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tanta era la devocion que tenia con los monges de Cluni:y ya que no pudo tomar el hábito y vida de monge, mostró su devocion y amor con obras de rey cristianísimo. Dió á San Pedro de Cluni los monasterios de san Benito que tenia en Castilla, casi en los tiempos que comenzó á reinar; porque en la era mil ciento diez y siete incorporó el monasterio de Santa María la Real de Nájara (con ser obra grandiosa y acabada de hacer por el rey don García, su tio, y sepultura de tantos re yes) con el de San Pedro de Cluni. Trajo monges de Cluni, que hizo prelados en su reino. Y finalmente, se hizo pechero y tributario de Cluni, pagando la pension doblada que su padre habia ofrecido, como parece por la escritura que referí hablando del monasterio de Sahagun, que volveré á poner aquí en nuestra lengua castellana cono la traduje del latin. «En el nombre de Dios todopoderoso, Padre, Hijo «y Espíritu Santo. Alfonso, por la divina clemencia, «rey de las Españas. A la magestad real conviene imi«tar las virtudes y hazañas de sus antepasados, con «que agradan á Dios y á los hombres; y á sus suceso«res dejen amable memoria de su nombre. Ofrecióse«me, pues, á mí Alfonso rey, y vino á la memoria «una cosa notable que, entre otras, hizo mi padre el « rey don Fernando, de perpetua recordacion: que ha«biendo sabido la mucha religion santa , y aprobada « del monasterio de Cluni, compungido con temor y «amor divino, humildemente pidió la compañía de los «monges, que allí servian á Dios y á san Pedro: y con « mucha devocion los recibió, y con gran fidelidad « mientras vivió los retuvo; creyendo (no sin razon) « que participaria de todas sus buenas obras espiritua« les, si él con abundancia les diese de sus bienes tem«porales. Y por esta razon les dió un censo de mil es«cudos cada año, que vulgarmente llaman Meteales, «para el vestido de los monges del dicho monasterio de «San Pedro de Cluni. El cual censo quiso que se le «pagasentambien sus sucesores. Y porque el Criador om« nipotente ha querido fortalecer mi trono en el reino « de las Españas. Yo Alfonso, por la gracia de Dios rey, « así como soy heredero de la dignidad de mi padre, « tambien lo soy de su buena voluntad; y por tanto « hice pacto de hermandad con los dichos monges, « dándoles doblado el censo que les dejó mi padre. Y «habiéndolo comunicado con la reina, mi mujer, y « con el arzobispo de Toledo, y los demás mis obispos y «grandes de mi reino, y mis vasallos; queriéndolo to«dos, y consintiéndolo, aprobándolo y confirmándolo, « constituyo el dicho censo doblado en favor de mis ca«rísimos hermanos los monges de Cluni:y así lo esta«blezco por míy mis sucesores para siempre jamás «por via de ley. Y este decreto hago por el remedio de « mi ánima, por las de mis padres y hermanos, por la « de mi mujer y mis hijos; para que aproveche á los «vivos para alcanzar la vida eterna; y á los difuntos «para poseer el descanso sempiterno. Y si alguno de «los reyes, mis sucesores, quisiere (lo que Dios no «permita) ir contra mi mandado, ó tentare negarles « del todo el dicho censo, ó disminuírsele, sepa, que, « como yo lo confio en el Señor, le será quitado el reino, «y por juicio divino ha de ser desheredado, si con «brevedad no se enmienda, y restituye con digna satis«faccion lo que hubiere quitado del dicho censo. Y pa«ra que esto se guarde inviolablemente, mandé hacer « esta escritura, la cual con mi real mano y autoridad «firmé; y mandé á mis caballeros y vasallos consi«guientemente que la confirmasen. Y tambien pedí á

«mi padre, el abad de Cluni don Hugo, que estaba en«tónces conmigo en la ciudad de Burgos, que ponga «precepto á los abades que despues dél fueren, que «hagan conmemoracion desto que les ofrecemos por « nosotros, por nuestro padre y madre, y por nues«tros hermanos, por míy por la reina mi mujer y mis «hijos. Y el dicho abad don Hugo así mandó y ordenó «que se hiciese por vivos y difuntos. Dada en la ciu«dad de Burgos año de mil y noventa de la encarnacion « del Señor, en la indiccion tercera, en los dias de «Pascua.» El año siguiente de la era de mil ciento treinta y dos fué dichoso para aquelgran caballero y famoso capitan Rodrigo Diaz de Vivar, llamado el Cid, porque en él ganó la ciudad de Valencia, como se dice en su historia, y el año declaró el tumbo negro de Santiago, que dice así: Era mil ciento treinta y dos priso mio Cid Valencia, et Juceph Aben Texefin entró en España. Fué tambien de lágrimas (que no hay fortuna segura en esta vida), porque murió sobre Huesca el valeroso don Sancho Ramirez, rey de Aragon y Navarra, que así lo dice el mismo tumbo negro: Era M.C.XXXII Sanccius Rex pridie Nonas Julii, que es: año mil noventa y cuatro murió el rey don Sancho á seis de julio. Del rey don Alonso de Castilla no hallo que contar en este año, mas de que estuvo en la Rioja por el mes de octubre en el monasterio de San Millan, como parece por una escritura, en que doña Fortuñez, en presencia del rey, hizo una rica donacion á este monasterio, como digo en su historia.

CAPÍTULO XXIV.

Conquista de la tierra santa, y lo que por este tiempo pasó en España. Si bien la jornada que este año se concertó en el pueblo cristiano, en demanda de la tierra santa, no toca á España por la poca gente que de allá pasó, impedidos de los enemigos que tenian dentro de sus casas; por haber sido en este año, y tan notable, y hallarse en ella algunos caballeros y príncipes destos reinos: diré aquí brevemente la manera en que fué, remitiendo á quien mas della quisiere saber, á Paulo Emilio, autor grave y francés en sus anales, en la vida de Felipe, primero de este nombre, rey de Francia, donde cuenta menudamente el progreso de toda esta guerra santa, nombrando los príncipes y personas que se hallaron en ella: y lo mismo escribe Guillermo, arzobispo de Tiro, que escribió veinte y tres libros de la misma guerra santa, en que so halló presente casi desde el principio; fué canciller mayor de Jerusalen. Fué, pues, el caso. Estaba un hombre en Francia, llamado Pedro el Ermitaño, natural de la ciudad de Amiens, de sangre noble y que seguia la milicia, si bien era de pequeño cuerpo y mal agestado; de manera, que era , al parecer, despreciable. Suplia estas faltas corporales con las virtudes que en el espíritu tenia, porque era de buen ingenio, industria y prudencia y sagacidad; y sobre todo elocuente para decir y persuadir todo lo que queria. Este Pedro, enfadado del mundo, resolvióse en servir muy de veras á Dios: retiróse á vivir en un yermo, y allí pasaba el tiempo en continua meditacion y oracion. Movido con deseos despues de visitar la casa santa de Jerusalen y los demás lugares santos donde se obró el bien de nuestra redencion, partió para Roma y de ahí siguió su peregrinacion; y como él era de tan poca persona, y que los moros no reparaban en él por esta falta, y por la pobreza con que iba, pudo andar con seguridad entre ellos, y visitar sin peligro todas las partes de Siria: y como el hombre era avisado, instruyóse en todo, y alcanzó las costumbres y fuerzas de aquellos bárbaros; reconoció las ciudades , villas y lugares fuertes de importancia que entre ellos habia; y asimisno del tratamiento que hacian á los cristianos, que era por extremo malo, el peor que se les podia hacer. Siendo demás desto certificado por Simeon, patriarca de Jerusalen , de las grandes crueldades que los cristianos en aquella ciudad y en otras padecian, y el gran desacato con que trataban los moros las cosas sagradas, y como cada dia lo esperaban peor; dió el patriarca á Pedro una carta para el sumo pontífice, en que le representaba todos aquellos males y afliccion, y le pedia socorro a él y á los príncipes cristianos para vengar aquellas ofensas que á Dios se hacian en aquelas tierras donde mas debia de ser adorado, pues allí naciera y padeciera por la salud de los hombres. Y á Pedro dijo de palabra lo mas que le podia decir. Venido Pedro al papa le dió la carta del patriarca, y sobre eso le hizo una tan elocuente oracion , que el papa Urbano segundo, varon santísimo, de la orden de san Benito, se movió tanto con la eficacia de sus razones, que luego decretó concilio para la ciudad de Claramonte en Francia en el año de Cristo mil noventa y cuatro, ó segun otros de mil noventa y cinco, mandando venir allí no solo los obispos, de que se juntaron trescientos, mas los señores de toda la Francia y Galia Bélgica, y otras provincias juntos que muy de gana vinieron. Se comenzó el concilio por sus sesiones, y luego en la segunda que hubo , mandó el papa que se hallasen todos eclesiásticos y seglares, congregados en esta manera. Quiso el pontífice que se les leyese en alta voz, de manera que por todos fuese oida la carta que el patriarca habia enviado con Pedro. Y leida mandóáPedro el Ermitaño, que allí les dijese lo que el patriarca habia dicho de palabra; lo cual dijo y representó Pedro de tal manera, que no hubo allí persona que no se bañase en lágrimas, lastimándose de los trabajos que los cristianos padecian , y sintiendo gravemente los desacatos que á los lugares santos se hacian. Viéndolos el papa así conmovidos , les hizo un grave razonamiento, persuadiéndolos á que todos se pusiesen en conquistar la tierra santa, y sacarla del poder de los moros. Compelidos de lo que el papa les habia dicho, demás de lo que Pedro el Ermitaño habia representado, y lo que el patriarca escribiera; todos á una voz clamaron con un uniforme grito ó sonido, como si el Espíritu Santo lo inspirara á cada uno: Dios quiere esto. Sosegada esta voz y conmocion de aquella ilustrísima congregacion, el papa les volvióá hablar y esforzar el hecho, concediéndoles indulgencias y promesas ciertas de la salvacion de los que en tan santa guerra se hallasen; y dijoles, que aquella palabra que todos á una , súbitamente dijeran sin premeditarla, sino dada por Dios, les daba por señal y apellido, que dijesen , cuando acometiesen los enemigos: y que todos los soldados de aquella sacra milicia se pusiesen cruces coloradas en los pechos. Los primeros que se ofrecieron para ir en persona á esta jornada, fueron, Odemaro, obispo de París, y Guillelmo obispo de Orange, que se echaron á los piés del papa, pidiéndole licencia para tomar y usar las armas por la fé. Y estos obispos y todos los demás que se hallaron en el concilio, y sus diócesis, y Pedro el Ermitaño por toda Alemania con su predicacion , convocaron gente sin número para la santa jornada.

Los señores de Francia , que en el concilio se hallaron, se ofrecieron luego á aquella empresa: de los cuales fueron los principales, Hugo conde de Vermandeis, hermano del rey Felipe de Francia : Godofre de Bullon, duque de Lorena, Balduino, y Eustaquio sus hermanos, hijos de Eustaquio conde de Bolonia, Roberto duque de Normandia hijo de Guillermo rey de Inglaterra; Estéfano conde de Borgoña, Roberto conde de Flandes, Raimundo conde de Tolosa y San Gil, Estéfano conde de Bles, Harpin duque de Berri, Balduino conde de Mons, Anselmo de Richerot, y otros grandes señores.

Habiéndose de hacer capitan general de tan importante jornada y ejército innumerable, todos pusieron los ojos en Godofre de Bullon duque de Lorena. Era Godofre el mas estimado y amado príncipe de todos los de su tiempo, porque concurrian en él todos los bienes de ánimo y de cuerpo, que se podian desear; porque en la sangre era ilustrísimo, descendiente de los reyes y emperadores; en la edad floreciente, en la disposicion de cuerpo alto, y el mas hermoso y bien dispuesto que habia en aquellas provincias. En letras muy bien instruido, y muy esforzado, y que de su persona en hechos de armas y desafíos que tuvo, diera muestras de gran soldado , y sabio capitan: y sobre todo era cortés, y afable juntamente con mucha gravedad, clemencia, y muy liberal, que son las partes con que los príncipes mas ganan los corazones de los hombres. Siendo pues la guerra tan santa y pia, y el capitan tan celebrado, y bien quisto de todo el mundo, fué sin cuento la gente que se juntó para esta jornada de todo estado, sexo, edad, y profesion. Los hombres que ántes eran de mala vida y estragada, eran los que con mas fervor ponian la cruz en los pechos, y que dejando todos impedimentos que en el mundo tenian de mujeres y hijos, y otras cosas con quien los hombres se embarazan, se ponian en camino. Muchos hombres y mujeres de grande edad, que apenas podian ya vivir de viejos, y cargados de años, se embarcaron con grande orgullo, teniendo sus muertes por bienaventuradas, si muriesen en la tierra santa, ó en el camino para allá. Despedíanse los maridos de las mujeres, los hijos de sus madres, y padres, con tanta alegría de los que iban y de los que quedaban, como si fuera jornada de un dia , ó cosa de alguna fiesta. Muchos dellos vendieron parte de sus haciendas para sustentar la guerra, y socorrer los soldados y pobres que se les llegaban: como hizo el duque Godofre, que vendió la ciudad de Metz de Lorena á los mismos ciudadanos della, y el condado de Bullon al obispo de Lieja, con tanta honra del duque que lo vendió, cuan poca del obispo que en tal ocasion lo compró. El duque Roberto de Normandía empeñó el estado á su hermano Guillermo, rey de Inglaterra, por grande suma de dinero; y vendió el condado de Constancia á Henrique otro su hermano. Los que en su casa quedaban, daban espontáneamente muchas ayudas de dinero, y otras cosas para la guerra, moviéndolos á ello Pedro, que por diversas partes andaba predicando este santo viaje.

Estas gentes se pusieron en órden, y en el año mil noventa y seis se embarcaron en diversos puertos. Otros muchos señores se fueron el camino de Roma á pié, y tomaron la bendicion del papa, los cuales juntándose despues en Asia los que de Europa habian salido, afirma san Antonino en su corónica, que se hallaron seiscientos mil honbres de á pié, y setenta mil de á caballo en la ciudad de Nicea de la provincia de Bitania. Otros hacen ménos suma. Mas la verdad es, como la gente no iba á sueldo, ni habia libros, ni otras cuentas, mas que ir cada uno llevado de su devocion, y infinitas casas movidas de todo punto con mujeres y hijos, no se podia saber número cierto; y tambien porque no se hallaban todos en un lugar, ni partian de una sola provincia, sino de diversas de toda la cristiandad; que solo á Boemundo príncipe de Apulla se le juntaron de Abruzo, Basilicata, Apulla, de Sicilia veinte mil hombres de pelea, de mas de os de otras provincias de Italia, que lo tomaron por capitan. A este grande y poderoso ejército no habia cosa que le resistiese. La primera ciudad que tomaron, fué la de Nicea; de ahí sujetaron toda Panfilia, y pasando el monte Tauro, ganaron á Cilicia; y pasando á Siria, pusieron cerco á la grande y populosa ciudad de Antioquía, que parecia inexpugnable, así por el sitio como por los muros fortísimos y doblados, en que hábia cuatrocientas y sesenta torres. Finalmente, tomada por fuerza de armas toda la Siria, pusieron cerco á Jerusalen; y la tomaron últimamente en el año de mil y noventa y nueve, habiendo cuatrocientos y ochenta años que estaba en poder de IIOI'OS. Tomada la ciudad santa de Jerusalen, y conquistada toda su tierra, consultaron á quién harian rey de aquella ciudad, como cabeza de todo lo demás que estaba ganado; y habiendo muchos de aquellos príncipes, que cada uno por su grande valor y clara sangre merecia el reino, sin haber emulacion alguna ni señal de desear el reino; fuéron todos de una voz y parecer, que se diese al duque Godofre de Bullon su general, por ser quien era, y por su gran religion, y por haberse señalado entre todos los príncipes, que en aquella jornada se habian hallado. Aceptó Godofre el reino, mas nó la corona ni otra insignia real, diciendo: Que donde el Señor del mundo, por él, y por otros pecadores trajera en su cabeza corona de espinas, no habia él de traer corona de oro. Habiendo un año que Godofre era rey, vino á fallecer con gran sentimiento de aquellas gentes: al cual vino á suceder Balduino, conde de Edesa, su hermano; y sucesivamente Balduino segundo su primo: Folco conde de Anjou, yerno de Balduino segundo, Balduino tercero, hijo de Folco: Balduino cuarto, hijo de Aimerico: á Balduino cuarto, por ser leproso, y no casar, sucedió Balduino quinto, niño de poca edad, hijo de su hermana Sibila y de Guillelmo, hijo del marqués de Monsferrara; el cual muriendo luego despues de su tio, su mujer Sibila casó con Guido de Lusiñano, y hizo que reinase. Habiéndose metido este Guido así en el reino, por las muchas diferencias, que el conde Tripol y Tancredo príncipe de Antioquía traian; como es fuerza, que el reino entre sí diviso, se haya de asolar, vino á perderse la ciudad de Jerusalen, tomándola el soldan Saladino, capitan bárbaro y valeroso, en el año de mil ciento ochenta y siete, habiendo ochenta y ocho años que estaba en poder de cristianos. Fué uno de los capitanes generales, ó mas señalados caballeros que hicieron esta jornada, Roberto el mozo, Frison, llamado de Jerusalen, Onzeno conde de Flandes, el cual casó con Clemencia de Borgoña, hija de Guillelmo conde de Borgoña, y hermana de Estevan Reginaldo, y de Calixto papa, segundo deste nombre. Murió año de Cristo mil ciento veinte y ocho. Hago esta memoria por ser Clemencia de la sangre de Borgoña, de donde fueron la reina doña

Constanza, y el conde don Ramon, padre del emperador don Alonso. Los condes don Pedro Assurez y doña Eilo su mujer fundaron la iglesia, que ahora es catedral en la ciudad de Valladolid, y pusieron por abad á don Salto, y clérigos religiosos, que yo entiendo fueron de San Benito; porque vino á ordenar su asiento y vida don Virila, prior del monasterio de San Zoil de Carrion; y los condes fueron muy devotos de san Benito, y del monasterio de Cluni, que en estos años florecia con gran santidad. Dotaron esta fundacion á veinte y uno de mayo, año de mil y noventa y cin– co. Obligan á los ministros desta iglesia, que cada dia digan en ella las horas canónicas, y celebren el oficio divino. Danles un barrio dentro en Valladolid, y van diciendo sus linderos hasta la corte de Martino Franco (que tan antiguo es en Valladolid el linaje de los Francos; y hay calle que se llama dellos). Y otro corral de don Cid: y que el abad pueda poblar dentro destos términos, que debe de ser ahora lo mejor de la ciudad, que está cerca de la iglesia mayor. Dan el monasterio de San Julian, y el de San Pelayo, que estaban fundados dentro de la villa, con todas las demás iglesias y parroquias que en ella habia, y otras cosas. Dicen, ser este el dia de la dedicacion de la iglesia; que firman juntamente con sus hijas; que reinaba en Castilla don Alonso, y que era conde en Galicia don Ramon. Y del mismo conde, en este año á nueve de agosto, hay memoria de una carta de trueque del monasterio de Samos entre el abad don Pedro y los monges. Dice que reinaba don Alonso en Toledo y en España. El genero suo comite Regimundo in Galletia, et in Santarem; y que Hermildo era mayordomo del palacio del rey, y Hero Heriz mayordomo en Astorga, y en el Vierzo. Dos cosas noto en esta escritura: la una , que no se habia dado en este año á don Enrique lo de Portugal, pues lo tenia don Ramon; la segunda, que el rey tenia mayordomos en cada provincia, que le recogian las rentas. Don Gomez Gonzalez, de quien he dado cuenta, y por lo que adelante diré, habiendo servido al rey don Alonso de doncel que le llevaba las armas, cuando salia en campaña con su ejército, ya en este año era mil ciento treinta y cuatro era conde, y se le habia dado la tenencia de Pancorvo, que fué gobierno de los mas honrados de Castilla; parece eso así por la escritura que refiero en el monasterio de San Millan, S 75. En este año mil y noventa y siete hizo el rey don Alonso jornada contra Aragon, y señaladamente contra la ciudad de Zaragoza. Dicelo así una carta de donacion del monasterio de Santo Domingo de Silos, fecha á diez y nueve de mayo deste año, en la cual dice así: Rec ecercitus ad Zaragozan ducente; y llamándose emperador de toda España, y con consentimiento de su querida mujer doña Berta reina, hizo franca esta casa de los derechos, que los merinos y sayones del rey solian coger. Confirma llamándose Toletanus imperator. La reina doña Berta, que como reciencasada, la llevaba en el campo consigo. Raimundo yerno del rey, conde de toda Galicia, Urraca hija del emperador, v mujer del conde Raimundo, Bernardo arzobispo del imperio toledano, Aznariz obispo de Burgos, Raimundo obispo de Palencia, Pedro obispo de Leon, Juan abad de Oña, Diego Nuñezabad de Cardeña, Martin abad de Arlanza, Fortunio abad de Silos, que alcanzó esta merced; por donde parece, como los obispos y abades de san Benito acompañaban la persona real en los ejércitos, conforme á lo que los godos habian ordenado, como dejo advertido tratando del fuero juzgo. Hallábanse en este campo el conde don Pedro Assurez señor de Valladolid, el conde García Ordoñez, que tenia á Nájara, el conde don Sancho, el conde don Pedro, Gomez Gonzalez, que llevó en esta jornada el estandarte, haciendo oficio de alférez, Fernando Muñoz mayordomo del rey, don Felix mayordono de Castilla, en otras partes se llama de Burgos, que es lo mismo, Diego Muñoz, Fernan García, Fernan Perez, Gonzalo Nuñez de Lara , Alvar Fañez de Zorita; este caballero ha de ser el sobrino de Rodrigo Diaz, que pudo ser haber venido en esta ocasion á servir al rey, aunque en llamarse de Zorita debe ser otro; Fernan Perez de Hita. Alvaro Diaz, Pedro Alvarez, Rodrigo Gonzalez, Ordoño, Alvaro, Lain Diaz, Nuño Velez, Froila Muñoz, Pelayo Origiz, cognominado Botan. notario del rey. Tales eran los caballeros principales del reino, que es claro serian los mas ilustres y ricos que acompañaban al rey. Y de todos los que aquí se nombran, no sabemos cierto qué descendientes haya, sino son del conde don Gomez, que son los de Sandoval; y del conde don Gonzalo Nuñez, que son los Manriques, por la parte que tienen de Lara y los Ordoñez. Tanto se han diferenciado, ó oscurecido los nombres y apellidos. y es cierto , que muchos de los ricos-hombres grandes del reino que hay ahora , son hijos descendientes de los que habia entónces y aquí se nombran, que ni han venido de fuera ni héchose despues de otra masa y sangre. La causa desto ha sido, haber pocos guardado un solar, ni un apellido, ni usarse mayorazgos, como ahora, que aunque parecen solo favorables para el que primero nace, y crueles para los demás, sirven al fin de sustentar la nobleza de cada casa. Y yo , por descubrir los antiguos, entiendo que canso nombrando estos caballeros no conocidos; pero advierta el noble, que destos nobles son los nobles que hay ahora, y tenga por eso paciencia en leerlos, pues yo la tuve en buscarlos, y escribirlos. Hizo el rey esta jornada valiéndose de los moros almoravides, que para ella trajo de África, y para meter un tizon con ellos entre los moros andaluces. No le salió como pensaba, porque si bien los moros almora vides se hicieron señores dellos, luego se volvieron contra el rey, y le dieron harto trabajo, que la fe del africano es sin fé, ni firmeza, ni verdad, ni lealtad. No se detuvo á mi parecer mucho en esta jornada el rey, porque á diez y ocho de junio la infanta doña Elvira ( que Garibay da muerta en este año), llamándose hija de don Fernando nobilísimo rey de las Españas, dice que un Cipriano Sisnandez su mayordomo había muerto en esta jornada , yendo en servicio del rey don Alonso su hermano; y su mujer deste mayordomo entraba en su palacio para servirla de dueña ... y murió luego, dejando á la infanta los bienes que tenia, de los cuales hizo donacion al monasterio de Celanova. Y á veinte y uno de setiembre estaba el rey don Alonso con su mujer la reina Berta, y su hermana la infanta doña Urraca , y muchos de los caballeros que he nombrado en Guadalfajara, que debe de ser Guadalajara, y debia de volver de Aragon para Toledo; y aquí dió al monasterio de Santo Domingo de Silos una aldea desierta, que llamaban el Cellario de Guimara, y ahora se llama Guimara. En esta era mil ciento treinta y cinco murió doña Berta, y casó el rey don Alonso con doña Isabel. Pa

rece esto por una carta del becerro de Astorga, folio veinte y tres, donde se dice que reinaba don Alonso con la reina su mujer Isabel, y que era arzobispo de Toledo don Bernardo, y obispo de Astorga Pelayo, y Pedro en Leon, y Raimundo en Palencia; no dice el dia, ni el mes, que fué gran falta. Y en el mismo año se despacharon otras cartas á veinte de febrero , y á veinte y ocho de julio, que son de la catedral de Oviedo, en que dice, que reinaba don Alonso con su mujer la reina Berta. Acuérdome de la carta de donacion que la infanta doña Urraca hizo al monasterio de San Pedro de Eslonza, á trece de marzo, era mil ciento treinta y siete, en que dice, reinaba don Alonso una cum Bertha regima in Toleto, et Legione. Debe estar errada esta data. Estuvo casado con doña Berta seis años poco mas ó ménos; porque doña Constanza murió era mil ciento y treinta. En este año de la era mil ciento y treinta y cinco ponen el casamiento del rey don Alonso con la mora Zaida , que se llamó Isabel en la manera que diré, y debió de hacerse luego preñada del infante don Sancho, porque en la era mil ciento y cuarenta y seis que son once años adelante, fué muerto en la batalla de Uclés; y era edad harto tierna para meterá un príncipe heredero del reino en tanto peligro. Y es muy de notar como criaban en aquellos tiempos los reyes sus hijos: y si los tales se ponian y criaban en tales peligros, los demás hijos de nobles no se quedarian entre las holandas y regalos de sus casas, que deshacen los hombres. Es dificultoso de averiguar en qué tiempo murió la Zaida; que como ella se llamó Isabel, y la reina con quien despues della casó el rey se llamó tambien lsabel , la cual murió era mil ciento y cuarenta y cinco, y fué hija del rey de Francia, como se dirá estar en su sepultura, no he podido averiguar este punto, el cual se supiera, si en su sepultura se dijera el año de su muerte, como se dice en el de la francesa; y aun por haber sido su hijo el infante don Sancho, y haber muerto este príncipe malogrado en el año que digo , saco que la mora fué la primera Isabel con quien el rey casó. Desta era mil ciento y treinta y cinco hay una memoria segun la cuenta verdadera , pero no sé si es lo que dice de la rota tan nombrada de Consuegra, ó otra diferente que padeció el rey don Alonso, dice así: Arrancada sobre el rey don Alonso en término de Consuegra, dia de sábado , édia de santa María de agosto entró el rey don Alonso en Consuegra, é cercáronlo hi los almoravides ocho dias, é fuéronse. El casamiento con la Zaida fué así. Era rey de Sevilla Aaben-Ilabed, poderoso y estimado entre los reyes moros de España. El rey don Alonso le corrió la tierra, y hizo guerra despues que conquistó áToledo. Deseó el rey moro la amistad del rey don Alonso, y mucho mas una hija suya que se llamaba Zaida, hermosa y discreta, y señora de muchos lugares que tenia señalados para su dote. Ella, con la fama grande que el rey don Alonso tenia, así de su buena y hermosa persona, como de sus grandes hechos, se enamoró dél y deseó verlo. Holgándose dello el rey moro su padre, envió la Zaida al rey don Alonso, que la quisiese ver, señalando lugar donde fuese servido, que ella iria; y que si queria casarse con ella, pues estaba viudo, que ella lo querria, y le daria las villas y castillos que eran de su legitima. El rey don Alonso lo consultó con los ricos-hombres del reino; y á todos pareció que se hiciesen las vistas, pues la infanta las pedia con tanta cortesía y amor. Ella, segun dicen, vino á Ocaña, donde el rey la esperaba; y en viéndose quedaron tan pagados uno de otro, que el casamiento se concertó, con que la infanta se volviese cristiana; en lo cual no hubo dificultad, porque ella se bautizó muy de corazon y recibió la fé de Cristo; y fué tal en ella, como si ella y Sus padres hubieran nacido en el gremio de la Iglesia católica. Llamóse Isabel, que el rey quiso que se le diese este nombre; y mandó que no la llamasen María, por la devocion que este príncipe tenia con la limpieza de la Vírgen María. Trajo en dote á Cuenca, Huete, Ocaña, Uclés, Mora, Valera, Consuegra, Alarcos, Caracuel, y otros muchos pueblos de importancia para la conquista que el rey pretendia hacer; que fué una de las causas principales por donde los grandes del reino fueron de parecer, que se debia hacer este casamiento. Nació dél el infante don Sancho, como dije, y murió, como diré, niño y malogrado. Murió la reina doña Isabel la Zaida el año, que solo aquel que la llevó para sí, sabe. Sepultáronla en la capilla real de San Isidro de Leon en una arca de piedra, como se usaban entónces: en la tapa está un letrero que dice:

H. R. Regina Elisabetuacor regis Alfonsi: filia Benabet Regis Sibilia: quae prius Zayda fuit vocata.

Que es: Aquí descansa la reina Isabel, mujer del rey don Alonso, hija de Benabet, rey de Sevilla, que primero se llamó Zaida. De suerte, que las dos sepulturas de San Isidro nos hacen ciertos de las dos reinas de un nombre, Isabel, que tuvo el rey don Alonso. Bien al contrario y mal engañado escribió Garibay estas cosas; mas, á mi parecer, éstas que digo apuradas con harto trabajo, tienen mas apariencia de verdad. La sepultura desta reina es la undécima, entre las que hay reales en la capilla que está á los piés del templo debajo del coro; está toda metida en la tierra, casi igual con el suelo; las demás de otros reyes, que están junto á ella, están levantadas mas de media vara del suelo. En el monasterio real de Sahagun señalan otra sepultura, donde dicen está esta reina con su hijo el infante don Sancho. El infante debe de estar, mas yo creo que la sepultura de San Isidro no se puso, y sobreescribió allí de balde. Era mil ciento y treinta y seis entró el rey don Alonso con gran ejército en el reino de Granada, llevando consigo al Cid, que vino á servirle en esta jornada. Recibióle el rey estando en Martos con muestras de mucho amor: corrieron las tierras de Granada hasta entrar en la Vega, donde á pesar de los moros estuvieron siete dias destruyendo cuanto podian. Sitió el rey á Ubeda, donde el Cid, con disgusto que malos terceros causaron, dejó al rey, y se fué para el de Zaragoza, que le ofreció gran suma de dinero porque le ayudase contra el rey de Aragon. Dejando el rey don Alonso á Ubeda, pasó con su campo contra el rey de Valencia, donde esperó la armada que en su favor habian de traer pisanos y genoveses para ir sobre Tortosa. Faltaron; y el rey, por falta de bastimentos, dió la vuelta para Toledo, dejando sujetos los moros, y tributarios. Dentro de pocos dias llegó la armada de los genoveses y pisanos á vista de Tortosa; tenia ya el rey don Alonso derramada la gente, y así no pudo acudir á lo concertado. Acudió el rey don Pedro de Aragon en defensa de su tierra, con tanta mano, que la armada italiana se volvió sin hacer una suerte buena. Era mil ciento treinta y siete. Viejo y cansado de las continuas armas se hallaba este año el valeroso Rodrigo Diaz el Cid, mas encendió sus grandes brios y co

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razon no vencido, el agravio que sentia haberle hecho el rey don Alonso entrando la tierra de los moros, sus vasallos, y usurpándole el tributo que á él le daban. Culpaba los malos terceros que suelen engañar los príncipes y estragar sus voluntades; culpaba á don García Ordoñez y á otros grandes de Castilla, que desafió como á enemigos; y juntando los suyos, entró corriendo y estragando la tierra desde Calahorra áNájara. Entró por combate la villa de Alfaro y la de Logroño, robando los suyos iglesias y monasterios (que la guerra á nada perdona): y acudiendo el rey don Alonso en defensa de su tierra , el Cid se retiróá Zaragoza , y de allíá Valencia, donde enfermó del mal de muerte, que sin duda murió en este año, como yo con evidencia dejo probado (y otras cosas bien diferentes, si bien mas verdaderas, de lo que se dice en una historia suya), en la que yo escribí del monasterio de Cardeña. En dos partes dice el tumbo negro la muerte del Cid en este año, mas no dice el dia, ni el mes. Deste año tiene el monasterio de San Millan una escritura, en que se ponen por testigos unos judíos. Naamias mayor, Naamias menor, et Cidi, test. test. Y dice, que don Alonso era rey de Toledo y en toda España; y debajo de su imperio Alvaro Diaz en Pedroso, y el conde don Gomez en Zerezo y en Bureva. Por

donde consta como estos condados no eran en propie

dad como los de ahora, sino oficios y tenencias que los reyes daban y ponian en los lugares de mas importancia. En la historia particular del Cid se dice como trajeron su cuerpo á Cardeña, y se halló el rey don Alonso con los infantes, yernos del mismo Cid, á su entierro. Quien gustare de ver como dice que lo trajeron y pusieron en la sepultura en Cardeña, allí lo podrá ver, y los cuentos a la larga de su vida, si quisiere creerlos, como los escribió el abad de Cardeña. Como los moros vieron al rey don Alonso ocupado en la guerra de la Rioja contra Rodrigo Diaz, vinieron sobre Toledo, y destruyeron el monasterio de San Servando que el rey habia fundado fuera de la ciudad, de monges benitos que trajo de San Pedro de Cluni, monasterio insigne en el condado de Borgoña; no hicieron otro daño de consideracion. Los monges, temiendo los continuos asaltos y peligro de enemigos, no quisieron volverá él, y quedó desierto , hasta que en el año de Cristo mil ciento trece, que es era mil ciento cincuenta y uno, la reina doña Urraca lo dió á la iglesia mayor, como parece por el privilegio. En la vuelta que los moros dieron desta entrada sobre Toledo, cercaron y combatieron á Consuegra, y finalmente la en-. traron. En este año dice Garibay que murió el conde don Ramon, yerno del rey, y entiendo que se engaña. Se cierto que á veinte y cuatro de abril no era muerto, y que gobernaba en Galicia, y entre el rio Sil y el Miño era conde don Froila ; de suerte, que habia otros condes que gobernaban con él, y se verá haber sido su vida mas larga. Era mil ciento treinta y nueve, año mil ciento y uno, el rey don Alonso tuvo cortes en la ciudad de Leon, hallándose en ellas el arzobispo don Bernardo, cardenal y legado apostólico, y mas un legado que nuevamente habia venido de Roma, llamado Reinalt, varon bueno y de santa vida: vinieron los abades de la orden de san Benito, y otros prelados, porque el rey quiso que se confirmase el rezo romano, y de todo punto se dejase el gótico; asimismo trató que se dejase la letra de los godos ó lombarda, que el obispo Ulfila les habia

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