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currir al importante fin, al objeto primordial de los esfuerzos del agricultor que, como lo hemos dicho repetidamente, se cifra en conseguir que el menor espacio posible de terreno produzca la cantidad mayor tambien posible, no es en los injenios de Cuba en donde se ha hecho esta indagacion, ni donde se ha intentado este ensayo. La facilidad es elemento principal, la facilidad es la base de esa estencion inmensa que ha recibido la industria azucarera: ella nos ha traido beneficios de gran tamaño, ventajas infinitas; pero no ha dejado tambien de preparar inconvenientes para lo futuro. Permítasenos trascribir aquí lo que con este motivo dijimos en otra parte hace mas de diez años. “Multiplícanse los plantíos, cuyos progresos se contemplan con satisfaccion y al cabo se encuentra el hacendado con mas campo del que puede atender, si no en los primeros años, á lo ménos en los sucesivos. ¿Y que resulta de esta superabundancia? Que llega despues una época eñ que cada cañaveral demanda un especial cuidado; ó ya porque la tierra, de la que se ha exijido la produccion continuada de un mismo fruto sin ayudarla, sin reanimar sus propiedades y su fuerza vejetativa, ha desmerecido en sus cualidades, lo que es casi general; ya porque las yerbas 6 plantas estrañas han perjudido el plantío por no haberse estirpado á tiempo; 6 ya en fin porque no se ha podido acudir oportunamente á la reposicion de las cepas que han perecido; y en tales circunstancias, se continúa desatendiendo tan importantes miras, conformándose con una produccion descendente, 6 hay que estender mas el campo, redoblar los trabajos, aumentar los brazos y acudir á la tierra nueva si es posible hacerlo. “De aquí proviene ese número asombroso de caballerías de tierra ocupadas en cañaverales, para venir á dar un rendimiento igual cuando mas, al que ofrece otro campo la mitad ménos estenso en otras partes, y por decirlo de una vez, para obtener la misma cantidad de azúcar que daba en sus principios el mismo injenio, sin embargo de habersc duplicado el area ocupada en cañaverales: de aquí esos cuadros de caña abandonados como inproductivos á los pocos años de su existencia; esa necesidad, ese prurito de los mayorales de sembrar en tierra nueva para aumentar el producto de la zafra, es verdad, pero aumentando tambien los perjuicios por medio de los mismos procedimientos que han ocasionado el mal. . . . Pero estos perjuicios serian menores si desde el principio se atendiese al campo segun sus necesidades, procediendo como verdaderos agricultores. Chapear, sembrar y resembrar no es solo lo que debe constituir el cultivo de la caña.” Dijímos esto cuando escribíamos una instruccion acerca del cultivo de la caña, y espusimos entónces las reglas que juzgamos oportunas; pero no siendo éste el objeto que nos hemos propuesto, nos creemos dispensados de repetirlas; y nos parece que hemos descrito suficientemente el cultivo de la caña, con decir que generalmente se reduce á sembrar, chapear y resembrar, bajo reglas mas 6 ménos convenientes. No queremos decir por esto que dejan de ensayarse medios y procedimientos para mejorar estas operaciones; pero no se nos negará que son escepciones raras y que se mira como impracticable atender á los plantíos inmensos que constituyen un injenio; y aun sospechamos que se ha erijido ya en principio una opinion enteramente contraria à la que tantas veces se ha repetido. En los injenios de la Isla de Cuba parece que ha dejado de ser verdad en agricultura, que la mayor utilidad consiste en obtener todo el producto de que es susceptible un terreno, toda la produccion que puede dar un plantío á fuerza de cuidados y por medio de operaciones que concurran á mejorar las condiciones de las plantas; y se dice en un sentido totalmente contrario: “si quince ó veinte cañaverales pueden producirme constantemente mil cajas de azúcar, y para esto ha de ser ¿ continuado y prolijo trabajo para reanimar el terreno, dirijir

as plantas y ayudar su vejetacion, consagrando á estas operaciones dilatadas el tiempo y los brazos que necesito aplicará otrasurjencias

con utilidad, vale mas estender mis campos á veinte ó treinta cañaverales que me den igual producto, sin hacer otra cosa que depositar la semilla, dejar crecer la caña, cortarla en su sazon todos los años; que vejeten las cepas entre el pajar hasta que los renuevos por su propia fuerza de vejetacion salgan otra vez y me vuelvan á dar cañas; si estos cañaverales me producen ménos azúcar porque la tierra se va cansando y desmejoràndose el plantío, sembraré todos los años una caballería de tierra y se irá abandonando el campo viejo, para volver á él despues de largo tiempo, cuando haya descansado la tierra y ya no tengamos montes que descuajar.” No se nos negarà que éste es con poca diferencia el lenguaje comun de nuestros hacendados, con muchas y buenas escepciones; lenguaje que ni aplaudimos ni combatimos en este momento porque ya sería insistir demasiado sobre un mismo punto. Harto habremos fastidiado á nuestros lectores con tan repetidas observaciones sobre una materia ligada al interes individual de los productores, en que es imposible que deje de perderse nuestra voz. Predicamos en un desierto, es verdad, pero escribimos para manifestar el estado de esta industria agrícola, y debemos presentarla tal cual existe. o.

A pesar de las grandes ventajas que ofrece nuestro clima para la vejetacion y cultivo de toda clase de cañas de azúcar, estos plantíos estàn sujetos à diversos accidentes, y á otras causas que tienden à su destruccion, 6 por lo ménos, á disminuir su produccion. Una sequía prolongada en la época en que la planta necesita mas de éste, medio esencial para la vejetacion, es con frecuencia uno de los per-, juicios mas irreparables. Este accidente echa por tierra todos los planes y las esperanzas del hacendado. Los frecuentes chubascos de la estacion de los nortes en enero y parte de febrero, preparan al plantío de cañas para una vejetacion favorable en la primavera: si en los meses de mayo hasta agosto se han repetido convenientemente las aguas, asombra la vejetacion de las cañas, y desde luego el pro

pietario forma un cálculo aproximado de los productos de su zafra; pero si despues de estas ventajas sobreviniera una sequía prolongada en los meses de setiembre, octubre y noviembre, esos mismos plantíos que adquirieron tan satisfactorio desarrollo, se hallarán emobrecidos de jugo: numerosas cañas quedarán en el campo como inútiles; las que se lleven al trapiche darán un jugo escaso si bien rico en principio sacarino, y á pesar de la poderosa accion de los trapiches de vapor, repletos de caña, correrá por la canal á las casas de calderas una cantidad de guarapo sumamente escasa. En este estado se aumenta el número de carretadas de cañas traidas del campo, á que no corresponde desgraciadamente el de panes de azúcar elaborados y al fin de una zafra en que se esperaban, por ejemplo, tres mil cajas, resultan solo dos mil. Esto sucede con frecuencia. o. Otras veces la sequía es en los meses de la primavera, y continuan escaseando las aguas en los siguientes: detiénese entónces la vejetacion, crecen poco las cañas, y aun cuando los meses de noviembre y diciembre sean pluviosos, todo lo que adelantan las cañas en elevacion y grueso no es ciertamente una ventaja para la produccion, en los primeros meses de la zafra, porque los renuevos no están sazonados aun, toda la planta abunda en principio acuoso; y el poco fruto que rinden es con grandes dificultades en la elaboracion. Sin embargo, por hermosos que estén los campos, ostentando las cañas el mayor vigor y lozanía al comenzar una zafra, si han precedido á estas grandes tareas dias sucesivos de seca, si el invierno se prolonga sin aguas, ese mismo campo en marzo y abril enviará al trapiche cañas de buenas dimensiones; pero secas y leñosas. Se vé en suma que la seca prolongada en cualquiera estacion del año es uno de los perjuicios mas considerables para la produccion; y hay motivos para asegurar que de pocos años á esta parte no son los campos de Cuba los mas favorecidos con aguas oportunas. El fuego tambien es otro accidente que se hermana mucho con la seca, aunque sus efectos son mas destructores. Un cañaveral en época de una dilatada seca, es un plantío de yesca si se nos permite la espresion. Las hojas sécas que quedaron de los cortes anteriores, las que van desprendiéndose de las cañas á medida que crecen, y las que se sostienen en ellas sin jugos por la accion del sol y la continuada seca, son ciertamente elementos de combustible que prenden con la facilidad de la pólvora. Este es motivo de la mayor vijilancia en nuestros injenios, y nunca se empleará demasiado, porque en pocas horas puede convertirse en cenizas una gran parte de la zafra. Sin embargo de que en algunos casos raros se han apoderado las llamas hasta de los edificios costosos que constituyen un injenio, estos incendios son parciales y se reducen los estragos á algunos cañaverales, siempre con pérdida del hacendado. Parece que no tenemos necesidad de decir que los fuertes vendavales son de funestos efectos en los platíos de caña: si acontecen en tiempos de seca, las cañas que no son flexibles y que están firmes sobre el terreno, se quiebran y quedan inútiles porque se enferman totalmente: si los vientos son acompañados de aguas, no teniendo la planta toda la sujecion necesaria en sus raices, se rínden unas sobre otras: es verdad que sucede regularmente que al cabo de algun tiempo vuelven á erguirse estas cañas, si no se repiten los récios vientos; pero de cualquier modo que sea, las cañas que tocan al suelo sufren considerables alteraciones en su jugo, aun cuando no hayan sido muy abundantes las aguas; y en sus distintos nudos se establece y desarrolla una vejetacion activa, brotando raices y germidando las yemas, hasta producir renuevos, que sin ser útiles en manera alguna, roban á la planta primitiva todos los elementos de produccion. - Los plantíos de caña reconocen tambien como todos los demas, numerosas causas de destruccion y pérdidas que no creemos deber mencionar aquí; pero si haremos referencia, aunque de paso, de los grandes perjuicios que ocasionan esas grandes carretas, que toman el humilde nombre de carretones; pero que entran en los cañaverales, los cruzan en diversos sentidos para recibir la carga de muchos quintales de caña y llevarla sucesivamente á los trapiches. Esta es operacion que se ejecuta todavia con las mismas carretas, por los mismos medios y por el mismo método que en los primeros dias de la industria azucarera, á pesar de que no hay un solo hacendado que deje de conocer todo el detrimento que sufren los cañaverales por este tráfico, resignàndose todos á soportarlo en la necesidad de no encontrar un medio capaz de sustituir á una práctica tan perjudicial. Merece este asunto que nos detengamos en algunas consideraciones, aun cuando no sea esta la primera vez que nos ocupamos de él.

Todas las operaciones de estas grandes fincas, por arregladas y convenientes que hayan sido á juicio de la rutina envejecida, honrada con el nombre de práctica, han sufrido modificacion ó recibido mejoras mas ó ménos generalizadas. Solo el corte de cañas y su conduccion á los trapiches es lo que subsiste inalterable con pocas excepciones. Tenemos necesidad de anticipar los hechos en nuestro trabajo descriptivo; pero no nos detendrá este inconveniente, para dar á conocer esas operaciones en que tan considerables perjuicios sufre el plantío.

Colócase á orillas del cañaveral que vá á cortarse para estraer el precioso jugo de la planta un número de trabajadores en proporcion á las condiciones del tren de elaboracionó de las fuerzas ó importancia del injenio; negros robustos que armados del machete de calabozo cortan caña con mayor ó menor tarea segun su agilidad y robustez: (1) otra cuadrilla de negras y negros pequeños y débiles

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(1) . El difunto Sr. D. Andes de Zajas hacendado distinguido por sus conocimientos y buen juicio asigna á cada negro cortador de cañas seis carretones diarios.

recojen estas cañas divididas en trozos de cinco cuartas poco mas 6 ménos y las reunen en montones parciales, y las conducen despues á las carretas conductoras. (1) Miéntras el corte de cañas permanece á orillas ó muy próximo á las guarda-rayas (calles que separan los cañaverales entre si,) no sobreviene inconveniente alguno al plantío; pero no tarda mucho en internarse el corte; y como seria operacion muy larga y detenida llevar las cañas á brazo hasta las guarda-rayas, se economiza tiempo y trabajo haciendo entrar las carretas hasta muy cerca del punto en que se cortan cañas. Estas carretas armadas de estacas de cerca de dos varas de largo, se llenan de trozos de caña cuyo peso puede calcularse teniendo en cuenta que el jugo estraido de ellas, evaporada su parte acuosa libre de materias estrañas, limpio y concentrado, rinde aproximadamente dos panes de azúcar cuando ménos; pero por poco que sea este peso considérese el que tienen de por si las sólidas y macisas ruedas, regularmente construidas de madera dura como el chicharron y sabicú, la fuerte y mal pulida cama, y entónces se vendrá en conocimiento que ellas solas, sin necesidad de los muchos quintales que reciben de carga, serian suficientes para producir los perjuicios á que nos referimos, y que basta la simple reflexion para conocerlos evidentemente.

Esas robustas ruedas enyantadas con hierro llevan la direccion que mas place á los bueyes conductores ó á los que los guian: por consiguiente no puede esperarse, ni aun esponerse siquiera los medios, de que no circulen estas ruedas por encima de los troncos que deja el corte por abundante que sea el pajar acolchonado en el terreno. Y si esto es cierto á todas luces, no sabemos quien puede creer que dejen de padecer considerablemente todos estos pies de los que al año siguiente se esperan nuevas cañas. Bien se fija la consideracion en este inconveniente; pero como realmente se ve que á pesar de todo esos cañaverales vuelven á vejetar y à dar producto, se ha seguido en el mismo sistema, sin pensar en evitar el perjuicio.

Es verdad que los cañaverales parecen no resentirse de este tráfico de los carros; pero ¿no dependerá de él la muerte de las plantas que acontece anualmente, el desmejoramiento de las cañas y la corta duracion de los cañaverales? Este es á nuestro juicio un punto de tanta importancia que nos admiramos del poco aprecio con que se ha mirado. No tenemos noticias de hacendado alguno que haya ensayado comparar los resultados en un cañaveral, cuyas cañas se estraingan siempre á brazos, con los de otro en que se observa la práctica comun. Sabemos si, que el Sr. D. Ignacio de Herrera y Pe

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(2) Conocemos muy bien que esta descripcion es harto minuciosa y la reputarán como trivial los que hayan presenciado una sola vez estos trabajos; pero como no nos proponemos instruir sino referir los hechos con la exactitud posible no creemos deber emitir pormenores que contribuyan á dará conocer esta industria en todas sus otaciones.

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