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mantas á pesar de lo cual nos encontrábamos empapados al amanecer, los terrenos en donde principalmente se desarrollaban las calenturas putridas-allí mucho más temibles que la disentería---si no en los elevados y expuestos á los aires. En el campamento de Cottabato, emplazado en terreno anegadizo, son raros los casos de esta enfermedad, á la par que su frecuencia en los altos de Tainontaca, distantes pocos kilómetros de aquél, ha motivado que se retirase á la márgen derecha del brazo S. ó Limapatoy el destacamento que, para tener á raya á las rancherías inmediatas, se habia establecido en aquel sitio. Tan grande humedad depende principalmente de las masas de arbolado, que devuelven lenta y constantemente á la atmósfera el agua infiltrada en la tierra por las lluvias. En las islas donde más han disminuido se nota un cambio desfavorable en el clima, como, por ejemplo, en la de Cebú. En el mismo Manila se dice por las personas que llevan de residencia más de treinta años, que ha variado el clima de un modo notable, siendo más extremados los calores y menor la cantidad de lluvia. Las grandes masas de arbolado sirven tambien de no poca defensa contra los terrible huracanes, conocidos con el nombre de baguios, que con harta frecuencia desolan extensas comarcas arruinando poblaciones y agostando las plantas cultivadas. Este abrigo se ha de tener presente, sobre todo al establecer las plantaciones de café y de cacao, en especial las últimas, de gran interes para la agricultura filipina (1).

(1) Puede verse lo expuesto en el opúsculo de D. Santiago Pateros sobre el cultivo del café y del cacao publicado en Manila el año de 1871.

Todas estas circunstancias han de ser tenidas muy en cuenta al proceder á los descuajes de montes, no olvidando que cada caso particular requiere su estudio especial hecho en la localidad misma por personal que, provisto de los conocimientos generales, los vaya aplicando con un criterio acabado de formar por la experiencia adquirida en trabajos de la misma índole, pues ir á ciegas en este asunto es exponerse á fatales resultados. La cuestion higiénica es capital para la prosperidad de un país, pues sólo algunas producciones del reino mineral enriquecen al hombre con una rapidez bastante incentiva para hacerle arrostrar las tristes eventualidades de climas mortíferos, y áun entonces suele no resultar el enriquecimiento de la comarca que se explota, allí cesa la prosperidad efímera que la dieron los mineros cuando se agotan los tesoros arrancados para llevarlos á tierras extrañas. Filipinas, aunque no pobre en minerales preciosos, no se halla, sin embargo, en este caso, dependiendo su principal riqueza de la agricultura. Es opinion bastante comun que las condiciones climatológicas del Archipiélago mejorarian dis minuyendo la superficie cubierta de monte, y no falta quien allí vea en el árbol el enemigo del hombre, sin pensar que sin él ni una gota de agua podria beber, ni podria respirar siquiera en el ambiente abrasador que á los habitantes rodea. No negaré que con descuajes bien entendidos se sanifican determinadas localidades emboscadas con exceso, así como es evidente que las roturaciones prontas y extensas son en extremo fatales a la salubridad de las comarcas en donde se han verificado. Tal se ha observado en las islas del Sur, en donde se recrudecieron las mortíferas calenturas que diezmaban, ya de ántes, á los naturales del país en cuanto comenzó su colonizacion.

A un funcionario del ramo, al laborioso é inteligente Ayudante de la Inspeccion D. Francisco Gutierrez y Creps, cabe la gloria de haber sido el primero en evitar, ó por lo menos disminuir notablemente este triste resultado de operaciones preparatorias para el cultivo agrario, en la colonia penitenciaria-agrícola de Balabac durante el tiempo que le fué confiada su direccion. Esta benéfica mejora se debió únicamente á una acertada orientacion de las cortas y á un estudio particular de la época en que debian hacerse. Balabac ha dejado, desde entonces, de ser tan terrible como antes era para los que se veian obligados a establecerse en dicha isla.

Intimamente enlazada con la influencia que en el clima de un país ejercen los montes, está la que tiene en el régimen de sus aguas. Los rios, cuyas fuentes se encuentran por lo comun en las sierras, se alimentan principalmente de las aguas pluviales infiltradas en la tierra, la cual va perdiendo sus buenas cualidades higroscópicas á medida que se la desnuda de vegetacion siendo arrastradas sus partes sueltas y muelles, que son las fertilizadoras, á los valles, con lo que viene a quedar al descubierto la roca que constituye el subsuelo. Resbalan por ella las aguas, ántes fácilmente retenidas, y se convierten en torrentes y ramblas los riachuelos y rios, cuya constancia de caudal se transforma en alternativas extremas de inundaciones y sequías, tan ruinosas unas como otras para la agricultura. De ello se notan ya los tristes efectos en mu

chas comarcas del Archipiélago, y si bien no creo que dependan únicamente de la tala de los montes de las sierras, sí creo que es ésta una de las principales causas que las producen. Estos daños pueden evitarse en parte ejecutando trabajos locales de rectificacion del cauce de los rios y sujetando las orillas por medio de plantaciones. Hay en Filipinas plantas excelentes para este objeto, figurando en primer término los distintos bambús. No deben desatenderse tampoco los puntos donde el mal toma con frecuencia su origen, que son las sierras cuya repoblacion en cimas y laderas es de importancia suma. La desnudez, en que hoy se ven el Sungay y el Maquilin, es fatal para gran parte de las provincias de la Laguna y de Batangas. Para penetrarse del interes que este estudio tiene en Filipinas, bastará recordar las terribles inundaciones que sufrió la Pampanga á fines de 1871 (1).

Las buenas condiciones de la mayor parte de los rios, navegables muchos de ellos hasta para embarcaciones de bastante porte, contribuyen poderosamente á la riqueza del Archipiélago. Debe, por tanto, procurarse no destruir la obra de la naturaleza, ántes al contrario, perfeccionarla con todos los medios que la ciencia da para ello.

Hora es ya de tomar la iniciativa en esta cuestion, hacer estudios concienzudos y llevar al terreno de la práctica los que hay hechos, pues es verdaderamente desconsolador contemplar, y vergonzoso contemplarlo indiferente,

(1) Acerca de dichas inundaciones escribió una Memoria muy interesante mi distinguido amigo el ilustrado Ingeniero Jefe de caminos D. Eduardo Lopez Navarro

el estado en que se hallan rios tan importantes como son el Pasig, al cual debe en gran parte su vida mercantil Manila, el rio grande de Cagayan, que cruza las comarcas quizás más ricas de Luzon, y el del mismo nombre de Mindanao, principal artéria del Sur de la isla y cuyas orillas han sido preferente objeto de nuestra colonizacion y teatro de combates gloriosos sostenidos contra la raza malaya. En el primero de dichos rios se ven varar con frecuencia los vaporcitos, algunos de ellos sólo de medio metro de calado, que hacen los viajes de la capital á Santa Cruz de la Laguna, mientras que emprendiendo plantaciones en las orillas , prévia rectificacion del cauce en algunos puntos donde las curvas son de muy poco radio, se aseguraria una navegacion fácil y segura para buques mucho mayores, impulsando así el comercio considerable que con las provincias de la Laguna y Tayabas sobre todo sostiene Manila.

En el magnífico rio grande de Mindanao, principal base de operaciones de una dominacion efectiva de todo el Sur de la isla, rio que he tenido ocasion de remontar hasta el punto más avanzado al interior en donde ha tremolado nuestra bandera, ó sea hasta el emplazamiento del antiguo fuerte de Mating-Cahuan, del cual no quedan más vestigios que el deplorable destrozo de los cocoteros, tan respetados por los moros y cortados por los soldados indios, probablemente para regalarse con la riquísima ensalada que con su cogollo preparan sacrificando un árbol por un bocado; en dicho rio, repito, se observa un empeoramiento progresivo en sus condiciones de navegacion, hasta el punto de que sería difícil, ó imposible hoy, repe

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