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codrilus biporcatus Cuv.) (1) en casi todos los rios y esteros del Sur de Mindanao; várias víctimas han causado en el destacamento de Bonga, y una mañana, hallándome en Cottabato, pasó uno gigantesco por medio del rio con un cadáver plegado en sus descomunales quijadas. Los iguanas (diferentes especies de los géneros Iguana, Calotes, Lophyrus, etc.) abundan en las orillas de Rio Grande, y el chacon (2) lanza su extraño grito, en el silencio de la noche, junto a las casas.

Los peces son de muy variadas especies y suministran buen alimento á los habitantes de las costas; en las aguas del Pulangui parece que faltan por completo: durante mi permanencia en la isla los comí grandes y suculentos; pero confieso mi ignorancia en ictonología, todos me sabian á merluza. Detalles curiosos acerca de la pesca del dalag (Ophiocephalus), en el rio Agusan, se leen en el ya citado estudio del Dr. Semper. Una gran provision de sardinas hicimos en las bocas del Limapatoy, comiéndolas con voraz apetito en las rocas del Timaco.

Apenas se oye el c.'nto de pájaros en aquellos montes, sólo el monótono y triste grito del calao (3) interrumpe el silencio de sus soledades. Las palomas abundan y son de muy variadas especies; la célebre de la puñalada, que en su blanco pecho lleva una mancha roja, se caza en los alrededores de Zamboanga. Creo, sin embargo, que la ornitología de Mindanao, dista de ser tan rica en especies como la de las Molucas. Mu. chas garzas blancas de hermoso penacho revolotean de orilla á orilla en el Rio Grande; pero esquivas y astutas en extremo, se libraron siempre de los plomos de nuestras escopetas.

Ni una sola fiera cuenta la fauna de esta isla, pareciéndose en esto á las restantes del Archipiélago. El búfalo montaraz, ó

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(1) Véase Synopsis der gegenärtig lehenden Crocodilen, por Strauch. p. 53. (2) Platydactylus guttatus, Cuv.? (3) Especics del género Buceros.

carabao cimarron (1), es peligroso en algunas comarcas, y tuvimos que respetarle al pasar el lecho del rio Simuay, cerrando los parasoles á las dos de la tarde, y sufriendo una lluvia de fuego, por no atraer su atencion. Dícese allí que el carabao, inseparable compañero del indio y del malayo, vence á la serpiente Piton, que domina á los demás animales; el medio de que se vale es curioso; deja que el reptil le ciña el cuerpo sujetándole con sus anillos, retiene el rumiante su respiracion y cuando se siente fuertemente apretado, dá un resoplido, se hincha todo lo posible y hace saltar la columna vertebral de la culebra. El jabalí debe abundar, pues le vi en varios puntos de las márgenes del Pulangui; probablemente es la especie Sus verrucosus, de tamaño algo menor que el Sus Sropha de Europa (2). No sé que exista el Muscus javanicus, que mi amigo el Sr. Gutierrez recogió en la isla de Balabac. Finalmente, los monos, esas caricaturas del hombre que á tantas reflexiones filosóficas se prestan, son comunes allí; el Delta del Rio Grande está lleno, y es tan fácil verlos como difícil matarlos; nosotros gastamos siempre, y creyendo el tiro seguro, la pólvora en salvas; apenas se apoya el dedo en el gatillo, cuando se ocultan en el matorral chillando como chiquillos. En el Timaco, donde nunca habian sido molestados, no huian; se nos quedaban mirando con risibles gestos y contorsiones, en familias enteras; pero, comprendian portentosamente lo que significaba coger la escopeta. - Dicen que los perros importados por los europeos se reprodujeron grandemente en la isla de Bongod, deshabitada, en la cual áun hoy prosperan. – La casta de Pollok, especie de mastines, gozaba , hace veinte años, fama, y conserva alguna en el Archipiélago; pero se vá perdiendo.

Como se vé, no arroja gran luz lo que queda apuntado de la

conserv

a en

(1) Bos Bubalus, L.

(2) Del S. Babirussa , Bnff., de los montes filipinos, no ví individuo alguno en las márgenes del Rio Grande.

fauna; consigno lo que sé y bien poco es; sin embargo, no he leido tanto en ningun libro ni trabajo inédito de los referentes á Mindanao.

Colonizacion.—Y para concluir estos apuntes, justo es tratar, aunque sea ligeramente, la tan asendereada colonizacion de Mindanao. Mucho se ha escrito y distintos caminos se han señalado para llevarla á buen término. Unos lo esperan todo de las colonias penitenciarias agrícolas, es decir, de la iniciativa oficial; otros admiten sólo la posibilidad de buenos resultados encargándose el elemento militar-generalmente pertenecen al ejército los que ante todo y sobre todo ensalzan la excelencia del uniforme y de la disciplina-otros, en fin, creen que sólo una empresa particular conseguirá poner en produccion aquellos terrenos. Todos apoyan con ejemplos sus razones; todos, ménos los militares, que sólo hipótesis pueden aventurar; en efecto, sus colonias han sido en todos tiempos y en todas partes desastrosas; la marina, en determinadas circunstancias, coloniza reducidas y concretas comarcas; el ejército esteriliza cuanto toca, no sirve más que para proteger, y se convence en nuestro caso particular quien compare Pollok, apostadero de la marina, con Cottabato, asiento de una comandancia militar. Allí hay algo, hay familias radicadas procedentes de la marina; aquí no hay ni ha habido nada más que un poco de prostitucion en las épocas mejores. No se tomen estas palabras, quizás un tanto severas, pero hijas del más íntimo convencimiento é inspiradas por hechos observados, como depresivas para el elemento militar, que precisamente en Mindanao tantas glorias ha conquistado; pero para colonizar es contraproducente, bastando su sola presencia á ahuyentar los naturales que pueden servir de braceros.

Las colonias penitenciarias se nos figuran muy convenientes para poblar y poner en cultivo pequeñas extensiones, nunca bastantes a la resolucion del problema, tratándose de toda la isla.

En efecto, ¿de donde se sacan los penados? Del resto del Archipiélago, y su número, por mucho que se eleve, y es lamentable que se aumente, es insignificante para las necesidades de la agricultura de Mindanao.

Confiarlo á una compañía particular, como en varias ocasiones se ha pretendido, nos parece expuesto á gravísimos inconvenientes. Es el primero y principal, que no veo medio conciliatorio posible de armonizar la legislacion y reglas administrativas y económicas que convinieran á la compañía con las vigentes en Luzon y las Visayas; y gobernar unas mismas posesiones con dos criterios distintos, poco ménos que opuestos, es cosa harto sujeta á serios peligros, que la prudencia aconseja precaver. Si á la iniciativa oficial se confia todo en el Archipiélago, ella debe ser la égida protectora de cuanto en Mindanao se haga. Veamos que se puede hacer por su prosperidad, para poner en beneficio aquellos vastos y feracísimos terrenos.

Dos cosas es fuerza atraer allí : brazos y capitales, dando se. guridad al trabajo de aquéllos y á la inversion de éstos. La pacificacion está hecha en todo el Rio Grande, pues téngase por seguro, que aquellas rancherías carecen hoy de ánimos para oponérsenos; no así en la bahía Illana, en donde serán precisas empresas militares que allanen el camino á los colonos. Con braceros indios no hay que contar ni sería ventajoso á la prosperidad de las demas islas, si se atiende á la escasez de poblacion que hay en todas ellas. La inmigracion que á la costa Norte, comarca de Misamis, se ha dirigido procedente de Bohol y Vi.. sayas, no se puede esperar vaya á la Meridional. El continente asiático nos debe dar los elementos para poblar sus desiertos campos; los chinos, anamitas, japoneses quizás, y cambodjanos es fácil se radiquen allí si se les ofrecen facilidades para ir y ventajas al quedarse. Son buenos cultivadores y la fertilidad del suelo recompensará con usura sus trabajos. No quisiéramos, sin embargo, que llegaran á convertirse en dueños de la propie

dad territorial, por conceptuarlo inconveniente á nuestra dominacion, objeto siempre preferente, superior—bajo mi punto de vista colonial —á la misma prosperidad del país, y harto expuesto á peligros. La raza china, en efecto, se aviene demasiado con la mora, á la que sin esfuerzo llega á dominar moralmente, gracias a su superioridad intelectual, teniendo áun hoy mismo, en que tan contados representantes hay, un gran ascendiente en casi todas las rancherías. En Joló mismo son los chinos, siempre taimados y arteros, los que más daño han hecho a las buenas relaciones de aquel país con España. Es preciso, si queremos colonizar con ventajas positivas para la metrópoli, crear allí la clase de grandes propietarios peninsulares, para quienes y bajo cuya direccion trabajen las tierras los chinos y los moros que se dobleguen á ello. Dar allí tierras á los emigrantes de España en propiedad plena, con las condiciones que un estudio detenido de los detalles del plan aconseje; ponerles bajo la proteccion de nuestra bandera, hecha respetar siempre y en toda ocasion con energía, pecando antes de rigidez que de blandura en el castigo de cuantas rancherías se extralimiten; librarles en todo lo posible de una intervencion oficial, casi siempre odiosa; facilitar las comunicaciones, dar seguridad y alumbrar las costas, vigilar cuidadosamente los desmontes— deber del Gobierno, pues de ellos depende la salubridad de la isla-impedir una desatentada é imprevisora destruccion del arbolado, que hace pronto inhabitables los países de los trópicos, cuidar de las grandes vias fluviales; éstas deben ser las preferentes atenciones de un Gobierno ilustrado.

Allanada la dificultad de obtener braceros y la de crear fincas en buenas condiciones de explotacion, queda resuelta, á mi parecer, la de allegar los capitales necesarios para ponerlas en produccion. En efecto, hoy el dinero acude adonde puede hallar colocacion ventajosa; para él no hay distancias, y es esto tan notorio, que ni un momento ha parecido grave dificul

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