Romancero castellano: ó Colección de antiguos romances populares de los españoles, Volumen 2

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Georges-Bernard Depping, Antonio Alcalá Galiano, Ferdinand Wolf
F. A. Brockhaus, 1844 - 482 páginas
 

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Página 180 - Apeóse del caballo por hacelle cortesía; puso la niña en las ancas y él subiérase en la silla. En el medio del camino de amores la requería. La niña, desque lo oyera, di jóle con osadía: — Tate, tate, caballero, no hagáis tal villanía; hija soy de un malato y de una malatía; el hombre que a mí llegase malato se tornaría.
Página 162 - Todo sirve a los amantes, plumas les baten veloces, airecillos lisonjeros, si no son murmuradores. Los campos les dan alfombras, los árboles, pabellones ; la apacible fuente, sueño; música, los ruiseñores. Los troncos les dan cortezas, en que se guarden sus nombres mejor que en tablas de mármol o que en láminas de bronce. No hay verde fresno sin letra, ni blanco chopo sin mote ; si un valle Angélica suena, otro Angélica responde.
Página 206 - Señor, eran de mi hermano y hoy os las envió. — ¿Cuya es aquella lanza, desde aquí la veo yo? — Tomadla, conde, tomadla, matadme con ella vos, que aquesta muerte, buen conde, bien os la merezco yo.
Página 7 - Nunca fuera caballero de damas tan bien servido como fuera Lanzarote cuando de Bretaña vino; con aquel progreso tan dulce y tan suave de sus amorosos y fuertes fechos.
Página 96 - ¿Qué es aquesto, mi señora? ¿quién es el que os hizo mal? —Un sueño soñé, doncellas, que me ha dado gran pesar: que me veía en un monte en un desierto lugar...
Página 96 - Las ciento hilaban oro, las ciento tejen cendal, las ciento tañen instrumentos para Doña Alda holgar. Al son de los instrumentos Doña Alda adormido se ha : ensoñado había un sueño, un sueño de gran pesar. Recordó despavorida y con un pavor muy grande, los gritos daba tan grandes que se oían en la ciudad. Allí hablaron sus doncellas, bien oiréis lo que dirán: — ¿Qué es aquesto, mi señora, quién es el que os hizo mal?
Página 267 - Allí respondiera el moro. Bien oiréis lo que decía : — Yo te la diré, señor, aunque me cueste la vida, porque soy hijo de un moro y una cristiana cautiva ; siendo yo niño y muchacho, mi madre me lo decía : que mentira no dijese, que era grande villanía ; por tanto pregunta, rey, que la verdad te diría.
Página 90 - Por la matanza va el viejo, Por la matanza adelante, Los brazos lleva cansados De los muertos rodear : No hallaba al que buscaba, Ni menos la su señal.
Página 289 - Gallardo pasea Zaide puerta y calle de su dama, que desea en gran manera ver su imagen y adorarla, porque se vido sin ella en una ausencia muy larga; que desdichas le sacaron desterrado de Granada: no por muerte de hombre alguno, ni por traidor á su dama...
Página 169 - Rey, marido, que mi edad ya lo pedía ; "con vergüenza os lo demando, no con gana que tenía, "que aquestos cuidados tales a vos, Rey, pertenecían." Escuchada su demanda, el buen Rey le respondía: — "Esa culpa, la Infanta, vuestra era, que no mía, "que ya fuérades casada con el príncipe de Hungría.

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