Vida de la B. Mariana de Jesus de Paredes y Flores, conocida vulgarmente bajo el nombre de la Azucena de Quito

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la viuda de Palacios é hijos, 1854 - 366 páginas
 

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Pasajes populares

Página 152 - El gran Monarca Jesús, del Padre Eterno heredero; teniendo la cruz por cama hacer quiere testamento. Porque la corona y clavos, le tienen ya casi muerto; estando enfermo de amor, por sanar al hombre enfermo.
Página 230 - Trato con el Hermano Hernando de la Cruz las cosas de mi alma, mucho me consuela. Todos sus deseos son de que yo sea una santa, que me ejercite mucho en la virtud de la humildad, para subir por los escalones de fe, esperanza y caridad a la cumbre de la perfección. VP lo tenga por bien y no se me enoje, -que esto lo ha guiado Dios. Dicen que quien con sabios trata, presto será sabio. Este nuestro Hermano...
Página 101 - A las cuatro me levantaré (palabras son formales suyas), haré disciplina, pondréme de rodillas, daré gracias a Dios, repasaré por la memoria los puntos de la meditación de la pasión de Cristo; de cuatro a cinco y media, oración mental; de cinco y media a seis, examinarla; pondréme los cilicios, rezaré las horas hasta nona, haré examen general y particular, iré a la Iglesia; de seis y media a siete, me confesaré; de...
Página 220 - ... la compañía. Moraba dentro de sí en la presencia de Dios y andaba con cuidado de no perderle de vista, y estaba interiormente tan asida con la Santísima Trinidad, que decía no se podía apartar de Dios; con facilidad se levantaba en espíritu al cielo y entre las vírgenes cantaba motetes a Dios.
Página 102 - Dios, y haré muchos actos de su amor: de cinco a seis lección espiritual, rezaré completas; de siete a nueve, oración mental, y tendré cuidado de no perder de vista a Dios; de nueve a diez, saldré de mi aposento por un jarro de agua y tomaré algún alivio moderado y decente; de diez a doce...
Página 301 - Pues él ofreció su vida por la salvación de sus almas, yo os ofrezco, oh Dios mío, mi vida porque cese en Quito vuestro enojo, y libréis a mis paisanos, hermanos míos muy queridos, del azote que descargáis con la peste y la ruina que se teme por los temblores. Conozco ser de poco valor la oferta, pues soy criatura vil y despreciable, pero suplan mis ansias esta falta, aceptad mis ruegos, descargad sobre mí vuestra ira; castigadme a mí sola, porque no padezca mi patria, ni sientan vuestra...
Página 177 - Ecce homo que tenía pintado junto de su lecho y llegó con los dedos muchas veces a señalar la corona de Cristo, como quien dice: no me agrado tanto de las galas del Cordero cuanto de sus espinas, no me aficiona tanto los aromas cuanto el alabastro quebrado.
Página 311 - me dice, cuenta Mariana, que el viernes a la noche, entre las nueve y las diez, han de venir mi Esposo y mi Señora la Reina de los Cielos de Loreto su Madre por mí> (i).

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