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que el de Manila, segun opinion de cuantos han residido mucho tiempo allí; la humedad es excesiva y la cantidad de lluvia considerable, pues en Linao, situado al N. E., llega á 142 pulgadas el agua caida en un año (1).

Salubridad. — Las enfermedades, que más comunmente afligen á los indígenas, son : las calenturas perniciosas, la disentería, la viruela, que diezmaba las rancherías de Rio Grande durante mi estancia, la lepra, el sarampion y la sarna , que vi no respetaba casi á ninguna hurí de los serrallos de los sultanes y dattos.

Dominan los vientos NE. desde Noviembre hasta Marzo y SO. de Junio á Setiembre, en los cambios ocurren fuertes baguios ó tifones, principalmente en la parte NO. de la isla, siendo rara vez sensibles en la costa meridional.

Costas. Afecta Mindanao la forma de un triángulo casi isosceles, cuyos vértices suponemos en Surigao (N.), punta Se. langani (S.), y núcleo de la sierra de Sindangan (O.); con un apéndice irregular en herradura, que se prolonga desde el último al SO., en cuyo extremo se halla la plaza de Zamboanga. Su costa septentrional presenta tres entradas principales: la bahía de Sindangan, las de Iligan y Macajalar y la de Butuan; la oriental, muy bravay temida de los marinos, no tiene abrigos casi hasta su extremo Sur, donde se abre formando el seno de Davao. En la meridional hay la bahía de Sarangani, la gran bahía Illana, el seno de Dumanquilas y el de Sibuguey. Sus cabos más notables son: Punta Gorda, Galera, Macalag, Tagta, Silla, Bombon, Sulaban, Sipaca, Divata , Banajaan, Cauay, Bagoso, Pusa, Casoman, Tancanan, Cabo de San Agustin, Punta Corda, Panguitan , Quidopil, Tapian, Flechas, Banga, Dumalong, Matalampong , Santa María y Blangonan ; distin

(1) Véase : « Estudios sobre el clima de Filipinas », pág. 6.

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guiéndose, por su brusco avance, el Cabo de San Agustin, Panguitan y Punta Flechas. — Los puntos más próximos de las costas opuestas, se ofrecen en el seno de Sibuguey, separado de la bahía de Sindangan sólo 5 leguas, y en la bahía Illana, que dista de la de Iligan menos de 54 kilóm.; 82 leguas mide de E. á O., y 81 en su mayor anchura de N. a S. (de Surigao á Punta Serangani), la periferie desarrollada alcanza unas 350.

Orografía. Tres cordilleras principales se levantan en la isla. La primera corre de N. á S., desde Surigao al Cabo de San Agustin; tiene su núcleo en el monte Catalan á la altura de Bangabanga y en el mismo punto se bifurca en una estribacion importante que se dirige al O., y otra, ménos acentuada, al S. Casi paralela á ésta y tomando el nombre de su más notable montaña, que es el volcan Apo, muere la segunda por el Norte en Punta Divata y por el Sur en la bahía de Sarangani; dependiente de ella es la recortada sierra de Blik. Corre el eje de la tercera próximamente normal á las de las anteriores, y forma las fragosas montañas, que desde las cercanías de Tagaclogon hasta Punta Gorda cortan la isla de E. á O.; sus ramificaciones son muchas y mal determinadas: una de ellas llega hasta Dumalong; en la parte de Randaya alcanzan sus picos considerable altura.

Rios. — Como líneas de reunion de aguas más importantes, tenemos el rio Agusan ó de Butuan, que despues de recorrer parte del Oriente de la isla de S. á N., desagua en el seno del mismo nombre, y el Pulangui ó Rio Grande, que, nacido en las montañas del Apo, vá á morir en la bahía Illana, al O.

Ménos caudaloso y de curso más breve son: el Illigan, que salva el trecho que media á este pueblo desde la laguna de Malanao y el de Lubungan, casi de igual importancia, que vierte sus aguas en la ensenada de Dapitan, á la cual llega desde el S. O.

Lagos.-Excepto en un mapa holandés, que lleva la fecha de

I

1847 (1), en todos los que he visto se representa en el centro de Mindanao un extenso lago, del cual suponen los geógrafos que toma su nombre la isla. Segun las noticias recogidas en la localidad y el aserto de personas fidedignas que han atravesado la misma comarca en donde se le situa, entre ellas el inteligente intérprete del Gobierno, mi apreciado amigo D. Pedro Urtuoste, aquellas aguas no existen, y la hipótesis tomó origen de las inundaciones en la época de lluvias. Son las mayores, entre las lagunas conocidas, las de Malanao y Sapangan en la mitad septentrional, y las de Liguasan (Coello dice Liguasin) y Buluan (Buloan, segun el mismo autor) en la cuenca del rio Pulangui. La de Liguasan, vista por mí, es de extension variable en las distintas épocas del año, y sus límites, mal demarcados en las tierras anegadizas que la rodean, distan bastante menos de la inmediata de Buluan de lo que suelen indicar los mapas, confundiéndose casi ambas cuando sobrevienen grandes lluvias.

Poblacion. — En las numerosas memorias que sobre esta isla se han escrito, pero no publicado, ocupa un lugar preferente la descripcion de las distintas razas que la ocupan, si no verdaderamente ethnográfica ni filológica — que tenga valor científico sólo conozco los trabajos del Pr. Semper — por lo menos dando a conocer un tanto sus usos, costumbres, trajes y armas. En dos grupos pueden dividirse, ó sea en la malaya creyente del Corán y dominadora esparcida por las costas y orillas de los principales rios, y las distintas tribus idólatras que, perseguidas por ella, se han ido internando y buscan refugio en las asperezas de las sierras. He tenido frecuentes ocasiones de observar á la primera en el Rio Grande, cuyas sultanías y dayatos visité sin excepcion, y en la bahía Illana. Bien la describió el señor

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(1) Algemeene Kart von Nederlands Oostindie. — Escala 1: 5.000,000; por W. Reyerinek, J. M. Bruyn y J. F. W. A. Essers.

Fernandez Córdova en una apreciable memoria inédita, donde consigna las observaciones hechas en el mismo viaje de Cottabalo á Mating-Cahuan, emprendido por mí guiado por el señor Urtuoste, quien tambien le acompañó siendo casi niño.

Raza malaya.- Son los moros del Sur de Mindanao altivos en extremo, suspicaces y desconfiados, fáciles en promesas vagas, difíciles en tratos concretos, que suelen despues respetar si ántes no hallan astutos subterfugios para recoger la palabra empeñada. Se ha exagerado por unos su caballerosidad y su vileza por otros. Llevan en sus relaciones con los españoles cierta malicia, que sólo el tiempo enseña á conocer; perezosos, evitan el trabajo todo lo posible, y cifran su mayor dicha en el reposo, á lo que contribuye no poco su debilidad física y las enervantes condiciones climatológicas del país. Podria, sin embargo, sacarse algun partido de ellos para cultivar las tierras, como prueban las haciendas, próximas á Cottabato, del señor Urtuoste—á quien tantas veces tendré que citar. Es notable ver el ascendiente ilimitado con que este entendido agricultor domina á aquellas gentes. Pesados por demas en sus tratos, constituye uno de sus goces predilectos la bichara ó conversacion, que prolongan horas y horas por el pretexto más fútil. De pequeña estatura y miembros endebles conservan formas bien proporcionadas hasta los 15 ó 20 años, desde cuya edad no sólo pierden la belleza de ellas, sino tambien del rostro, cuyas facciones en los niños son simpáticas y graciosas. Las mujeres me parecieron en su físico inferiores á los hombres ; alguna muchacha agradable recuerdo haber visto en Zamboanga, ninguna que no fuera de repulsiva fealdad en el Pulangui y Bahía Illana. Los trajes que visten los individuos de ambos sexos son casi los mismos usados por los naturales del Archipiélago malayo : los hombres arrollan un pañuelo á su cabeza, dejando libre la coronilla y con la punta saliente á un lado; llevan una chaquetilla de tela blanca ó pintada de colores poco vivos —

una muy lujosa ví al sultan de Simuay-que les llega escasamente á la cintura; y el patadion, tan general en los pueblos indios y malayos, les cubre las piernas sólo hasta la rodilla, y no hasta el tobillo como á los cingaleses de Ceylan ; la faja es bastante general, y los magnates calzan babuchas. Sus principales armas, á las que muestran singular apego, son el campilan (1), sable largo de hoja ancha muy afilada, y de puño parecido al del yatagan indio, con penacho de pelo; el crís, machete corto, de hoja más estrecha, recta ó flameada-tengo en mi coleccion algunos de siete ondulaciones, que eran allí muy estima dos—con puño de marfil ó hueso y madera (camuning-Connarus santaloides, D. C.) comunmente hecho con gusto, el puñal tambien recto ó Alameado, el bolo más corto que el crís y de hoja ancha, recta siempre, y empuñadura larga y estrecha, que es el arma más usual, y les sirve igualmente para las pacíficas tareas del campo; la lanza, con astil de madera ó de bambú y una larga y ancha punta flameada ó recta, y, finalmente, las filechas— muchas de cabo negro (Caryota sp)-que suelen envenenar. Las armas de fuego, tan usuales en el Archipiélago de Joló, lo son mucho menos en Mindanao; los moros las tienen, no obstante, en grande estima, y sus lantacas, especie de culebrinas, son para los dattos y sultanes el mayor tesoro. Las tribus cercanas á la laguna de Malanao, más fuertes y guerreras que las de Rio Grande, usan corazas y capacetes; aquéllas son de búfalo y bronce ó de cobre bastante pesadas; tienen broches en el centro, y su forma recuerda algo la de las romanas ; no llegué á ver ninguno de los segundos. El arma defensiva más comun es el escudo ó la rodela, que les sirve tambien de sombrero.

(1) El mejor campilan que vi fué el del sultan de Calocalan ; por 200 pesos fuertes no quiso cederlo; el puño tenía incruscaciones de oro y era arma digna de un museo.

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