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tir la heroicidad de nuestros bravos marinos Mendez Nuñez y Malcampo, quienes metieron la proa de su goleta hasta la corta de Pagalungan, porque buques de tanto calado no podrian llegar á aquel punto. Hasta cerca de su desembocadura en Cottabato están expuestos ahora los cañoneros á frecuentes varadas, mientras que antes las goletas fondeaban allí sin precaucion alguna. Una parte, y no poca, de lo que pasa debe atribuirse seguramente á los cainges de los moros en la cordillera del Apo y en sus estribaciones. Cerca de Pollok intentamos explorar un rio, del cual existen datos y se ven indicios de haber sido caudaloso, llamado Parang-parang, y á menos de dos kilómetros de su boca nos fué imposible ya seguir ni con la lancha de un cañonero no continuando á pié la exploracion--el agua apenas nos hubiera llegado a media pierna,-por respeto al diente de los muchos caimanes que pululaban en él, como nos lo advertian los contínuos gritos de boahan lanzados por nuestros guías malayos. Este rio es de gran importancia para Pollok.

Basten estos ejemplos, en los cuales quizás me he extendido demasiado llevado por el interes que ofrecen, para formar juicio del cuidado que exige la conservacion y mejora de estas grandes vias de comunicacion con que la naturaleza ha dotado pródigamente á nuestras islas, objeto de admiracion de cuantos viajeros las recorren y cuya importancia aparece mayor cuando se consideran las dificultades y coste que ofrece la construccion de los caminos que en muchos puntos, por lo que hace á los que ya están abiertos, son intransitables en la época de lluvias y casi siempre incómodos para el viajero.

Resumiendo lo expuesto, vemos que los montes de Filipinas contienen maderas suficientes en cantidad y calidad para subvenir á todas las necesidades del consumo interior; que una omnimoda libertad, trocada forzosamente en confusa licencia, los arrastraria á una ruina más ó ménos tardía, pero segura é inevitable, precursora de la del país porque lo haria incultivable é inhabitable; que el mal sólo puede atajarse conservándolos sin que por esto se entienda que no se debe proceder á descuajes y roturaciones estudiadas en la localidad y obedeciendo siempre al criterio elevado de un plan general muy meditado; y finalmente, que la importancia económica y cósmica de dichos bosques reclama la pronta ejecucion de trabajos estadísticos que los den á conocer y permitan formar exacto juicio acerca de ellos, así en conjunto como en detalles, sirviendo de base a todos los trabajos particulares de interés puramente local.

II.

La produccion de maderas del Archipiélago comparada con la de los países

vecinos China, Malaca, Conchinchina , Siam, Cambodja , Japon, India holandesa.—Exportacion de maderas para Asia, América y Europa.

Examinemos ahora cuál es la importancia de los montes del Árehipiélago relativamente a la forestal de los países vecinos. Ninguno de los bañados por las aguas de los mares de la China y de las Célebes aventaja á nuestras islas en la produccion de maderas, debiendo advertir que algunas de las más preciosas son de especies exclusivamente filipinas, lo que induce con mayor motivo á procurar cuidadosamente su conservacion. Lo que sucede en la Península con el pinsapo, árbol de las sierras andaluzas envidiado por los extranjeros que lo cultivan esmeradamente como planta de adorno en sus jardines y mirado con tanta indiferencia por nosotros hasta el punto de exterminarlo en su último refugio, pasa en Filipinas con el bétis, entre otros, del cual se sacan las mejores quillas del mundo, escaseando ya tanto por desgracia que se pagan á enormes precios las piezas de esta especie que aún se proporcionan de tarde en tarde a los constructores navales.

Los ingleses han tenido y tienen constantemente que acudir á los mercados de Filipinas para surtirse de las

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maderas necesarias á sus factorías de Malaca y de China, pues en las costas orientales de ambos países ván disminuyendo las buenas maderas de construccion. Singapore, Hong-kong y Shangay se han edificado con maderas del Archipiélago. Hay tan continua demanda de estos dos últimos puntos, que, como ya queda indicado más arriba, importa ésta por lo menos % 6 % de la totalidad del consumo, segun datos oficiales. Como es de suponer, las maderas inferiores no tienen salida en aquellos mercados, pues siendo el principal gasto el de los fetes y éstos igualmente costosos cualquiera que sea la clase de la madera, sólo las superiores lo compensan. El molave, el ipil, el bétis, el dungon y la banabá son las más solicitadas, sustituyéndose la segunda por la supa, inferior á ella, pero parecida en sus caracteres exteriores lo bastante para que puedan confundirse si ambas no se examinan detenidamente.

No pocos perjuicios ha causado al comercio maderero de Filipinas el descrédito en que, durante algunos años, cayeron las maderas del Archipiélago por efecto de fraudulentas sustituciones, merced á las cuales se cargaba para los puertos de China apiton, pagatpat, supa y otras de clase inferior, cuando las casas inglesas pedian las superiores, que pagaban á altos precios. Hoy ya muchas de dichas casas, conocedoras del establecimiento de una Inspeccion dotada con personal facultativo, exigen al vendedor la guia aprobada por ésta en la que consta la tasacion oficial, con lo que se ahorran los gastos consiguientes á los honorarios de los peritos á quienes hacian antes que reconociesen los cargamentos. Una empresa comercial de Hong-kong sostuvo hasta hace poco tiempo un ingeniero en la provincia de Tayabas, que cuidaba de que no se embarcáran piezas que no correspondiesen á las clases y dimensiones pedidas, abonándole un sueldo crecido. Si la memoria no me es infiel, he oido asegurar que percibia por este simple reconocimiento diez y seis pesos diarios, pagados los viajes y la manutencion a bordo de un buque de la casa.

Habiendo personal pericial suficiente en los principales puntos de acopio de maderas, se podrán expedir las guias con toda exactitud, y el comercio, evitándose los gastos y entorpecimientos que ocurren con frecuencia, irá cada dia animándose más, siendo, por consiguiente, mayores los ingresos en el Tesoro público.

No hay que olvidar que toda la costa de China y la oriental de la Península de Malaca tiene que ser tributaria de Filipinas en este ramo de comercio. Las comarcas del litoral del Celeste Imperio son extremadamente pobres en bosques, y lo mismo, aunque no tanto, sucede con las de la última, pues si bien hay muchas y excelentes maderas (la teca, el sándalo, el sal, el palo negro ó palo rosa, el cedro, etc.) en el centro y costa occidental bañada por el golfo de Bengala, la dificultad de los transportes y lo caro de los Aletes no permite ponerlas con ventaja en los centros consumidores de China.

Las posesiones francesas de Conchinchina, los reinos de Siam y de Cambodja no son tampoco países que por su produccion de maderas puedan inspirar recelos al comercio filipino.

Los terrenos más accesibles, bajos, cruzados por gran

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