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AUTORES ESPAÑOLES,

DESDE LA FORMACION DEL LENGUAJE HASTA NUESTROS DIAS.

POETAS CASTELLANOS

ANTERIORES AL SIGLO XV.

COLECCION HECHA POR DON TOMAS ANTONIO SANCHEZ,

CONTINUADA
POR EL EXCELENTÍSIMO SEÑOR DON PEDRO JOSÉ PIDAL,

CONSIDERABLEMENTE AUMENTADA É ILUSTRADA, Á VISTA DE LOS CÓDICES Y MANUSCRITOS ANTIGUOS,

POR DON FLORENCIO JANER.

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DISCURSO PRELIMINAR.

Difícil será, por cierto, dejar en el presente tomo satisfecho el buen gusto literario de los suscritores á esta Biblioteca. Saboreadas, en volúmenes anteriores, las dulcísimas poesías de Garcilaso, Ercilla, Rioja, Mendoza, Alcázar, Fray Luis de León, Argensola y oíros, que cultivaron el Parnaso español en no menos felices y abundosas rimas, la sequedad y rudeza de los orígenes de la poesía castellana ha de formar desagradable contraste con la fluidez y galanura de los poetas que alcanzaron nota de mejores. Y sin embargo, la Biblioteca De Autores Españoles, siéndolo desde la formación del lenguaje hasta nuestros dias, no podia prescindir de un volumen en donde apareciesen debidamente ordenados los cimientos literarios y filológicos, si nos es dable valemos de esta expresión, los primitivos esfuerzos del idioma patrio. Sólo de este modo podrá apreciarse mejor la marcha progresiva, el admirable desarrollo de nuestra literatura en su edad de oro.

Así como á un Cervantes, á un Mendoza y á un Moneada precedieron, en época bien remota de su tiempo, un marqués de Yillena y un Fernando del Pulgar, así también á los Menas y Manriques, á los Boscanes y Herreras, habian precedido, años antes, Gonzalo de Berceo, el Arcipreste de Hita, Pedro López de Ayala y otros poetas y rimadores, más ó menos conocidos, más ó menos felices en los primeros ensayos de la musa castellana. Porque nombre de ensayos, y no otro, merecen algunas veces los fragmentos, los canta.es \e gesta, y aun ciertos poemas que al comenzarse á formar el idioma patrio aparecen diseminados en diferentes localidades de la Península, tomando sabor de otros idiomas y aun dialectos que trabajosa y paulatinamente se iban formando al propio tiempo en territorios ó reinos convecinos. Ni otra cosa podia esperarse del estado social de España durante los calamitosos siglos que se siguieron á la decadencia hispano-latina. Salidos sus moradores de dominación esencialmente romana, para sufrir la influencia visigoda, que á sn vez hacia lugar á idiomas y costumbres africanas, el lenguaje que de la mezcla, corrupción y hermandad de unos y otros idiomas iba á resultar, daba origen, como es sabido, á los primeros vagidos de la lengua castellana, no tiernos y apasionados, como los de toda creación infantil, sino rudos, agrestes y varoniles, como salidos de entre el entusiasmo religioso v Jas necesidades guerreras de nuestros antepasados.

Fué, en efecto, la antigua literatura española, una de las literaturas de Europa que no tuvieron su nacimiento entre la ociosidad y bienestar de la paz, ni entre la calma y recalo de los pueblos que, en su suelo nativo, se vieron libres de las convulsiones

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