente de los grandes ingenios y plantios que se fundáran. Esto, sin gastos por parte del Estado, es probable que produjera para el desarrollo de la riqueza de las Islas resultados más positivos que media docena de granjas-modelos esparcidas por ellas y establecidas sin haber variado las condiciones en que hoy se halla el agricultor respecto a la adquisicion de terrenos y brazos. Algo parecido tuve la honra de proponer al Gobierno, en época anterior, para Mindanao, como individuo de la Comision de que, para el estudio de capitalidad y colonizacion de aquella Isla, formé parte. Desde entonces mis convicciones en este punto se han arraigado más y más, y creo que el chino, é igualmente el cochinchino, el annamita, el cambodjano, y quizás con gran ventaja sobre ellos, el japonés, como ya se ha indicado, pueden proporcionar a la agricultura y á los montes los brazos necesarios. No estoy de acuerdo con los que dicen que nunca se logrará que los pueblos asiáticos dén braceros para los trabajos del campo en el Archipiélago.

¿Qué necesita la agricultura filipina para llegar al estado en que se halla la de otros paises ménos favorecidos por la naturaleza? En primer lugar, que haya terrenos á propósito para las preciosas plantaciones que se dan admirablemente allí y que rinden los productos más considerables; en segundo, que se tengan inteligencias y actividades superiores para manejar las haciendas y las industrias agrícolas; en tercero, que haya los capitales nece

sarios para la explotacion, y finalmente, que no falten braceros ni obreros aptos para las faenas mecánicas. El primero y último de estos puntos capitales creo son los que más inmediatamente dependen de la accion del Gobierno, y si en la esfera oficial no se estudian, tomando despues resoluciones conducentes á satisfacer las necesidades que suponen, verémos durante muchos años languidecer la agricultura, como hoy sucede, dejando en la pobreza á un país que se supone tan rico y que por cierto cuenta con todos los elementos naturales para serlo. Respecto al segundo punto en nada debe preocupar á los gobernantes. Ha de cuidarse tan sólo de atraer agricultores inteligentes, ofreciéndoles buenas condiciones para fundar sus haciendas, darles seguridad individual, hacer respetar sus propiedades y crear buenas vias de comunicacion. Sin otra iniciativa que una bien entendida desamortizacion, acudirán los que han de constituir la clase de propietarios rurales, actualmente bien mezquina en las islas, en donde-abstraccion hecha de la media docena de fincas rústicas de las órdenes religiosas en las provincias del centro de Luzon, algunas en Nueva-Écija, la Pampanga, Bulacan y Batangas y las relativamente pocas de Visayas, excepto en Negros—puede decirse que no hay fincas cuyos dueños puedan considerarse como grandes propietarios. En lo referente á capitales no debe preocuparse tampoco mucho el Gobierno. Sólo á la mala constitution de la propiedad, á las dificultades que se oponen al que quiere obtener tierras baldías realengas, al temor que inspira, sobre todo al extranjero, el tener que entenderse con nuestra administracion, que supone mucho más

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