Arte de hablar en prosa y verso, Volumen 1

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Página 390 - Del monte en la ladera por mi mano plantado tengo un huerto que con la primavera de bella flor cubierto ya muestra en esperanza el fruto cierto.
Página 350 - Príncipe insigne, aprisionado En el metal de las doradas rejas. ¡ TRISTE de aquel que vive destinado A esa antigua colonia de los vicios, Augur de los semblantes del Privado...
Página 72 - Grisóstomo, que fue único en el ingenio, solo en la cortesía, extremo en la gentileza, fénix en la amistad, magnífico sin tasa, grave sin presunción, alegre sin bajeza, y, finalmente primero en todo lo que es ser bueno, y sin segundo en todo lo que fue ser desdichado.
Página 98 - De sosiego los tienes ignorantes, de tal manera, que al morir el día con luz enferma, vi que permitía el sol que le mirasen en poniente. Con pies torpes, al punto, ciega y fría, cayó de las estrellas blandamente la noche tras las pardas sombras mudas, que el sueño persuadieron a la gente.
Página 296 - Alma región luciente, prado de bienandanza, que ni al hielo ni con el rayo ardiente fallece, fértil suelo, producidor eterno de consuelo...
Página 151 - Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín y confirmándose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse; porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma.
Página 297 - Toca el rabel -sonoro, Y el inmortal dulzor al alma pasa, Con que envilece el oro, Y ardiendo se traspasa Y lanza en aquel bien libre de tasa. ¡Oh son, oh voz, siquiera Pequeña parte alguna descendiese En mi sentido, y fuera De sí el alma pusiese Y toda en ti, oh amor, la convirtiese! Conocería dónde Sesteas, dulce Esposo, y desatada De esta prisión a donde Padece, a tu manada Junta, no ya andará perdida, errada.
Página 25 - ¡Oh, si acabase, viendo cómo muero, de aprender a morir, antes que llegue aquel forzoso término postrero! Antes que aquesta mies inútil siegue de la severa muerte dura mano ya la común materia se la entregue.
Página 252 - Busca de algún tirano el muro fuerte, de jaspe las paredes, de oro el techo, o el rico avaro en el angosto lecho haz que temblando con sudor despierte. El uno vea el popular tumulto romper con furia las herradas puertas, o al sobornado siervo el hierro oculto ; el otro sus riquezas descubiertas con llave falsa o con violento insulto; y déjale al amor sus glorias ciertas.
Página 81 - Hechas, pues, estas prevenciones, no quiso aguardar más tiempo a poner en efecto su pensamiento, apretándole a ello la falta que él pensaba que hacía en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar, y abusos que mejorar, y deudas que satisfacer.

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