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lanzadas del alma y del corazon las que se dan al hijo, cuando es único y querido. Esta vez perdió el rey á Cuenca, Masatrigo, Huete, Uclés y otros lugares del dote de la reina Zaida. Viendo el rey don Alonso que en sus caballeros no habia las fuerzas y ánimo que solia, preguntó á los médicos, que qué seria. Dijéronle: señor, usan mucho de los baños, dánse demasiado á los placeres, regalos y vicios; no ejercitan las armas como solian. El rey mandó luego derribar todos los baños, y reformar los trajes y demasiados regalos, y que se ejercitasen siempre en las armas. Notable ejemplo para nuestros tiempos; y hay desta calidad demasiados. Si se perdió Anibal con sus fuertes soldados, si se perdió España por lo mismo en tiempo de don Rodrigo, si está en este peligro por lo mismo; júzguelo quien lo sabe, y vea lo que pasa en nuestros tiempos. Muchos dicen, que despues de la rota de Uclés se hizo el casamiento de la infanta doña Urraca con su primo don Alonso, rey de Aragon; y que fué, porque no tenia gusto con las cosas del conde don Ramon. Y el arzobispo don Rodrigo en el lib. 6, cap. 34, dice, que en estos dias criaba en Galicia el conde don Pedro de Trava al infante don Alonso , hijo pequeño del conde don Ramon y de doña Urraca, donde habia nacido en un lugar que llamaban Caldas de Rey, cerca del monasterio de San Juan del Poyo y de Pontevedra , y en la costa del mar Océano. Del nieto hacia poco caso el rey, y estaba medio olvidado , por ser quizá hijo de extranjero, que es poderosa la naturaleza, y engendra amor; y así dicen , y es muy creedero, que el rey don Alonso no llevaba en paciencia que faltase en Castilla la sucesion real por via de varon , y deseaba dar á su hija tal marido , que el reino quedase en naturales. Los grandes y cidaudes le pedian esto, y apretaban viendo al rey viejo y enfermo, y muerto al único heredero que tenia. Ya he dicho la antigüedad y nobleza grande del conde don Gomez Gonzalez, hijo del conde don Gonzalo Cuatro manos, y nieto del conde Salvadores , descendiente del conde don Tello , hermano del conde Fernan Gonzalez, y finalmente del conde don Fernando Negro, que se halló con el rey don Pelayo cuando se comenzó la restauracion de España en las montañas, y viejo fundó el monasterio de San Martin de Escalada. Esta nobleza era tan conocida en Castílla, que todos los ricos-hombres della y de Leon, sin envidia, ni otra emulacion, quisieron que casase con la infanta doña Urraca, que ambos estaban viudos. Juntáronse para esto en Magan, aldea de la Sagra de Toledo; segun otros en Mazcuaraque, y suplicaron al rey, que pues la infanta doña Urraca estaba viuda, y el reino tan pobre de herederos, que la quisiese casar con el conde don Gomez Gonzalez, señor de Campdespina. Echaron un médico judío, que se llamaba Zedillo, que valia con el rey, que se lo dijese. Hízolo el médico, y enojóse el rey tanto con él, que le mandó que jamás se le pusiese delante. El arzobispo don Bernardo y otros fueron de parecer que la casasen con don Alonso, rey de Navarra y Aragon , sucesor de su hermano el rey

don Pedro. Por manera, que la infanta y el rey don

Alonso eran biznietos del rey don Sancho el Mayor de Navarra. El matrimonio se hizo, y con tan mala mano, que resubiaron del grandes males en España, y primCastilla, guardando Dios para remedio e ellos al infante don Alonso Ramon, que tan olvidadoestaba en Galicia debajo de la tutela del conde de Trava, su amo, que así llamaban al que ahora es ayo, - y en-nua y olvidado como es Caldas s. "-"

de Rey, que por haberse criado este príncipe aquí se debe llamar de Rey. Quiso el rey don Alonso vengar la muerte de su único hijo y caballeros, y satisfacerse de la afrenta recibida en Uclés, y cobrar los lugares que habia perdido: para esto hizo el mayor aparato y leva degente que pudo. Sacó de las fronteras los mas lucidos y honrados caballeros que en ellas habia, que de sola Avila le fueron á Servir doscientos y mas caballeros, y entre ellos un valiente caballero asturiano, llamado Zurraquin Sanchez á quien sucedió acometer doce moros armados y á caballo, y vencerlos y quitarles lo que llevaban. Enviaron los concejos á porfía la mejor y mas lucida gente que pudieron: los grandes y señores del reino vinieron con los suyos en esta manera. El conde don Osorio con trescientos hombres de armas, y doscientos ginetes, cien infantes. El conde don Pedro de Lara con trescientos hombres de armas, ciento y cincuenta ginetes, trescientos infantes. Los condes don Pedro y don Rodrigo Assurez con quinientos hombres de armas, cuatrocientos ginetes, trescientos infantes. El conde don Gomez de los de Sandoval con doscientos hombres de armas, doscientos ginetes. El infante don Ramiro, hijo del rey de Navarra, y yerno del Cid, con trescientas lanzas y quinientos infantes. El rey don Alonso de Aragon envió quinientos hombres de armas y quinientos ginetes, de la mesnada y casa del rey mil hombres de armas. Vinieron otros muchos ricos-hombres y infanzones, que serian tres mil hombres de armas, y dos mil ginetes; y con otros que despues llegaron serian hasta siete mil lanzas, y cuarenta mil infantes. Llegó el rey hasta Córdoba con este campo en fin de mayo, y sitióla. Pensó Abdalla que el rey se descuidaria entreteniéndole con ofrecerle parias, y envió un renegado adalid que diese la forma del campo á fin de dar sobre él. Este renegado avisó al rey, y volvió disimulado, y dijo á Abdalla que podia dar muy bien sobre el campo descuidado. Fiado desto salió ántes de amanecer con quinientas lanzas, mas el rey estaba en órden habiéndole armado una emboscada , en la cual cayeron, y se perdieron sin escapar uno. Fueron presos Abdalla y veinte y dos caudillos, y quemados públicamente otro dia á vista de Córdoba. La ciudad temerosa se rindió pidiendo los dejasen en sus casas y haciendas; otorgólo el rey; entregáronle los cautivos, que fueron mil setecientos, y mas los bienes que habia de los almoravides, que fueron muchas joyas y caballos. Tres dias dice el obispo don Pedro que estuvo el rey á vista de Córdoba con su campo muy en órden, y hechos los conciertos levantóse, y volvió áToledo donde entró triunfando, llevando delante desí dos mil moros cautivos, y mil setecientos cristianos que habia librado y su ejército cargado de despojos. El adalid que le avisó volvióá la fé, y el rey le dió muchos bienes en Palencia: llamábase Rodrigo. Despues desto pasó en España el miramamolin, y volvió á apoderarse de Córdoba, con el cual juntó el rey mayor campo que el primero, y fué en su busca. Y teniendo aviso que el enemigo habia pasado á Sevilla, entró contra él robando la tierra hasta Sevilla, contra la cual asentó su campo, y por consejo del conde don García Ordoñez que andaba remontado en desgracia del rey, el miramamolin Abenjuzaf se salió de Sevilla, y embarcó para África. Viéndose los moros sin caudillo se rindieron al rey don Alonso dándole parias, y los de Sevilla tomaron por reyá un nieto de Benabet, suegro de don Alonso. Los de Córdoba

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y Jaen otro. Viendo los moros de España la ocasion, juntáronse todos, y dieron parias á don Alonso este año la mitad de lo que le ofrecieron, que fueron cincuenta mil doblas, y alzaron la obediencia del miramamolin de África, y echaron de sus tierras los moros almoravides. Quiso volver el miramamolin contra los de España, y púsose en Algecira. Los moros españoles se armaron contra él, y el rey don Alonso le envió á requerirse volviese y no dañase a sus vasallos, ó que le esperase en campo y le daria batalla, y que no meteria en ella ningun moro, ni cristiano que fuese de fuera de España. Respondió Abenjuzaf que lo aceptaba, y que dentro de dos años volveria en España y pelearia con todos los cristianos y moros de ella. Y con esto se embarcó por consejo del conde don García Ordoñez que andaba con él. El rey de Sevilla armó galeras con que hizo mucho daño en las gentes y navíos del miramamolin. El miranamolin armó quince galeras contra estas, que hicieron grandes daños en las còstas de España. No contento el rey con lo hecho, ni satisfecho con las muertes de infinitos enemigos, habiendo hollado los campos y rendido los muros de la soberbia Córdoba hasta llegar á Sevilla; ni con tener humillados y rendidos los noros del Andalucía , a cometió á los de Zaragoza; pero faltándole ya las fuerzas y salud de su real persona , si bien sobraba el ánimo y brio, volvió para Toledo, y encomendó el ejército á Fernan Ruiz Minaya, que quedó por general dél , con órden de que marchase contra Cuenca, y la combatiese hasta entrarla. Llevaba el estandarte real Lope Fernandez, hijo de Fernan Lopez: sitiaron á Cuenca apretadamente; de manera, que los moros, ni podian entrar, ni salir, ni ser socorridos, ni tener bastimentos. Era capitan de la ciudad un valiente moro, llamado Alhacen Boli, soldado viejo , ejercitado y venturoso en armas, y como tal se puso con buen semblante en resistencia ; y animó los suyos para defenderse y ofender. A veinte y tres de mayo deste año se les dió un recio combate que fué el primero y el postrero, y se riñó tan bien, que los cristianos querian entrará escala vista; y aunque los muros no eran muy altos, y los cristianos ballesteros ojeaban de ellos los que guardaban, los moros eran tan valientes, que si bien morian, cargaban con ánimo y rebatian á los que subian. Quiso Fernan Ruiz Minaya ganarles una puerta y romperla, y entrar por ella la ciudad , y tomó veinte hombres con picos y palancas para desquiciar y voltear la puerta. Iban cubiertos para defenderse de los tiros que arrojaban del muro, con mantas de gruesos tablones que con artificio llevaban delante. Arrimáronse con esto á la puerta, y los ballesteros tiraban á los que se asomaban. Rompieron el umbral y desquiciaron la puerta , y la trastornaron hasta dar con ella en tierra. Arremetieron luego los cristianos á entrar, y los moros á defenderles la entrada, de manera que andaba vivo el fuego y derramar de la sangre. Acudió Alonso Ruiz Minaya , sobrino del general Fernan Ruiz, capitan de la gente de á caballo; y bajado de su caballo, embrazando el escudo, y la espada desnuda en la mano, acometió como un leon á la puerta; hizo lo mismo el valiente caballero de Avila, que se decia Sancho Sanchez Zurraquines, y con el escudo y espada arremetió con fortaleza á la puerta. Hicieron lo mismo los moros á defenderla : una flecha hirióá Alonso Ruiz Minaya, que dió Con él muerto en tierra : el Sancho Sanchez de Avila pasó la puerta hiriendo y matando; mas fueron tan

tos los flechazos y pedradas que le dieron , que tambien quedó muerto, y con él Flores Pardo, capitan valiente y noble de la gente de Zamora. No les valió á los moros su buen pelear, porque era grande la carga que los cristianos les daban; y desampararon la puerta retirándose, y haciéndose fuertes en las calles y plazas de la ciudad, donde se derramó harta sangre. Ganaron el muro del oriente de la ciudad; y el primero que subóv puso bandera en él, fué Pero Rodriguez Vezudo, capitan de la gente de Segovia, y peleando en lo alto del muro valerosamente, cargaron tantos moros, que ántes de poder ser socorrido le hicieron pedazos. Luego entraron otros capitanes, uno de ellos Blasco Jimeno, capitan de la infantería de Avila, y finalmente cargó todo el ejército, procurando cada cual señalarse, y la ciudad se entró y rindió. Halláronse dentro della mas de mil cristianos hombres y mujeres cautivos, y con prisiones. Tomada la ciudad, se puso en ella presidio y guarda necesaria para su defensa : quedaron Blasco Jimeno con la gente de Avila; y Juan Ivañez Rufo, tambien caballero de Avila, con doscientos hombres de á caballo; y Gutierre Vezudo, hermano de Pedro Vezudo, capitan de la gente de Segovia, por cuya muerte se le dió el cargo que traia de la gente de Segovia. Hecho esto, acordaron de ir con el campo contra Ocaña, y comenzaron de marchar, llevando de retaguarda todo el bagaje de carros y provision. Los de Ocaña se asombraron sabiendo la toma de Cuenca; y viendo sobre sí tanto poder, determinaron rendirse, con que los dejasen salir libremente con sus bienes , lo cual se les concedió, y se entregó la villa: y apoderado della Fernan Ruiz Minaya, la dió en guarda y honor, como entónces se decia, á Fortun Blazquez, caballero de Avila; y la gente de á caballo que este caballero gobernaba se dióá Jimen Blazquez su sobrino, hermano de Blasco Jimenez, el que quedaba en Cuenca , y se le dió la gente que pareció necesaria para defensa de la villa. Halláronse en la villa pasados de milquinientos cautivos cristianos, y mucha riqueza que los moros no pudieron llevar toda la que tenian, si bien llevaron har-a tas cosas. Fernan Ruiz Minaya partió estos bienes generosamente entre los capitanes y soldados. De aquí fueron á otras partes, y se corrieron y saquearon muchos lugares de moros haciéndoles cruelguerra hasta el mes de octubre; en el cual se pusieron treguas por diez meses, y se deshizo el campo volviéndose todos á sus propias tierras. Armó Aben, rey de Sevilla , veinte galeras , y diez naos que envió contra África; hicieron grande estrago en las costas della, y quemaron muchas galeras y carabos que aderezaba Abenjufaz, y tomaron muchos navíos. Salieron contra ellos veinte y cinco galeras; y comenzando la batalla refrescó el viento, y las naos echaron á fondo dos galeras, y quebraron las bandasá cinco; y las galeras de Sevilla tomaron otras dos, de manera que escaparon diez y seis galeras, y fueron cautivos muchos moros, y fueron rescatados doscientos de los principales por diez mil doblas valadíes, y doscientos caballos. Con esta victoria se volvieron á. Sevilla, donde estuvieron ocho dias; y proveidos de bastimentos, volvieron contra África, donde hicieron mucho daño, y tomaron diez galeras, cinco carrazones en la costa de España cerca de Cartagena, que el rey de Tunez enviaba en favor de Abenjufaz, y enviaron la presa á Sevilla, y ellos se pasaron á levante; y despues que hubieron corrido la costa del poniente hasta Azamor, donde quemaron en tierra infinitas barradas, y tomaron muchos carabos y galeras; y navegando para levante, tomaron en el puerto de Málaga una carraca de genoveses y cinco carabos que atravesaban de África. Pasaron el flete á los genoveses, porque tenian con ellos paz, y tomaron la ropa; y aquí llegaron otras cinco naos que envió el rey don Alonso , sacaron gente en tierra, y hicieron mal en ella , porque estaba por Abenjufaz; y de allí atravesaron en África, y corrieron toda la costa hasta Tunez, en el cual puerto hallaron muchos navíos cargados de mercaderías, y rescataron la presa en mas de treinta mil doblas, y pasaron al levante, donde robaron otros muchos navíos, de manera que se volvieron á Sevilla muy ricos, y con muchos navíos llenos de mercaderías; y el rey de Sevilla desarmó sus navíos, y dejó diez galeras, y diez naos para guarda de la costa. El rey de Tunez se envió á quejar del rey de Sevilla á Abenjufaz, pensando que era parte para lo remediar, y envió embajadores al rey don Alonso á Toledo, pidiéndole paz por tres años. El rey mandó llamar para esto los grandes de su tierra, y á los príncipes moros sus vasallos, que enviaron sus procuradores; y venidos algunos ricos-hombres, aconsejaron al rey que no otorgase la tregua que pedia Abenjufaz, porque en aquellos tres años se podria rehacer, de manera que pasarian á España, y la pondrian en mas aprieto que el pasado; y el rey respondió que no otorgaba ménos que diez años de treguas, y que le habian de dar cada un año treinta mil doblas valadíes en parias. Los embajadores pidieron un mes de término para responder, y despidiéronse; y avisado Abenjufaz, fortaleció sus pueblos marítimos. El rey don Alonso. pasado el tiempo que les dió, mandó juntar los príncipes moros de España en el campo de Calatrava, donde él fué en persona; y díjoles que para tener siempre con cuidado al miramamolin, le parecia que anduviesen continuamente aquellas diez galeras y naos, con hasta diez mil hombres, corriéndoles su costa, y á los moros pareció bien; y despues que hubieron hecho mu*chos presentes al rey, volvióse para Toledo mal dis

puesto. Y como era viejo, no podia convalecer, mas salia siempre cavalgando por remozarse, y que no tuviesen causa los moros de poderse rebelar, pensando que no podria ir contra ellos. Todas estas jornadas y breve relacion de ellas dejó escritas don Pedro obispo de Leon.

En Toledo, domingo, víspera de la Asuncion, hubo este año una pendencia sangrienta con los judíos que aquí moraban, y murieron en ella muchos. No dice la memoria mas de que en este dia mataron á los judíos, y no quién, ni por qué ocasion, ni cuántos fueron los muertos, ni si el rey gustó de ello, ó hizo castigo en los matadores.

Sirven las historias de los pasados para honra y ejemplo de los presentes, y así hago memoria de los caballeros señalados que hallo. En Santo Domingo de Silos, monasterio de san Benito, hay un señalado entierro de los caballeros Hinojosas, y una tabla que dice así :

«De los caballeros que están sepultados en el Patin » son cuatro sepulturas, las dos tienen unos bueyes en »hilera, y un hombre delante que con la vara los »guia.»

CAPÍTULO XXV.
Caballeros Hinojosas.

Continua la tabla : «Era mil ciento ocho (1). En » tiempo del emperador de España fallamos en coróni»ca de los reyes que son pasados deste mundo al otro, »cuáles fueron, ó que batallas facieron por sus manos. »Fallamos de un rico-home quel dijeron Munio Sancho »de Finojosa, que era señor de setenta caballos en Cas– »tilla en tiempo del emperador sobredicho , é porque »foy muy bono, é de bon sentido, é bon guerrero de ». Sus armas contra los moros, é bon cazador de todos »venados. Fallamos que él andaba con so gente á cor»rer monte, égavar algo; que fallaron un moro que »habia nome Abaddil, é con una mora que habia no»me Allifra, que eran de alto linaje, é muy ricos, é »traian muy gran compaña, los cuales iban á facer sus »bodas de un lugará otro, é iban desarmados porque » habia paces, é obolos de prenderá ambos á dos, y á »toda su compaña, é todo cuanto levaban. É como se »vieron presos, preguntó el moro, que quién era aquel »caballero que lo mandara prender: dijéronle que don »Munio Sancho de Hinojosa. É luego vino el moro ante »él, é dijole : don Munio Sancho, si tú eres noble, pí»dote de merced, que no me mates, ni me deshonres; »voy á facer mis bodas con esta mora : si lo haces, tú lo » habrás, porque por ventura non te pesará. Cuan»do esto oyó don Munio Sancho, plúgole mucho dello, »y envió luego á decir á doña María Palacin su mujer, »como vaya aquel moro y aquella mora con sus com»pañas, que los acogiese muy honradamente, que »queria que hiciesen sus bodas. É doña María Palacin »mandó parejar muy bien sus palacios, é recibiólos »muy bien , é don Munio Sancho fizo allegar mucho » pan , é vino, é carnes, é facer tablados, é correr to»ros, é facer grandes alegrías, así que duraron las bo»das mas de quince dias; é despues le mandó don »Munio Sancho á toda su compaña muy ricamente , é »envió el moro, é la mora con toda su compaña , é »salió muy honradamente hasta su lugar. É despues »desto á cabo de muy gran tiempo don Munio Sancho »hobo de haber contienda con un moro muy poderoso »en los campos de Almenara cerca de Uclés.... é li»diando los unos con los otros muy fuertemente, y ma»tándose y firiéndose de un cabo y de otro, hobieron de » cortar el brazo diestro á don Munio Sancho. Entónces » dijéronle los suyos que se saliese fuera del campo é se » diese á guarir: é dijo don Sancho, no será así, que fasta »aquí me dijeron don Munio Sañcho de aquí adelante no »quiero que me digan don Munio Manzo. Entónces co»menzó de esforzará los suyosé dijoles: ferid caballeros »émuramos hoy aquí por la fé de Jesucristo, étornaron »muy recio en la batalla. Éellos hiriendo ématando en »los moros, hobieron de crecer en tanto grado, que los »cogieron en medio, é mataron á don Munio ésetenta » de sus caballeros, é á toda su gente. É en aquel dia »que ellos murieron fallamos, que aparecieron las sus »almas de don Munio Sancho, é de sus compañeros. é »caballeros, é de toda su gente en la casa santa de Je»rusalen , los cuales habian prometido de ir en vida al »sepulcro do estuvo nuestro Señor Jesucristo. É un »capellan, que era del patriarca , era de aquí de Espa»ña, que habia conocido ántes á don Muño Sancho, co»nocióle allá; é díjole al patriarca como era hombre » muy honrado de España: el patriarca con muy gran

(1) Es año de Cristo

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