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Pasajes populares

Página 235 - Flérida, para mí dulce y sabrosa más que la fruta del cercado ajeno, más blanca que la leche, y más hermosa que el prado por abril, de flores lleno...
Página 186 - Sácame de aquesta muerte, mi Dios, y dame la vida ; no me tengas impedida en este lazo tan fuerte; mira que muero por verte, y vivir sin ti no puedo, que muero porque no muero.
Página 185 - Vivo, sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero.
Página 521 - Un pastorcico solo está penado, Ajeno de placer y de contento, Y en su pastora puesto el pensamiento, Y el pecho del amor muy lastimado. No llora por haberle amor llagado, Que no le pena verse así afligido, Aunque en el corazón está herido; Mas llora por pensar que está olvidado. Que sólo de pensar que está olvidado De su bella pastora, con gran pena Se deja maltratar en...
Página 507 - Yo pequé, mi Señor, y Tú padeces ; yo los delitos hice, y Tú los pagas; si yo los cometí, Tú, ¿qué mereces, que así te ofenden con sangrientas llagas? Mas voluntario, Tú, mi Dios, te ofreces; Tú del amor del hombre te embriagas; y así, porque le sirva de disculpa, quieres llevar la pena de su culpa.
Página 41 - ¿Y aun te tiene El mal dulce regazo? ¿Ni llamado Al mal que sobreviene No acorres? ¿Ocupado No ves ya el puerto á Hércules sagrado? Acude, acorre, vuela, Traspasa el alta sierra, ocupa el llano, No perdones la espuela, No des paz á la mano, Menea fulminando el hierro insano.
Página 405 - Calderón a las justas reglas de los antiguos, hay en algunas de sus comedias el arte primero de todos, que es el de interesar a los espectadores o lectores, y llevarlos de escena en escena, no sólo sin fastidio, sino con ansia de ver el fin; circunstancia esencialísima de que no se pueden gloriar muchos poetas de otras naciones, grandes observadores de las reglas.
Página 254 - Filipo nuestro, ya con descanso, ya cansado y laso, y en el dichoso día que siniestro tanto fue el hado a la enemiga armada cuanto a la nuestra favorable y diestro, de temor y de esfuerzo acompañada, presente estuvo mi persona al hecho, más de esperanza que de hierro armada.
Página 256 - Señor, fuiste exaltado; que tu día es llegado, Señor de los ejércitos armados, sobre la alta cerviz y su dureza, sobre derechos cedros y extendidos, sobre empinados montes y crecidos, sobre torres y muros, y las naves de Tiro, que a los tuyos fueron graves.
Página 46 - Tan cerca, tan unida está al morir tu vida, que dudo si en sus lágrimas la aurora mustia tu nacimiento o muerte llora.

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