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jar las divisiones dentro de un mismo monte. Estas tienen sobre las diferencias en el vuelo una gran ventaja: la de ser permanentes, la cual, junto con la no pequeña de poderse apreciar con más facilidad y establecer con una fijeza poco frecuente en aquellas, creo las hace, en tésis general, preferibles.

No quiero molestar más la atencion de V. E. con detalles acerca de este punto que, si bien es de grandísimo interés forestal, ha de ser en breve objeto de un trabajo especialmente dedicado á él.

A un millon de pesetas he dicho que podrian ascender los ingresos en concepto de ventas de baldíos realengos, al terminar el año siguiente al empleado en la formacion de los primeros catálogos. Creo que este año de plazo es hasta conveniente para ir preparando el cambio de sistema, para no proceder con excesiva brusquedad en el tránsito del que hoy hay establecido para las cesiones de tierras al que se propone, y para dar tiempo á que se obtengan frutos de la propaganda que, como necesaria, queda indicada y de la cual depende que, al empezar las ventas en grande escala, haya compradores bastantes y no se vendan las fincas á vil precio, como podria suceder si, por efecto de una precipitacion contraproducente, se interesáran sólo en estas operaciones los actuales agricultores del Archipiélago en escaso número y de menguados recursos. La cantidad fijada no es muy crecida; pero no se halla desgraciadamente la apurada Hacienda de Filipinas en el caso de despreciarla, sobre todo proporcionándosela una operacion beneficiosa al país en todas sus consecuencias, áun prescindiendo del resultado pecuniario que dá. El 10 por 100 de esta suma sería justo y conveniente dedicarlo á los gastos que ocasione el estudio más detenido de los montes, la mejora de las vias de extraccion y la construccion de casas para el personal de guardería en los puntos en que sea preciso levantarlas. Con el resto podria darse un impulso no pequeño á las obras públicas, que el país reclama imperiosamente, y así se emplearian los productos de la desamortizacion inmediatamente en el desarrollo de los primeros elementos para asegurar la prosperidad de la agricultura, ó sea en la construccion de caminos y trabajos hidrológicos y en la conservacion de los bosques.

Y ya que de conservacion de montes hablo, permítaseme hacer algunas observaciones acerca de la importante cuestion de su custodia, aunque salga un tanto de la materia que viene ocupándome, con la cual está sin embargo íntimamente enlazada. Así como el agricultor no vé nunca seguros los frutos de sus campos si no cuenta con la vigilancia ejercida por una guardia rural sostenida por el Estado ó los Municipios, indirectamente pagada por él, ó de su propia eleccion y sostenimiento, así tambien le es indispensable al propietario de montes organizar y costear un personal de guardería para proteger sus productos contra el hacha del furtivo cortador , pudiendo prescindir inénos de este servicio que aquel, por la mayor trascendencia que tienen los daños en los bosques que en los campos, puesto que en los montes no se pierde sólo la cosecha de un año, sino á veces todo el capital laboriosamente acumulado durante algunas generaciones. La organizacion de una buena guardería ha sido siempre obje

to de estudio por parte de los dasócratas de todos los países, pues de ella dependen grandemente los resultados de los afanes del selvicultor y la realizacion de los cálculos del ordenador.

No podemos, por ahora, esperar que en Filipinas se establezca una guardería forestal perfectamente organizada, que sea garantía bastante para impedir que se cometan abusos en perjuicio de los ingresos probables de los montes y en daño de éstos —en cuanto lo peor que tienen las cortas fraudulentas no es ocasionar la pérdida de los troncos que el cortador se lleva, sino los destrozos que causa en su obligada precipitacion-y esto omitiendo la devastacion que lleva en pos de sí la tea incendiaria, que ya dejo dicho son las quemas en Filipinas frecuentes de sobra y de gran consideracion. Dictar órdenes, establecer prohibiciones, escribir reglamentos é instrucciones, sin contar con medios para hacerlas cumplir, es achaque que, justificado hasta cierto punto, se nos echa en cara á los españoles, debido á nuestro carácter movedizo é impaciente, más propio para heróicos sacrificios de momento que para las contemporizaciones y paciencia necesarias á toda empresa que requiera una larga organizacion. Por esto figuramos en la historia como incomparables descubridores y conquistadores y como medianos colonizadores, aunque, á juzgar por lo que hemos hecho en las Antillas, pudiéramos, con razon, pretender puesto mejor entre los últimos.

El nuevo reglamento forestal no podia dejar de ocuparse de la custodia de los montes públicos y del personal á quien directamente se encomendaba, y así dice en su artículo xxxix que «la inmediata y directa custodia de los montes públicos de Filipinas se confia á la fuerza del ejército y carabineros que se hallen destacadas en sus provincias, á las compañías de seguridad y á los cuadrilleros de los pueblos, si así lo conceptúa oportuno el Gobierno superior militar, y mediante una instruccion al efecto, dictada por la misma autoridad, oyendo al Ingeniero Jefe de la Inspeccion del ramo.» Podria decirse que a demasiadas fuerzas hetereogéneas se confia el servicio para que se llene bien en la práctica, pues por lo comun lo más seguro para que una cosa quede sin hacer es encargar á muchos su ejecucion. Sin embargo, considero esta disposicion, general y vaga como es, como un gran paso.

Si se hubiese querido reglamentar de lejos el servicio en sus minuciosos detalles calcando las disposiciones vigentes en la Península, ó en otro país de Europa, es probable que al plantearlas en Filipinas se hubiera tropezado con dificultades grandes. La creacion de una guardería forestal numerosa hubiera significado tambien un gravamen de consideracion en el presupuesto, y si luego no se hubieran obtenido los resultados en el aumento de ingresos en el ramo, que debian esperarse de su vigilancia, fácilmente se comprende que no hubiese dejado de utilizarse esta circunstancia por los interesados en que los montes no se custodien, como un argumento para pedir, por lo menos, su supresion, desacreditando y quitando toda fuerza moral á la institucion naciente. El citado artículo deja ancho campo al Gobierno Superior del Archipiélago, asesorado por la Inspeccion del ramo, para organizar este servicio con todo el conocimiento de los recur

sos y necesidades locales, ofreciendo probabilidad de un éxito satisfactorio.

No se olvide que á la iniciativa de Gobernadores inteligentes se han debido las reformas más beneficiosas, que en la administracion de Filipinas se han hecho. Concretándome á nuestro ramo, debo decir que al ilustre Teniente General Excmo. Sr. D. J. de la Gándara cabe la glora de haber puesto en produccion los montes públicos y haber reivindicado al Estado en su propiedad efectiva, sobre todo con el superior decreto de 18 de Diciembre de 1867, así como confirmó su justa proteccion á la riqueza forestal apoyando los actos de la Inspeccion, con toda la energía de su carácter, en contra de la cruzada que contra ella levantaron los maderistas.

No veo lejano el dia en que se organice una guardería exclusivamente forestal. En tanto que llega el momento oportuno no hay gran inconveniente en que una parte de la fuerza armada , existente en las provincias, tenga á su cuidado la custodia de los montes.

Y volviendo á su desamortizacion, y para terminar este punto, el cual he tratado quizás con sobrada extension, dado el carácter del presente trabajo, diré que las roturaciones, que origine aquélla han de tener un carácter satisfactoriamente distinto de las que de baldíos realengos se han hecho hasta hoy y siguen haciéndose aún. Seguro el adquiridor del pleno dominio de su nueva propiedad, no amenazado en sus actos por una intervencion oficial inconveniente, contando con brazos y recursos, poseedor en general de una vasta extension de fértiles tierras, han de tomar los cultivos un vuelo bien distinto de la actual

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