Tesoro del Parnaso español, ó Poesías selectas, desde el tiempo de Juan de Mena, hasta el fin del siglo xviii, recogidas y ordenadas por M.J. Quintana, Volumen 3

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Manuel José Quintana
1817
 

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Página 340 - Adonis bello; ya anudada a su cuello, podrás verla dormida, ya él casi trasladado a nueva vida. Desnuda el brazo, el pecho descubierta, entre templada nieve evaporar contempla un fuego helado, y al esposo, en figura casi muerta, que el silencio le bebe del sueño con sudor solicitado. Dormid, que el Dios alado, de vuestras almas dueño, con el dedo en la boca os guarda el sueño.
Página 369 - Todo sirve a los amantes, plumas les baten, veloces, airecillos lisonjeros, si no son murmuradores. Los campos les dan alfombras, los árboles pabellones, la apacible fuente sueño, música los ruiseñores. Los troncos les dan cortezas en que se guarden sus nombres, mejor que en tablas de mármol o que en láminas de bronce. No hay verde fresno sin letra, ni blanco chopo sin mote; si un valle «Angélica» suena, otro «Angélica
Página 20 - No puedo venir más lejos. Ni estoy bien ni mal conmigo; Mas dice mi entendimiento Que un hombre que todo es alma Está cautivo en su cuerpo.
Página 56 - Yo pensé que no hallara consonante, y estoy a la mitad de otro cuarteto; mas si me veo en el primer terceto, no hay cosa en los cuartetos que me espante. Por el primer terceto voy entrando, y aun parece que entré con pie derecho, pues fin con este verso le voy dando.
Página 3 - ¡Oh libertad preciosa, no comparada al oro ni al bien mayor de la espaciosa tierra! Más rica y más gozosa que el precioso tesoro que el mar del Sur entre su nácar cierra...
Página 20 - ... lejos. Ni estoy bien ni mal conmigo, mas dice mi entendimiento que un hombre que todo es alma está cautivo en su cuerpo. Entiendo lo que me basta, y solamente no entiendo cómo se sufre...
Página 351 - Los fuegos a las campanas; Y ellas al enamorado, Que en los brazos de su dama Oyó el militar estruendo De las trompas y las cajas.
Página 25 - Verdad es que en la patria no es la virtud dichosa, ni se estimó la perla hasta dejar la concha. Dirás que muchas barcas con el favor en popa, saliendo desdichadas, volvieron venturosas. No mires los ejemplos de las que van y tornan, que a muchas ha perdido la dicha de las otras.
Página 370 - Pues eres tú el mismo mar que con tus crecientes besas las murallas de mi patria, coronadas y soberbias, tráeme nuevas de mi esposa y dime si han sido ciertas las lágrimas y suspiros que me dice por sus letras, porque si es verdad que llora mi cautiverio en tu arena, bien puedes al mar del Sur vencer en lucientes perlas.
Página 346 - ... vega el campo raso borde, saliendo, Flérida de flores; mas, si no hubiere de salir acaso, ni el monte rayes**, ornes*, ni colores, ni sigas de la Aurora el rojo paso, ni el mar argentes**, ni los campos dores**.

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