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las maderas no pudieron hallar salida hasta que en pública almoneda fueron vendidas á infimos precios.

De todo lo expuesto podemos legítimamente deducir que las islas Filipinas parecen destinadas, por la naturaleza, á ser el gran centro productor de maderas del remoto Oriente. Hoy lo son, en efecto, y lo serán en mayor escala si no se desatiende este importante ramo de la pública riqueza destruyendo la obra de aquella y si dirigimos los esfuerzos á fomentarlo por cuantos medios se presenten á nuestro alcance. Vemos que á las puertas del Archipiélago filipino hay el malayo, que no hace medio siglo era gravoso á la Metrópoli costándole su sostenimiento bastantes millones, y que en cuatro años (1830-34) del gobierno de un hombre de Estado eminente, de voluntad de hierro, del citado Van der Bosch, dió, en el ejercicio de 1834, un sobrante de 28.976.705 pesetas. No nos asusten, pues, las poco satisfactorias cifras de los presupuestos de Filipinas. Hay medios bastantes para obtener allí en breve tiempo, impulsando la produccion, no sólo su nivelacion, que este objeto no bastaría, si no hasta un exceso de ingresos bastante para desahogar el Tesoro de la Península con sobrantes más considerables que el gran déficit que hoy ofrecen. Para ello no hay más que aprovechar la enseñanza que el sistema de Holanda en el Archipiélago malayo nos ofrece y reconocer de cuanta importancia es que la Autoridad superior se ocupe preferentemente, y por sí misma, del estudio de las cuestiones agrícolas asesorándose de personas facultativas en la parte puramente técnica, que no puede suponerse familiar á un hombre de Gobierno, como no lo era al gran regenerador de Java, partiendo de esta base la iniciativa del planteamiento inmediato de las que estime convenientes á la prosperidad del país. Mucho se ha inculpado al sistema de Van der Bosch de ser puramente utilitario para Holanda é inhumano para los indígenas diciendo que pesaba sobre ellos como una disfrazada esclavitud, y recientemente así lo hemos leido en un artículo de un conocido publicista español, que preferentemente se ocupa de los problemas coloniales, pero el solo exámen de los datos estadísticos del movimiento de poblacion demuestra que ésta casi ha duplicado desde que aquel se aplica, indi- · cio seguro de la prosperidad de un pais más decisivo que el aumento de las rentas públicas. El malayo, pasando en Java de embrutecido holgazan á cultivador, ha mejorado de suerte alcanzando un bienestar relativo, alcanzándolo forzosamente a pesar suyo y por medio del trabajo obligatorio, lo cual quizás no suene muy bien á algunos adeptos de nuestra escuela reformista; pero que es una gran verdad, cuya trascendencia casi sólo aprecia el que viviendo, aunque sea corto tiempo, entre los pueblos indios se ha penetrado bien de ella.

Si en los mercados del continente asiático hallan ya fácil y lucrativa colocacion las maderas del Archipiélago, aumentando la demanda de dia en dia, y si de la apertura de los del Japon esperamos justificadamente un desarrollo de su comercio, la superior calidad de algunos de dichos productos, hoy áun poco conocidos, para la construccion naval induce á creer que los principales arsenales del mundo han de llegar á pedir determinadas piezas á Filipinas para buques en que se quiera emplear materiales de pri

mer órden. Las distancias van acortándose cada dia; el comercio y la industria cuentan con dos auxiliares poderosos, que han venido á cambiar su faz, el vapor y la electricidad. Europa puede ya apenas satisfacer sus necesidades de grandes piezas de roble. En casi todos los arsenales se emplean maderas procedentes de la India inglesa reparando más en la calidad que en los precios. La teca ha tomado en ellos carta de naturaleza. ¿Por qué al par de las especies indicas no vemos usar las filipinas? ¿Son el bétis, el molave, el ipil, el dungon de peor calidad? No es esta ciertamente la causa, pues ya de antiguo sabe nuestra marina de guerra los casi sorprendentes resultados por la duracion y solidez obtenidos de buques construidos en Cavite, los cuales despues de navegar muchos años han presentado sus fondos en perfecto estado de conservacion. Y téngase en cuenta que ni en la eleccion de la época de cortas de las maderas, ni en su conservacion se han tomado las precauciones encaminadas á mejorar su calidad. El mezquino comercio que antes se hacia de maderas del Archipiélago, monopolizado por unos pocos, motivaba que los aprovechamientos no se efectuaran hasta que los pedidos aseguraran al maderista una colocacion inmediata del artículo. Sólo cuando esto tenía lugar emprendia la corta, cualquiera que fuese la época, poniéndose en obra enseguida las maderas que estaban á veces en plena sávia (1). No creo probable que la construccion

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(1) Algunos detalles interesantes acerca de la construccion naval en las Islas pueden verse en la obra de D. Sinibaldo de Mas Estado de las islas Filipinas en 1842.

urbana en países europeos y americanos demande las maderas de las Islas, pero sí estoy en la idea de que la construccion naval en Europa y Norte-América se proveerá de ellas con ventaja. Para esto es preciso que el comercio maderero salga de su postracion y se halle en caso de poner en los puntos consumidores maderas de superior calidad sin fraudes que, proporcionando sólo mezquinas ganancias á algunos particulares, vienen á causar su ruina, porque, desacreditando los productos, hacen cesar su demanda. No se dé supa cuando se pide ipil, no se lancen al extranjero cantidades grandes de apiton pretendiendo que el molave no se encuentra, ténganse las maderas acopiadas antes de la llegada de los buques y no se demore su carga motivando gastos de estadías considerables, causa muchas veces del fracaso de negocios de esta índole. Sabemos que recientemente han abierto ya el registro buques de San Francisco de California y de Liverpool para cargar maderas en Manila, y este resultado que se ha obtenido, gracias á gestiones hechas por la Inspeccion hace poco más de un año, prueba el brillante porvenir que a los productos forestales del Archipiélago está reservado en arsenales donde hasta ahora no se han conocido.

Mucho importa que las primeras expediciones sean de buenas maderas. Si consisten en buen molave, bétis y dungon de Tayabas, en yacal de Angat y en ipil de Masbate, no dudo serán reconocidas como las mejores entre las más preciadas de la India. Otras especies ménos conocidas todavía, pues el estudio de las maderas de las islas está aún en mantillas, merecen irse acreditando; tal es, por ejemplo, el bansalagui de Tayabas, que empieza ya á solicitarse en los puertos de China y que demuestra tener propiedades que la hacen casi insustituible por otra alguna, descollando por su elasticidad de primer órden. El palumbuyen ó palumbayen de Cagayan, no conocido áun en los mercados, y del cual examiné la primera muestra á mi llegada á Manila, que como curiosidad fué regalada á la Inspeccion por un maderista de aquella localidad, se encuentra en análogo caso. A medida que se vá haciendo el estudio de las maderas de aquel país resulta, por el contrario, que existen algunas, si bien pocas, que pierden la importancia que antes se les daba, como sucede con el palo-maría ó bitanjol reconocido hoy como de poco valor para las construcciones civiles, por lo cual se vá reservando para arboladura de buques de cabotaje.

Buques con quillas y codastes de bétis, yacal, dungon ó ipil, con las ligazones, rodas y curvas de consolidacion de molave, los forros exteriores y baos de banaba ó quijo, las sobrequillas y los durmientes de batitinan, los trancaniles y las cubiertas de mangachapuy, y la obra muerta de amuguis creo que pueden ponerse al lado de cualquier nave construida con maderas de la India inglesa. Váyanse conociendo nuestras maderas en los arsenales europeos y americanos, preséntense muestras de ellas á los constructores con el cálculo de resistencias, notas de precios, puntos de embarque, y no quepa duda de que el tiempo justificará la esperanza ántes indicada de presentar ventajas su empleo y abrirse así nuevos horizontes al comercio filipino aumentando grandemente los ingresos, que la buena gestion forestal del Archipiélago proporciona al Tesoro público.

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