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general y mas directa que las que preceden. Bastará por sí sola para dar la mas bella idea de la elevada ciencia encerrada en la Cosmogonía de los Libros sagrados, y para mostrar á los sábios que es en vano que construyan trabajosos sistemas sobre otras bases que la de la Biblia.

Esta prueba nos la suministrará nuestro satélite; porque siendo la luna formada despues de la tierra, debe llevar impresa en su forma la señal de su accion poderosa.

El conocimiento de la igualdad de los movimientos medios angulares de revolucion y de rotacion de nuestro satélite, que hace que la luna presente siempre el mismo lado á la tierra, y los descubrimientos de Cassini sobre los movimientos de este satélite, cuyo conjunto fue llamado libracion de la luna, excitaron un extraordinario interés entre los astrónomos. El célebre Lagrange vino á ocuparse del estudio de estos fenómenos, y tuvo la fortuna de explicarlos. Hé aquí lo que sobre ellos dice Mr. Arago:

«La libracion era todavía una vasta y muy penosa laguna de «la astronomia física, cuando Lagrange, haciéndola depender de «una circunstancia en la configuracion de nuestro satélite, no ob<servable desde la tierra, volvió á ligarla completamente con los « principios de la atraccion universal.

«En la época en que la luna se solidificó , adquirió, bajo la ac«cion de la tierra, una forma menos regular, menos sencilla, co« mo si ningun cuerpo atractivo extraño se hubiese hallado á su ainmediacion. La accion de nuestro globo hizo elíptico un ecua«dor que, sin esto, hubiera sido circular. Esta accion no impidió «que el ecuador lunar se hinchase por todas partes ; pero la pro«minencia del diámetro ecuatorial dirigido hacia la tierra, llegó «á ser cuatro veces mas considerable que la del diámetro que ve«mos perpendicularmente.

«La luna se presentaria, pues, à un observador situado en el « espacio, y que pudiese examinarla transversalmente, como un «cuerpo alargado, como una especie de péndulo sin punto de «suspension. Cuando un péndulo se separa de la vertical, la accion «de la gravedad le vuelve otra vez á ella; cuando el grande eje

de la luna se aparta de su direccion habitual, la tierra le obliga «á tomarla de nuevo.» (An. del ob. de las longit., 1841, pág. 295).

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Este descubrimiento de Lagrange, explayado por el ilustrado Laplace y colocado por él mismo en el rango de las verdades perfectamente demostradas, es inconciliable con cualquiera otra teoría que no sea la que naturalmente se deduce de la Biblia, y que acabo de exponer. ( Véase pág. 63). En efecto, para que la luna pudiese tomar aquella extraña forma, era menester que la tierra estuviese ya formada, que la materia que la compone estuviese aglomerada como está, para obrar sobre su satélite en un espacio limitado, y forzarle á alargarse en su direccion. Prueba bri

y llante de que la tierra fue formada la primera en el centro del monton de materia universal, y que la luna, con los demás astros, no fue formada hasta el cuarto dia. Esta prueba por sí sola destruye los varios sistemas de incandescencia original, de los cuales el de Laplace (véase pág. 62), no es mas que una ingeniosa modificacion; porque en esta hipótesis, la luna, por la pequeñez de su masa , se condensó y enfrió mucho antes que la tierra, y su forma no hubiera recibido de esta el sello de su poderosa accion. Es una prueba , .en fin, de que mi teoría, ó mas bien de que la Biblia está mas adelantada que la ciencia, y que hubiera podido suministrar datos preciosos para resolver los problemas que el talento de Lagrange y el de Laplace no resolvieron sino por medio de gran potencia analítica y los esfuerzos de prodigioso cálculo. Esta advertencia es importante para los sábios.

SIV.- Formacion de los mares.

La tierra está formada, pero sepultada aun bajo la masa de las aguas. Hállase todavía envuelta en los pañales de la infancia; veamos cómo se desembaraza de ellos.

Dixit vero Deus : Congregentur aquae quae sub coelo sunt in locum ununi, et appareat arida. Et factum est ita. (Gen., 1, 9). Dijo, pues, Dios : Que las aguas que están debajo el cielo se reunan en un solo lugar, y que aparezca lo seco. Y así fue hecho.

Para que las aguas se reuniesen así en un solo lugar, y apareciese la materia sólida, fue menester que se cambiasen sus niveles. La causa de aquel cambio fue sin contradiccion la voluntad de Dios; pero se la puede vislumbrar en una oscilacion de la tier

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ra en el espacio, en que ya pudo haber sufrido la influencia de las masas de materia sidérea que empezaban a separarse y aglo

á merarse.

En la descripcion de esta obra del Omnipotente , Moisés se ciñe de nuevo á confirmar el efecto, de una manera que no despierte en el hombre descuidado ninguna otra idea de su causa que la de la voluntad divina; con todo, dice lo bastante para mover la atencion de aquel que medite las maravillas de la creacion. La idea de levantamiento y de hundimiento simultáneos tampoco es nueva, bien que mi teoría nos conduce naturalmente á ella. Sea,

' pues, un vaiven, una oscilacion de la tierra sobre su eje : por poco que las capas primitivas sólidas estuviesen desigualmente repartidas, lo que es fácil imaginar pensando en las corrientes que debieron reinar en el mar universal primitivo, debióse operar un cambio en su nivel, y al mismo tiempo que un lado de la tierra se ponia hinchado el otro se hundia : « Tertio mundi die fecit Deus « terram partiùs subsidere , partiùs assurgere. » (Vandesten, Comm., tom. 34, pág. 60).

El veneciano Moro prueba muy bien que hubo levantamientos que coincidieron con hundimientos, de donde, dice, provinieron las primeras montañas y el fondo de los mares. (De crostacei, e degli altri marini corpi... 1740). Tampoco es esta la opinion que refuta Constantino (La verità del diluvio univ., 1747), sino las innumerables hipótesis de Moro.

El P. Gabriel, en su disertacion sobre el origen de las montañas (Philos. disquis., Pisauri., 1752), piensa que en el primer dia de la creacion, las partículas terrestres no quedaron consolidadas mas que en la superficie, lo que formó una costra que, levantándose acá y acullá por el movimiento del núcleo flúido, formó las primeras montañas. Demuestra despues que en el tercer dia hubo otros levantamientos que formaron los continentes y otras montañas con un inmenso hundimiento en el cual se recogieron las aguas , segun sus expresiones : « El liquido se encerró «en los abismos, cuando lo sólido se elevó y compuso nuevas «montañas.»

En fin, entre los modernos, Mr. Chaubard es quien ha descrito mejor la formacion de los mares, es decir, de la manera mas

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razonable y mas bíblica. (Véanse sus Elem. de geol. para el uso de todo el mundo).

Todo induce á creer, y lo haré observar en otra parte , que las tierras salidas al tercer dia formaban un solo continente, y el estudio de los terrenos, hecho a nuestro punto de vista, podrá tal vez algun dia convertir en certitud las probabilidades que ya se tienen. Como quiera que sea, la superficie de la tierra fue modificada y sufrió una primera preparacion para la distribucion de las aguas necesarias a la vegetacion : Rigans montes de superioribus suis; de fructu operum tuorum satiabitur terra. (Ps. cui, 13).

En otro paraje, el sagrado escritor nos hace asistir al derramamiento de las aguas en el abismo, para recibir la ley que en el debia contenerlas: Quando circumdabat mari terminum suum, et legem ponebat aquis ne transirent fines suos. (Prov., VIII, 29). Pero es Dios mismo quien, hablando á Job, le describe estas maravillas. ¿Quién es, dice, el que marcó los límites del mar, cuando este se precipitaba en su fondo, al salir de las manos que lo formaron? Quis conclusit ostüis mare, quando erumpebat quasi de vulva procedens? Entonces que las nubes le servian de vestido, y que yo le tenia envuelto en la oscuridad de una niebla como en las envolturas de la infancia : Cùm ponerem nubem vestimentum ejus , et caligine illud quasi pannis infantiae obvolverem. Y yo lo fijé en su depósito estrellando en la arena el furor de sus olas : Usque hùc venies, et non procedes ampliùs, et hic confringes tumentes fluctus tuos. (Job, XXXVII, 8, 9, 11).

La simple exposicion de estas operaciones, y la prontitud con que fueron hechas: In fortitudine illius repentè maria congregata sunt (Job, XXVI, 12), indican que las corrientes debieron arrastrar en muchos parajes la capa de arcilla que estaba formándose, dejarla incomplela en otros, y acumular nuevos estratos en los lugares apartados ó al abrigo de su accion erosiva. De otro lado, no habiendo todavía ni el tiempo ni las reacciones permitido la deposicion de las materias suspendidas ó disueltas, las aguas debieron por lo mismo arrastrar gran cantidad de materiales.

Además si ahora queremos ensayar el cálculo de la profundidad del mar, encontrarémos datos que pueden desviarnos mucho de la verdad. La mejor y mas sábia estima es la que hizo Laplace,

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quien , en su teoría de las mareas, calcula la media á 4,000 metros. Mr. Scoresby, que llevó mas adelante la sonda, no pudo alcanzar sino una profundidad de 2,470 metros en los mares australes, pero sin tocar al fondo : la sonda acabó siempre por flotar, tanto por el peso de la soga que, en fin, supera al del cilindro, como á causa de la densidad creciente del líquido. Esta densidad de los mares á grandes profundidades es todavía un misterio; sin embargo, no creo que sea atreverme demasiado si sostengo que debe ser muy considerable, juzgando por la densidad probada á poca distancia de la superficie. Y si, como es creible, el máximum de la profundidad del Océano es entre siete y ocho mil me

у tros, & quién podrá decir cuál es la densidad de las aguas? Tampoco veo lo que razonablemente podria objetarse á quien pretendiese que se hallan en estado de cieno, mezcladas con gran cantidad de sustancias minerales y de restos de seres organizados, y que tal vez se hallan tambien pobladas de estos seres que solo se encuentran en estado fósil en los primeros terrenos diluvianos, inmediatamente sobrepuestos a los estratos primitivos, y en los depósitos de los antiguos aluviones. Si así fuese, no quedaria ninguna esperanza de ver jamás sus vestigios en la superficie ni sobre el litoral, en razon de que el movimiento de las aguas solo es superficial, y que los grandes fondos están libres de toda perturbacion. Con todo á esas suposiciones pueden oponérseles las corrientes marinas y sobre todo la gran corriente ecuatorial ; pero, estas corrientes ¿acaso alcanzan á todas las profundidades del Océano?

Concluyo este párrafo y digo que, estando todo convenientemente dispuesto, Dios dió á cada cosa su respectivo nombre. El firmamento fue llamado cielo : Vocavitque Deus firmamentum Coelum, es decir, el espacio; Et vocavit Deus aridam Terram, congregationesque aquarum appellavit Maria, (Gen., 1,8,10). Lo seco fue llamado Tierra, y el agregado de aguas Mar; porque entonces tan solo fue cuando realmente existieron el cielo, la tierra y los mares.

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