La educacion de las mugeres: ó La Quijotita y su prima

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Recio y Altamirano, 1842 - 520 páginas
 

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Página 126 - ¿O cuál es más de culpar, Aunque cualquiera mal haga, La que peca por la paga, O el que paga por pecar ? ¿Pues para qué os espantáis De la culpa que tenéis?
Página 125 - Con el favor y el desdén tenéis condición igual, quejándoos, si os tratan mal, burlándoos, si os quieren bien. Opinión ninguna gana, pues la que más se recata, si no os admite, es ingrata, y si os admite, es liviana.
Página 126 - Siempre tan necios andáis que con desigual nivel a una culpáis por cruel ya otra por fácil culpáis. ¿Pues cómo ha de estar templada la que vuestro amor pretende, si la que es ingrata ofende y la que es fácil enfada? Mas entre el enfado y pena que vuestro gusto refiere, bien haya la que no os quiere y quejaos en hora buena.
Página 125 - Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis; si con ansia sin igual solicitáis su desdén, ¿por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal? Combatís su resistencia, y luego con gravedad decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia. Parecer quiere el denuedo de vuestro parecer loco al niño que pone el coco y luego le tiene miedo.
Página 126 - ... más de culpar, aunque cualquiera mal haga: la que peca por la paga, o el que paga por pecar? Pues ¿para qué os espantáis de la culpa que tenéis? Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis. Dejad de solicitar, y después, con más razón, acusaréis la afición de la que os fuere a rogar. Bien con muchas armas fundo que lidia vuestra arrogancia, pues en promesa e instancia juntáis diablo, carne y mundo.
Página 16 - Pasadas estas importunas exclamaciones, se resolvía por la junta de médicas que aquello era empacho, y se recetaba de palabra la col de China, el pollo prieto molido, el azogue, la manteca y otras drogas tan inútiles como sucias. El mal mil ocasiones no cedía y era preciso recurrir al médico, quien echaba mano del jarabe de durazno, oximiel...
Página 9 - ... casa. Pascual con alguna repugnancia volvió los perros, y el interesado los entregó a la vieja, que los recibió con mil manos, y llenándolos de besos les decía: — ¡Ay, hijos míos de mi alma, y en qué grandes peligros han estado! Acabada la ridicula ceremonia de la vieja, los envolvió en su rebozo, y amo y criada se despidieron del coronel y de su esposa, pero no del payo, que los miraba con ojos encarnizados. Por fin se fueron, y de este modo acabó la graciosa aventura de los perritos...
Página xi - La una de ellas presenta, todo el fruto de una educación vulgar y maleada, y la otra el de una crianza moral y purgada de las más comunes preocupaciones. En el contraste de estas dos educaciones se hallará la moralidad de la sátira, y en el paradero de ambas señoritas el fruto de la lectura, que será o deberá ser el temor del mal, el escarmiento y el apetito de buen obrar.
Página 383 - Dios dice, ni lo que le ha enseñado la Iglesia, luego no tiene fe; y si no tiene fe, es gentil. . . — Descomulgadote, ¿quién asegura que yo no creo lo que me enseña la Iglesia?.
Página 8 - A lo que el caballero dijo: — Ya yo veo que este buen hombre ha hecho esto por amor de mi hijo; lo que debo agradecer. También le tengo dicho a Liduvina que se ponga en los pezones botellas con agua caliente, y no perros, que puedan darle una mordida y costar caro ; pero ella no entra por el aro. Está decidida por los perros, porque dice que éstos chupan breve y no con la broma de las botellas. — ¿ Pero no fuera mejor, decía el coronel, que la señorita criara...

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