Romancero general, ó, Colección de romances castellanos anteriores al siglo XVIII, Volumen 1

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M. Rivadeneyra, 1859
 

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Página 141 - Amarrado al duro banco de una galera turquesca, ambas manos en el remo y ambos ojos en la tierra, un forzado de Dragut en la playa de Marbella se quejaba al ronco son del remo y de la cadena: "¡Oh sagrado mar de España, famosa playa serena, teatro donde se han hecho cien mil navales tragedias!
Página 159 - ¡Helo, helo por do viene el infante vengador, caballero a la jineta en un caballo corredor, su manto revuelto al brazo, demudada la color y en la su mano derecha un venablo cortador! Con la punta del venablo sacarían un arador.
Página 524 - Villanos te maten, Alonso, villanos, que no hidalgos, de las Asturias de Oviedo, que no sean castellanos. Mátente con aguijadas, no con lanzas ni con dardos; con cuchillos cachicuernos, no con puñales dorados; abarcas traigan calzadas, que no zapatos con lazo; capas traigan aguaderas, no de contray ni frisado...
Página 482 - Desque Rodrigo esto oyó, sintióse más agraviado; las palabras que responde son de hombre muy enojado: — Si otro me lo dijera, ya me lo hubiera pagado; mas por mandarlo vos, padre, yo lo haré de buen grado.
Página 161 - Rabia le mate los perros, y águilas el su halcón, y del monte hasta casa a él arrastre el morón. — Ellos en aquesto estando su marido que llegó: — ¿Qué hacéis, la Blanca niña, hija de padre traidor? — -Señor, peino mis cabellos, peinólos con gran dolor, que me dejéis a mí sola ya los montes os vais vos.
Página 270 - Amor, haciendo la cuerda azote, porque el caso no se infame y el lugar no se inficione! Todo es gala el africano, su vestido espira olores, el lunado arco suspende, y el corvo alfanje depone.
Página 260 - ¡Oh mi primo Montesinos!, lo que agora yo os rogaba, que cuando yo fuere muerto y mi ánima arrancada, vos llevéis mi corazón adonde Belerma estaba, y servidla de mi parte, como de vos yo esperaba, y traedle mi memoria dos veces cada semana...
Página 407 - Ayer era rey de España, hoy no lo soy de una villa; ayer villas y castillos, hoy ninguno poseía; ayer tenía criados, hoy ninguno me servía, hoy no tengo una almena que pueda decir que es mía.
Página 270 - ... y conduce entre pastores ovejas del monte al llano y cabras del llano al monte, mal herido y bien curado, se alberga un dichoso joven, que sin clavarle Amor flecha, le coronó de favores. Las venas con poca sangre, los ojos con mucha noche, le halló en el campo aquella vida y muerte de los hombres.
Página 523 - Por aquesta santa casa Donde estamos ende ayuso, Que digades la verdad De aquesto que vos pregunto: Si vos, rey, fuisteis la causa, O de los vuesos alguno, En la muerte de don Sancho, Hayáis la muerte que él hubo.

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