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Página 66 - Grisóstomo, el difunto, fue grande hombre de componer coplas; tanto, que él hacía los villancicos para la noche del Nacimiento del Señor, y los autos para el día de Dios, que los representaban los mozos de nuestro pueblo, y todos decían que eran por el cabo.
Página 82 - En consecuencia, cualquiera bulla, cualquiera gresca o algazara recibe el nombre de asonada y alboroto; cualquiera disensión, cualquiera pendencia es objeto de un procedimiento criminal, y trae en pos de sí pesquisas y procesos, y prisiones y multas, y todo el séquito de molestias y vejaciones forenses. Bajo tan dura policía el pueblo se acobarda y entristece, y sacrificando su gusto...
Página 57 - ... sostenerle, cuando el celo ilustrado del piadoso Carlos III le proscribió generalmente, con tanto consuelo de los buenos espíritus, como sentimiento de los que juzgan de las cosas por meras apariencias.
Página 84 - Siendo, pues, éste el primer objeto de todo buen gobierno, ¿no es claro que no debe ser mirado con descuido ni indiferencia? Hasta lo que se llama prosperidad pública, si acaso es otra cosa que el resultado de la felicidad individual, pende también de este objeto...
Página 80 - ¿cómo es que la mayor parte de los pueblos de España no se divierten en manera alguna? Cualquiera que haya corrido nuestras provincias habrá hecho muchas veces esta dolorosa observación En los días más solemnes, en vez de la alegría y bullicio que debieran anunciar el contento de sus...
Página 79 - Creer que los pueblos pueden eer felices sin diversiones, es un absurdo. Creer que las necesitan y negárselas, es una inconsecuencia, tan absurda como peligrosa. Darles diversiones, y prescindir de la influencia que pueden tener en sus ideas y costumbres, sería una indolencia harto mas absurda, cruel y peligrosa que aquella inconsecuencia. Resulta pues que el establecimiento y arreglo de las diversiones públicas, será uno de los primeros objetos de toda buena política.
Página 119 - Allí es de ver un pueblo entero sin distinción de sexos ni edades, correr y saltar alegremente en pos del tamboril, asidos todos de las manos y tan enteramente abandonados al esparcimiento y al placer que fuera muy insensible quien los observase sin participar de su inocente alegría.
Página 82 - ... que ha sudado sobre los terrones del campo y dormido en la era toda la semana, no puede en la noche del sábado gritar libremente en la plaza de su lugar ni entonar un romance a la puerta de su novia.
Página 99 - De uno y otro hablaré con la distinción y brevedad posible. La reforma de nuestro teatro debe empezar por el destierro de casi todos los dramas que están sobre la escena.
Página 80 - Hablemos primero del pueblo que trabaja. ^ Este pueblo necesita diversiones, pero no espectáculos. No ha menester que el Gobierno le divierta, pero sí que le deje divertirse. En los pocos días, en las breves horas que puede destinar a su solaz y recreo, él buscará, él inventará sus entretenimientos; basta que se le dé libertad, y protección para disfrutarlos.

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