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La gran sierra cuyo núcleo son los Caravallos, puntos los más elevados de la isla, encierra en sus asperezas existencias leñosas de gran consideracion, en las que abundan troncos de árboles anteriores al descubrimiento, que caen despues de llegar al término de su longevidad. La explotacion se ha reducido á las orillas de los rios, que facilitan su extraccion, y á los sitios próximos á las costas. Dos son las provincias de Luzon de donde principalmente se sacan maderas ; Tayabas en el Sur de la isla y Nueva Écija en su centro. No faltan provincias donde se siente ya la escasez de maderas. Bastará recordar lo que en trabajos de índole análoga al presente se ha dicho de la de la Laguna, de la de Batangas, de la de Cavite y de gran parte de la de Bataan. Casi todos los montes de la costa del Pacífico se hallan hoy por hoy en malas condiciones de explotacion. Atendiendo, pues, á esto y no olvidando que los de vastas comarcas del centro están en idéntico caso, se comprende que los puntos verdaderamente importantes en la actualidad, por su produccion de maderas, no son tantos como se cree, ni ocupan extension tal que imposibilite sean sometidos á una gestion facultativa y administrativa. Y hago esta indicacion por haberse así creido y asegurado por personas que, por los altos puestos oficiales que han ocupado en las Islas y por su especial conocimiento del país, se hallan revestidas de cierta autoridad para juzgar de su estado.

La exageracion ha llegado hasta el extremo de suponer que el territorio filipino estaba cubierto de selvas vírgenes impenetrables, en las que sería imposible regularizar los aprovechamientos. Nada más distante de la verdad.

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La isla de Mindoro, quizás la más poblada cuando llegaron a los mares de Filipinas las carabelas de Magallánes, de fértil suelo y abundantes aguas, situada casi en el corazon del Archipiélago, ha decaido por diversas causas desde el tiempo de su conquista, hasta tal punto, que en época reciente llamó muy justamente la atencion del Gobierno esta circunstancia. Su interior, apenas conocido, debe, sin embargo, ser rico en buenas maderas dada la abundancia que se refleja en las costas, de las cuales se sacan cantidades no despreciables para la construccion y la mayor parte de las que se emplean para los envases del tabaco.

Muy variadas condiciones forestales ofrecen las distintas islas conocidas con el nombre de Visayas. Son las principales del grupo : Panay, Cebu, Negros, Leite y Samar, y de ellas Panay es la más importante por sus montes, en los que abundan excelentes maderas en sus tres distritos de Ilo-ilo, Antique y Cápiz. En la de Cebú han llegado los bosques á una lamentable decadencia, y digo lamentable, por haberse talado, no para reducir á cultivo la extension ocupada por aquéllos, sino para esterilizarla, viéndose hoy improductivos terrenos de los que ántes, por lo menos, se sacaban muchas maderas y leñas. Esto es tanto más sensible por cuanto bien pronto, al ponerse en explotacion las riquísimas minas de carbon que encierra, han de hacerse sentir las tristes consecuencias de la tala del arbolado. Las tres restantes islas, si bien carecen de la importancia forestal que tiene la de Panay, proporcionan maderas al consumo interior y están bastante pobladas. La de Negros, especialmente, viene ex

perimentando, de algunos años á esta parte, un desarrollo agrícola que la va haciendo una de las más ricas del Archipiélago.

La colonizacion de la Paragua está, por decirlo así, en un período incipiente. El establecimiento de Puerto Princesa es casi el único punto ocupado, y si la cito aquí, téngase en cuenta que es sólo por su extension, no por el interés que para este trabajo pueda ofrecer.

La isla de Mindanao, preciosa joya que por sí sola podria constituir la riqueza de cualquier nacion europea, que mide casi la misma superficie de Cuba y en cuyo privilegiado suelo vegetan lozanamente las más estimadas plantas de los trópicos, ha puesto a las corrientes civilizadoras obstáculos mayores que los que se han presentado en las demas islas. La raza malaya, embrutecida por su estúpida observancia del Corán, refractaria al bien, dominó á las aborígenes occeánicas extermidándolas casi por completo en muchos puntos, y oponiendo, sobre todo en la parte meridional, una valla á nuestros esfuerzos. Los montes de parte de la isla han sido ya descritos, aunque ligeramente, por el que suscribe, en la Memoria redactada por órden del Excmo. Sr. Gobernador superior civil y elevada á V. E. en Abril de 1872. El cariño que naturalmente inspiran al explorador aquellos países donde, á fuerza de trabajos y penalidades, ha hallado grandes tesoros naturales desconocidos, hacen que al escribir el nombre de Mindanao llame á V. E. la atencion hacia la importancia de esta magnífica isla, merecedora de ponerse en breve á la altura á que se hallan Luzon y las Visayas. Si el Gobierno procura llevar á ella las corrientes coloni

zadoras que á otros países, y por desgracia no españoles, se dirigen, será una de las posesiones más productivas de aquellos mares.

Entre las islas de menor extension que las mencionadas no deja de haber algunas que tienen importancia por sus montes, mereciendo citarse las de Masbate, famosa por la excelente calidad de algunas de sus maderas, Ticao, Sibuyan, Romblon, Tablas, en la que se ejecutan cortas de bastante entidad, y Marinduque.

Si la extension de los montes de Filipinas es punto ménos que desconocida y su conocimiento no se apoya más que en algunos aforos dignos de poca ó ninguna confianza hechos en localidades muy concretas, no son mucho más precisos y exactos los datos que de su vegetacion arbórea se tienen. Una obra, apreciable bajo todos conceptos, hija de un extremado amor á la ciencia y que revela en su autor, el eminente sabio P. Blanco, cuyo nombre pronunciarán siempre con gratitud cuantos en Filipinas se dediquen al estudio de la naturaleza, es la base de todos los trabajos fitográficos que posteriormente se han hecho, y que desgraciadamente han sido por cierto bien escasos. Pero la flora de Filipinas del P. Blanco sirve más para probar de cuánto es capaz el entusiasmo de un hombre aislado, falto de todos los elementos necesarios á este género de estudios, que para dar un conocimiento exacto de los vegetales cuyos productos constituyen la principal riqueza de las islas. Remontándose ya á una época atrasada en la ciencia, poco conformes sus descripciones con el estado actual de la fitografía, fundada sólo en la exploracion detenida de algunos puntos del Archipiélago, sus defectos y sus vacíos saltan á la vista desde las primeras herborizaciones que hace el botánico en aquel Archipiélago. Por mi parte sé decir que de cada diez especies recogidas en Mindanao apenas si encontraba una descrita. Innumerables árboles, cuyas maderas son objeto de comercio, no se conocen aún botánicamente de un modo preciso, y hay géneros representados en aquella variada fora por numerosas especies en las que reina tal vaguedad y confusion tanta, que su estudio descorazona y desespera al más animoso. Baste citar como ejemplo el género Dipterocarpus, del cual una docena de especies, árboles todos de primera magnitud, bastante bien conocidos, vegetan en los montes de Filipinas, habiendo quizás otras tantas de las que apenas si existen algunas vagas noticias. Si el estudio fitográfico de los árboles de monte está en Filipinas en tal atraso, ¿cómo es de esperar que se conozca la distribucion de las especies, y cómo pretender adquirir un conocimiento exacto de las existencias de sus montes? Imposible es formar un cálculo remoto ni aproximado de éstas sin conocer aquéllas, y para inquirirlo forzoso es distinguir los individuos. Casi me permitiré asegurar que cuanto se ha escrito en esta materia se ha fundado en el conocimiento de los nombres vulgares que dan los indios á las maderas principalmente objeto de comercio, y hablo por propia experiencia y sintiéndome tristemente deprimido, no pudiendo haber hecho el estudio de ejemplares completos en vida, es decir, en flor y en fruto, relacionándolos con las maderas cuyos nombres se saben por los indígenas, i pero cuánta confusion en estos nombres! Algunas veces me ha sucedido

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