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cruelguerra á los cristianos en venganza de la muerte de los de Córdoba y Sevilla. A este mismo tiempo el emperador don Alonso juntó un grueso ejército, y saliendo con él de Toledo, hizo alto, plantando sus tiendas riberas del rio Tajo. Llamó el emperador los dos capitanes Nuño Alonso, alcaide de Toledo, y Martin Fernandez, alcaide de Hita, y dijoles: que dejando en órden sus tenencias, estuviesen de presidio en PeñaNegra, que por sobrenombre llamaban Peña-Cristiana, y que fortaleciesen el castillo de Mora ántes que los moros se apoderasen dél. Con esto levantó el emperador su campo, marchando contra la tierra de Córdoba. Fué esta jornada en tiempo que se segaban los panes; a los cuales, y á todas las viñas, árboles y huertas mandó que fuesen talando y quemando. Corrió desta manera toda la tierra de Córdoba, Sevilla y Carmona, no se escapando de ser arruinados sino los lugares fuertes. A este tiempo Farax, adalid de Calatrava, y todos los alcaides y caballeros de las fortalezas y lugares hasta el rio Guadalquivir. juntos se concertaron de entrar por tierra de Toledo, y fontalecer el castillo de Mora, y armar alguna celada como pudiesen coger á Nuño Alonso, que estaba en el castillo de Peña-Negra con cuarenta caballeros de Toledo, quedando en guarda del castillo su compañero Martin Fernandez de Hita. Nuño Alonso y sus caballeros subieron á la montaña contra Calatrava, para descubrir, si pudiesen, algun rastro de los enemigos. Acaso acertaron á topar con un moro, que se habia , quizá de miedo de ellos, escondido por allí metido entre unas peñas. Prendiéronle, y lleváronle al alcaide Nuño Alonso, y preguntóle de dónde era, y qué buscaba por aquella montaña. Respondió que era moro, y criado de Farax, alcaide de Calatrava , y que su señor le habia enviado como espía para que supiese dél. A quien dijo Nuño Alonso, ¿adonde está tu señor Farax el adalid? Aquí cerca queda (respondió) con mucha gente de guerra, y trae grandísimo número de bestias cargadas de harina y otros bastimentos para reparar y bastecer el castillo de Mora, y en su seguimiento viene otra mucha gente de guerra , que serán cerca de cuatro mil hombres escogidos , y bien armados, y traen pensamiento de cercarte, y si fuere posible, quitarte la vida á tí, y á los que contigo están. Apenas acababa el moro de decir esto , cuando vieron que se asomaban las banderas de los enemigos. No se embarazó nada Nuño Alonso, mas ántes con entereza de ánimo, y sobrado valor arremetió de tropel con los suyos, peleando como unos leones. Muy presto vencieron, y pusieron en huida los moros, quedando buena parte muertos dellos. Dió la vuelta Nuño Alonso á su castillo de Peña-Negra, y dijo á su compañero Martin Fernandez de Hita lo que le habia sucedido, y como venia contra ellos Farax, adalid de Calatrava con gran ejército de enemigos. Tuvieron su consejo sobre lo que debian de hacer; y fué la resolucion, que todos comiesen un bocado, y saliesen á dar la batalla al enemigo. Puestos en órden de guerra, salieron de Peña-Negra, y toparon con los moros muy apercibidos para pelear en los pozos de Algodor. Cerraron sin dilacion los unos contra los otros, hiriéndose muy fuertemente. Caian de unos y otros, y embraveciéndose la pelea, fué herido Martin Fernandez de Hita; y cansados de pelear, sin vencerse, apartáronse los unos de los otros gran trecho entre sí. EntendiendoNuño Alonsoque la fortuna no estaba porahora de su

parte, dijo á Martin Fernandez: señor Martin Fernandez, siento el peligro en que estamos; paréceme que con vuestros soldados os vais prestamente al castillo de Peña-Negra, y lo guardeis con cuidado, no sea

que los moros salgan de través, y se apoderen dél:yo con mis compañeros las habremos con estos enemigos. Volvió Martin Fernandez con sus compañeros al castillo, y entráronse en él para su guarda. Dijo Nuño Alonso á un sobrino que allí tenia , hijo de una

su hermana, á quien él habia armado caballero en este año: volveos sobrino á Toledo en casa de vuestra

madre, sereis amparo de su casa y de mis hijos no que. ra Dios que en un dia pierda vuestra madre hermano y hijo. Respondió el sobrino. No haré yo tal cosa, riquerrá mi tio que caiga yo en tal deshonra; morir quiero en esta batalla con él. Comenzaron ya los moros á esta hora á romper contra los de Nuño Alonso, que con su valor, aunque era desigual el número, siendo los enemigos diez para uno, mataban y herian en ellos, y sustentaban la batalla en peso sin conocerse ventaja; mas no era posible prevalecer tan pocos contra tantos, aunque sobrase el esfuerzo. Viendo Nuño Alonso esto, comenzó á retirarse con buen órden hácia una montañuela, que se decia Peña del Ciervo. Ibanlos apretando los moros ballesteros, tirando apriesa sin cesar, que parecia lloviesen saetas del cielo: señaladamente las tiraban á Nuño Alonso, porque veian que

en él estaban las fuerzas de los cristianos; y así le hirieron mortalmente con muchas dellas. Peleando como un leon, que nadie se le osaba acercar, cayó el valiente alcaide de Toledo muerto en tierra, quedando muertos con él sus soldados y caballeros, que ni aun uno le desamparó. No llevaron la victoria de balde los agarenos, porque los mejores dellos quedaron muertos en el campo con otros infinitos heridos. Mandó el alcaide Farax de Calatrava cortar la cabeza de Nuño Alonso con el brazo derecho, mano y pié, quitándole las armas, y que el cuerpo se envolviese en paños de oro y seda. Cortaron muchas cabezas de los principales cristianos que en la batalla habian muerto, y con la de Nuño Alonso las envió á Córdoba á la mujer del rey Azubel, y á Sevilla, y las pasaron á África al rey Texufino. En tanto estimaron esta victoria de Nuño Alonso y su muerte, cuyo brazo y pierna derecha con otras cabezas algunos dias ántes que las enviase á Córdoba, las pusieron en la mas alta torre de Calatrava á vista de todos. Desta rota y muerte de Nuño Alonso dicen las historias de Toledo, concertando con las memorias. Primero dia de agosto lidió Munio Alfonso con el rey Hali Alfage en Mora, él matáron y, e levaron su brazo á Córdoba, era mil ciento ochenta y uno. Luego que se supo en Toledo la muerte de Nuño Alonso y los suyos, vinieron al campo de la batalla, y tomaron sus cuerpos, que como troncos estaban tendidos en la tierra, y con pompa funeral y muchas lágrimas los trajeron y sepultaron en el átrio de Santa María de Toledo, donde por muchos dias fué bien llorado Nuño Alonso de su

mujer, y de las otras que desta batalla quedaron viudas. Dice la historia de Toledo, que voy refiriendo,

que castigó Dios áNuño Alonso, permitiendo fuese vencido y muerto en la dicha pelea, porque él habia muerto injustamente á una su hija de legítimo matrimonio,

solo porque la vió jugar con un mancebo; que como él

no tuvo misericordia della, acordándose como la tuvo Cristo de la mujer adúltera, así Dios no la tuvo para

librarle desta batalla, y darle victoria como lo habia

hecho en otras muchas. Y fué tan grave el pecado de Nuño Alonso, que en penitencia de la inocente muerte de su hija, quiso ir en romería áJerusalen. Y el arzobispo de Toledo don Ramon viendo cuán necesario era en el reino, por ser extremado capitan, y valiente por su persona, con otros prelados, á quienes el emperador se lo rogó, hicieron con él dejase la peregrinacion de la tierra santa, pues podia hacer servicios á Dios mas importantes á este reino; y se le dió en penitencia, que todos los dias de su vida anduviese peleando con moros, como lo hizo hasta que ellos le mataron. En el tiempo que sucedió lo dicho el emperador corrió la tierra y comarca de Córdoba y Sevilla, y volviendo con mucho contento, cerca de Talavera asentó sus tiendas, y allí tuvo nueva del desdichado suceso de Nuño Alonso, que le dió notable pena, haciendo grandes muestras de sentimieto, tanto que agraviados algunos ricoshombres de su ejército, le dijeron: que otros mejores que Nuño Alonso le quedaban; y que si Nuño Alonso habia tenido buena fortuna, que por la virtud del emperador era, y ésta siempre seria. Oyó el emperador sus razones, y lleno de melancolía no les respondió, ni habló palabra; y al fin des dijo se fuésen á sus tierras, y pusiesen en órden para el año siguiente, que pensaba con poderosa mano vengar la muerte de Nuño Alonso y los suyos. Quien hubiere leido la historia de los macabeos, dirá que Nuño Alonso fué un segundo Judas, y su semejante; cuando, como se dice en el libro primero de los macabeos, cap. 9, acometido este valeroso capitan de sus enemigos, tuvo por afrenta el retirarse, y por glorioso el morir peleando. Nuño Alonso fué de los señalados capitanes de su tiempo, que se entiende bien ser tal, pues dél hacen tanta memoria, cuando tanta cortedad habia en escribir aun las cosas muy notables. Siempre entendí deste caballero que era de los Alonsos, que en Asturias y en Galicia eran tan antiguos y nombrados, y de la misma casa real. Llegóá mis manos el testamento que Nuño Alonso hizo ántes de partir á esta jornada, el cual está escrito en letra y lengua arábiga en el monasterio de San Clemente, y le trasladó un Lorenzo Fernandez, natural de Fez, y se halló entre los papeles de Pedro de Alcocer, y del maestro Alvar Gomez de Castro, y llegóá mis manos por las de un caballero muy principal de Toledo, señor de los mismos lugares que fueron de Nuño Alfonso, y de su sangre. Es notable escritura, y digna de ponerse aquí, como lo haré al pié de la letra. En ella dice Nuño Alfonso quien es, y de dónde, y nombra á todos sus antecesores; y es así, que fueron tales, que los hallo todos confirmando las cartas reales, como ricos-hombres del reino. Hay entierros en el monasterio real de Sahagun destos caballeros, que en una capilla antigua, que llaman de San Mancio, está Martin Alonso. En el monasterio de Celanova en Galicia hay asimismo otras, y en otras de Asturias. Cuando el rey don Alfonso el sexto ganó áToledo, se halló en la toma su padre de Nuño Alonso, y fué heredado en el lugar de Ajofrin, y otros, en el cual suelo permanecen hoy dia los descendientes de Nuño Alfonso, como entiendo dirán los que escriben de Toledo, que si es el padre Gerónimo de la Higuera será cosa bien curiosa, y cierto todo lo que dijere. El testamento traducido, como digo, es. «En el nombre de Dios Padre, Hijo, y Espíritu San

»to, criador de todas las cosas, y de la bienaventurada

»Santa María nuestra Señora Madre de Dios. Yo Munio »Adefonso, hijo de Adefonso Munio, y nieto del conde don Munio Adefonso alcaide y príncipe de la milicia

»de Toledo (guárdela Dios, y ensálcela). Temiéndome »de la muerte, que á toda carne sobreviene, estando »en mi entero juicio, cual Dios me lo dió, hago mi »testamento, y declaro mi última voluntad en la forma »que se sigue. Primeramente mando mi alma á Dios, »que la crió y redimió con su propia sangre; y si mi » muerte acaeciere cerca del monasterio de Celanova »en Galicia, quiero y mando, sea mi cuerpo sepultado »en el monasterio donde yace mitio el conde don Sua»rio. Y si acaeciere cerca del monasterio de Sahagun, »do yacen muchos de mis parientes, quiero que en él »me entierren: y si en el reino de Toledo, quiero que »me entierren en la iglesia de Ajofrin mi lugar, »ó en la iglesia de santa María de Toledo, ó en San »Ramon , segun que mis cabezaleros lo ordenaren. »Item mando, que pongan sobre mi sepultura la mi »bandera y señal, con los seis roeles ó frejos dorados »en campo colorado, en forma que hagan cruz, segun »que yo los traigo en mi seña, y nó á la larga, con »mi espada en medio, segun que lo traian en mis ante»pasados, porque la verdadera defensa y espada es la »señal de la cruz. Y por chanto el famosísimo Empe»rador don Alonso el Viejo, de gloriosa memoria, heo redó mi padre dándole el lugar de Ajofrin, v á mí »siendo mozuelo en la torre de Cervatos, y heredamien»tos de Figares, y yo compréá Villaseca, y me hizo mu»chas honras y bienes: mando se instituya una capella»nía en el monasterio de San Clemente, y que cada dia »se cante una misa por su alma. Item mando se digan »dos mil misas por mi alma, y de mis parientes y an»tepasados. Item mando se digan doscientas misas »por mi primera mujer Fronilde. Item mando se di»gan otras doscientas misas por la desdichada de mi »hija Fronilde, que yo maté. Item, por cuanto yo »soy casado con mi segunda mujer doña Teresa, »hija de Pero Gomez Barroso, por cuanto fué ella ca»sada ántes con otro marido, se le den las tierras y »bienes que le cupieren. Item , dono por principales »herencias á mis hijos las Forcinas de mi padre Ade»fonso Munio, y de mi abuelo el conde Munio Adefon»so, y de su padre Adefonso Gonzalez , y de su abue»lo Gonzalo Ovequiz, y de su tercero abuelo Oveco Te»llez, y de su trasabuelo Tello Murieliz; y en parti»cular dejo á mis hijos Fernando, y Pedro Munioz es»te lugar de Ajofrin, que yo heredé de mi padre Alonso »Munioz, y la torre de Estevan Ambran , y heredad »de Cervatos; á Telle Muñozá Villaseca , que yo com»pré de Pelagio Vellitez; y áJoan Muñoz las casas que »yo poseo y moro en la colacion de San Nicolás á la »puerta de arriba, que fueron de Moravita Abadalla; »excepto que do á Pelayo Muñoz, y á su mujer Gon»troda Perez lo que yo he en Olias. A María Adefonso, »mi hermana, las cubas y casas que yo he en Olias, »fuera de la parte que yo debo á mi hermana Teresa »Adefonso. Y quiero que Pelay Munio, mi hijo de la »primera mujer, entre en cuenta con sus hermanos de »lo que hasta ahora ha recibido. Dejo por mis albaceas »y cabezaleros á don Raimundo arzobispo de Toledo, »y á Fernando Alfonso, y Pelay Adefonso. Fecha la »carta en Toledo (guárdela Dios) á cuatro dias de las »calendas de abril , era mil ciento y setenta y sie»te (1), reinando el famosísimo emperador don Alon»so Raimundo en Toledo, en Castilla, en Leon; y ha

(1) Parece que en el original estaba era mil ciento setenta y siete, porque se hizo despues que se coronó don Alonso de emperador. Ficulno hijo de Pelayo Eigiz, por sobrenombre Botan , de la milicia Palatina.

biendo recibido la primera corona de su imperio (guárdele Dios). Testimonios que vieron y oyeron: Guter Fernandez, Pedro de Mongonares, Martin Feranandez: Pelayo Silvestro subdiácono de san Nicolás, lo escribió por mandado de Pedro Pelaiz, vecino de Toledo.» Cuatro años ántes que muriese tenia Nuño Alonso ordenado el testamento, haciéndolo así los caballeros que seguian la guerra, por los peligros que continuamente hay en ella. El invierno deste año, ó era mil ciento y ochenta y uno , segun el tumbo negro, fué riguroso con gran extremo: crecieron los rios, y fueron tantas las aguas, que se llevaron casas, árboles, puentes, perecieron los ganados, y muchas gentes, y se deshicieron los caminos antiguos y trillados; señaladamente hubo una gran inundacion dia de Santa Lucía.

CAPÍTULO LXXVI.

El emperador casó su hija doña Urraca con don Garcia Ramirez viudo, rey de Navarra.

Habia dias que el rey don García Ramirez de Navarra estaba viudo de la reina doña Margarita su prinera mujer, siendo muy amigo del emperador; y deseando que entre ellos hubiese nuevos vínculos de paz y amistad perpetua, pidióle por mujerá la infanta doña Urraca su hija, habida en doña Gontroda la de Asturias, de quien queda dicho. Crió á esta doncella desde su niñez su tia doña Sancha, hermana del emperador. Cuenta la historia de Toledo el casamiento desta manera. El conde de Tolosa , don Alonso Jordan, y otros ricos-hombres trataron este casamiento á instancia del rey don García, y lo pidieron al emperador; y él, con acuerdo de sus caballeros, vino en ello, y se concertaron las bodas en Leon para el dia de san Juan, veinte y cuatro de junio, donde para el dia señalado estuvo el emperador, acudiendo á su corte. Todos los grandes y ricos-hombres del reino acompañados de sus deudos y amigos, entre los cuales se señalaron los de Asturias, que á porfía, por ser la novia de su tierra, lucidísimamente vinieron. Vino el rey don García acompañado de mucha caballería navarros y aragoneses. Despues llegó la infanta doña Sancha, hermana del emperador, con su sobrina la infanta doña Urraca, esposa del rey don García : á las cuales salieron á recibir todos los caballeros de la corte, señalándose mas el que mas podia. Y con este acompañamiento entraron por la puerta de Toro, llevando las infantas consigo las doncellas mas nobles del reino. El tálamo donde se habían de celebrar las bodas, como se usaba en aquellos tiempos, se puso en el palacio real, que era en san Pelayo; y la infanta doña Sancha lo adornó y compuso ricamente de su mano. Al rededor dél estaban muchos hombres de placer, y mujeres con iustrumentos de música, que tañian y cantaban solemnizando la fiesta. El emperador y el rey don García se sentaron en lo alto de un sitial, y trono real que se puso á las puertas de palacio, y al rededor deste trono donde estaban los reyes habia muchos asientos en que se pusieron los obispos, abades, condes, duques y ricos-hombres todos por su órden. Dice que se hicieron muchas fiestas, jugaron los caballeros cañas, corrieron toros, y otros juegos de placer con que se regocijaron las bodas, que se celebraron en el dicho dia. Y en la era mil ciento y ochenta y dos dió el emperador á su hija y al rey su yerno ricos dones de oro y plata , escogidos caballos enjaezados ricamente. Y la infanta doña Sancha dió á

la reina su sobrina muy ricas ropas y vasos de oro y plata. Celebradas las bodas y fiestas, el rey don García se volvió con la reina su mujerá Navarra, yéndole acompañando muchos caballeros castellanos, señaladamente el conde don Rodrigo Gomez de Sandoval, Gutierre Fernandez de Castro, mayordomo del emperador, con otros duques y condes que llegaron con los reyes hasta Pamplona, donde el rey don García los festejó, y dió muchos dones.

Deste casamiento del rey don García de Navarra con la infanta doña Urraca hacen señalada memoria los privilegios reales, y uno en que el emperador don Alonso hizo merced á don García , abad del monasterio de Osera en Galicia, de otro monasterio de San Esteban de Flauzano (1), riberas del rio Miño, dice en la data: fecha la carta en Leon á treinta de julio era mil ciento y ochenta y dos. Y entónces don García, rey de los navarros, casó con una hija del emperador, que se halló presente. Confir. García Fernandez, potestad; Pedro Ponce de Minerva, paje de armas del emperador, el conde don Ponce de Cabrera; Diego Muñoz, mayordomo del emperador.

Esta era mil ciento y ochenta y dos el emperador don Alonso quiso reformar el monasterio de San Pedro de Cardeña, y que monges de Cluni lo gobernasen; y dice el diario desta casa : Era mil ciento y ochenta y dos timo el emperador don Alfonso en el monasterio de San Pedro de Cardeña e echó dende al abad don Martin . d cuantos monges eran con el en el monasterio, él diól al abad de San Peydro de Cruniego, é vinieron himonges del abad de Cruniego al monasterio, e moraron hi tres años é medio; e ellos veyendo que non podian hifincar, tomaron el oro e la plata, e los tesoros de la Eglesia, é foronse. E complidos los tres años é medio, el dicho abad don Martin tormóse al su monasterio por mandamiento del papa, non hifalló de que se fartase una hora.

Desta manera trataron los de Cluni los monasterios de Castilla; y así perdieron mucho de lo que en sus primeras fundaciones solian tener; y por esto se apartaron del gobierno de extranjeros, que nunca fué bueno.

CAPÍTULO LXXVII.
loma de Oreja, que llamaron Aurelia.

Padeció el reino de Toledo en el tiempo que reinó doña Urraca muchos trabajos, correrías y entradas que hacian los moros, hasta llegará los muros de Toledo, por la buena ocasion que por las revueltas de los reyes cristianos los enemigos tenian. Mataron á Gutierre Hermegildez, alcaide de Toledo: cautivaron á Tello Fernandez de Saldaña, que habia reedificado el castillo de Aceca. Cautivaron tambien en una celada al valiente caballero Nuño Alonso, que dice esta historia era natural de Galicia. Destruyeron el castillo de Aceca: tomaron la ciudad de Aurelia, que ahora llaman Oreja , tres leguas de Ocaña. cerca del rio Tajo: hicieron otros muchos daños, que por no tocar al emperador don Alonso dejo de referir. Siempre dolió mucho la pérdida de Cazorla por ser lugar de importancia, y por los muchos daños que dél los moros hacian. Y como el emperador quedó tan lleno de dolor con la muerte de Nuño Alonso, deseando vengarla, y cobrar esta ciudad, mandó juntar sus gentes para ir contra ella: y á Gutierre Fernandez de Castro, y á su hermano don Rodrigo Fernandez, que era alcaide mayor

(1) Hoy priorato de Choazan. B.

de Toledo, que juntasen todos los caballos y gente de guerra de la milicia de Toledo, y de las demás ciudades de la otra parte de los puertos, y de Extremadura; y pusiesen cerco al castillo que llaman Aurelia, y segun Plinio y el Antonino (1), es Oreja: lo cual se hizo con toda presteza, y en el mes de abril deste año le pusieron el cerco, apretándole fuertemente. Demás desto, el emperador mandó venir la gente de Galicia, Leon , Asturias, y toda Castilla; de suerte, que se juntaron muchos de ápié y á caballo con muy buenas armas: que las que mas usaban eran, los de á caballo lorigas largas, paveses, lanza y espada; y los peones ballestas, hondas, lanzones, broqueles y cortas espadas. Estas eran las armas de aquellos tiempos, y con ellas mostraban la fuerza, y destreza de sus personas. Con este ejército partió el emperador en persona en favor y ayuda de los suyos, que tenian cercado el castillo de Aurelia: y llegado, se apretó el cerco, dándole combates con las máquinas é instrumentos que entonces usaban. Dentro en su defensa estaba Hali, aquel valiente alcaide, que venció, y matóá Nuño Alonso y los suyos. Tenia consigo muchos ballesteros y soldados bien armados que valientemente defendian el castillo, que de su natural y obra era harto fuerte. Mandó el emperador que los ingenieros arrimasen las máquinas y bastidas: y en la ribera del rio puso guardas, para que los cercados no pudiesen llevar agua : y en cierta parte, por donde los moros salian secretamente por agua, mandó poner un baluarte para que se lo defendiesen, y còmbatiesen á los que salian por agua. Tristes y cuidadosos estaban los reyes de Córdoba y Sevilla, y Abengamia, príncipe de la milicia de Valencia, sin saber qué medio tomar para socorrer el castillo. Llamaron los alcaides y otros reyezuelos sus amigos, y juntaron toda la gente de guerra que pudieron, y de Africa pasaron muchos escogidos moros, que los envió el rey Texufino, su señor y cabeza, que residia en Marruecos. Juntáronse innumerables gentes de unos que se decian azecutes: por manera que llegaba su ejército á treinta mil caballos, y de los peones no habia número sabido, tanta era la multitud que dellos habia. Salieron de Córdoba camino derecho contra Toledo, y llegaron á los pozos de Algodor, y asentaron allí su real. Derramaron las espías, y pusieron celadas con muy escogidos soldados, y con ellos Abengamia, capitan de Córdoba, de quien ellos hacian mucha cuenta: y diéronles órden, que si el emperador saliese á darles batalla, que ellos saliesen de las emboscadas, y acometiesen al real de los cristianos, y se lo ganasen, matando cuantos hombres de guerra hallasen en él, y que matasen todo lo que hubiese, y que se entrase en el castillo, y metiesen en él los bastimentos necesarios que para esto llevaban: y hecho esto, se volviesen en seguimiento del campo, que iria marchando para Toledo, donde todos juntos darian la batalla al emperador. No pudo ser esto tan secreto, que el emperador no tuviese aviso dello, sabiendo sus trazas y discursos como lo habian ordenado. Mandó juntar los capitanes del ejército, con los cuales consultó el intento de los enemigos; y fué acordado, que ni el emperador, ni su ejército saliesen á los enemigos, sino que los esperasen quedos dentro de los alojamientos, y el cerco del castillo se apretase por todas partes, estando con todo cuidado, para que por ninguna via pudiesen ser socorridos, ue fué un consejo saludable. Viendo los moros

(1) Ni Plinio ni Antonino hablan de Aurelia. B.

que no les salian las trazas como las pensaron, y el poco remedio que de socorrer el castillo tenian, y que con mucha pérdida y notable peligro podian acometer al emperador en su real, marcharon con su poderoso ejército contra Toledo. Combatieron reciamente á San Servando (1), mas no dañaron sus altas torres, sola la que estaba frontero de San Servando derribaron, y murieron en ella cuatro personas solas; los demás se escaparon, y fueron á Aceca, donde los moros no hicieron daño. Talaron los campos y viñas, y hicieron los daños que pudieron. Estaba en la ciudad la emperatriz doña Berenguela, y todos muy bien prevenidos

con muy lucida gente de guerra, que puestos por los

muros y torres hicieron rostro al campo enemigo. Envió la emperatriz una embajada á los reyes moros, diciéndoles que mirasen que era afrenta suya, que viniesen tantos y tan armados á pelear contra una mujer; que pues los esperaba el emperador en Aurelia con sus gentes en órden para pelear, que por qué no iban contra él. Púsose la emperatriz con todas sus damas, v otras nobles mujeres de la ciudad ricamente vestidas en la torre de Alcacer (2), de manera que pudiese ser vista de los enemigos, y ella los pudiese bien ver. Hiciéronle grande acatamiento y reverencia los reyes moros; y viendo el poco caso que dellos se hacia en la ciudad, y que por su gran fortaleza no la podian dañar; ni se detuvieron allí, ni las quisieron haber con el emperador, socorriendo á su pesar el castillo, y volviéronse para Córdoba. No cesaban los combates que el emperador mandaba dar cada dia al castillo; y sabiendo que por cierta parte salian los cercados á coger agua del rio , mandó hacer allí otro baluarte para estorbárselo. Salieron los del castillo y pegáronle fuego, por haberse descuidado los que estaban en su guarda. Era ya grande la necesidad que los cercados padecian faltándoles que comer; y aun el agua escasamente la habia. Los ingenieros del campo del emperador arrimaron unas fuertes y grandes bastidas á las torres del castillo, de donde con las ballestas y tiros hacian notable daño. Viendo el alcaide Hali que ya no habia fuerzas ni caudal para resistir, ni defenderse, envió al emperador suplicándole les diese un mes de término, para que dentro dél pudiesen enviará Marruecos al rey Texufino, y á los demás reyes moros pidiéndoles socorro; y que si dentro deste término no le enviasen, que entregarian el castillo, con que el emperador los mandase poner en salvo con todo lo que tenian en la ciudad de Calatrava. El emperador aceptó el partido con que le diesen en rehenes trece de los mas principales que entre ellos habia, excepto el capitan Hali; y que si no les viniese dentro del término dicho socorro, le entregasen el castillo, dejando en él todas las armas y pendones que tocaban al rey, y ellos saliesen libres, llevando cada cual lo que solamente era propio suyo: y asimismo le entregasen vivos y sanos los cautivos cristianos que en el castillo habia. Contentáronse con esto los cercados, y dieron luego las rehenes que el emperador mandó llevar á Toledo con buena guarda.Juraron estos capítulos los unos y los otros. Y Hali envió luego al rey Texufino, y á los demás reyes moros, avisando el aprieto en que estaba, y pidiendo socorro: mas no se lo pudiendo dar, pasado el término, se entregó el castillo al emperador, y se

(1) Llámanle ahora castillo de Cervantes. (2) Esta torre llama el latin Alcacer, debe ser la que ahora llaman Alcántara.

pusieron en él los pendones imperiales con la señal de la cruz, que fué la insignia y armas de que siempre usó el emperador en sus estandartes y banderas, y en los privilegios que concedia. Vino el capitan Hali con los principales de los suyos á besar las manos al emperador, que los recibió agradablemente; y mandó regalar, y hacer buen tratamiento, aposentándolos en el real. Trajeron las rehenes que se habian llevado áToledo; y mandó el emperador, que Rodrigo Fernandez con gente de guerra fuése, y llevase los moros á Calatrava, poniéndoles en salvo, porque los de Toledo, que los deseaban matar, ni otros, no les hiciesen daño. Púsose el cerco á este castillo en el mes de abril, y entregóse á los cristianos último dia de octubre del dicho año. Ganóse en él una fuerza de gran importancia, por los muchos daños que los moros hacian corriendo continuamente la tierra de Toledo y Extremadura, que no habia cosa segura. Mandó el emperador repararlo, y puso en él mucha gente de guarda, basteciéndole de armas y comida. Despidió el campo, que cada uno se fuése á su casa; y tomó el camino para Toledo, do fué recibido con gran triunfo y gozo de todos; y el arzobispo y clerecía le salieron á recibir en procesion; y lleváronlo á la iglesia de Santa María donde dieron gracias á Dios por las mercedes que de su divina mano recibian. Lo restante deste año gastó en hacer justicia, reformar abusos, deshacer agravios, castigar tiranos, que con las ocasiones de la guerra habia demasiados, con que fué amado de los buenos, y temido de los malos. Hallo del emperador por memorias deste año de la era mil ciento ochenta y tres, que á ocho de marzo estaba en Burgos, donde dió á la villa de Pancorvo la jurisdiccion de los alcaldes ordinarios, y confirmó sus términos. Hallábanse con él su hijo el rey don Sancho, don Ramon, arzobispo de Toledo, y otros muchos prelados del reino, y Gutierre Fernandez, llamándose príncipe de Castilla (que es justicia mayor ógobernador de Castilla), Nuño Perez, alférez del emperador, Gonzalo Ruiz, señor en la Bureva: y es bien notable la hechura del signo desta escritura. Son muy notables los fueros que el emperador dió este año á dos de setiembre á la ciudad de Oviedo, y dice que son los que el rey don Alonso su abuelo habia dado á la villa de Sahagun. El romance es el mas antiguo y bárbaro que he visto, mezclado con latin, y malo de entender. Conserva la ciudad al presente estos fueros en una confirmacion que dellos hizo el rey don Fernando, era mil trescientos treinta y tres. Halláronse con el emperador al dar estos fueros su mujer é hijos, la infanta doña Sancha , el conde don Manrique, Nuño Perez, alférez del emperador, Gutierre Fernandez, el conde don Rodrigo Gomez de Sandoval, el conde don Ramiro, el conde don Ponce, Alvar Gutierrez, Suero Ordoñez y otros caballeros, Gonzalo Bermudez, que tenia á Asturias, Nuño Gallego. Y en este año á quince de junio estaba en Toledo, que debió venir del real sobre Cazorla á verse con la emperatriz, y allí hizo merced al monasterio de San Prudencio, que ahora es de la congregacion de Cister, que está fundado junto al castillo de Clavijo en la montaña Laturce, y fué en los tiempos antiguos de monges de hábito negro de san Benito, y estuvo sepultado en él el cuerpo de san Prudencio, obispo de Tarazona, de donde el rey don García le trasladó al monasterio real de Nájara que él fundó; y hoy posee sus santos huesos con gran veneracion de la ciudad y toda su co

marca, que con mucha devocion acuden á pedirle favor en sus necesidades. Dió el emperador al monasterio de san Prudencio el lugar de Lagunilla en trueque por unas heredades que el monasterio tenia en Logroño, junto al castillo desta ciudad. Y confirman que se hallaban con el emperador la emperatriz doña Berenguela, su hijo el rey don Sancho, don Ramon, arzobispo de Toledo, don Pedro obispo de Segovia, don Bernardo, obispo de Sigüenza, que debia de ser titular, don Sancho, obispo de Calahorra, don Esteban, obispo de Osma. Y dice que reinaba en Toledo, Leon, zaragoza, Nájara, Castilla y Galicia, y que era el año onceno. Quo primum Imperatorum locutus fui. Y en este año por el mes de setiembre hizo merced al monasterio de Oña del lugar de Padron: y confirman su hijo el rey don Sancho, y no hay memoria de don Fernando, el conde don Rodrigo Gomez de Sandoval, el conde Poncio de Cabrera, mayordomo del emperador, el conde don Manrique, Gutierre Fernandez, potestad, Nuño Perez, alférez del emperador, Diego Muñoz de Carrion, García Ruiz de Burgos, Miguel Félix, merino de Burgos, Anaya Rodriguez, merino de CarITIOI. En este año fundó y dotó la infanta doña Sancha, hermana del emperador, el insigne monasterio de la Espina, cerca de Medina de Rio Seco, de la órden de San Benito y monges de Cister, tan principal como lo vemos ahora y de tanta religion. Fueron devotísimos los dos hermanos de la religion de san Benito, y destos santos monges que con toda observancia la guardaban. Como he dicho, esta señora infanta nunca se casó, fué gran cristiana; y con ser quien era, fué en romería á la tierra Santa, jornada tan larga y peligrosa. Visitó con gran fervor y devocion aquellos santos lugares, en que se detuvo cinco ó siete años, socorriendo á los pobres con largas limosnas, hasta servirlos por su persona en los hospitales. Quiso el Señor mostrar cuan aceptas eran las obras desta bendita infanta, y cuanto lucian en el cielo: y en testimonio dello sucedió, que el dia de pentecostés una lámpara que ella habia puesto ante el altar del hospital que allí está se encendió milagrosamente, sin que ninguno la encendiese. Pasado el tiempo de su santa romería, volviendo para España, vino por Roma á recibir la bendicion del pontífice Inocencio segundo, y visitar los santos apóstoles; y el papa le dió una parte del aspa en que fué puesto el apostol san Andrés, y otro pedazo de la cruz en que fué puesto san Pedro, y un dedo meñique; que todo se guarda, y tiene hoy dia en el relicario deste santo monasterio. Pasó por Francia esta señora infanta, donde con la fama de la santidad del glorioso san Bernardo, le fué á visitar, y trató con él de fundar este monasterio; y el santo le dióá fray Nibardo su hermano que viniese con ella á España para hacer esta santa obra. Prosiguiendo el camino llegó á París, donde visitó el real monasterio de San Dionis, sepultura de los mas reyes de Francia, que es de monges de san Benito. Allí entre otras muchas reliquias le mostraron gran parte de la corona de espinas con que fué coronado nuestro Redentor, que el emperador Carlo Magno habia traido. Pidió la infanta á la reina de Francia que era su deuda, que suplicase al rey la diese una espina de aquella santa corona: el rey lo hizo así. Cargada deste rico tesoro vino la infanta á España. Tenia de su legítima unos palacios en el mismo lugar, donde ahora está fundado el monasterio, cerca de una villeta suya, que se llamaba San Pedro de

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